Nuestro piso

Recuerdo la primera vez que giramos las llaves en la puerta. No había nada, ni un mueble. Hacía frío. Las paredes, blancas como la nieve. Vírgenes. Como nuestra vida en común.

Cuarenta años después seguimos girando las llaves en la misma puerta. Hemos sabido cuidar los muebles aunque huelen a tiempo pasado. Sentimos el calorcito del hogar y seguimos manteniendo encendida la pasión por vivir que nos permite levantarnos cada mañana de la cama en la que llevamos durmiendo juntos desde aquel primer día. Las paredes han sido pintadas ya unas cuantas veces pero conservan huellas de lo vivido. Como nuestra vida en común.

Volvemos a estar solos. Los que corretearon pasillo arriba, pasillo abajo, ya se han marchado. Las comidas de cinco en la mesa del salón han desaparecido. Ya no hay peleas en los baños ni se oyen portazos en las habitaciones. Lo echo en falta.

Mientras cierro los ojos pienso en todo lo que hemos vivido en este piso y siento que toda una vida puede contarse entre cuatro paredes. Cuarenta años después seguimos buscando la felicidad por los rincones de nuestra casa. Y que sea por mucho tiempo…

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