¡Ay de ti, que miras pero no ves! (Mt 11,20-24)

El Evangelio está lleno de milagros de Jesús. Conversión del agua en vino, multiplicación de panes y peces, ciegos que ven, cojos que andan, muertos que resucitan… y ante estos hechos nos hacemos muchas preguntas. Hoy miramos de reojo una serie de relatos que nos cuesta creer o que, si lo hacemos, van rodeados de aura mágica que, ciertamente, no es muy propia de Jesús.

Como en casi todo, la mirada es lo que manda. Esa es la acusación que Jesús le lanza hoy a muchos que son incapaces de ver su acción entre los hombres. Falta fe. Y sin fe, no hay milagro. Vuelvo a repetirlo: SIN FE, NO HAY MILAGRO.

En cambio, cuando uno tiene a Dios presente en su vida, es capaz de descubrir en los acontecimientos cotidianos y en el camino recorrido, muchos milagros. Porque todos hemos estado cojos y ciegos, porque a todos nos ha faltado alimento, porque todos nos vimos delante de una encrucijada… y, si miramos bien, con fe, descubrimos cómo Dios ha conseguido insuflarnos vida y amor en cada momento.

Yo veo milagros cada día. Milagros maravillosos que me confirman que el Señor está a mi lado.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

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