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A la mesa conmigo (Mt 9,9-13)

El Señor entra en mi casa y se sienta a la mesa conmigo. No le importa mi fama ni mi reputación. No le importan mis equivocaciones. No le importan mis pequeñas y grandes traiciones. No le importa mi pecado. Al revés. Me conoce. Sabe de mis debilidades. Sabe de mis soberbias cotidianas y de mis ansias de grandeza. Sabe de mis miedos y prejuicios. Sabe de mi dureza, a veces, con mi prójimo. Pero también sabe de mi corazón, que a veces se cierra, pero que quiere amar mejor.

El Señor me pide que le siga. Y yo lo hago. Pero antes de la misión, sellamos el pacto alrededor de una mesa apasionada donde se cuece la realidad de mi vida. Y Él, ahí, se sabe en casa. Y yo también. El resto, que murmure.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No te comportes como un chiquillo (Mt 24,42-51)

Sigue habiendo personas que se comportan como chiquillos ante Dios. Y, es verdad, hay que hacerse como niños para entrar en el Reino de los Cielos pero, en este caso, esto va de otra cosa.

Jugar al escondite, a hacer como si, al engaño, a portarme bien para que me vean, a… ¡eso es de chiquillos! Es como estos jóvenes que se crean varias cuentas de Instagram o de otra red… una para que la vea todo el mundo y otra sólo para los íntimos. En la primera dan su mejor imagen y en la segunda, sienten, que pueden decir y subir lo que quieran, porque nadie les ve. Y la pregunta es ¿por qué?

Jesús no te llama a la conversión porque Él lo necesite. Te llama a la conversión porque tú lo necesitas. Jesús sabe que está en juego tu felicidad y no la suya. Así que deja de posturear y vive en verdad. Si hay cosas que mejorar, ponte delante del Señor, muéstrale lo que hay y pídele que te ayude. Pero no hagas ver que eres don perfecto o doña perfecta… a ver si le engañas.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La verdadera conversión (Hch 22,3-16)

Posiblemente la gran crisis del cristianismo sea el haber perdido de vista cuál es la auténtica conversión. Hoy, recordando la de Saulo de Tarso, San Pablo, resuenan en mi corazón algunos destellos que me gustaría compartir.

Saulo era un judío, formado, preparado y cumplidor de la ley. Saulo se encarga de recordarnos bien, leyendo la lectura de hoy, su excepcional currículum: judío, hijo de, alumno de, he hecho esto y lo otro… Un tipo intachable, vamos. Es más, su labor como perseguidor de cristianos no brota de su maldad sino de su celo por defender la Ley y la ortodoxia. Y en medio de su vorágine, de su lucha sin cuartel, de su pelea por el purismo, Jesús el Nazareno irrumpe en su corazón lanzándole una pregunta. «¿Por qué me persigues?» es la pregunta, pregunta que apunta a lo profundo del corazón de Saulo. ¿Qué hay detrás de tu lucha, Saulo? ¿Dios? ¿Seguro?

Jesús viene a nuestra vida y toca lo profundo de lo que somos. Jesús viene y nos desmonta. Nos lanza una pregunta incómoda que nos libera de nuestra farsa, de nuestro falso discurso, de nuestro engaño. Jesús viene a librarnos de nuestras propias luchas, de aquellas que afrontamos para salvaguardarnos a nosotros mismos, por muy vestidas de Dios que estén.

