No tiene sentido que ayunen (Marcos 2, 18-22)

Después de leer el pasaje de Saúl y Samuel y el Evangelio de los odres nuevos, tengo claro que lo que se me está pidiendo hoy es algo mucho más difícil que estar en la Iglesia cumpliendo una serie de mandamientos, cubriendo con mi asistencia una serie de ritos y consiguiendo un «APTO» en un examen de amor al Padre.

Jesús vuelve a revolucionar y le pide a sus discípulos que no ayunen si no tiene sentido. ¿Nos preguntamos nosotros por el sentido de las cosas? ¿Somos lo suficientemente libres y valientes como para optar por actitudes y compromisos en lugar de por simplemente cubrir expedientes? Los ritos tiene una función clara e imprescindible: los ritos son facilitadores. A veces los convertimos en el mismo Dios.

Apostar por pocas normas, por la libertad, por dar sentido a lo que uno hace, por poner a Jesús en medio de todo y tenerlo presente en todo, por complicarse la vida hasta agotarla… es mucho más complicado. Pero esa es la propuesta.

Un abrazo fraterno

Un lugar solitario (Marcos 1, 29-39)

Es verdad que la comunidad es lugar de encuentro con el padre. La comunidad pequeña de fe. La comunidad reunida en la Eucaristía. Es verdad que caminamos juntos y nuestra fe crece junto a otros.

Pero… ¡qué necesarios esos lugares solitarios donde encontrarte con Dios en lo más hondo de ti mismo! ¡Qué necesarios y qué imprescindibles!

Un abrazo fraterno

Se marcharon con él (Marcos 1, 14-20)

Muchas de las veces que he leído este pasaje lo oré alrededor de la llamada de Jesús, de su iniciativa, de cómo debió de hacerse para causar ese efecto inmediato en los pescadores elegidos… Pero hoy, tal vez por lo sucedido durante toda esta semana y la pasada, le he dado vueltas a la libertad de esos pescadores, a su capacidad para tomar una decisión importante.

Es importante que seamos capaces de ser personas capacitadas para tomar decisiones. Discernir y decidir. Ser capaces de abandonar el llamado «estado de confort» en el que nos movemos habitualmente. El estado de confort es la vida que conocemos, el espacio en el que nos movemos, la dosis de sufrimiento ya asumida y conocida, los grados de felicidad e infelicidad usuales… Ser capaces de salir de ahí y arriesgar, apostar, luchar por algo mejor, por ser nosotros mismos, por ser más felices… Es la oferta del seguimiento a Jesús.

Para ello, tal vez, uno de los ingredientes fundamentales es «ser pobre». No tener demasiado que dejar. Vivir desapegado de cosas, posesiones, personas concretas, carreras laborales, éxitos pasajeros… Ya sabemos lo que le pasó al joven rico…

Marcharse con él…

Un abrazo fraterno

Dinos quién eres (Juan 1, 19-28)

¿Qué respondería yo si alguien me preguntara ésto? ¿Qué responderías tú? Me parece, tal vez, la pregunta más compleja de responder por lo complejo que tiene saber la respuesta. Juan respònde identificándose con su misión: soy la voz que grita en el desierto… Una misión muy concreta en un lugar concreto y con unas referencias concretas. ¿Lo tengo yo tan claro?

No estaría mal que en este comienzo de año le diéramos una vuelta a esta cuestión tan importante. ¿Para qué he nacido? ¿Qué se espera de mi? ¿Con qué objetivo me fueron regalados los dones que tengo? ¿Qué se quedará sin hacer si yo no lo hago? Da hasta vértigo planteárselo pero paso a paso hay que ir quitando velos a esta cuestión. Que el Señor me dé luz en esta tarea.

Un abrazo fraterno

Bandera discutida (Lucas 2,22-35)

Mi abuelo decía que un personaje importante y que valía la pena era muy querido o muy odiado. Podías estar o no de acuerdo con él pero desde luego no te dejaba indeferente.

