Aunque tenía los ojos abiertos, no veía (Hc 9, 1-20)

Cuántas veces me ufano de ver. Cuántas veces me creo que estoy más allá que otros en mi capacidad de análisis y de percepción de lo que me rodea. Cuántas veces creo descubrir y conocer lo que mueve a las personas a hacer lo que hacen. Cuántas veces al día me repito que tengo que estar con los ojos bien abiertos…

Aún así, VER no es tener los ojos abiertos. Sobre todo VER a Dios en cada persona. Sobre todo VER al hermano que cada uno es. Es difícil. Es más fácil quedarse en lo que nos muestran, en lo que percibimos. Es más fácil quedarnos en la armadura, en la máscara y no ir más allá. ¡Y VER dentro de uno! Eso ya es muy complicado… abrir la puerta y echar un vistazo…
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Cuando uno es ciego asume que no ve. El peligro de tener los ojos abiertos es creerse que eso ya lo es todo, es creerse que uno ve a la perfección. Yo he recibido muchos dones y capacidades. Ojalá Padre sean camino hacia la verdad y la sabiduría y no, por mi falta de humildad, impedimento para mi verdadera felicidad.

Un abrazo fraterno

Ponte en camino… cruza el desierto (Hc 8, 26-40)

hdearena01.jpgAyer le dedicaba un libro a una persona muy cercana a la que se lo voy a regalar. El libro versa sobre el Camino de Santiago y mi dedicatoria aprovecha esta imagen para recordar que somos caminantes…

A veces hacemos parones en nuestra travesía. A veces no nos damos ni cuenta pero perdemos el rumbo. A veces cuánto más en marcha nos parece que estamos, más parados nos encontramos en el camino. Porque queremos evitar el desierto y buscamos un rodeo que nos consume pero que no nos hace avanzar.

Ponerse en camino es una actitud, una forma de ser y de hacer, una manera de creer. El camino nos hace personas. El camino nos hace mejores. El camino nos hace felices. El camino nos enseña a amar. El camino desentumece nuestra alma. El camino trae a nuestra vida a otros caminantes. El camino nos hace sufrir y, a veces, morir.

Gracias por el camino, por MI camino. Gracias por los caminantes que me acompañan.

Un abrazo fraterno

Hablarán lenguas nuevas (Mc 16, 15-20)

Este es uno de los signos que acompañarán a los que crean. hablar lenguas nuevas. Expresarse en un lenguaje diferente al de ahora. Una nueva manera de comunicarse, de expresarse, de llegar a las personas y a Dios.
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Es una Palabra muy apropiada para el día de hoy en el que la Iglesia se pregunta cómo evangelizar, cómo llegar a las personas, cómo convocar a los jóvenes, cómo anunciar el mensaje… lenguas nuevas. Y yo entiendo aquí que hay cosas que deberán ser absolutamente nuevas porque nueva es la sociedad en la que vivimos, nuevos los retos, nuevas las heridas, nuevas las familias, nuevas las herramientas… el mensaje es lo único que no ha cambiado. Pero estoy convencido de que hoy Dios ni siquiera volvería montado en una Harley, como reza el título del libro de Joan Brady… ni siquiera eso porque eso, hoy, ya está anticuado…

El mensaje es invariable pero SE NOS PIDE NUEVAS MANERAS DE LLEGAR AL OTRO, DE ACOGERLO, DE TRATARLO, DE ACOMPAÑARLO, DE PROPONERLE… ¡Qué el Padre nos dé sabiduría y valentía para llevar esto a cabo!

Un abrazo fraterno

Sé la roca de mi refugio (Sal 30)

Roca… lo hecho con roca no se viene abajo fácilmente. Lo cimentado en roca resiste el viento y las lluvias torrenciales. La roca no es fácil de mover, es dura y fuerte.

La roca trae a mi corazón el pasaje que dice «el que escucha la Palabra de Dios y LA PONE EN PRÁCTICA, ése cimenta su casa sobre roca». Fue iluminadora en los comienzos de mi comunidad y forma parte de nuestro texto fundacional. Escuchar, primero, y poner en práctica después. Eso es cimentar sobre roca. Difícil lo primero. Sobre todo hoy. Sobre todo yo. ¡Y poner en práctica…! Si no has escuchado… ¡sabe Dios lo que pones en práctica! Y si has escuchado… ¡cómo compromete poner en práctica! Eso es cimentar sobre roca…

Sé mi roca…

Un abrazo fraterno

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No porque… sino porque… (Jn 6, 22-29)

empty_bottle2.jpg¡Qué agudo es Jesús confrontando! Siempre la palabra exacta para que uno sea consciente de cada paso que da… Hoy me llama a tomar consciencia de mi pasos de seguimiento, de mi lucha por el Reino. Incluso el seguimiento a Jesús puede enmascarar otra serie de motivaciones que, primero, conviene conocer para luego aceptar y, llegado el caso, corregir.