Desarmado, Saulo, le pregunta qué tiene que hacer. Reconoce a un Señor a quién no sabe poner nombre al principio. No debemos tener miedo a no saber reconocer a Jesús, muchas veces. Pero sí debemos escuchar, estar atentos a los vuelcos de nuestro corazón, a lo que lo interpela, lo sobrecoge, lo incomoda, lo descoloca. Eso que no sabemos nombrar, que se presenta a veces de repente, puede ser Jesús, el Nazareno. Saulo pregunta qué debe hacer, igual que nosotros. Siempre pensando que seguir a ese Señor es hacer, hacer, hacer… Saulo sólo sabe cumplir, es un cumplidor profesional, un luchador incansable por el cumplimiento de la Ley. Nosotros también pensamos, y así nos lo han enseñado, que seguir a Jesús consiste en hacer. Y así nos lo planteamos. Y vamos a misa, y rezamos, y hacemos un voluntariado, y somos catequistas y hacemos, hacemos, hacemos…

Pero la conversión de Saulo va de otra cosa:

  • «te dirán lo que tienes que hacer», «llevado de la mano»… ¿Os imagináis a ese Saulo, hijo de, alumno de, reputado cumplidor y perseguidor de herejes, ciego, llevado de la mano y sumiso a lo que otros le indicaran qué debía hacer? Saulo vive en sus carnes la indicación que ya Cristo le había dado a sus discípulos: «el que quiera seguirme, niéguese a sí mismo». Convertirse es obedecer, es aceptar ser llevado, es aceptar estar en manos de otro, es asumir que el protagonista y el Señor es sólo Jesús.
  • «como yo no veía, cegado por el resplandor»… Saulo experimenta, antes de afrontar su misión, la oscuridad, la ceguera, el desierto. Igual que Jesús, antes de comenzar su misión, fue llevado al desierto; Saulo también fue llevado a la árida oscuridad. Para descubrirse a sí mismo, para tocar la fortaleza de «ser llevado», para experimentar que su seguridad se encuentra en otro, para dejar de mirar como veía antes y estrenar una mirada nueva.
  • «levántate, recibe el bautismo»… El cúlmen de la conversión es justamente un cambio de «ser», nada que ver con el «hacer». Es descubrirse hijo de Dios, es levantar la cabeza y saberte hecho a imagen y semejanza, es levantarte sabiendo que el pecado nada puede contra Dios. Es saberte perdonado porque te sabes amado plenamente.

Saulo preguntó qué debía hacer. Jesucristo le invitó a ser hijo, como Él, de Dios. El Saulo de la Ley dio paso al Saulo del amor. El Saulo del prestigio dio paso al Saulo del servicio. El Saulo de la persecución dio paso al Saulo de la donación. El Saulo ensimismado dio paso al Saulo seguidor de Cristo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Hasta las narices de evangelizar (Nm 11,4b-15)

¡Venga hombre! ¡Ya vale! ¡Estoy hasta las narices de dar la vida intentando mejorar las cosas y sólo recibir sopapos de vuelta! ¿Por qué tenías que llamarme a mí, Dios?

La gente no cambia. Años intentándolo por todos los medios. Nada. Cada uno va a la suya. Cada uno piensa en sí. Les propones una cosa y la otra y la otra… Y nada. Todo son reproches y problemas y quejas. Y, mientras, por detrás, un corifeo que grita que hay que cambiarlo todo. Que el lenguaje hay que cambiarlo, las formas, la doctrina, la manera, el medio para comunicarlo… Y venga youtubers y tuiteros y instagrammers y de todo… ¡Ya uno no sabe lo que hacer para hacerles entender que te necesitan, Padre! Nos hemos quedado sin ti, el mundo se oscurece pero… ¡bah! Nada.

Yo estoy cansado. Estoy cansado de luchar, de trabajar, de guiar, de proponer, de rezar, de compartir, de sacrificar mucho para nada… ¿Por qué no un poco de aliento? ¿Un pequeño éxito que me anime a seguir? Sí, de vez en cuando alguien te dice que gracias, que qué majo eres… pero su vida sigue igual. Se olvidan rápido.

Voy a irme, con Moisés, a escuchar un ratito a Fito Páez. Tenemos que recordar que esto no compensa. Que nunca volveremos a la Comarca. Que cuando la vida se da… es a fondo perdido… Dame fuerzas, Señor, para seguir ofreciendo el corazón.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

#Diosnotienefavoritos (Lucas 11, 42-46)

Las lecturas de hoy son tremendamente duras y muy hermosas a la vez, muy clarificadoras de lo que quiere Dios, por mucho que le queramos dar muchas vueltas.

