Oh Dios, nos rechazaste (Salmo 59)

Qué doloroso es la experiencia del salmista. Siente, en lo profundo de su corazón, que Dios lo ha rechazado, ha rechazado a su pueblo, a su familia… Siente que lo ha agrietado, que lo ha sacudido, que lo ha hecho sufrir un desastre… Y le pide que vuelva, que repare el daño, que lo auxilie de nuevo…

Si me paro a pensar, me da cierto reparo pensar que el salmista, no es que sienta que Dios le ha abandonado en su sufrimiento, sino que el sufrimiento ha sido mandado por Dios mismo. Me producen rechazo esos sentimientos… porque yo creo en un Dios que no me «envía» el mal, que no me hace sufrir, que no me manda castigos por mis pecados… Pero a la vez intento ponerme en el lugar de ese pueblo, de ese salmista, que ha visto como se ha venido abajo todo, todo, todo… cómo sigue envuelto en calamidades infinitas… cómo llega un momento en que puedes llegar a sentir que Dios no sólo lo permite sino que puede estar detrás de tanta calamidad… que puedes haber sido tan malo como para airarlo de esa manera…

Sentimientos humanos. Sentimientos legítimos. Sentimientos que, a la postre y aunque parezca lo contrario, nos acercan al Padre. El salmista acaba pidiendo auxilio y reconociendo que solo nada puede. Es una experiencia personal e intransferible. Y el Padre la conoce…

Un abrazo fraterno

Sujetar su espíritu (Eclesiástico 48, 1-15)

Qué hermosa la primera lectura de hoy. Qué hermosa la descripción del profeta Elías. Yo me quedo con una frase: «nadie pudo sujetar su espíritu«… Nadie.

Yo quiero ser así. Quiero vivir eso también. Quiero ser libre y vivir apasionadamente la misión que Dios me tiene encomendada. Quiero vivir con Jesús en mi centro y contarle a todos lo maravilloso que es. Quiero proclamar la Buena Noticia del amor de Dios de una manera que resulte imposible no pararse a escuchar. Quiero vivir desde la Verdad más atrayente del mundo. Quiero ser un torbellino de Dios, un torrente de esperanza, un terremoto que ponga patas arriba a los que no se mueven, una hoguera para todo aquel que necesite luz y calor.

Yo quiero vivir a Dios en la desproporción, en la desmesura, en la hipérbole consciente. Quiero no quedarme nada y vaciarme del todo. Quiero que me brillen los ojos y llorar a cántaros sabiéndome que soy amado del Padre. Quiero querer y transformar sin descanso. Quiero ser insujetable en Dios…

Un abrazo fraterno

Atiende a mis gemidos (Salmo 5)

La lógica de Jesús no es fácil de entender. Es comprensible la palabra del salmista pidiendo a Dios que escuche sus gemidos, que atienda sus súplicas… No es comprensible que un Dios que aborrece a los malvados y protege a quien le ama sea capaz de permitir tanto sufrimiento en sus hijos queridos.

No se entiende. No se entiende la otra mejilla, ni la túnica… No se entiende. Y es difícil de soportar cuando esos gemidos, esos gritos de auxilio… no parecen ser escuchados ni atendidos. ¿Qué hacemos?

Yo creo que lo único que se puede hacer es permanecer fiel, seguir amando en un tiempo de aridez aunque sea un amor forzado y obligado. Orar y confiar. Y dejarte sostener por otros hasta que puedas volver a sostenerte por tus propios medios, como aquel paralítico que es presentado a Jesús a través del techo y gracias a un grupo de amigos que lo trae, lo lleva, lo mueve, lo sube y lo pone delante del Padre. A veces uno no es capaz de andar solo.

Un abrazo fraterno

Mi fuerza y mi poder (Isaías,12,2-6)

No hay mucho más que decir:

El Señor es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor, Él es mi salvación

Mi fuerza y mi poder es el Señor…
Mi fuerza y mi poder es el Señor…
Mi fuerza y mi poder es el Señor…
Mi fuerza y mi poder es el Señor…

Bufffffffffffffffff…

Un abrazo fraterno

El Dios verdadero (I Reyes 18, 20-39)

No siento que me sea fácil hoy, a los ojos de la gente, hacer ver que mi Dios es el Dios verdadero, el Todopoderoso, el que, como dice el salmo, me protege y me sacia de gozo. Elías tampoco lo tuvo fácil pero confiaba enormemente en su Señor, en el Señor que, a la postre, lo había enviado.

Elías sabía, primero, que la gente no iba a caer de la burra por él. No era Elías quien debía convencer. No era Elías quién como para transformar mentes y corazones. No era Elías tan bueno ni tan perfecto como para que toda aquella muchedumbre, que creía en otros dioses, se pasara a su Dios. Elías sabía que era Dios quién podía hacerse presente y cambiar la mirada de aquellos hombres y mujeres. Elías, lo único que hizo (¡más que suficiente!), fue preparar el terreno propicio para que Dios se manisfestara y los ojos de aquella gente fueran capaces de reconocerle.

Elías prepara el terreno con su vida, con su testimonio, siendo el profeta que Dios le ha pedido ser. Eso se me pide a mi hoy también: llevar una vida de Dios, dar testimonio de su Evangelio, ser el profeta del Señor en pleno 2012 denunciando las injusticias, exhortando a cambiar y sosteniendo la esperanza. Y después Elías deja a Dios ser Dios. Hace lo que le pide y confía en la acción del Todopoderoso. Reconstruye su altar y ora.

