Aquí estoy (Sal 39)

Esto es lo que quieres oir de mi boca Señor. «Aquí estoy». Expresión clara de la voluntad de querer hacer tu voluntad. En el Salmo de hoy me recuerdas que no son sacrificios ni ofrendas lo que buscas. No es eso lo que te importa. Lo que te importa es verme feliz, pleno y sabes que eso lo conseguiré a tu lado, haciendo lo que tú has soñado para mi, colaborando en la construcción del Reino desde mi libertad.

Hay muchos días Padre que sólo puedo decirte esto, «aquí estoy». Hay muchos días en los que siento que todavía no he descubierto la misión final para la que me pusiste aquí. Hay muchos días que siento que estoy al 60% de mis capacidades por el Reino, siento que busco algo más, que hay algo que me llama, que me atrae aunque no sé qué es. Voy dando pasitos pequeñitos y apoyándome en una comunidad para intentar discernir qué es lo que quieres de mi. Pero mientras mi «aquí estoy» permanece. A tu disposición.

Un abrazo fraterno

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Foto extraida de: http://flickr.com/photos/jesst

… dolido de su obstinación… (Mc 3, 1-6)

Esta Palabra me suena. Se me hace tristemente familiar Padre. Creo que es de rabiosa actualidad en España. Después del debate en el Parlamento ayer sobre política antiterrorista, esta Palabra viene al pelo… Fijémonos en la actitud de los fariseos: antes de la acción ellos «están al acecho», «a ver cómo pillan a Jesús». Durante la acción, incapaces de responder a sus preguntas, tercamente, obstinadamente sacan a Jesús de sus casillas por ser incapaces de dar su brazo a torcer. Después de la acción, «tramando cómo acabar con Jesús». Es como si no hubiera pasado nada. Es como si Jesús no hubiera intervenido. Ellos ya habían decidido a priori que lo que iba a hacer Jesús estaba mal y habían decidido también que pasara lo que pasara, a pesar de todo, Jesús merecía ser arrestado.

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¡Cuántas veces actuamos así en la vida Señor! ¡Cuántas veces actuamos con esa actitud tan insana! ¡Cuántas veces no dejamos que Tú te manifiestes por estar absolutamente enrocados en nuestra postura! ¡Cuántas veces machacamos al prójimo porque hemos decidido que pase lo que pase y diga lo que diga «me va a oir»! ¡Qué lástima! ¡Lo que nos perdemos de la vida, de los demás, de los regalos que tú nos haces!

Ayer en el Parlamento sólo vimos personas obstinadas. Personas que habían decidido que dijera lo que dijera el otro… no importaba. Estos debates con discursos predeterminados ¿sirven para algo? Desde luego a Jesús le sacaban de quicio… A mi también…

 Un abrazo fraterno 

… no el hombre para el sábado (Mc 2, 23-28)

Es impresionante lo claro que tenía Jesús las cosas. Impresionante su claridad e impresionante su valentía derivada de la primera.

Es claro que en cualquier sociedad, institución, civilización, etc. hacen falta unas cuantas normas. Jesús deja claro más de una vez que Él no viene a abolirlas, que no se trata de eso. Se trata de no encerrarse en la norma, de superarla, de ir a las personas y a su felicidad. Las normas no tienen que ser losas para la gente. Las normas no deberían causar sufrimiento e infelicidad sino que deberían ser caminos para la libertad. Jesús se da cuenta de esto. Las normas no pueden servir para que el ley.jpgque las pone esté por encima de los que las reciben. Las normas no deben servir para crear clases ni para que unos se sientan con poder para juzgar, arrinconar, condenar y destruir a otros.

A veces caemos en este peligro. Nos hacemos cuadriculados y tiquismiquis. Priorizamos el «cumplimiento» sobre el Amor, que es la ley fundamental. Nos dedicamos a «colar mosquitos». Hoy Jesús me propone denunciar este tipo de situaciones. Jesús me propone colaborar en la felicidad de los demás por encima de todo. Jesús me propone también no caer en el extremo del todo vale… Jesús me propone abrir mi mente y mi corazón. Jesús me propone observar desde una óptica diferente polémicas normativas actuales…

Ojalá sepa discernir en cada momento qué es lo mejor, lo necesario… lo que haría Jesús en mi lugar.

 Un abrazo fraterno

A vino nuevo, odres nuevos (Mc 2, 18-22)

Está claro Padre que el mundo de hoy nos exige odres nuevos. Vivimos en una sociedad donde todo cambia muy rápido: las personas, las generaciones, los avances tecnológicos, las cosas de las que disponemos, la manera de entender el mundo, la escala de valores… Es un mundo cambiante.

