Dios en los sueños (Gn 28,10-22a)

Qué bonita es la experiencia de Jacob. Dios le habla en un sueño. Es la misma experiencia que, muchos años más tarde, tendrá José también, en medio de sus dudas.

Dios nos habla de muchas maneras pero su voz, sin duda, brota también de nuestro interior, de nuestra intuición, de la brisa que agita el corazón. ¡Qué importante es reconocer la voz de Dios detrás de esta experiencia tan humana! Es una muestra de que Dios entra en nuestras coordenadas. Otros, en el mismo caso que Jacob, lo achacarían al cansancio, al estrés, a la imaginación o vete tú a saber qué. Casualidades, ensoñaciones… dicen algunos.

El caso es que Dios habla para transmitirnos algo muy importante: «Estoy contigo. No temas». Es el mismo mensaje que Cristo Resucitado dará a los doce poco antes de volverse con su Padre. Él está aquí, a nuestro lado. Cuida de nuestra vida, nos sostiene, nos guía, nos cuida. ¡Qué importante vivir con esta certeza! ¡Qué descanso! ¡Qué ligero se torna el equipaje!

Cuando mi fe me permite tener esto claro… la vida se abre paso aún en los momentos más insospechados, cuando todo parece perdido.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El Reino ha llegado – Domingo XIV TO Ciclo C

Jesús envió a aquellos y nos sigue enviando a nosotros. Nuestra vida tiene que ser vivida en clave de misión, de envío. Esta perspectiva lo cambia todo porque uno ya no está centrado en sus planes, en sus gustos, en sus temas… sino que el «PARA» toma el protagonismo. Estamos aquí para anunciar algo muy sencillo: El Reino de Dios ha llegado. Esa es la buena noticia.

No es una buena noticia para francotiradores de la fe. No se trata de que cada uno vayamos con nuestras maneras, estilos e ideas a contar nuestra versión particular de la llegada del Reino. Se trata de ir juntos, de ir como comunidad, y dar testimonio de que el Reino está presente en nuestra vida.

¿Qué quiere decir que el Reino de Dios ha llegado? Que Dios ha entrado en tu historia, que tu vida no le es ajena, que no caminas solo. El Reino de Dios quiere decir que pese al ruido y el éxito aparente de las calamidades, los desvaríos, las injusticias y las corrupciones… algo pequeño sigue creciendo, algo silencioso pero, a la vez, grande y poderoso. Tu vida está en otras manos, la esperanza tiene sentido, el dolor tiene horizonte, la alegría puede acampar entre nosotros, el Espíritu que te habita es más fuerte que tu pecado, lo mejor que tienes puede vencer a tus debilidades e incapacidades. Dios te salva. Dios te ama. Dios te cuida. Y no hay nada mayor que eso.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Sacrificar lo más querido (Gn 22,1-19)

El otro día, tomando un café con una amiga, hablábamos de la desazón personal ante determinados hechos que nos están sucediendo en lo personal. Cosas a tu alrededor que ves que no son cómo crees que deberían ser y que golpean rincones íntimos del ser.

La pregunta ante estos hechos que ambos nos hacíamos es: ¿qué debo hacer? ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Debo aguantar, permanecer en este desierto y tragarme aquello que me gustaría hacer o decir? ¿Debo dar un paso y con él testimoniar mi desacuerdo ante lo que está sucediendo? ¿O debo sencillamente quitarme de en medio, entendiendo que, cuando los hombres ponemos trabas a Dios, lo mejor es no perderse y buscar otros caminos?

Hablando de las diferentes posibilidades, había un escenario probable que me ha venido a la cabeza leyendo hoy el pasaje del Génesis. Y es que puede que tengamos que sacrificar a veces aquello que más queremos y, en ese sacrificio, dar testimonio de nuestra fidelidad y fe hacia Aquél que es el más importante. Sí. Tal vez no sirvan las estrategias, los silencios medidos, los pasos prudentes… Puede que la prueba sea hacer lo que siento que Dios me pide aún sabiendo que eso implica sacrificar eso que tanto he soñado.

¿Y si Dios finalmente tiene algo preparado? Lo que está claro es que Él no me abandona nunca.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Tomás y la necesidad de la comunidad (Jn 20,24-29)

Cuando era más joven, dudaba de la necesidad de vivir la fe en una comunidad pequeña. Me llegaba ir a misa los domingos y pensaba que con eso, mis lecturas, mis sacramentos, etc. me llegaba. La idea de compartir con los demás mi fe, mis dudas, mi vida, recibir de ellos una palabra, reconocer a Dios en los hermanos… me resultaba ciertamente cuestionable.

