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El escándalo que salva (Jn 3,13-17)

La cruz. El escándalo de la cruz. Signo de contradicción para muchos. La cruz.

Escribo y rezo esta mañana con una cruz delante, una cruz preciosa, antigua, pequeña, a la que ilumino cada vez que hago oración. En ella se encuentra la salvación.

Hoy comienza el cole y vuelvo a las aulas, igual que mis alumnos, con incertidumbre, con algo de miedo y respeto por un lado y con confianza por otro lado. Miro a la cruz y veo en ella la entrega total y definitiva y el camino para la salvación. Una entrega que no me resulta fácil.

Pero Jesús ya se entregó por mí. La cruz es la muestra de su amor. La salvación se consumaría en la Resurrección. Todo se ha consumado ya. El Amor sólo amar sabe. Dios sólo sabe salvar. Y esto es lo que se me ofrece. Sólo necesito decir sí y dejar que ese torrente sanguíneo de amor inunde mis entrañas para cambiarlo todo.

Hoy te pido eso, Señor. Inúndame. Lléname. Que mis alumnos te descubran a través de mí.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Entregar la vida por amor – Catequesis de #ViernesSanto

Alianza de vida (Jn 8,51-59)

Son tiempos de dificultad, dolor, inquietud, preocupación, desconsuelo, soledad muchas veces, desesperación otras. Y a la vez, la vida rebosa todos los rincones. Porque la cruz de Jesús es una cruz forrada de flores, que tiene una cara maravillosa donde descubrir la alianza de Dios con cada uno.

El mundo sigue siendo una oportunidad, sigue necesitando de héroes y valientes que no bajen las brazos y continúen dando la vida por los más débiles, sigue siendo una obra buena de un Dios que desea salvarnos a todas y cada una de sus criaturas.

La alianza es eterna. Sellada a sangre. Alianza de vida, de eternidad, de felicidad. Pese a todo. Pese a la oscuridad de hoy. Pese al lamento ahogado en un corazón encogido. Llegará el buen aroma, la luz, la aurora, el viento del Espíritu. Y cuando suceda, ojalá nos pille sentados a la mesa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Discípulo en ¿tres sencillos pasos? (Lc 9,22-25)

Conviértete en discípulo de Jesús en tres sencillos pasos: olvídate de ti mismo, carga con tu cruz cada día y sigue a Jesús. ¿Sencillos? Vaya locura en este mundo de éxitos e influencias.

El primer paso ya resulta complicado para mí. Olvidarse de mí mismo. No ponerme de primero. No elegir según mis criterios y conveniencias. No estar pendiente de lo que necesito sino de lo que necesitan los demás. No intentar poner mi palabra por encima. Escuchar a la comunidad y arrodillarme para servirla. Se me pide pequeñez en mi día a día. Humildad. Y nadie se hace humilde sin ser humillado. ¡Cómo me cuesta esto!

El segundo paso es cargar con mi propia cruz. Y hacerlo cada día. La cruz es algo cotidiano si seguimos a Jesús. Está bien que cofrades y cargadores se entrenen las semanas previas a Semana Santa para cargar los pasos y las cruces. Pero en la vida, la cruz no va de eso. No se trata de entrenarme y cargar con la cruz una semanita. Se trata de hacerlo un día y otro día y otro día. Se trata de hacerlo, la mayoría de las veces, contra tu voluntad; sencillamente porque uno descubre que es la voluntad de Dios. Es cargar con esos defectos que te amargan y quieres cambiar, es cargar con las molestias que te suponen los compromisos adquiridos, es cargar con las consecuencias de vivir consciente, es cargar con las miradas, las ofensas y las burlas que te trae seguir al Maestro, es cargar con la enfermedad, el dolor y el pecado de uno y de muchos…

El tercer paso es seguir el camino marcado por el Señor, que es un camino de subida a Jerusalén, un camino de salvación que incluye el encuentro con aquellos despojados de la tierra, con los que sufren, con los que nos incomodan. Es el camino de buscar la plenitud de la Ley, de tener ratos de intimidad con el Padre, de hacer comunidad, de apartarse de polémicas políticas y sociales que no importan nada, de partirse y repartirse…

Como dice la primera lectura, toca elegir. Cuaresma es el tiempo ideal para ello.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Para dar más fruto (Jn 15,1-8)

No me gusta lo que he leído hoy en las lecturas. El Señor me ha dicho cosas que no me gustan en absoluto.

