Eternamente estable (Salmo 18)

La voluntad del Señor no cambia como el viento. No dice un día ésto y otro día aquello. No está sometida a las circunstancias ligeras del día a día celestial. No depende de cómo se levanta ese día o de si hemos hecho algo mal o bien. Dios quiere para cada uno su felicidad y quiere para el mundo, el Reino.

¿Y en lo concreto? Pues más o menos lo mismo. Cuando somos capaces de, desde la oración y nuestra alma, encontrarnos con Él e identificar que ciertas cosas, personas, caminos… son de Dios para uno… pues eso no suele cambiar. Otra cosa es que las personas, como libres que somos, decidamos escoger otra cosa, otra persona, otro camino… o intervengamos en los caminos de otros, aunque sea de mala manera. Ahí Dios, por mucha voluntad que tenga, no suele entrometerse; sabe que nuestra libertad es uno de sus más valiosos regalos

Un abrazo fraterno

Oh Dios, nos rechazaste (Salmo 59)

Qué doloroso es la experiencia del salmista. Siente, en lo profundo de su corazón, que Dios lo ha rechazado, ha rechazado a su pueblo, a su familia… Siente que lo ha agrietado, que lo ha sacudido, que lo ha hecho sufrir un desastre… Y le pide que vuelva, que repare el daño, que lo auxilie de nuevo…

Si me paro a pensar, me da cierto reparo pensar que el salmista, no es que sienta que Dios le ha abandonado en su sufrimiento, sino que el sufrimiento ha sido mandado por Dios mismo. Me producen rechazo esos sentimientos… porque yo creo en un Dios que no me «envía» el mal, que no me hace sufrir, que no me manda castigos por mis pecados… Pero a la vez intento ponerme en el lugar de ese pueblo, de ese salmista, que ha visto como se ha venido abajo todo, todo, todo… cómo sigue envuelto en calamidades infinitas… cómo llega un momento en que puedes llegar a sentir que Dios no sólo lo permite sino que puede estar detrás de tanta calamidad… que puedes haber sido tan malo como para airarlo de esa manera…

Sentimientos humanos. Sentimientos legítimos. Sentimientos que, a la postre y aunque parezca lo contrario, nos acercan al Padre. El salmista acaba pidiendo auxilio y reconociendo que solo nada puede. Es una experiencia personal e intransferible. Y el Padre la conoce…

Un abrazo fraterno

Atiende a mis gemidos (Salmo 5)

La lógica de Jesús no es fácil de entender. Es comprensible la palabra del salmista pidiendo a Dios que escuche sus gemidos, que atienda sus súplicas… No es comprensible que un Dios que aborrece a los malvados y protege a quien le ama sea capaz de permitir tanto sufrimiento en sus hijos queridos.

No se entiende. No se entiende la otra mejilla, ni la túnica… No se entiende. Y es difícil de soportar cuando esos gemidos, esos gritos de auxilio… no parecen ser escuchados ni atendidos. ¿Qué hacemos?

Yo creo que lo único que se puede hacer es permanecer fiel, seguir amando en un tiempo de aridez aunque sea un amor forzado y obligado. Orar y confiar. Y dejarte sostener por otros hasta que puedas volver a sostenerte por tus propios medios, como aquel paralítico que es presentado a Jesús a través del techo y gracias a un grupo de amigos que lo trae, lo lleva, lo mueve, lo sube y lo pone delante del Padre. A veces uno no es capaz de andar solo.

Un abrazo fraterno

Refugio mío, alcázar mio… (Salmo 90)

REFUGIO MÍO,
ALCÁZAR MÍO,
DIOS MÍO…
CONFÍO EN TI.

¡Qué importante es conocer el lugar exacto donde se encuentra el refugio cuando uno decide emprender camino por la montaña! La montaña es preciosa y sus vistas únicas. Si se sube en compañía, la ruta se hace corta y alegre, llevadera. Pero las condiciones pueden variar aún sin uno preveerlo. El cielo puede tornarse gris y plomizo y aquel sendero que nos parecía encantador puede volverse inquietante y las seguridades que nos rodeaban, en condiciones favorables, se llenan de sombras y dudas por el ansia de lo imprevisto, por el miedo al peligro de perdernos… Cuando la tormenta explota lo mejor es no seguir ascendiendo sino acudir cuanto antes al refugio. El refugio siempre está abierto. El refugio nos permite entrar en calor de nuevo y secar nuestras ropas. El refugio nos permite esperar a que vuelvan las condiciones favorables sin miedo a las fieras, los rayos, el frío… El refugio nos proporciona algo de alimento de mantenimiento para no desfallecer. El refugio, en definitiva, no nos resuelve el problema, no nos devuelve el sol ni la luz… pero nos protege y nos cuida el tiempo que haga falta.