Hoy leo esta Palabra y me encuentro a un Simeón advirtiendo a los padres del Niño que Jesús no va a pasar desapercibido. Y estoy seguro que a sus padres no les gustó. Tal vez por cariño, por espíritu de protección o por lo que sea tal vez preferirían tener un hijo desconocido que simplemente fuera feliz e hiciera más o menos lo de todo el mundo.

Y hoy me pregunto: ¿es posible ser seguidor de Jesús, seguidor del Evangelio, y pasar desapercibido? ¿Es compatible? ¿O es inherente ser «bandera discutida»?

Y creo que no hay muchas opciones. Y a veces me descubro mediocre.

Un abrazo fraterno

Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos (I Juan 1,1-4)

¿Anunciamos la Buena Noticia? La Buena Noticia digo… no la ristra de normas, lecciones morales, sacrificios, obligaciones y deberes de ser cristiano y católico. Si un buscador de la verdad va a una iglesia un domingo cualquiera… ¿recibe una Buena Noticia? ¿Es mi vida Buena Noticia?

A veces incidimos demasiado en un mensaje que no acaba de llevar a Dios, en un mensaje que le dice a la gente cómo tiene que ser, qué tienen que hacer… en lugar de decirles cómo les quiere Dios, cómo les cuida, cómo hablarle, cómo encontrarle… Papas como Juan XXIII y Juan Pablo I incidieron en este aspecto y fueron incluso criticados dentro de la propia Iglesia…

Anunciemos el Amor y que el Amor transforme.

Un abrazo fraterno

Anuncio (Romanos 10, 9-18) – Adviento en familia 2011 – día 4

Hoy es S. Andrés y las lecturas así nos lo recuerdan. Y me resultan muy buenas lecturas para el Adviento ya que tratan algo nuclear del misterio de la Navidad: el anuncio. No hay belén que se precie que no contenga en un rinconcito la escena de «La Anunciata»: ese grupo de pastores que, a la vera de una hoguera o fogata, en plena noche, reciben la visita del ángel que les anuncia la llegada del Salvador y les exhorta a ponerse en camino e ir a adorarlo.

Ese ángel, que tantas veces pasa desapercibido en el belén, cumple una función importantísima: ANUNCIAR LA  BUENA NOTICIA cuando la oscuridad y el frío son mayores.

El Adviento es buen momento para pararme y confrontarme con el ángel: ¿Soy portador de la Buena Noticia? ¿Voy allí donde la oscuridad es mayor y anuncio a Jesús? ¿Me siento enviado por Dios a ello?

Un abrazo fraterno

Los sencillos (Lucas 10, 21-24) – Adviento en familia 2011 día 3

El Evangelio de hoy creo que nos aporta una clave del Adviento en cuanto a preparación de la Navidad. Sencillos eran María y José. Sencillos los que les prestaron aquel establo a las afueras de Belén. Sencillos eran los primeros elegidos en conocer el nacimiento, los pastores. Sencillos eran los apóstoles y sencillos aquellos que seguían a Jesús en muchedumbre.

¿Será la sencillez una de las claves para acercarnos al misterio más idóneamente? Y si es así, ¿por qué? ¿Por qué la sencillez? ¿Por qué a los sencillos y no a los sabios les son reveladas ciertas cosas?

Yo siempre me he creído muy «sabio», más «sabio» que otros sin duda. Siempre he creído que sabía más que otros de muchas cosas y que mi capacidad era mayor que la de muchos. He ido bajando a la tierra. Unas veces a base de golpes y otras muchas a base de estar en contacto y querer y apreciar a mucha gente y muy diversa. Estoy contento de mi proceso pero me queda mucho camino y este Adviento vuelve a ser una nueva oportunidad para reflexionar sobre ello. El objetivo es claro: presentarme delante de un Dios hecho niño con el espíritu de uno de aquellos pastores que sin tener demasiado supieron reconocer, adorar y querer sencillamente al que era su Salvador.