La primera lectura me ha traído al corazón los espacios y las personas para las que creo que, a día de hoy, estoy muerto. Lugares y personas que, sencillamente, no me quieren como soy. Ni ven en mí casi nada bueno, ni me quieren a su lado, ni creen que el Espíritu sople en mí ni que pueda ayudar en nada. Las palabras de Pablo me han sobrecogido por su claridad. «Estoy crucificado con Cristo» dice el apóstol. A veces también yo, y salvando las distancias, me siento así. Lejos de aquello que me pide el corazón, lejos de lo mejor de mí…

Y luego llega el Evangelio y con el asuntito de los sarmientos leo eso de «al que da fruto, se le poda; para dar más fruto». Toma ya. Lo de que se corten los sarmientos que no dan fruto, lo entendemos y estamos de acuerdo. Pero dar fruto tampoco es sinónimo de paz, de prosperidad, de tranquilidad, de comodidad… Al que da fruto, se le poda. La poda implica corte, dolor, ruptura, desprenderse de una parte de uno… Y no me agrada.

Siento que estoy siendo podado. No sé por qué, ni para qué. No sé cuál es el fruto que estoy llamada a dar. Es época de dificultad, de cruz… y de confianza.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Los antiprivilegios del cristiano (Mt 20,17-28)

Si tú quieres escalar puestos, ganar importancia, prestigio, tener éxito o hacer carrera, siendo cristiano… te has equivocado de lugar. Eso es lo que le viene a decir Jesús a la madre de Juan y Santiago cuando pide para sus hijos un puesto de honor en el cielo. No va de eso.

Aquí sabemos de «antiprivilegios» o, dicho de otra manera, de los privilegios que otorga el amor y que son invisibles para el mundo: el privilegio de dar la vida, el privilegio de hacer feliz a otros, el privilegio de sanar, de perdonar, de recuperar, de cuidar, de querer, de salvar…

La Iglesia no es un lugar para «aspirar» sino para «inspirar» el Espíritu y «expirar» la vida que nos brota del corazón lleno del mismo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Jesús, vaya despertar me has dado

Uno se levanta por la mañana, dispuesto a afrontar el día, y se encuentra con las lecturas de hoy y… se lleva un chasco. ¿Puede haber mayor aguafiestas que el Jesús que hoy nos habla, que la mano del que escribe y nos recuerda la tragedia del pueblo de Israel en Egipto? Así, a primera vista, no es un planazo.

A veces me engaño a mí mismo y creo que sí, que seguir a Jesús me va a conducir misteriosamente por caminos agradables y felices. A veces pienso que ir dando respuesta a mi vocación es para mejor, para vivir mejor, para vivir más a gusto y tranquilo. Creo que me cuesta asumir la dureza con la que Jesús nos recuerda hoy qué implica seguirle: no hay paz, no hay descanso, hay cruz, hay pérdida, hay muerte…

Entonces, releo el salmo con calma y encuentro sosiego y templanza, caricia. «Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte…» Y abro mi corazón y me sitúo ante esta maravillosa promesa: «No tengáis miego. Yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo». Y entonces en mí brota la confianza y la esperanza y afronto el día sabiendo que toda la cruz que hoy me toca vivir, es una cruz compartida con Él y que, con Él, la batalla siempre se gana; con Él, la muerte ha sido vencida.

#LlamadoASerSanto (Lucas 13, 22-30)

En esta semana que nos lleva a la celebración de Todos los Santos estoy dándole vueltas al tema de la santidad. ¿Un santo se hace? ¿Un santo es alguien elegido para ser santo por el mismo Dios? ¿Realmente todos estamos en disposición de serlo? ¿Yo también?

calasanzCreo que ningún santo decide ser santo.  Es más, creo que ningún santo, si se le preguntara, se considera tal. Posiblemente porque todos somos conscientes de nuestra debilidad, de nuestras flaquezas, de nuestras dudas, de nuestras mediocridades, de nuestro pecado. Entonces… ¿qué sucede? ¿Qué convierte a alguien en santo? Creo que las lecturas de hoy son muy valiosas al respecto y me aportan mucha luz, mucha.