En la primera deja muy claro que NO TIENE FAVORITISMOS. Da igual ser judío que griego. Al final lo que importa no es la etiqueta sino el cómo hemos pasado la vida, el cómo hemos obrado, el bien que hemos hecho y el amor que hemos entregado. No hay etiquetas. No caben, pues, prejuicios. No se trata de ser de los de la Iglesia o de los «otros»… No se trata sólo de de eso. En un mundo lleno de hashtags y etiquetas… Dios no se mueve en esos criterios.692197

El Evangelio es duro. Porque a mi también me gustan los asientos de honor y las reverencias. No lo busco ni lo promuevo… pero me gustan. Me gusta ser considerado, admirado, me gusta ser «el mejor», «el más entregado», «el más dedicado», «el superhombre que todo lo puede»… Y muchas veces me descubro imponiendo esas maneras mías a los demás, usando un rasero alto para medir, un juicio duro.

El Señor hoy se muestra implacable con mi corazón y me llama a la conversión. ¿Eso cómo se hace Padre? ¿Cómo cambia uno el corazón? ¿Orando? ¿Fustigándose para ser de otra manera? ¿Esperando que Tú obres el milagro?

El Papa Francisco está siendo también voz de Dios en este aspecto. No hay más que ver la reacción de muchos. A nadie le gusta que le señalen con el dedo y menos aún reconocer que, pese a todo, necesita convertirse, Pero así es. Acojamos esta palabra con corazón dócil y humildad.

Un abrazo fraterno

Cristianos en la ITV (Mateo 10, 1-7)

senal-itv-definitivaIsrael era el pueblo elegido. Y es a sus «ovejas descarriadas» a donde el Señor Jesús manda a sus apóstoles en primer lugar.  ¿Sigue aplicándose esto hoy también? ¿Es este también el contexto de la nueva evangelización de la que tanto hablamos hoy en día? Yo creo que, en parte, sí.

Piensa en personas concretas. Personas que se autodenominan creyentes pero cuya vida no transpira cristianismo. Personas que han abandonado la Iglesia por discrepancias más o menos serias. Personas que se han quedado pero cuya actitud la sitúa fuera del Cuerpo de Cristo, aunque ellas se presupongan el corazón del mismo. Sacerdotes que, en lugar de acercar, alejan. Religiosos perdidos y desencantados de su comunidad, sus votos, su misión. Laicos y laicas que se piensan que nada va con ellos, que no son realmente testigos de nada y que en nada se diferencian de los «gentiles» de su entorno…

Creo que la labor del Papa Francisco está siendo importantísima en este sentido. Lejos de disertaciones teológicas y piruetas vaticanas, Francisco está trayendo a la actualidad mundial, de manera muy exigente y dura, los pilares de cualquier seguidor de Jesús, sea cuál sea su vocación y función en la Iglesia. Nos vuelve a hablar del ejemplo, del hacernos responsables unos de otros, de la fraternidad, de los más pobres y necesitados, de nuestras terribles omisiones, del amor de Dios, del perdón, de la necesidad de volver a Jesús, de lo difícil del seguimiento… Todo sabido. Todo olvidado. De nuevo en la primera plana de nuestras reflexiones.

Todos necesitamos pasar por la ITV para revisar nuestra fe y la «calidad» de nuestra fidelidad al Señor. Todos. Los primeros. Antes que los gentiles. Antes que aquellos a los que juzgamos y masacramos pensando que somos moralmente superiores.

Un abrazo fraterno

Nuestro amigo Abrán, el atribulado (Génesis 15, 1-12. 17-18)

El Evangelio de hoy tiene miga: los falsos profetas. Podría orar con ello si no fuera porque la primera lectura me ha llamado poderosísimamente la atención. No será por no haberla leído antes pero hoy… cobra un cariz especial.