A los católicos hoy se nos pide algo más que lo que se nos pedía hace años. Hoy no llega con ir a misa. Hoy no llega con ir a la catequesis. Hoy no llega con darle dinerito a un pobre. Hoy no llega con contarle a los hijos que hay que ser bueno, que hay que rezar por la noche… ¡Hoy se nos piden nuevas formas! Hoy ya no debemos ser «católicos por educación» o «católicos por tradición» sino «CATOLICOS POR CONVICCIÓN». creation3.jpgHoy debemos hablar menos y SER más. Hoy se nos pide que seamos convincentes con nuestra vida y no con nuestras palabras o charlas moralizantes. Hoy se nos pide que seamos CATÓLICOS QUE VIVEN CON RADICALIDAD EL EVANGELIO. Hoy se nos pide que no sólo le demos importancia a dar, que estar pendiente de uno es importante para dar un buen testimonio. Hoy se nos pide que los católicos seamos personas adultas, maduras, equilibradas, formadas, consistentes. Hoy se nos pide que dediquemos tiempo a nuestra construcción personal antes que dedicarnos a construir el mundo. Hoy se nos pide que seamos CATÓLICOS QUE TENGAN EN CUENTA EL ALMA Y EL CUERPO, que tengan una sexualidad integrada, que se cuiden externamente, que le den importancia a los espiritual y a lo corporal por igual por que yo no soy un alma más un cuerpo, yo soy alma y cuerpo a la vez. Hoy se nos pide que seamos CATÓLICOS VALIENTES, PROFETAS, que denunciemos, que critiquemos, que seamos capaces de luchar por algo mejor (incluso por una Iglesia mejor).

Ojalá Padre que nos des el don del discernimiento para que cada uno sepa buscar «sus nuevos odres». Ojalá Padre sepamos cantar un cántico NUEVO para alegría y buena noticia del mundo.

Un abrazo fraterno

No les queda vino (Jn 2, 1-11)

marr-013.JPG– No les queda vino.

Esas fueron las palabras de María a Jesús. Por cómo lo dice el Evangelio me da la sensación de que Jesús ni se había dado cuenta… Estaba en una boda, divirtiéndose junto a los novios y los invitados. Además, como Él le contesta a María, todavía no había llegado su hora. Pero María sí se percató de que algo sucedía. Tal vez por conversaciones, por susurros, por expresiones en la cara de los organizadores, por muestras de preocupación… ¡qué sé yo! Algo llamó la atención de María, algo que no llamó la atención del resto.

María, haciendo vida la carta de corintios de hoy, pone sus dones al servicio de los demás. Ella está pendiente de las necesidades ajenas. Ella se da cuenta de lo que necesita cualquiera de su alrededor antes de que otros ni siquiera se hayan percatado. Es un don. Y contundente es también su reacción: acudir a Jesús. No intenta resolver el problema ella. Ella sabe que no es quién para hacerlo, no podría hacerlo. Ella se percata, mueve hilos y lo deja todo en bandeja para que, aquello que está fuera de su alcance, sea Jesús quien lo haga.

Poner los dones al servicio de la comunidad, ser humildes y conscientes de nuestras limitaciones y acudir y confiar en que el Padre hará el resto… Habrá que tomar nota… una vez más.

 Un abrazo fraterno

Sígueme (Mc 2, 13-17)

El Señor se acerca a Mateo. Y le cambia la vida. Como dice S. Pablo en la primera lectura de hoy, la Palabra de Jesús es viva, eficaz, tajante, penetrante. Lo fue con Mateo, lo fue para Mateo.

La Palabra de hoy me llama, primero, a asumir que el Señor sabe quién soy, me conoce. En una sociedad donde tanto importa aparentar, donde nos preparamos las entrevistas de trabajo para convencer, donde para la almohada somos unos y para la gente somos otros, donde tenemos que ir a la moda para que se nos tenga en cuenta, o beber, o fumar… En esta sociedad de la apariencia, el Padre sabe quién soy. Ante Él de nada vale aparentar. Esto no debe darme miedo «por lo que pensará Dios de mi» sino PAZ: sabiendo quien soy, entra en mi casa, come conmigo y me propone que le siga, que camine a su lado, que sea de los suyos, que le ayude en su misión. ¡Qué maravilla saberme aceptado y amado por el Padre!

mateo.jpgPero también la escucha de hoy me interpela y me incomoda. Si sigo siendo alguien mediocre en muchos aspectos de mi vida ¿será que no he conseguido oir nítidamente a Jesús? ¿Todavía no se ha producido el encuentro personal definitivo? Porque cuando el encuentro se produce, Mateo es incapaz de volver atrás. Yo vuelvo atrás muchas veces. No creo que la Palabra de Dios sea tan eficaz en mi como lo fue en Mateo… Tal vez no he permitido todavía ese encuentro… tal vez porque muchas veces me considero de «los sanos» y los que nos creemos sanos somos los eternos enfermos porque nunca dejamos que el Médico nos cure…

Un abrazo fraterno

Lo que oímos y aprendimos… lo contaremos (Sal 77)

     Si yo soy lo que soy hoy es, en parte, gracias a lo recibido de mis padres. De ellos recibí amor, cariño, cuidado, compañía, seguridad, protección. Ellos me enseñaron lo importante, me transmitieron unos valores, me proporcionaron una educación. Me dieron la oportunidad de crecer, de formarme, de conocer, de experimentar. Pero es inevitable mirar atrás y comprobar que fueron ellos los que plantaron la semilla de la fe en mi persona. Las primeras oraciones sencillas, los primeros cuentos de Jesús, las primeras caricias al Niño en Navidad, la asistencia a la Eucaristía, la progresiva enseñanza de la doctrina… Ha sido un plantar constante esperando que el Señor hiciera su parte y el don de la fe pudiera ser para mi.

