Nació, creció y dio grano… (Mt 4, 1-20)

Siempre que escuché esta Palabra la conclusión que saqué fue la misma: ¡que importante es sembrar! ¡Hay que sembrar a troche y moche! A veces calará en alguien y otras veces no. A veces dará fruto y otras veces no. Porque claro… no toda la tierra es buena. Era algo asumido. La misión: sembrar.
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Pero ¿y si el Padre quisiera decirnos otra cosa con esta parábola? ¿Y si nos estuviera insinuando una misión mucho más complicada que la anterior? Hoy esta Palabra me ha sugerido, por primera vez, otra cosa: ¿Y si además de sembrar Dios nos estuviera llamando a preparar la tierra? ¿Y si lo importante no es sólo sembrar sino trabajar para que la tierra receptora esté en condiciones? ¿Y si además de dar testimonio, de hablar de Dios, de su Palabra… estamos llamados a cuidar a las personas, a ayudarlas en su madurez, a acompañarlas en su crecimiento personal, a animarlas en su autoconocimiento?

Por supuesto no todos estamos llamados a todo. Pero después de varios años muy vinculado a la pastoral juvenil, muy cerca de los jóvenes, he podido darme cuenta de que antes de hablar de Dios hay que preparar el terreno, de que su nivel de madurez es muy importante ante la capacidad de acoger aquello que se les presenta, de que es necesario darles herramientas para que vayan empezando a descubrir sus dones, sus heridas, sus infidelidades personales, sus caretas… Por supuesto que hay que sembrar pero ¿de qué sirve tanto trabajo bajo el sol si la tierra es cada vez más pedregosa y cada vez tiene más zarzas?

Esta también es una reflexión que me afecta a mi directamente. El mayor crecimiento en mi fe lo estoy experimentando junto con mi esfuerzo por mirarme a la cara y por crecer personalmente desde lo que soy.

Un abrazo fraterno

Hoy se cumple esta escritura (Lc 1, 14-21)

Anunciar el Evangelio a los pobres.
Anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista.
Dar libertad a los oprimidos
Anunciar el año de gracia del Señor.

buena_noticia.gif¿Hoy se cumple esta escritura? Sí Padre. Hoy se sigue cumpliendo esta escritura. Tú sigues siendo Buena Noticia para el mundo. Tú sigues dando vista, curando tullidos, acogiendo leprosos, evangelizando a pobres y a enfermos. Seguimos estando en el año de gracia del Señor.

Cada uno de nosotros Padre hemos recibido con tu ejemplo y tu mandato la tarea de hacer presente el Reino en el momento en el que nos haya tocado vivir. Todos estamos rodeados de personas ansiosas por una Buena Noticia en sus vidas. Todos conocemos «ciegos» que han dejado de ver lo importante de su existencia. Todos estamos rodeados de pobres, enfermos, ancianos… que necesitan de tu presencia y tu palabra. Todos hemos llamados a ser tus manos, tus ojos, tu boca…

Pero también yo Padre sigo necesitado de tu Buena Nueva. Sigo necesitando que cures mis cegueras, sigo esperando en ti y, desde ti, sigo intentando crecer y fortalecer mi fe para ser capaz de «levantarme y andar» cada vez que caigo, cada vez que me hundo. Gracias Padre por venir a mi hoy y recordarme que sigues estando ahí para mi.

Un abrazo fraterno

No estaba en sus cabales (Mc 3, 20-21)

No estaba en sus cabales… ¡Estaba loco! Eso es lo que pensaban de Jesús sus familiares. No era normal, no era usual, que alguien hiciera lo que Jesús hacía: andar con tanta gente, comer con tanta gente, predicar de aquella manera, curar enfermos, enfrentarse con los sumos sacerdotes y con los escribas… ¡Estaba loco! Una cosa era ser piadoso y otra muy distinta ser un revolucionario, desafiar lo establecido, proclamar la verdad a los cuatro vientos…

¡Vamos a buscarle porque se lo cargan! Eso debían de pensar los familiares que, entre miedo, amor y vergüenza, fueron a buscarle en este pasaje. La gente hablaba, murmuraba. Seguro. No podemos estar en boca de la gente… se dijeron esos familiares…

Hoy también sucede algo parecido Señor. No somos libres del todo. Cuando uno empieza a hacer una serie de cosas la gente, incluso la propia familia, te empieza a mirar raro. Cuando abres tu casa a la gente, cuando vives la fraternidad, cuando antepones tus valores a tus proyectos, cuando gastas tu tiempo libre en los demás… Cuando más pasos das hacia la radicalidad evangélica… más se murmura, más miedo entra, más vértigo…

Dame Señor fuerzas para hacer lo que me pides y una roca sobre la que construir mi casa para que cuando lleguen los momentos en los que hasta mi familia me tome por loco, yo te tenga claro a Ti, Padre.