Abrán tenía miedo y estaba preso de enormes preocupaciones sobre su descendencia, sus tierras, etc. Abrán vivía atribulado igual que estoy yo en algunos momentos. Igual que lo estás tú. Abrán es hoy alguien muy cercano a cualquiera de nosotros en su preocupación, en su tribulación.

corazon nuevoY Dios sale al paso. Y le promete a Abrán algo que, en ese momento, es inconcebible. Abrán responde desde la fe. No hay muchas más posibilidades. Abrán no encuentra respuesta a sus problemas, no los ve solucionados; simplemente cree que la Palabra del Señor sobre él se cumplirá. Y lo que hace es responder poniendo a los pies del Señor lo que tiene, abriendo su corazón a la omnipotencia del Padre Creador. ¡Cuántas veces nosotros NO CREEMOS sino que pedimos que las dificultades, los problemas, las preocupaciones… desaparezcan! ¿Soy consciente de la promesa del Señor para mi? ¿La he escuchado alguna vez? ¿Me creo esa Palabra? 

Abrán, humano él, pregunta también algo muy de humano: ¿Cómo me voy a dar cuenta de que tu promesa se hace realidad? El Señor no responde a esa pregunta y sólo le pide confianza, entrega, fe, respuesta. El Señor sabe que Abrán se dará cuenta cuando llegue el momento. El Señor sabe que la clave no está en el resultado sino en la transformación del corazón de Abrán. Cuando yo me convierta, aumente mi fe, ponga toda mi confianza en la promesa de mi Padre, lo ponga todo a sus pies… posiblemente la Palabra sobre mi se cumpla.

Y el final de la lectura es curiosísimo: la alianza se fragua en la tiniebla, en la oscuridad, en medio de un Abrán aterrorizado. Da que pensar y que orar, mucho.

Señor, cambia mi corazón, concédeme más fe, más confianza… que pueda decir: «CREO».

Un abrazo fraterno

Yo también soy un poco Herodes (Marcos 6, 14-29)

Herodes está perfectamente retratado en «Jesucristo Superstar». Un payaso. Un mindundi. Un don nadie. Un vendido. Un débil. Un mediocre. Seducido fácilmente. Temeroso de hacer frente a sus incoherencias, a su pecado. Esclavo de su posición.

Herodes. Incapaz de dar un paso adelante. Incapaz de tomar el mando de sí mismo. Incapaz de dar un giro a su perversión. Incapaz de convertirse. Circense. Vacío.

Yo también tengo mi parte herodiana. En mi también vive Herodes. Esta Cuaresma llega una nueva oportunidad para seguir purificando ese Herodes que no desaparece del todo…

Un abrazo fraterno

Ponte en vela (Apocalipsis 3, 1-6. 14-22)

La lectura del Apocalipsis de hoy me parece preciosa y durísima. Me lo aplico en lo personal. Tal vez no estaría mal dedicar el adviento a revisar muchos de los aspectos que hoy cita. eleitaos con ella. Hagamos revisión. Llega la hora de la conversión.

«Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Ponte en vela, reanima lo que te queda y está a punto de morir. Pues no he encontrado tus obras perfectas a los ojos de mi Dios. Acuérdate, por tanto, de cómo recibiste y oíste mi palabra: guárdala y arrepiéntete. Porque, si no estás en vela, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Ahí en Sardes tienes unos cuantos que no han manchado su ropa; ésos irán conmigo vestidos de blanco, pues se lo merecen. […]

Habla el Amén, el testigo fidedigno y veraz, el principio de la creación de Dios: Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca. Tú dices: ‘Soy rico, tengo reservas y nada me falta’. Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro refinado en el fuego, y así serás rico; y un vestido blanco, para ponértelo y que no se vea tu vergonzosa desnudez; y colirio para untártelo en los ojos y ver.

A los que yo amo los reprendo y los corrijo. Sé ferviente y arrepiéntete. Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.»