     Han pasado los años y yo, cogiendo no sólo el timón de mi vida sino también el de mi fe, fui madurando poco a poco todo lo aprendido. Mi fe y mis convicciones fueron creciendo hasta el punto de que no se basa ya en lo enseñado sino en lo experimentado en carne propia y en lo sintetizado por uno mismo. Todos estamos llamados a superar la fase primera. ¡Pero qué facil es depurar lo construido! ¡Qué fácil podar y cuidar la planta ya surgida!

     El Salmo de hoy nos propone a todos comunicar a los que nos siguen lo que gratis recibimos. En primer lugar a nuestros hijos y luego a los jóvenes y niños de hoy que no gozan, en muchas ocasiones, de semilla plantada. Esto es parte del compromiso de mi ser cristiano. No sirve mirar a otro lado. No sirve acomodarse. No sirve no sentirse parte de una cadena. Esta es parte de la misión. ¡Gracias Padre por lo recibido! ¡Dame entendimiento y amor para comunicarlo de la manera que sea de mayor utilidad!

 Un abrazo fraterno

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No endurezcáis el corazón (Sal 94, 6-11)

«Si escucháis  hoy su voz, no endurezcáis el corazón.» Así comienza el fragmento de la carta a los Hebreos del día de hoy. Luego el Salmo se extiende en la Palabra, le da forma y grito. Vale la pena deleitarse con él, desde luego. Esta frase de la Palabra es para hoy más que nunca.

Son los dos verbos los que vienen a interpelarnos, ESCUCHAR y ENDURECER:

– ESCUCHAR. Hoy hay déficit de escucha. Somos personas que hemos decidido enfrascarnos tras los cascos de los reproductores MP3. Somos personas que hemos decidido tener siempre algo que oir para evitar tener que escuchar. Nos hemos agarrado a la falta de tiempo, al estrés, a los objetivos a cumplir, a lo que hay que hacer… para no enfrentarnos a la voz del que nos llama, a las voces de los que nos imploran. No hay escucha sin silencio. Pero el silencio nos incomoda, nos descoloca. ¿Quién dirige tu voz hacia ti? ¿Quién necesita de tu escucha? ¿Estás en disposición de estar a la escucha del Padre?

– ENDURECER. Nos hemos insensibilizado. Nos hemos anestesiado. Hemos subido el listón de nuestra compasión. Al revés que Jesús, que sintiendo compasión del leproso, actúa y le da soluciones, nosotros no nos dejamos ablandar tan rápido. Llevamos en el tuétano que alguien sensible no es capaz de sobrevivir en un mundo como el nuestro lleno de impersonalismo y de intereses. La llamada de hoy es a hacer frente a esta corriente de endurecimiento generalizado. Ya no nos compadecenos: no hacemos del padecimiento del prójimo el nuestro. Lamentamos, nos solidarizamos… pero no nos compadecemos.

Asistimos como espectadores a situaciones de abandono, de abuso, de acoso, de pobreza, de injusticia. Es difícil vivir con ello a menos de que, claro está, nos coloquemos los cascos, le demos al PLAY y cambiemos la banda sonora del mundo por una que nos guste más. Ese es el truco.

Un abrazo fraterno

… que para eso he salido (Mt 1, 29-39)

Siempre fiel a su misión. Así era Jesús. Alguien fiel a su misión. Hasta el final y pese a todo, como demostró en el miedo de Getsemaní. El Evangelio de hoy vuelve a presentarnos a un Jesús que, lejos de acomodarse al calor del triunfo, de lo conocido, del respeto de los demás, decide salir a otros lugares a seguir predicando y expulsando demonios. Supera sus seguridades y se ata a aquello a lo que ha sido llamado.

Nosotros también somos llamados cada día y lo somos, posiblemente, a hacer lo mismo que Jesús: predicar y expulsar demonios. Estamos llamados a no estancarnos, a buscar nuevos «oídos» en los que sembrar que «Dios es amor». Estamos llamados a arriesgarnos en nuestra lucha por el Reino, que es también la lucha por nuestra felicidad. Estamos llamados a identificar los demonios que nos rodean y que atormentan a los que están a nuestro lado para luchar contra ellos y ser cura para la herida abierta.

 Hoy, en este comienzo de año, estamos llamados a dejarnos de bonitos propósitos inútiles y ponernos a caminar de una vez por la senda del compromiso. Hoy, más que gimnasios, bancos e hipermercados en rebajas, nos esperan las puertas abiertas de las innumerables ONG’s, instituciones, parroquias, etc. que cada día luchan por la felicidad de todos porque… para eso hemos salido.

 Un abrazo fraterno