¿Cuáles son mis motivaciones en lo que hago? ¿Por qué doy catequesis a jóvenes? ¿Por qué vivo la fe en comunidad? ¿Por qué me casé y opté por el matrimonio? ¿Por qué sigo fiel a todas estas decisiones? ¿Por qué sigo a Jesús?

Estas preguntas fueron respondidas cada una en su momento. Pero hoy Jesús me pide un grado más de consciencia, de revisión, de purificación… Como decía Chesterton «me importa mucho menos lo que la gente hace que el porqué lo hace». Motivaciones, motivaciones, motivaciones…

Un abrazo fraterno

No nos parece bien… (Hc 6, 1-7)

No nos parece bien descuidar la Palabra de Dios para ocuparnos de la administración…

Creo que ésta es una Palabra que debe resonar en el mundo de hoy. Creo que vivimos en un mundo en el que prima la acción, el hacer cosas, el apuntarse a muchos sitios… por solidaridad, por luchar un mundo mejor, por poner el granito de arena… Con las mejores intenciones, seguro. Pero, y sin desvirtuar las obras, hoy la Palabra nos viene a recordar, muy especialmente a mi, que la Palabra debe ocupar un lugar preferente en mi vida, que debe ser la fuente de donde beber, que debe ser el origen que me impulse… Sin Palabra no hay calorías, sin biblia_abierta.pngcalorías llega un momento que el cuerpo se agota… Sin Palabra hacemos nuestros planes, llevamos a cabo nuestras ideas, vamos a donde nosotros queremos… por muy bueno que sea todo eso… la Palabra es la voz de Dios que me confronta, me llama, me indica, que cambia, me propone…

Esto lo tenemos muy claro en mi comunidad. ¡Gracias Padre por haberlo descubierto y hacerlo realidad entre nosotros!

Un abrazo fraterno

Si es cosa de Dios… (Hc 5, 34-42)

¿Cómo saber que eliges el camino que Dios quiere para ti? ¿Cómo saber que las decisiones que tomas se fundamentan en el Señor? ¿Cómo descubrir aquello que Dios sueña para cada uno? ¿Cómo optar desde Dios en cada cruce del camino? Sin duda son de las preguntas que más atormentan cuando uno percibe que su felicidad va íntimamente unida a su vocación, a aquello para lo que vino al mundo.

Yo me hice estas preguntas muchas veces. Cuando empecé a salir con mi, ahora, mujer; cuando decidí vivir la fe en comunidad; cuando decidí perseverar en mi misión con los jóvenes… Pero es verdad que hace mucho que no me atormento buscando respuestas a tan importantes preguntas. No por dejación ni por miedo… Una de las cosas que he aprendido en el camino y que más feliz me está haciendo es ésta: no dedicar demasiados esfuerzos en responderse los millones de importantes preguntas que a uno le asaltan. Caminar. Centrado. Caminar. Hacia adelante. Dando pequeños pasos. Cuando uno se para y mira atrás se da cuenta de que muchas de las preguntas que se hacía en el origen ya no existen.

Así voy ahora planteando mi vida y, por ello, doy gracias al Padre. Camino y voy optando a cada paso. Intento vivir centrado y consciente. A veces lo consigo y a veces no. Pero camino en mi comunidad. Y ¡me creo lo de que «allá donde estén 2 o más reunidos en mi nombre allí estoy Yo»! ¡Me lo creo! ¡CREO que cuando discernimos en comunidad DIOS HABLA y la COMUNIDAD ESCUCHA! ¡Me lo creo! Y con ese soporte se puede afrontar la vida desde la inseguridad pero con confianza… ¡qué paradoja! ¡No sé lo que va a pasar mañana pero confío en que será lo mejor para mi, para la familia, para la comunidad! Para los demás, para el mundo, estás caminando sobre un fino cable, jugando a ser trapecista. Yo, que sé que es el Padre quien sostiene el hilo, que sé que si es de Dios saldrá adelante, que me sé amado y profundamente cuidado…, yo que sé todo eso… tengo la sensación de caminar por un piso firme y compacto.

¿Ingenuo? No. HIJO.

