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Momento de cambio (Mc 1,14-20)

Hace unos días hablaba con mi acompañante personal. No quiero que pase más tiempo sin un proyecto de vida personal. Llevo años queriendo ponerme en serio con uno y creo que es el momento idóneo de mi vida para hacerlo.

Por eso leo con alegría el llamamiento que hoy nos hace a todos Jesús: hay que cambiar, hay que convertirse. Quiero mirar a Dios, situarlo bien en el centro de mi vida, dejar atrás algunos descentramientos y poner el foco en aquello que posiblemente me esté pidiendo.

Seguir a Jesús nunca deja indiferente. Nunca nos deja en el mismo sitio. O estamos dispuestos a movernos o el seguimiento no es real.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto (Dt 10,12-22)

Desde luego la frase tiene miga, sobre todo en esta época en la que España está muy poblada de inmigrantes que han venido a nuestro lado para encontrar más oportunidades que en su lugar de origen.

Todos somos forasteros en algún sitio. Todos hemos emigrado. Todos hemos caminado y todos hemos abandonado algo para llegar a otro lugar. Todos nos hemos dejado para encontrarnos nuevos más adelante. Todos fuimos y somos esclavos en algún Egipto particular. Todos nos sentimos prisioneros de algo, despreciados por algo, apartados por alguien…

Por todo eso, hay que amar al que está en camino, al que llega a nosotros, al que se nos presenta necesitado, al esclavo que quiere escapar de su situación, al nuevo, al que no conoce lo nuestro, al que se acerca a la fe y a la Iglesia sólo con sus sandalias polvorientas. No miremos por encima del hombro ni neguemos nuestra condición.

Un abrazo fraterno

emigrantes

Habéis vuelto a nacer (1Pe 1, 18-25)

Esta frase de la carta de Pedro me ha recordado hoy a un texto de Borges que me encanta y que muchas veces releo. Si volviera a nacer… ¿Cómo plantearía la vida si volviera a nacer? Ufff… tendría que pensarlo. No lo tengo claro. Seguro que no cambiaría muchas cosas. Lo que sí tengo claro es que si volviera a nacer querría que fuera en la misma casa, con la misma familia, fruto del mismo amor. Y luego hay otras cosas pero… necesito pensarlas un poquito… Os dejo el texto de Borges.

Si pudiera vivir nuevamente mi vida

En la próxima trataría de cometer más errores.

No intentaría ser tan perfecto.

Me relajaría más.

Sería mas tonto de lo que he sido,

de hecho tomaría muy pocas con seriedad.

Sería menos higiénico.

Correría mas riesgos, haría mas viajes,

contemplaría más atardeceres,

subiría más montañas, nadaría más ríos.

Iría a más lugares donde nunca he ido,

Comería mas helados y menos habas,

tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que viví sensata y prolíficamente cada momento de su vida,

claro que tuve momentos de alegría.

Pero si pudiera volver atrás

Trataría de tener solo buenos momentos.

Por si no lo saben de eso está hecha la vida,

solo de momentos; no te pierdas el ahora.

Yo era uno de esos que no iba a ninguna parte sin un termómetro,

una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas.

Si pudiera volver a vivir,

viajaría más liviano.

Si pudiera volver a vivir,

comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera

y seguiría así hasta concluir el otoño.

Y jugaría con más niños,

si tuviera otra vez la vida por delante.

Pero ya ven,

tengo ochenta y cinco años

y sé que me estoy muriendo.

Jorge Luis Borges

Lo recibió muy contento (Lc 19, 1-10)

zaqueo.jpgCuando Jesús le dijo a Zaqueo que deseaba ir a alojarse en su casa… ¿Qué debió pasar por la mente de Zaqueo? La verdad es que no tengo ni idea de qué pensamientos circularían por su mente pero el Evangelio sí hace explícita la emoción generada, el sentimiento nacido: alegría. El gesto de Jesús seguro que ha conseguido más que muchos de los insultos, acusaciones, charlas y rapapolvos recibidos por Zaqueo, jefe de publicanos. Zaqueo no era mucha cosa pero Jesús lo realza, lo levanta, lo «VE», lo ama. Eso cambia el espíritu de Zaqueo. Nunca volverá ya a ser el mismo.

Tengo que aprender de Jesús una vez más. Pocas palabras. Pocas charlas. Alguna pregunta. Muchos gestos. Y mucho mucho AMOR.

Un abrazo fraterno