Un abrazo fraterno

… fue llamando a los que Él quiso… (Mc 3, 13-19)

El grupo de los doce no fue una casualidad. No era el grupo ni de los más cultos, ni de los más valientes, ni de los que más fe tenían, ni de los que más libres y disponibles estaban, ni de los que más carisma tenían, ni de los que mejor amaban. Era, sencillamente, el grupo de aquellos a los que Jesús QUISO llamar. Fue Él quien eligió. Ninguno presentó su currículum ni méritos ante una asamblea. Jesús fue el que propuso, el que decidió, el que llamó a cada uno por su nombre.

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Siempre me sorprende este grupo que elegiste Señor. Me sorprende porque bajo los parámetros actuales occidentales lo que Tú hiciste fue una auténtica locura. ¡Estarías en los tribunales por ello! Ahora todo lo valoramos por carreras universitarias realizadas, por sueldo al mes, por posición dentro de una empresa, por las vacaciones que nos pasamos, el coche que tenemos, el master que terminamos, los méritos y la experiencia laboral acumulada… Eso es lo que cuenta hoy Señor… Pero Tú elegiste sin pedir credenciales. Ninguno de tu grupo las tenía. Eran, fundamentalmente, hombres humildes, pescadores… Eran personas sencillas, como yo. ¡Qué alivio! Y digo esto por no decir que eran una auténtica «panda», sólo hay que ver las consecuencias: uno te entrega, el otro te niega, se quedan dormidos pese a tu sufrimiento en Getsemaní, se pelean por ser el primero, no saben responderte quién eres, desaparecen y se esconden tras tu muerte… ¡Un desastre! ¡Como yo!

Lo que propones para la vida no es sencillo Señor. Amar por encima de todo. Amar al prójimo. Ofrecer la otra mejilla. Amar a los enemigos. No juzgar. Dejarlo todo por seguirte. La cruz. Difícil. A veces también es difícil descubrir lo que quieres de mi, lo que me quieres decir con tu Palabra… Pero con la lectura de hoy me vuelves a dejar claro de que, pese a todo, tú me eliges así, tal cual. «Metepatas», temeroso, desconfiado a veces, receloso del sufrimiento, infiel, humilde, imperfecto… Tú eres quien me cambiará el nombre. Tú eres quien edificará sobre mi.

¡Gracias Señor por elegirme!

Un abrazo fraterno

Foto de Stanley Coll

… dolido de su obstinación… (Mc 3, 1-6)

Esta Palabra me suena. Se me hace tristemente familiar Padre. Creo que es de rabiosa actualidad en España. Después del debate en el Parlamento ayer sobre política antiterrorista, esta Palabra viene al pelo… Fijémonos en la actitud de los fariseos: antes de la acción ellos «están al acecho», «a ver cómo pillan a Jesús». Durante la acción, incapaces de responder a sus preguntas, tercamente, obstinadamente sacan a Jesús de sus casillas por ser incapaces de dar su brazo a torcer. Después de la acción, «tramando cómo acabar con Jesús». Es como si no hubiera pasado nada. Es como si Jesús no hubiera intervenido. Ellos ya habían decidido a priori que lo que iba a hacer Jesús estaba mal y habían decidido también que pasara lo que pasara, a pesar de todo, Jesús merecía ser arrestado.

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¡Cuántas veces actuamos así en la vida Señor! ¡Cuántas veces actuamos con esa actitud tan insana! ¡Cuántas veces no dejamos que Tú te manifiestes por estar absolutamente enrocados en nuestra postura! ¡Cuántas veces machacamos al prójimo porque hemos decidido que pase lo que pase y diga lo que diga «me va a oir»! ¡Qué lástima! ¡Lo que nos perdemos de la vida, de los demás, de los regalos que tú nos haces!