Cuando hoy me encuentro con el pasaje de la aparición del Resucitado a Tomás, recuerdo mi proceso de fe y la importancia de la comunidad en el mismo. Tomás no estaba con la comunidad cuando Jesús se apareció por primera vez. Fuera de la comunidad, se multiplican las preguntas sin respuesta, las suspicacias, los razonamientos, la ideologización de la fe.

Jesús, que sabe de la necesidad de Tomás de «tocarle», podría habérsele aparecido a él y haber zanjado el asunto. Pero la comunidad es el camino privilegiado para el encuentro con el Resucitado. No hay fe sin otros. Eso es ser cristiano. Más que una serie de creencias, dogmas, liturgias, ritos y verdades… el cristiano es aquel que se abre a los otros, que vincula su historia con la de otros y que, en ese abrirse por completo, se encuentra con aquel que fue pura apertura, puro amor, pura entrega.

Señor mío y Dios mío. Esa fue la respuesta de Tomás. Ya no había preguntas, ni dudas, ni pruebas que hacer. Todo se había desvanecido por la fuerza del Espíritu.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cuando parece que Dios duerme (Mt 8,23-27)

Paso unos días de estos de no entender casi nada. El desconcierto preside mucha de la realidad que me rodea y me cuesta situarme. Es la misma sensación que la de aquellos discípulos que, subidos a la barca con Jesús, empiezan a sentir que el temporal llega… y Jesús duerme.

A veces me pregunto qué es lo que realmente querrá el Señor de mí. Es como un continuo responder a una fuerte llamada y darme de bruces con la realidad. Una mezcla de aspiración y fracaso, de energía y frustración, de expectativa y decepción… que me resulta terrible. Y silencio.

Haciendo caso a Jesús sólo me toca pedir fe. Fe porque el Padre me conoce. Fe porque el Padre me salva. Fe porque, aunque los planes y las seguridades caigan a cada paso, Él sostiene mi vida y me encamina hacia nuevos senderos. Aunque todo esto yo lo diga ahora con mi cabeza…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Una vida para otros (Mt 8,18-22)

Hoy marchan a Marruecos los miembros de la expedición de la Casa Escuela Santiago Uno que, cada año, en el marco de su proyecto Llenando Escuelas, pasan los dos meses de verano en algún pueblo bereber de una de las zonas más empobrecidas de nuestro vecino africano. Chicos, chicas, educadores y voluntarios, entregados e ilusionados por dar y recibir, por trabajar, colaborar, conocer, convivir, aprender…

Me he acordado de ellos leyendo el Evangelio de hoy, un pasaje que suele rechinar por la dureza que parece manifestar Jesús ante aquellos que se le acercan y le muestran su disposición a seguirle. Pero esa dureza no es más que la advertencia ante uno de los riegos más evidentes para seguir a Jesús: los «pero», los «después», los «en cuanto pase», los «espera un momento»… En el fondo, Jesús sabe que nos cuesta dejar y que todo aquel que quiera seguirle debe dejar.

Jesús nos pide una vida descentrada de nosotros mismos, una vida para otros. Y no al 40%, ni al 60%, ni al 80%… Nos la pide toda. Sabe que lo que no se da por entero, en el fondo, no se está dando.

Ojalá los chicos y sus educadores que hoy parten experimenten en profundidad este «darse», este «no tener donde reclinar la cabeza», este «ir aquí y allá», siempre por y para los demás. Si algo te transforma por dentro es el amor y éste no es otra cosa que estar dispuesto a entregar la vida a aquel que se cruza en tu camino, al que te necesita. ¡Buen viaje chicos! ¡Y a entregar todo lo bueno que lleváis dentro!

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La elegancia se demuestra al sonreír

Annie soy yo. Y eres tú. Annie somos cada uno de nosotros. Annie somos todos los que, alguna vez, hablando con la almohada o mirando la luna, hemos soñado con una vida mejor, con un mañana más lleno de sol que el hoy, a veces oscuro, lleno de dudas, problemas y falto de luz.

La luz que tiene Annie le brota del corazón. En el fondo, ella no recibe más que aquello que lleva dentro. Annie es el sostén de sus compañeras, la familia que cada una de ellas anhela, la vida que le falta al millonario que tiene todo menos la alegría de amar y ser amado.