Ese es Dios, mi Dios. Mi refugio… Tu refugio…

Un abrazo fraterno

Protégeme, Dios mío (Salmo 15)

No me gusta cómo ha empezado la mañana. Ya me sentí raro al levantarme con la cabeza a 100 por hora, como si no hubiera desconectado durante la noche. Me desperté como… ¿pensando? No sé… raro. Y luego siento que vuelvo a tener un día emocionalmente inestable, intenso… y pierdo el control sobre ciertas cosas.

Cuando leo las lecturas de hoy no me siento capaz de ponerme en la piel de Pablo porque no me siento capaz hoy de asumir ninguna misión ni ningún envío… incapaz de predicar, enseñar o iluminar. Leo el Evangelio y me pierdo… No sé si mi atención está dispersa, mi capacidad de concentración limitada… pero no soy capaz. Sólo el salmo ha sido capaz de entrarme por el oído y el corazón y traerme la necesidad de protección por parte del Señor. Pido luz, pido amparo, pido serenidad, pido mesura…

Me he puesto música de Taizé y he encendido una vela. Con eso os digo todo…

Un abrazo fraterno

Sálvame (Salmo 30)

Dirígela. Guíala. Sálvala.

En tus manos. Sin nada. Sólo con la fe. Con la que le queda. Sosteniéndose fuerte en su debilidad.

Hoy fue un día malo. Turbio. Oscuro. Molesto. Doloroso. Uno más. A veces ella ya pierde la cuenta. Y es tentada a desfallecer pero vence. Es tentada a desconfiar pero vence.

Y yo te contemplo en su mirada. Y te adoro en ella. Y te contemplo en su fidelidad. Y te adoro en ella. Y te contemplo en su corazón. Y te adoro en él. Ý me descalzo, como Moisés al pisar terreno sagrado. Y paso de puntillas. Y le susurro que la quieres.

Señor, luz. Señor, fuerza.

Un abrazo fraterno

Deseé tus mandamientos (Salmo 118)

El salmo 118 es, no tengo el dato, uno de los más largos o el más largo. En comunidad hemos leído los primeros 50 versículos y la sucesión de verbos es importante, dándole al salmo un ritmo frenético de acción descontrolada. Me cuesta un poco interiorizarlo pero me quedo con la filosofía de fondo que se concreta en una palabra: DESEO.

El DESEO es el origen de muchas de nuestra acciones, de nuestros pensamientos… Es el principio del mundo que queremos y de la vida que ponemos en juego para conseguirlo. Sin DESEO tal vez nada pueda llevarse a cabo. Muchas veces ha sido mal visto o despreciado cuando es el fundamento, la base… de muchas cosas.

Yo DESEO ser bueno. DESEO ser fiel a Dios. DESEO hacer voluntad. DESEO no perderme. DESEO responder a su llamada. DESEO ser feliz y valioso a sus ojos. DESEO seguir caminando y seguir creciendo.

Un abrazo fraterno

Lo coronaste de gloria y dignidad (Salmo 8)

Hoy no he leído la Palabra. He hecho mi oración con este vídeo, sumido en las lágrimas emocionadas de sentir a Dios cerca, presente en cada verso, en cada rima, en cada tono de Alterio.

Hoy mi oración es para ti. Una acción de gracias, emocionada. Porque eres bella, porque tienes gracia ante Dios. Porque eres una de sus obras perfectas.

Por eso hoy esta oración. Porque estamos en Pascua. Porque es hermosura pura. Porque nos ha coronado de tal gloria y tal dignidad… que somos capaces de escribir poemas como estos, leerlos de esta manera sublime y llorar con ellos, como yo, como tú.

Un abrazo fraterno

Hacer tu voluntad (Salmo 39) – Lunes V de Cuaresma

La verdad es que se me hace un poco raro celebrar y leer las lecturas de la Anunciación en plena cuaresma. Es como si me quitaran el sitio y lo cierto es que no he conseguido hacer oración desde la Palabra como otros dias. Sí me quedo con el Salmo, precioso y, para mi, balsámico, una vez más.

Intento vivir atento a la voluntad del Señor para hacerla. Intento mostrarme disponible a sus mandatos y construir aquello que me pide en el lugar donde le es preciso. Él, mientras, es roca que me sostiene.

Un abrazo fraterno

Por eso no tememos (Salmo 45) – Martes IV de Cuaresma

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R.

El correr de las acequias alegra la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R.

Precioso salmo que me infunde esperanza y paz. Yo vivo con Dios en medio. Dios cuenta en mi vida. Dios está en mis decisiones, en mis opciones, en mis pilares, en mis tiempos, en mis compromisos, en mi familia…

Un paso más en el aprendizaje de vivir descansando en el Padre…

Un abrazo fraterno