Ayer en el Parlamento sólo vimos personas obstinadas. Personas que habían decidido que dijera lo que dijera el otro… no importaba. Estos debates con discursos predeterminados ¿sirven para algo? Desde luego a Jesús le sacaban de quicio… A mi también…

 Un abrazo fraterno 

… no el hombre para el sábado (Mc 2, 23-28)

Es impresionante lo claro que tenía Jesús las cosas. Impresionante su claridad e impresionante su valentía derivada de la primera.

Es claro que en cualquier sociedad, institución, civilización, etc. hacen falta unas cuantas normas. Jesús deja claro más de una vez que Él no viene a abolirlas, que no se trata de eso. Se trata de no encerrarse en la norma, de superarla, de ir a las personas y a su felicidad. Las normas no tienen que ser losas para la gente. Las normas no deberían causar sufrimiento e infelicidad sino que deberían ser caminos para la libertad. Jesús se da cuenta de esto. Las normas no pueden servir para que el ley.jpgque las pone esté por encima de los que las reciben. Las normas no deben servir para crear clases ni para que unos se sientan con poder para juzgar, arrinconar, condenar y destruir a otros.

A veces caemos en este peligro. Nos hacemos cuadriculados y tiquismiquis. Priorizamos el «cumplimiento» sobre el Amor, que es la ley fundamental. Nos dedicamos a «colar mosquitos». Hoy Jesús me propone denunciar este tipo de situaciones. Jesús me propone colaborar en la felicidad de los demás por encima de todo. Jesús me propone también no caer en el extremo del todo vale… Jesús me propone abrir mi mente y mi corazón. Jesús me propone observar desde una óptica diferente polémicas normativas actuales…

Ojalá sepa discernir en cada momento qué es lo mejor, lo necesario… lo que haría Jesús en mi lugar.

 Un abrazo fraterno

A vino nuevo, odres nuevos (Mc 2, 18-22)

Está claro Padre que el mundo de hoy nos exige odres nuevos. Vivimos en una sociedad donde todo cambia muy rápido: las personas, las generaciones, los avances tecnológicos, las cosas de las que disponemos, la manera de entender el mundo, la escala de valores… Es un mundo cambiante.

A los católicos hoy se nos pide algo más que lo que se nos pedía hace años. Hoy no llega con ir a misa. Hoy no llega con ir a la catequesis. Hoy no llega con darle dinerito a un pobre. Hoy no llega con contarle a los hijos que hay que ser bueno, que hay que rezar por la noche… ¡Hoy se nos piden nuevas formas! Hoy ya no debemos ser «católicos por educación» o «católicos por tradición» sino «CATOLICOS POR CONVICCIÓN». creation3.jpgHoy debemos hablar menos y SER más. Hoy se nos pide que seamos convincentes con nuestra vida y no con nuestras palabras o charlas moralizantes. Hoy se nos pide que seamos CATÓLICOS QUE VIVEN CON RADICALIDAD EL EVANGELIO. Hoy se nos pide que no sólo le demos importancia a dar, que estar pendiente de uno es importante para dar un buen testimonio. Hoy se nos pide que los católicos seamos personas adultas, maduras, equilibradas, formadas, consistentes. Hoy se nos pide que dediquemos tiempo a nuestra construcción personal antes que dedicarnos a construir el mundo. Hoy se nos pide que seamos CATÓLICOS QUE TENGAN EN CUENTA EL ALMA Y EL CUERPO, que tengan una sexualidad integrada, que se cuiden externamente, que le den importancia a los espiritual y a lo corporal por igual por que yo no soy un alma más un cuerpo, yo soy alma y cuerpo a la vez. Hoy se nos pide que seamos CATÓLICOS VALIENTES, PROFETAS, que denunciemos, que critiquemos, que seamos capaces de luchar por algo mejor (incluso por una Iglesia mejor).

Ojalá Padre que nos des el don del discernimiento para que cada uno sepa buscar «sus nuevos odres». Ojalá Padre sepamos cantar un cántico NUEVO para alegría y buena noticia del mundo.

Un abrazo fraterno

No les queda vino (Jn 2, 1-11)

marr-013.JPG– No les queda vino.

