La rosa en la distancia

Hacía mucho que no veía a la rosa. Un viaje me alejó de ella durante meses y nuestro contacto diario se limitó a pensar en ella de vez en cuando y mandarle mensajes a través de las estrellas.

Cuando regresé, allí estaba ella. Donde siempre. Con los brazos abiertos, como siempre. Nada había cambiado pese a la distancia. Nos abrazamos durante unos segundos, flotando la emoción incontenible que ambos sentíamos por sentirnos queridos por el otro.

No nos dijimos nada porque ya nos lo habíamos dicho todo tiempo atrás.

Después de las palabras, sólo queda el amor.

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