Un abrazo fraterno

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Bendigo al Señor en todo momento (Sal 33)

Soy de las personas a las que les cuesta enormemente tener un rato de oración diaria. Ese tipo de disciplinas son especialmente costosas para mi. Con el blog estoy descubriendo la manera de mantenerme firme ante ello. Pero la dificultad ha sido siempre la constante… En cambio siempre he tenido presente al Señor en mi vida a lo largo del día, lo he «bendecido en todo momento» como reza el salmo de hoy.

Bendigo al Señor cuando estoy alegre, cuando el sol acaricia mi ventana por la mañana porque eso me llena de energía. Bendigo al Señor cuando paseo en primavera o cuando el viento fuerte del invierno da sobre mi cabeza y me hace sentir vivo. Bendigo al Señor cuando escucho música y la música me transporta más allá de mi. Lo bendigo cuando me rio con Álvaro, mi hijo, cuando lo acaricio y él me llena de besos y me llama papá. Bendigo al Señor cuando vivo con Esther los momentos más pequeñitos de la existencia, momentos que ella consigue hacer grandes y que me ha enseñado a mi también. Bendigo al Señor cada vez que del corazón me brota llamar hermano a las personas de mi comunidad, cuando siento que ellos son mi bastón y que me aman porque me conocen. Bendigo al Señor en medio de la naturaleza, tanto en los anchos campos de Castilla como a la orilla del bravío océano Atlántico. Bendigo al Señor cuando me quedo satisfecho con mi día de trabajo. Lo bendigo cuando nuevas personas se cruzan en mi vida y algunas se quedan. Bendigo al Señor cuando disfruto con mis sentidos: cuando enciendo las velas de mi casa, cuando el perfume llega a mi pituitaria, en las buenas comidas, al hacer ejercicio y sentir el cuerpo cansado… Bendigo al Señor cuando los chicos a los que acompaño en catequesis me sorprenden y me enseñan cómo se busca a Dios.
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No creo que todo esto sustituya al rato de oración personal necesario para «guardar en el corazón» la Palabra y lo vivido pero, sin duda, es mi manera de hacer partícipe al Señor de todo aquello cuanto me sucede.

Un abrazo fraterno

El que realiza la verdad se acerca a la luz (Jn 3, 16-21)

La luz y las tinieblas… Siempre me estoy debatiendo entre ambas. Como Pablo apuesto claramente por la luz pero luego, mis enredos, mis miedos, mis juicios… me empujan a vivir en la tiniebla. Cada día soy más consciente de esto.

El Evangelio de hoy es meridianamente claro, tanto que no es posible mirar a otro lado: a veces no queremos acercarnos a la luz porque no queremos «ver», no queremos descubrir lo que hay, lo que somos, lo que estamos haciendo con nuestra vida. Acercarse a la luz, pese a lo «romántico» del asunto, es una experiencia dolorosa. Dolorosa porque te quita las máscaras y las defensas, te quita las razones y las excusas. Dolorosa porque no eres quien te gustaría ser, porque no cumples tus propias expectativas.

El camino que se abre con la luz no es sencillo. Es largo. Duro. No admite grandes paradas para que los músculos no se enfríen… La luz tiene que llegar no sólo a la cara, los brazos, los pies… sino también a los órganos internos, tiene que correr por venas y arterias… Debe llegar a lo profundo.
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Pese al dolor el camino te purifica, te sana, te hace más feliz, más capaz, más útil… te hace mejor. No hay muchas posibilidades. Yo he apostado por ésta y me está costando pero me veo más adelante. Está valiendo la pena.

Un fuerte abrazo

Lo poseían todo en común (Hc 4, 32-37)

biencomun.gifMe siento muy afortunado, Señor. Porque esta palabra que hoy me presentas y que cuenta cómo vivían las primeras comunidades… la siento como mía.

En mi comunidad se hace vida esto de pensar y sentir lo mismo, esto de poseer todo en común. No se trata de estar de acuerdo en cada detalle porque cada uno seguimos siéndolo pero sí se trata de experimentar un proyecto único, un sentir único desde Dios, un hacer conjunto, una comunión extraña de explicar.

Lo de poseer todo en común me llama especialmente la atención. Nosotros lo hacemos vida támbién y en los tiempos que corren no es sencillo. No tenemos ni bolsa común ni destinamos un porcentaje de nuestro sueldo a un fondo. No. Simplemente sabemos que todo es de todos y vivimos sabiendo esto. Es una maravilla. Sin hacer nada especial intentamos que tu Palabra se cumpla, intentamos demostrar al mundo que hay otra manera de vivir, que se puede…

Gracias Padre por formar parte de Betania. Gracias por tus dones. Gracias por los hermanos.

Un abrazo fraterno