Carta al año que nos deja, 2007

Bien vivido 2007,

 como es tradición ya en mis dedos desde hace varios años, quiero dedicar unos minutos a despedirte como hice con tus mayores en años pasados. No es tanto mirar atrás para hacer balance sino para ser consciente de que te vas, de que nunca ya vas a volver, de que vas a formar parte del pasado. En cierta manera es un pasar página, una despedida. No es un «hasta luego» sino más bien un «hasta siempre».

Estoy sentado frente a mi pc con música de fondo y rodeado por mi familia. No es bueno que te vayas solo. No es bueno despedirte en soledad. Las gaitas escupen sonidos a través de mis altavoces y dibujan en mi alma colores alegres que me enseñan el camino a mi ser profundo. Es allí donde está grabado a fuego tu nombre, donde dejaste impresa tu huella para siempre jamás. ¿Por qué? ¿Todavía lo preguntas mientras clavas tu pupila en mi pupila azul? Porque has traído a mi vida uno de los regalos más preciados por cualquier hombre o mujer que puebla este planeta: una hija.

Inés vino envuelta con papel de celofán rojo y terso. Rojo pasión. El rojo de caperucita y de las tardes de S. Isidro. El rojo del arcoiris y de las piruletas que tanto saborea su hermano mayor. Envuelta cual regalo de Sephora. Su cuna era nuestra ilusión, nuestras emociones a flor de piel, nuestro amor incondicional y el de su hermano. ¡Ah! También nos trajiste el paso de Álvaro de la guardería al cole, su despedida definitiva de los pañales, su hablar cada vez más suelto, sus primeros chapurreos en inglés, su contar incesante, sus cuentos, sus tres cerditos, sus pelis de Caillou y sus infinitas risas y abrazos lleno de suficiente energía como para dar luz a la China imperial. Esther y yo seguimos caminando juntos, contra viento marea. No siempre es fácil pero el amor puede más que las dificultades. Nuestra mirada se mira y nuestros pies apuntan al mismo horizonte un año más. Más fuertes. Más hechos.

También fuiste un año de amistades revitalizadas. De bodas. De encuentros. De lágrimas compartidas. De alegrías celebradas. De miradas reencontradas. De personas de siempre y de ahora. De blanco de novia. De ojos negros. De pelos rubios. De rizos. De confirmaciones importantes. De Pascuas vividas y revividas. De pasos en comunidad. De una comunidad dando pasos…

¿El mundo? No sé si lo dejas mejor o peor. Ya no hay columna de Umbral ni Fernán Gómez podrá volver a mandar a la mierda a nadie con esa genial voz quijotesca. Antonio Puerta ha fichado por un equipo celestial y Casaus dejó al BarÇa sin su mejor embajador. Mi hijo sabe pronunciar «Pavarotti» pero ya nunca lo conocerá… Siempre en tu familia nos dejáis con esa sensación agridulce propia de restaurante chino…

No quiero extenderme mucho más. El libro cierra un capítulo. Uno nuevo está por escribir. Sólo existe el blanco del vacío, de la nada. Todos escribiremos un poquito. Cada granito de arena es importante para seguir dictando la historia del mundo. Yo seguiré aportando una estrofa, como dice el poeta, esperando reencontrarme conmigo mismo el próximo 31 de diciembre.

Buen viaje 2007.

Santi

A roun-D I o S

2 zero zero 7

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