Amar a la rosa

Ahora entiendo al Principito. Ahora comprendo su sufrimiento. Sólo he tenido que empezar a querer a su rosa para darme cuenta.

¿Es posible amar sin sufrir? ¿Es posible darse sin vaciarse?

Creo que no.

Sufro por la rosa. Sufro con y por ella. Porque yo vivo en ella. Porque yo soy en ella. Porque la miro y me veo a mi. Porque parte de mi corazón es suyo. Porque he decidido vivir en mi epidermis, con los pelos de punta, con ella. Porque la entiendo tanto… y porque dejo de entenderla tantas veces… Porque la conozco mucho y aún me queda mucho por conocerla… Porque es ella. Única.

¡Qué placer más doloroso amar a la rosa!

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *