5 – Enviados

Enviados,
siendo voz y familia
allí donde nos encontramos.

Enviados,
sin más pretensión
que amar y ser amados
allí donde nos encontramos.

Enviados,
con más sonrisas que miedos,
descalzos los pies
y abiertas las manos;
siendo uno
allí donde nos encontramos.

4 – Doctor, ayuda

¡Doctor, ayuda,
el dolor ha vuelto!

¡Ayuda, doctor,
me muero,
he despertado del sueño!

Píncheme, doctor,
anestésieme.
Enchúfeme de nuevo el suero,
que quiero seguir viviendo sin sobresaltos ni duelo.

¡Y las visitas que se vayan!
¡Qué descansen su esperanza en otros lechos!

¡Que me dejen, doctor,
que me dejen vivir muriendo!

3 – Sólo rozar tu alma

Sólo rozar tu alma
me rompe.
Precioso tesoro,
cima inalcanzable,
selva virgen,
de la que nada sabe google.

No pisar,
dice el cartel.
No pisar,
ni tan siquiera descalzo.

#abrázame. Sin más.

2 – Navegar en cada lágrima

Navegar en cada lágrima,
como capitán sin barco,
un tanto loco,
sin más pretensión
que surcar hasta el infinito las olas.

Descansar en cubierta,
a la intemperie,
sin más tripulación que mi fe;
con la piel curtida,
robustos los brazos,
y las piernas,
y polvo en los pies
secos,
agrietados,
sedientos de océanos pacíficos.

Capitán sin timón,
sólo con catalejo.
Capitán grumete soy.

 

1 – Saborear la oscuridad

Saborear la oscuridad.
Tocar la ausencia.
Sentir la nada.

Ver la luz escaparse entre los dedos
y gritarle al tiempo que se quede,
que no se vaya,
sollozando,
aterrado.

Mirar hacia arriba y verte;
clavar mis ojos en Ti
y pedirte, como un niño encaprichado,
que me des lo que te pido.

Y en ese mirar tuyo,
quieto y silencioso,
verme
y
aprender a amarme.

Una nana para la rosa

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Mi rosa no está en su mejor momento. Yo la riego, la pongo al sol, cambio el biombo de orientación varias horas al día… pero no consigo que recupere su vigor y ese rojo vivo que tantos insectos atrae al final del día.

Ella, cada mañana, despereza sus pétalos lentamente, como si una invisible capa de aire pesara sobre ellos, me mira y me dice que puede, que no me preocupe, que sabe lo que le pasa y que espera en unos días estar mejor. Pero no es posible no preocuparse por ella. ¿Cómo puedo hacer eso?

Intentaré que el agua esté más fresquita, que los rayos del sol lleguen a ella con más suavidad, que el biombo la deje ver más allá de las estrellas y que piense que nada de eso es por ella. Y por las noches, mientras intenta dormir, le cantaré una nana desde el rincón más escondido de mi pequeño planeta.

Sigamos, amigos, sigamos…

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La luz tenue de mi habitación, tímida y atrevida, me invita a no cerrar los ojos sin saborear la palabra de la noche: GRACIAS.

Sin saber muy bien por qué, unos cuantos amigos se han empeñado en empapelar mi corazón con esa palabra, GRACIAS. Les he repetido, una y otra vez, que yo no he hecho más que ser yo y que el resto lo hicieron cada uno siendo ellos. Pero nada, erre que erre.

Yo estoy feliz. Me veo casi recién llegado, en un restaurante magnífico, rodeado de amigos… y pienso que Dios me cuida. «A Dios no hay que ponerle a prueba» les digo a los niños en el oratorio. A Dios hay que dejarle hacer… Cada persona de las que estaba alrededor de la mesa esta noche era, sin ser muy consciente, la respuesta de Dios a nuestra decisión de dejarlo todo por un sueño. Dejamos casa, dejamos ciudad, dejamos trabajos, dejamos amigos, dejamos familia… Y Dios responde obrando el milagro.

Lo que me apetece ahora es abrazaros a cada uno, sin prisa. Y tal vez, llorar un poquito. Hay confianza como para tener que disimular.

Sigamos amigos, sigamos… El mundo es mejor con vosotros. Todavía nos quedan muchas historias que contar y si no las contamos nosotros… ¿quién lo hará?

Un abrazo fraterno e inmensamente agradecido

Santi

El alivio de mi rosa

Pensé que la había perdido y que nunca más podría mirarle a los ojos. Mi viaje me había llevado tan lejos que, por un instante, creí olvidarme de su fragancia cuando, sentados uno frente al otro, simplemente nos deleitábamos con nuestra amistad.

Ayer me la encontré, escondida entre muchas otras rosas. Estaba temerosa y, en cierta manera, algo irreconocible. ¿Tal vez el miedo a que le arrancaran sus pétalos? ¿Tal vez el miedo a pincharse con las espinas de alguna otra rosa cercana? Yo la reconocí al instante.