Preciosa lectura la de hoy de Elías. Gracias Señor por esta Palabra que zarandea mi vida.

Un abrazo fraterno

 

Refugio mío, alcázar mio… (Salmo 90)

REFUGIO MÍO,
ALCÁZAR MÍO,
DIOS MÍO…
CONFÍO EN TI.

¡Qué importante es conocer el lugar exacto donde se encuentra el refugio cuando uno decide emprender camino por la montaña! La montaña es preciosa y sus vistas únicas. Si se sube en compañía, la ruta se hace corta y alegre, llevadera. Pero las condiciones pueden variar aún sin uno preveerlo. El cielo puede tornarse gris y plomizo y aquel sendero que nos parecía encantador puede volverse inquietante y las seguridades que nos rodeaban, en condiciones favorables, se llenan de sombras y dudas por el ansia de lo imprevisto, por el miedo al peligro de perdernos… Cuando la tormenta explota lo mejor es no seguir ascendiendo sino acudir cuanto antes al refugio. El refugio siempre está abierto. El refugio nos permite entrar en calor de nuevo y secar nuestras ropas. El refugio nos permite esperar a que vuelvan las condiciones favorables sin miedo a las fieras, los rayos, el frío… El refugio nos proporciona algo de alimento de mantenimiento para no desfallecer. El refugio, en definitiva, no nos resuelve el problema, no nos devuelve el sol ni la luz… pero nos protege y nos cuida el tiempo que haga falta.

Ese es Dios, mi Dios. Mi refugio… Tu refugio…

Un abrazo fraterno

¡Grita de felicidad! (Sofonías 3, 14-18a)

«¡Grita de felicidad, hija de Sión, regocíjate, Israel, alégrate de todo corazón, Jerusalén! El Señor ha anulado la sentencia que pesaba sobre ti, ha expulsado a tus enemigos; el Señor es rey de Israel en medio de ti, no tendrás que temer ya ningún mal. Aquel día dirán a Jerusalén:«No tengas miedo, Sión, que tus manos no tiemblen; el Señor tu Dios está en medio de ti, él es un guerrero que salva. Dará saltos de alegría por ti, su amor se renovará, por tu causa bailará y se alegrará, como en los días de fiesta».»

PRECIOSA LECTURA EN UN DÍA COMO HOY. NO SOY CAPAZ DE COMENTARLA,
SÓLO DE RELEERLA UNA Y OTRA VEZ.

Un abrazo fraterno

Del libro de Ageo…

18 Reflexionen desde hoy en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes en que se pusieron los cimientos del Templo del Señor. Reflexionen:

19 ¿Queda aún semilla en el granero? ¿todavía no han dado nada la vid, la higuera, el granado y el olivo? A partir de este día, yo daré mi bendición.

20 La palabra del Señor llegó por segunda vez a Ageo, el día veinticuatro del mismo mes, en estos términos:

21 Habla a Zorobabel, gobernador de Judá, y dile: Yo haré estremecer el cielo y la tierra,

22 derribaré el trono de los reinos y destruiré el poder de los reinos de las naciones; derribaré los carros y sus conductores, los caballos y sus jinetes caerán abatidos, cada uno bajo la espada de su hermano.

23 Aquel día –oráculo del Señor de los ejércitos– yo te tomaré a ti, Zorobabel, hijo de Sealtiel, mi servidor –oráculo del Señor– y haré de ti un anillo para sellar, porque yo te he elegido –oráculo del Señor de los ejércitos

Protégeme, Dios mío (Salmo 15)

No me gusta cómo ha empezado la mañana. Ya me sentí raro al levantarme con la cabeza a 100 por hora, como si no hubiera desconectado durante la noche. Me desperté como… ¿pensando? No sé… raro. Y luego siento que vuelvo a tener un día emocionalmente inestable, intenso… y pierdo el control sobre ciertas cosas.

Cuando leo las lecturas de hoy no me siento capaz de ponerme en la piel de Pablo porque no me siento capaz hoy de asumir ninguna misión ni ningún envío… incapaz de predicar, enseñar o iluminar. Leo el Evangelio y me pierdo… No sé si mi atención está dispersa, mi capacidad de concentración limitada… pero no soy capaz. Sólo el salmo ha sido capaz de entrarme por el oído y el corazón y traerme la necesidad de protección por parte del Señor. Pido luz, pido amparo, pido serenidad, pido mesura…

Me he puesto música de Taizé y he encendido una vela. Con eso os digo todo…

Un abrazo fraterno

Sálvame (Salmo 30)

Dirígela. Guíala. Sálvala.

En tus manos. Sin nada. Sólo con la fe. Con la que le queda. Sosteniéndose fuerte en su debilidad.

Hoy fue un día malo. Turbio. Oscuro. Molesto. Doloroso. Uno más. A veces ella ya pierde la cuenta. Y es tentada a desfallecer pero vence. Es tentada a desconfiar pero vence.

Y yo te contemplo en su mirada. Y te adoro en ella. Y te contemplo en su fidelidad. Y te adoro en ella. Y te contemplo en su corazón. Y te adoro en él. Ý me descalzo, como Moisés al pisar terreno sagrado. Y paso de puntillas. Y le susurro que la quieres.

Señor, luz. Señor, fuerza.

Un abrazo fraterno