Un abrazo fraterno

El Señor está contigo (Lc 1, 26-38)

Lejos de pararme hoy en la ya tantas veces interiorizada disponibilidad de María, su inmaculada concepción o su virginidad… hoy la Palabra me ha llevado por caminos obvios aunque muchas veces desatendidos.

Viendo a María, y teniendo claro que ningún ángel bajó del cielo con sus alas y se le apareció por la ventana, la escena nos propone algo tremendamente importante: ¿Cómo era María, cómo vivía y en qué disposición estaba para haber podido ESCUCHAR lo que Dios quería de ella, para saber reconocer el sello del Padre en sus intuiciones? Esto, hoy, me interpela tremendamente y me llama a crecer un poquito más.

María pudo escuchar, supo escuchar. María descubrió a Dios tras esa brisa suave que le llamaba a cambiar de vida, que le presentaba una vocación irrenunciable, la suya. María nos invita a «ser vírgenes» también hoy. María nos enseña que a Dios se le escucha en el silencio, interior y exterior. María nos enseña que para sintonizar con Dios hay que vaciar el interior, la mente y el corazón, de ruidos, de distracciones superfluas, de cosas, de planes… María nos enseña que Dios habla siempre y que, tal vez, cuando sólo oímos su silencio se deba a nuestra incapacidad personal para ESCUCHAR. María vive abandonada en el Padre. Eso le permite escucharle de manera privilegiada.

Hoy María vería muy poquito la televisión. Opinaría poco y escucharía mucho. Se saldría de los debates políticos y mundanos de la sociedad y pasaría más tiempo con ella, en silencio, o con su prójimo más inmediato, al servicio. Hoy María no llamaría la atención, ni pensaría en cómo planificar su vida alrededor de su vida laboral. Hoy María visitaría más la iglesia o pasaría tiempo en su comunidad. Compraría pocas cosas y no tendría ni la Tarjeta Iberia ni la Tarjeta Vips Club ni la Travel… María hoy priorizaría su oración, su crecimiento.

Yo también estoy llamado a traer a Jesús al mundo cada día… ¿Estoy preparado para escuchar, interiorizar y aceptar la llamada? Creo, Padre, que puedo dar un poquito más…

Un abrazo fraterno

marr-116.JPG

Hizo lo que le había mandado (Mt 1, 16.18-21.24a)

jose.JPGÚltimamente tenemos ciertas reticencias, yo el primero, a «aceptar» palabras del estilo «mandar» venidas de Dios. Mi crecimiento en la imagen de un Dios Padre, misericordioso en extremo, amante de sus hijos, etc. me lleva a veces a estrechar mis oídos ante palabras que, bajo mi entender, suenan muy fuerte para hablar de Dios. ¿Puede el mismo Dios que nos ha creado libres mandarnos algo? Es tal vez una pregunta sobre la que bien podríamos charlas largo y tendido. Pero esta es la Palabra de hoy, no otra. Una Palabra que gira alrededor de José como ejemplo y modelo de aquel que responde con absoluta confianza y humildad a lo que entiende que Dios pide de Él.

Siempre me ha resultado chocante la sequedad con la que parece que Dios se dirige a José contraponiéndolo a la dulzura y delicadeza con la que se dirige a María. En las conversaciones con José no aparece un «¡Alégrate!» ni un «Dios te salve» ni un «el Señor está contigo»… José es un hombre discreto, que pasa desapercibido, que sabe leer la vida desde Dios, que no hace demasiado ruido pero que es pieza clave en los planes de Dios; con su actitud y su disponibilidad posibilita que Dios suceda.

José interpela muchas de mis maneras grandilocuentes, de mis cada vez menos extensos «discursos», de mi necesidad intermitente de ser escuchado y visto… José me enseña que hay otra manera de posibilitar a Dios. Ni mejor ni peor. Pero a mi me sirve mucho descubrirla.

Un abrazo fraterno