A todo el que da fruto, lo poda (Jn 15, 1-8)

Me equivoco a veces. Me engaño. Aunque creo que cada vez menos. Naces en una familia cristiana, participas en los sacramentos, empiezas a entregar tu vida a los jóvenes, te formas, empiezas a formar parte de una comunidad, formas una familia… ¡y a veces me creo haber elegido el camino «de los buenos», «de los que darán fruto»! Siempre he leido esta lectura de la vid y los sarmientos centrándome en «al que no de fruto, se le arrancará»… ¡Y parece que tienes como que dar fruto para no ser arrancado!
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Pero hoy me he fijado en que a los que dan fruto, a los que intentan construir su vida desde Dios, a los que luchan por un mundo mejor… ¡a esos se les poda para que den más fruto! Intento ponerme en la piel de una planta, de un árbol, de una vid en época de poda. Que te poden no es agradable. Es doloroso. Se corta. Se secciona. Sólo el jardinero es consciente que ese corte dará mejores frutos, que ese corte es necesario, que ese corte hará más fuerte a la planta… La planta no entiende nada, le duele, le duele mucho… pero ella se sabe en manos del jardinero…

Yo no soy una planta y lucho por ser más consciente cada día. Estoy obligado a saber que estoy en manos de «mi jardinero». Que habrá cortes. Que habrá poda. Y que cuando eso llegue yo no entenderé nada. Pero nada. Y recuerdo el cambio que se produce en la película «Tierras de Penumbra», una de mis películas favoritas… Habrá que pasar del «La felicidad de ahora es parte del dolor de mañana» a «el dolor de ahora es parte de la felicidad de mañana»…

Un abrazo fraterno

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