¿Dónde vives? (Jn 1, 35-42)

venidyvereis.jpgCómo somos las personas. Siempre preocupados por cosas materiales, por seguridades, por las espaldas cubiertas. Lo que pasa es que hay determinadas apuestas, determinadas misiones, determinados actos que son tremendamente difíciles de explicar, de cuantificar…

Cantidad de veces nos preocupamos los cristianos en mejorar la manera de explicar a otros qué es esto de ser cristiano, por qué deberían comprometerse, quién es este Jesús, dónde vive… Caemos en el juego de las preguntas y de las respuestas como si se tratara de un concurso de la tele o de un Trivial… No nos damos cuenta de que lo importante es la vida. «Venid y veréis» responde Cristo a esos dos que se le acercan interesados. No les da respuestas, les ofrece vivir algo, vivirlo de una manera. Ellos debieron quedar mínimamente convencidos porque se quedan a su lado.

Es nuestra vida la que testimonia, la que convence. Dejemos de hablar de comunidad e invitemos a la gente a ellas sin complejos. Dejemos de hablar de Pascuas e invitemos a la gente a ellas. Dejemos de hablar de la paternidad y animemos con nuestra vida a ser padres y matrimonio. Dejemos de hablar de familia y hagamos de las nuestras germen de paz, lugares abiertos, espacios donde se vive de otra manera… Así, aún tenemos alguna oportunidad…

 Un abrazo fraterno

1 comentario
  1. mambre
    mambre Dice:

    El testimonio es una dimensión fundamental. En la lectura de hoy se encuentra a través de la Palabra: «Al que esperábamos lo hemos encontrado. Es Jesús de Nazaret. Un galileo. Un hombre sencillo en cuya presencia Dios se ha encarnado, en su humanidad brilla lo más divino del adorado templo de Jerusalén, en sus palabras fluye la Palabra.»
    El testimonio de la vida, como cualquier experiencia, requiere de la palabra que lo alumbre y capte, que lo constituya y desvele su sustancia. Es vida, es experiencia, es testimonio, es gesto y acto, pero también expresión, comunicación, publicidad (en el mejor de los sentidos), grito, alabanza, júbilo.
    No se puede dejar de hablar. No se puede. De hecho, tú escribes. No porque sea tu manera de dar testimonio, sino porque ayuda y se hace imprescindible pensar, reflexionar, meditar. La Palabra es Luz.
    El problema, como tú dices, es cuando el polo de la palabra lo envuelve todo, y todo se hace flatus vocis, voz sin fuerza, voz sin vida, voz sin expresión real, voz sin palabra de la realidad. Pero también a la inversa, cuando todo se vuelve acción y acción y acción sin ser capaces de «dar razón de la fe». Algunas veces pienso que a los jóvenes les insistimos demasiado en que vivan sin que formulen sus criterios. Lo primero es la vida, cierto, pero el encuentro con la realidad tiene que ser mediado, como también lo es con Dios.

    Un saludo de lo más cordial.

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