Una vez más, me acuesto sintiéndome un pequeño gran hombre. Pequeño porque siento que me gustaría ser mejor, dar más, hacer más feliz a todos de lo que a veces consigo. Grande porque me sé tremendamente afortunado por esto que estamos viviendo juntos. ¡Cuánto nos equivocaríamos si dejáramos escapar el tesoro que tenemos entre manos, el tesoro de permanecer juntos, contra viento y marea, por los niños, por el teatro, por la necesidad que tenemos todos de querer y ser queridos!

Los mensajes que Laura nos deja en el grupo de whatsapp, tan llenos de emoción, son el reflejo auténtico de la valía de lo que conseguimos. Ya sean audios, fotos o vídeos… Laura consigue cocinar nuestras emociones a fuego lento. Y el imán que Lolo nos ha regalado a cada uno es mucho más que lo que a simple vista parece. Es una palabra, ESCOLATRIO, sellado en nuestras vidas. Nunca, nunca olvidaremos esta etapa chicos. Y nuestros hijos y sus compañeros tampoco. Es la entrega y la ilusión de un grupo de personas que saben atraer la magia, porque la llevamos en el corazón.

Cuando aquel otoño de 2015 nos vimos algunos por primera vez y llevamos a escena con sencillez «José, el pequeño Calasanz», nada auguraba una historia como la que tenemos entre manos. Mirad atrás, por favor. Cinco obras de Calasanz a nuestras espaldas, varios cantajuegos y todo el legado que el Principito, Charlie, Peter y Annie han sembrado en nosotros. Algunos escolatrios han estado y nos han dejado lo mejor de ellos y ellas. Y siguen ahí, más cerca o más lejos. Hemos sumado a otros y otras y la familia crece. Mientras, hay cosas que no cambian, como los carteles que nos regala Loreto, que nos rodean de un brillo especial, y las fotos de Luis y su luz que ilumina cada rincón de nuestro escenario.

Nuestro escenario es ya el lugar donde Jeny empujó con ganas a la pequeña Molly, donde Casandra y Rosa se tiraron los plumeros ¡y los cogieron al vuelo!, donde se venden las mejores manzanas de la mano de una Sandra a punto de ser luz :-), donde Estíbaliz se marcó el mejor claqué de la historia, donde Lucía pasó de no querer crecer a ser casi chica Bond, donde Elena lució nivel y estilo aunque haya descendido de clase, y donde Manel descubrió lo bien que le sienta un uniforme. Es el escenario donde Marián se marcó un mayordomo al nivel del mejor Anthony Hopkins en Lo Que Queda del Día o donde Andrés y Grace nos recordaron a esos amigos que siguen buscando el amor, sin darse cuenta de lo que tienen al lado. Es el escenario donde Dori y Cris hicieron que viéramos a un par de niñas sólo con sus sonrisas.

Una sonrisa que no se me quita cuando pienso en mi hermanita y mi Lili. Gracias a ellas Roosty vivirá para siempre, a la sombra de un señor Mudge de Canadá de toda la vida. Con ellas he compartido y disfrutado muchos ratos de ensayos. Compartido y disfrutado. Gracias por regalarme este papel tan divertido con el que, en parte, me siento identificado 😉 Y Lili, sigue llamándome Roosty… a ti te dejo 🙂

Y, por favor, dejadme decir esto, y saborearlo: estar papás, mamás e hijos, juntos, haciendo esto, es un lujo. Como padre me siento orgulloso de ver a Álvaro, Marina, Alba, Claudia y Sergio, comprometidos, entregados en una actividad sana, limpia, en la que tanto dan y aprenden a la par. Como decía aquella frase, a los niños los educa la tribu y me siento agradecido de que nuestros hijos hayan encontrado una tribu como la nuestra. ¡Qué suerte poderles regalar todo esto! ¡Qué suerte contar con su juventud, su nobleza, su verdad, su desparpajo, su buen hacer! Marina me ha cautivado para siempre en la primera coreo y Claudia y Alba han brillado como las que más en ese grupo de caquitas de cerdo. Y Sergio y Álvaro, grandes, en sus papeles de madurito lavandero y de chico para todo. Y Mario… que con fiebre se ha venido a ensayos a darlo todo y que ha cogido el testigo con la música, ejecutando con maestría su tarea. Grande.

Rosana, no nos hemos equivocado. Eras tú. Eras tú porque lo eres. Porque llevas la misma luz que Annie en cada uno de tus rizos. Porque alegras la vida de la gente que te rodea. Porque eres un alma limpia. Eres luz. Te ha sido regalado un don y sabes como nadie ponerlo al servicio de los demás. Si la elegancia se demuestra al sonreír… tú lo tienes más que demostrado. Te diría más cosas. Te las diré. MAÑANA. Cuando salga el sol, me acordaré de ti.