Reconozco a mi rosa porque ella me reconoce a mí. La amistad, al final, todo el amor, es un juego de mutuo reconocimiento. Mirar a unos ojos ajenos y descubrir que te están mirando… ¡¿hay algo más maravilloso?! Susurrar y comprobar que vuelve otro susurro de vuelta. Hablar y saber que, ahí, al otro lado, alguien te deja descansar escuchándote…

Ver a mi rosa me ha aliviado. Ella siempre lo consigue. Por eso la quiero. Con ella, soy yo.

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Batalla y espectador

Vives aquí dentro y participas del explosivo espectáculo de la colisión de emociones. Te encanta. Lo disfrutas. La luz clara de la alegría, el ruído del entusiasmo, la suave sombra descendente de la melancolía, la cara oculta de la traición…

Me habitas en lo profundo y, desde ahí, me contemplas siendo yo mismo, cada noche. Te tumbas en el sofá de mi alma y asistes a la batalla de los pensamientos y las sensaciones.

Abróchate el cinturón. Hoy vienen curvas y cualquier exabrupto del corazón puede enviarte fuera de mi galaxia.

El gordo terminó en 5. Adiós 2015.

gracias lapiz rojo

Se acaba el 2015. Desde bien pequeño, la influencia «pelín» emotiva de mi madre ha marcado momentos como este: el 2015 ya no volverá. Nunca más lo volveremos a recibir y nunca más lo volveremos a despedir. Cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada año… son únicos. He aquí el martilleo inexorable del tiempo.

Miramos atrás con cierta sensación de pérdida cuando el año ha ido bien y llenos de alivio cuando la vida nos ha golpeado con dureza, esperando que el nuevo año sea, al fin, nuestro año. Aún así, creo profundamente que la mejor manera de empezar un año nuevo es agradeciendo lo vivido en el año que se va. Agradecerlo todo, lo doloroso también, porque lo sucedido es signo de que seguimos vivos, de que caminamos hacia adelante, de que tenemos motivos para seguir esperando, para seguir luchando.

Yo comencé el 2015 con 38 años a la espalda, con mi mujer e hijos viviendo en nuestra casa de Carabanchel, en Madrid, donde llevábamos viviendo 13 años. Lo comencé enfrascado en mi carrera de Ingeniería Informática, comenzada en 1994 y todavía sin terminar, algo cansado ya y ciertamente atascado en ese final prolongado que nunca parecía terminar. Comencé el año trabajando en General Electric Healthcare, con la ilusión de llegar a mis 15 años en la compañía en septiembre. Comencé compartiendo fe y vida en la comunidad Belén, de la Fraternidad Escolapia Betania, con hermanos y hermanas que sabían de mí, que me conocían, que me querían… y con los que había tejido vida en los últimos años. Comencé el 2015 participando en el Capítulo Provincial de los Escolapios, con otros 3 laicos, los primeros laicos en un Capítulo de esta Provincia. Comencé el 2015 impactado por la campaña #iNavidadIrak de iMisión y por el ataque de DAESH a nuestra página web. Comencé el año con mi hermano y mi cuñada viviendo en Ferrol, sin trabajo ambos. Comencé el año con mi amiga Pau en Madrid. Comencé el año en Coruña. Comencé el año querido y queriendo.

Termino el año 2015 con un año más, cerca ya de los 40 y llevando con estilo, elegancia y atractivo mis 39 años. Termino el año 2015 viviendo con mi mujer y mis hijos en Salamanca, concretamente en una vivienda dentro del Colegio Calasanz, enfrascados en la importante misión de educar en la fe y en las letras a los niños y jóvenes. Termino el año siendo Ingeniero Informático, con un 9’5 en el proyecto fin de carrera, cumpliendo uno de los objetivos vitales pendientes más importantes de mi vida. Termino el año 2015 estudiando el Máster de Formación de Profesorado de ESO y Bachiller y ya matriculado en el Grado en Ciencias Religiosas. Termino el año con un trabajo nuevo y muy agradecido por lo vivido y aprendido en GE todos estos años, por las personas conocidas y por los amigos hechos. Termino el 2015 con una nueva comunidad conjunta, donde religiosos y laicos intentamos aprender a vivir juntos, a soñar juntos y a construir juntos un entorno fraterno en Salamanca. Termino el año fuera del staff de iMisión tras mucho trabajo y mucha ilusión, satisfecho por lo vivido, por lo recibido y por lo entregado, con nuevos proyectos en Aleteia y manteniendo mi presencia en 13TV y en Radio María. Termino el año con mi hermano y mi cuñada viviendo en Badalona, con trabajo ambos y mucho más felices y contentos. Termino el año con mi amiga Pau en Albacete, pero cerquita como siempre. Termino el año en Badalona, oliendo al Mar donde tantos han fallecido persiguiendo el sueño de vivir en una tierra en paz y de oportunidades. Termino el año querido y queriendo.

Comienzo el 2016 con muchas ganas de impregnar mi corazón de misericordia, con mucha necesidad de recibirla de Dios y de darla a mis hermanos. Comienzo el 2016 sin más objetivo que seguir gastando mi vida donde crea que me pide el Señor, abierto a las sorpresas y dispuesto a disfrutar de cada instante.

Así sea.