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Ligeros de carga (Mt 11,25-30)

Vivir ligeros de carga. Eso nos propones, Señor. A mí, especialmente, tan cargado de miedos, de ideas, de proyectos y vanidades.

Que nos pese poco la vida, Señor. Que aunque queramos a muchos, aunque tengamos mucho, aunque añoremos mucho, aunque mucho sintamos, aunque muy heridos estemos… nos pese poco la vida. Tú supiste hacerlo. De aquí para allá, haciendo el bien, respondiendo a la llamada, pleno, feliz, consciente; en la vida y en la muerte.

Que ningún peso de más me impida seguirte. Que ningún peso de más me esclavice. Que ningún peso de más me impida caminar y avanzar.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Jesús, el colchón que ha revolucionado el mercado (Mateo 11, 28-30)

Un buen descanso es fundamental. Ayer lo hablábamos en comunidad. A veces nos gastamos, nos gastamos, nos gastamos… Damos, damos, damos… Resistimos los golpes, las dificultades, las incomprensiones, los ataques… ¿Y el descanso? ¿Cuándo descansamos?

Sin descanso, morimos. Sin descanso, perdemos efectividad, energía, utilidad, capacidad, ilusión… Sin descanso, empezamos a ver más lo oscuro que lo claro.

368212704_295Jesús hoy se presenta como el mejor de los colchones del mercado. Jesús hoy se ofrece para que DESCANSEMOS EN ÉL. ¿Habéis probado la experiencia? A mi me cuesta. Yo soy un continuo generador de actividad. Y este es un punto pendiente. Pero a la par creo que he sabido, con los años, aprender a descansar en Jesús. Descanso en Él con mi rato de oración diaria, con mi lectura y meditación de la Palabra. Descanso en Él en el silencio de la noche, cuando me quedo solo y le hablo en lo profundo. Descanso en Él cada miércoles, compartiendo vida, fe y misión con mis hermanos y hermanas de comunidad. Descanso en Él en la Eucaristía, en el encuentro personal, en los sacramentos… Descanso en Él confiando en Él. Descanso en Él como descansan mis hijos, sabiendo que estando con papá y mamá nada malo puede pasarles.

Pero esta palabra tiene todavía otra vertiente: ¿SOY YO DESCANSO PARA LOS DEMÁS? ¿Me ofrezco a ello? ¿Les acojo? ¿Les escucho? ¿Les dedico tiempo? ¿Mi actitud les ayuda a relajar ls músculos espirituales? También estoy llamado a esto: a OFRECERME PARA QUE AQUELLOS QUE VAN CARGADOS, ANGUSTIADOS Y CANSADOS… DESCANSEN EN MI. Sin la primera parte, difícilmente…

Un abrazo fraterno

Descanso del alma (Sal 18)

La ley del Señor es descanso del alma dice el Salmo. Sin duda que muchas veces y para muchos es justamente todo lo contrario: es una imposición, una violación de la libertad individual, un aplastamiento de la alegría, una carga, un lastre, un impedimento para adentrarse en la fe cristiana.

La ley del Señor debe ser descanso del alma. Debe ser un camino de libertad, de liberación. Lo que me pregunto es si hemos sido respetuosos con la ley del Señor que Jesús perfeccionaría con el mandamiento del amor. ¿No será que muchas veces actuamos como aquellos sabios sacerdotes a los que Jesús les espetó lo de «sepulcros blanqueados» acusándoles de preocuparse de las minucias de la ley y tragándose sus principales pilares: justicia, amor, misericordia…

Es interesante reflexionar un poco sobre ello y también, porqué no, sobre lo poco que nos gusta a muchos que nos digan lo que tenemos que hacer y lo mucho que esto mismo les gusta a otros.

Un abrazo fraterno

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Fardos pesados e insoportables (Mt 23, 1-12)

Jesús vino a liberar. Es algo que hay algunos que todavía no han entendido. Yo lo he ido madurando poco a poco e intentando integrarlo en mi vida. Parece que es fácil. Parece que todos sabemos ésto. Pero a la hora de la verdad no es así…

La pasada semana estuvimos tratando en mi grupo de catequesis la afirmación del Credo: «Creo en la Santa Iglesia católica». Cada uno de los chicos explicó cómo se sentía con respecto a la Iglesia. El factor común fue, sin duda, que el punto de choque es siempre la moral: relaciones prematrimoniales, relaciones sexuales, homosexualidad, eutanasia, divorcio, ciencia, etc. Y la realidad es que la mayoría de la moral cristiana en todos estos aspectos se vive como auténtica carga pesada por casi todos; pocos perciben en la moral que enseña y propone la Iglesia una vía de liberación, de purificación, de felicidad…
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¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué proponemos mal? ¿Qué hay de incorrecto en lo que proponemos?

Un abrazo fraterno