Esas fueron las palabras de María a Jesús. Por cómo lo dice el Evangelio me da la sensación de que Jesús ni se había dado cuenta… Estaba en una boda, divirtiéndose junto a los novios y los invitados. Además, como Él le contesta a María, todavía no había llegado su hora. Pero María sí se percató de que algo sucedía. Tal vez por conversaciones, por susurros, por expresiones en la cara de los organizadores, por muestras de preocupación… ¡qué sé yo! Algo llamó la atención de María, algo que no llamó la atención del resto.

María, haciendo vida la carta de corintios de hoy, pone sus dones al servicio de los demás. Ella está pendiente de las necesidades ajenas. Ella se da cuenta de lo que necesita cualquiera de su alrededor antes de que otros ni siquiera se hayan percatado. Es un don. Y contundente es también su reacción: acudir a Jesús. No intenta resolver el problema ella. Ella sabe que no es quién para hacerlo, no podría hacerlo. Ella se percata, mueve hilos y lo deja todo en bandeja para que, aquello que está fuera de su alcance, sea Jesús quien lo haga.

Poner los dones al servicio de la comunidad, ser humildes y conscientes de nuestras limitaciones y acudir y confiar en que el Padre hará el resto… Habrá que tomar nota… una vez más.

 Un abrazo fraterno

Sígueme (Mc 2, 13-17)

El Señor se acerca a Mateo. Y le cambia la vida. Como dice S. Pablo en la primera lectura de hoy, la Palabra de Jesús es viva, eficaz, tajante, penetrante. Lo fue con Mateo, lo fue para Mateo.

La Palabra de hoy me llama, primero, a asumir que el Señor sabe quién soy, me conoce. En una sociedad donde tanto importa aparentar, donde nos preparamos las entrevistas de trabajo para convencer, donde para la almohada somos unos y para la gente somos otros, donde tenemos que ir a la moda para que se nos tenga en cuenta, o beber, o fumar… En esta sociedad de la apariencia, el Padre sabe quién soy. Ante Él de nada vale aparentar. Esto no debe darme miedo «por lo que pensará Dios de mi» sino PAZ: sabiendo quien soy, entra en mi casa, come conmigo y me propone que le siga, que camine a su lado, que sea de los suyos, que le ayude en su misión. ¡Qué maravilla saberme aceptado y amado por el Padre!

mateo.jpgPero también la escucha de hoy me interpela y me incomoda. Si sigo siendo alguien mediocre en muchos aspectos de mi vida ¿será que no he conseguido oir nítidamente a Jesús? ¿Todavía no se ha producido el encuentro personal definitivo? Porque cuando el encuentro se produce, Mateo es incapaz de volver atrás. Yo vuelvo atrás muchas veces. No creo que la Palabra de Dios sea tan eficaz en mi como lo fue en Mateo… Tal vez no he permitido todavía ese encuentro… tal vez porque muchas veces me considero de «los sanos» y los que nos creemos sanos somos los eternos enfermos porque nunca dejamos que el Médico nos cure…

Un abrazo fraterno

… que para eso he salido (Mt 1, 29-39)

Siempre fiel a su misión. Así era Jesús. Alguien fiel a su misión. Hasta el final y pese a todo, como demostró en el miedo de Getsemaní. El Evangelio de hoy vuelve a presentarnos a un Jesús que, lejos de acomodarse al calor del triunfo, de lo conocido, del respeto de los demás, decide salir a otros lugares a seguir predicando y expulsando demonios. Supera sus seguridades y se ata a aquello a lo que ha sido llamado.

Nosotros también somos llamados cada día y lo somos, posiblemente, a hacer lo mismo que Jesús: predicar y expulsar demonios. Estamos llamados a no estancarnos, a buscar nuevos «oídos» en los que sembrar que «Dios es amor». Estamos llamados a arriesgarnos en nuestra lucha por el Reino, que es también la lucha por nuestra felicidad. Estamos llamados a identificar los demonios que nos rodean y que atormentan a los que están a nuestro lado para luchar contra ellos y ser cura para la herida abierta.

 Hoy, en este comienzo de año, estamos llamados a dejarnos de bonitos propósitos inútiles y ponernos a caminar de una vez por la senda del compromiso. Hoy, más que gimnasios, bancos e hipermercados en rebajas, nos esperan las puertas abiertas de las innumerables ONG’s, instituciones, parroquias, etc. que cada día luchan por la felicidad de todos porque… para eso hemos salido.

 Un abrazo fraterno