Ninguno de nosotros vive para sí mismo (Rm 14, 7-12)

Estoy escuchando un disco de danzas contemplativas y reconozco que leyendo esta frase de Pablo de hoy se me han puesto los pelos de punta. Porque tomar conciencia de que tu vida no es para ti conlleva cierto vértigo. Abrirse. Darse. Gastarse. Sacrificarse. ¡Uf!

¿Para quién vivo? ¿Para quién soy? ¿A quién le regalo mi ser mañana tras mañana? Y, dejando que el corazón hable, que las tripas griten, sólo puedo responder que soy para Esther, soy para Álvaro y para Inés. Soy para mis hermanos de comunidad. Y soy para Dios. Hoy por hoy todo mi ser es de ellos. El verdadero ser.

Cuando uno vive para otros la perspectiva cambia. No es posible vivir igual. No hay vuelta atrás. ¡Glup!

Un abrazo fraterno

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