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Se alegra mi espíritu en Dios (Lc 1, 39-56)

Es una frase que lo llena todo.

ALEGRÍA. ESPÍRITU. DIOS.

Es la alegría de saberse elegida, acogida y amada.

Es la alegría que nunca se acaba.

Un abrazo fraterno

Paz a vosotros (Jn 20, 19-31)

Hace ya varios días que no actualizaba este blog. La falta de tiempo a veces es capaz de ensombrecer hasta los momentos en los que uno debería estar preparado para sólo impregnarse de lo que le es dicho, de lo que le es regalado. Preparar la Pascua a veces ayuda y a veces dificulta a vivirla. Por lo de pronto a mi me dificulta enormemente vivir la Cuaresma de manera consciente. Este año lo volví a experimentar… ¡tanto que hacer que no queda tiempo para ser! Luego, una vez uno ya está metido de lleno en la Semana Santa inevitablemente vive momentos llenos de sentido.

Cuando hoy escuchaba el Evangelio en la Eucaristía se me clavó como una daga la famosa y archiconocida frase de Jesús: Paz a vosotros. Es tal vez esa paz el signo más claro de la vivencia de la Resurreción, del encuentro con Jesús vivo. Jesús traspasa nuestras puertas cerradas y viene a nuestro encuentro, conociendo nuestras incapacidades y temores, nuestras ataduras y miedos. Y Tomás trae a mi mente aquella catequesis comunitaria en Cercedilla y el respeto a mis tiempos y mis racionalidades… Y la primera lectura me habla de algo que conozco: hermanos, bienes compartidos, oraciones en común…

 En definitiva, este nuevo «paso del señor» trae otra vez aroma fecundo, la alegría de estar más cerca, laz paz (aunque sea momentánea) de saberme construyendo y construyéndome junto a otros… Paz, paz, paz…

Un abrazo fraterno

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Lo recibió muy contento (Lc 19, 1-10)

zaqueo.jpgCuando Jesús le dijo a Zaqueo que deseaba ir a alojarse en su casa… ¿Qué debió pasar por la mente de Zaqueo? La verdad es que no tengo ni idea de qué pensamientos circularían por su mente pero el Evangelio sí hace explícita la emoción generada, el sentimiento nacido: alegría. El gesto de Jesús seguro que ha conseguido más que muchos de los insultos, acusaciones, charlas y rapapolvos recibidos por Zaqueo, jefe de publicanos. Zaqueo no era mucha cosa pero Jesús lo realza, lo levanta, lo «VE», lo ama. Eso cambia el espíritu de Zaqueo. Nunca volverá ya a ser el mismo.

Tengo que aprender de Jesús una vez más. Pocas palabras. Pocas charlas. Alguna pregunta. Muchos gestos. Y mucho mucho AMOR.

Un abrazo fraterno