Y termino con Mª Ángeles y de Cris, nuestras eternas Principito y Zorro. Juntos hemos compartido mucho. Sé de primera mano lo que ha supuesto para cada una. Os debemos mucho a las dos. Muchísimo. Nunca se puede pagar del todo el esfuerzo que supone cargar a la espalda con todo lo que conlleva soñar la obra, prepararla, escribirla, dramatizarla, llevarla a escena, dotarla de vida y de personalidad propia, llenarla de ambiente, organizar ensayos, desvelarse para que todo salga bien, dirigir a cada uno de nosotros, poner orden, motivar, animar, ser mano izquierda y derecha… Quita sueño, energía… pero, como todo parto, luego trae al mundo una criatura maravillosa. Descansad un poco. Os necesitamos, yo el primero.

Es de noche y el sol brillará de nuevo mañana. Hoy se termina. En mi oración os tendré a todos presentes. Y a los niños que nos han visto y que podrán decir, cuando sean mayores, que descubrieron el teatro gracias a un grupo de papás y mamás locos. ¿Habrá algún actor o actriz escondido entre las butacas? ¿Habrá alguno o alguna en quién estemos despertando la vocación que le hará feliz para siempre? Uno solo nos basta. Uno solo que sonría al vernos es ya un premio más que suficiente. Ver hoy sentados en primera fila a muchos compañeros profes de la ESO y Bachillerato… incrementa la emoción de saber que el milagro se cuece, que la vida se abre camino y que lo que hacemos en el cole es algo… tan valioso…

Buenas noches. Os quiero. A todos. Más de lo que pensáis.

Un abrazo fraterno

Mucho nos es perdonado (Mt 18,21-35)

El próximo jueves tengo que dar una pequeña catequesis a un grupo de familias que tiene a sus hijos en los grupos de fe del cole, preparándose para la Primera Comunión. Y creo que el perdón va a ser el tema elegido. Por un lado, les toca acompañar el acceso de sus hijos, por primera vez también, al Sacramento de la Reconciliación. Por otro lado, es un signo tan característico de lo que Jesús nos contó de Dios, que vale la pena poner énfasis en el asunto…

Dios es tierno y misericordioso. Perdona siempre a sus hijos. Es uno de sus rasgos distintivos. Jesús nos enseña que, aunque mucho nos falte para responder al amor del Padre con justicia, Él siempre nos espera, nos acoge, nos mira con cariño y se alegra a nuestro lado.

Saberse y sentirse perdonado es algo que nos cambia la vida y nos invita y nos empuja a vivir desde ahí con nuestros hermanos. Me atrevería a decir que es más fácil perdonar que ser perdonado. Esto último requiere humildad, pequeñez, sencillez y ganas de volver a ser aceptado. Pero difícil es perdonar de verdad cuando no he experimentado el perdón recibido. ¿Cómo llevas eso de ser perdonado? ¿En qué situaciones Dios, tus padres, tus hermanos, tus hijos, tus amigos… perdonaron tu egoísmo, tu metedura de pata, tu orgullo, tu ansia de quedar por encima…?

El perdón nos hace más libres. Y más felices. Y más ligeros en el largo viaje de la vida. Caminar con piedras a la espalda… siempre acaba por hacernos caer.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Parábolas que hablan de ti (Mt 21,33-43.45-46)

Una de las claves de las parábolas de Jesús se encuentra casi al final del pasaje de hoy:


Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.


Y es que las parábola hablan de ti. Jesús no las usó tanto, como se suele decir, para que los pobres y los analfabetos y la gente sencilla entendiera el mensaje a través de un cuentecillo. No es esa la razón. Las parábola narran a Dios, narran la buena noticia de un Reino que irrumpe en tu vida de una manera misteriosa y, a la vez, desestabilizadora. Las parábolas te llevan a dar respuesta, te involucran vitalmente… porque sus personajes somos tú, yo, cada uno. Si tras leer una parábola, te quedas tranquilo, la asumes sin más, no provoca ningún vuelco en el corazón, ni te interpela o te incomoda… es que no has entendido nada.

La de hoy es clara: ¿Cuál es nuestra respuesta ante el Hijo que se nos envía y que está presente en nuestra vida, aquí y ahora? ¿Lo desechamos? ¿Qué frutos da nuestra vida? ¿Qué cambiamos a nuestro alrededor? ¿Cómo cambiamos nosotros? ¿Nos parecemos más al Cristo o cada vez menos?

Sí, son preguntas para ti. Deja que te incomoden. Y responde.

Un abrazo fraterno – @scasanovam