Lo primero lo deja claro el Evangelio: para ser santo hay que optar por la puerta estrecha. No se puede ser santo sin abrazar la cruz, sin seguir los pasos del Maestro. No hay alternativas ni atajos. Todos los santos eligieron, optaron, por el camino del Evangelio. Todos salieron de sí mismos al encuentro de Cristo. Todos dejaron para encontrar. Todos se despojaron y, al contrario del joven rico, dejaron atrás lo que les ataba y apostaron por la libertad. Todos pasaron por Getsemaní. Todos fueron crucificados.

Pero un santo es alguien que ha confiado en Dios, como dice el Salmo. Un santo es aquel que, consciente de sus limitaciones, de su pobreza, de su pecado…, deja que Dios ponga el resto. Un santo es aquel que no confía en sus propias fuerzas pero que se pone en manos de Dios para que obre el milagro.

Dios convierte la cruenta cruz en cruz de salvación. Dios da la cara por ti y por mi. Dios ha dado la cara por cada uno de los santos que nos precedieron y que nos iluminan y nos ayudan. Dios justifica a quién llama, como recuerda S. Pablo hoy.

Yo también he sido predestinado a esto. He sido llamado a ello. Y de la misteriosa fórmula de mi voluntad, mi pequeñez y la acción de Dios saldrá… ¿un santo? Yo no lo veo. Me siento taaaaaan lejos. Que el Señor se apiade de mi porque, para empezar, no siempre elijo la puerta estrecha.

Un abrazo fraterno

¡Uno para todos y todos para uno! (Corintios 1, 1-7)

Hoy tocan las bienaventuranzas pero a mi me ha encantado la primera lectura, la carta de Pablo a los Corintios. Me ha encantado porque resalta un aspecto nada sencillo en nuestra de vida de fe, cuando llegan el sufrimiento y las dificultades.

Es difícil alentar a quien sufre si uno no ha sufrido nunca. Es complejo alentar al pobre si uno vive en la suficiencia. Es arduo alentar al que está solo si uno nunca se ha sentido así. El sufrimiento y la lucha nos hermanan, nos conectan con otros hermanos y hermanas, nos unen inseparablemente a Jesús. Y la manera en la q

cancer-infantil-nina-lienzoGHace ya muchos años, recuerdo el día en el que acompañé a mi madre al médico y éste me sacó de la sala de espera para comunicarme que el diagnóstico era cáncer de colon. Mi madre ahora está fenomenal después de ser operada y tener su tratamiento de quimio. De esto hace ya casi 15 años. Esa experiencia, difícil, dura y que, de aquella, vivimos con cierta angustia por momentos… fue llevada por mi madre y, por el resto de los que la rodeábamos, con esperanza y con confianza en el Señor. Ahora mi madre es una privilegiada: es idónea para poder hablar, escuchar, animar, alentar, dar fuerzas… a todos los que pasan por una enfermedad parecida. Puede hablarles de lo que supuso para ella la oración, de cómo se sintió en manos de la Virgen al entrar en quirófano, de cómo ha ido viviendo sus días uno a uno junto al Señor… Al final, como dice Pablo,

Dios siempre da lo necesario para sobrellevar el dolor y la cruz. Nunca te abandona a tu suerte.ue tengamos de llevar y sobrellevar estas realidades dolorosas, servirá o no a otros en su sufrida «carga».

El Señor llama hoy a cada uno a tomar su cruz también como tarea. El testimonio en la persecución, en la enfermedad, en la dificultad, en el dolor… es tabla de salvación para otros. No podemos privar a otros de eso. No podemos hacer que sea sólo mi enfermedad, mi persecución, mi dificultad… Otros necesitan saber, creer, esperar…

Un abrazo fraterno

Cansados y agobiados (Mateo 11,28-30)

niñosufriendoHoy el Papa (@Pontifex) ha lanzado en Twitter su primer tuit. Ha sido un mensaje lleno de afecto, cercanía y alegría con el que, además, nos ha bendecido a todos.

Me parece que tiene relación con el Evangelio de hoy. El mundo está lleno de «cansados» y «agobiados». Cada vez más. Cada vez más pobreza, más crisis, más necesidades básicas sin cubrir, más sufrimiento… También en la red, lugar donde millones de personas se hacen presentes, se plasma este sufrir del mundo. Y el Papa quiere estar ahí para, de alguna manera, pronunciar también esas palabras de Jesús y ser una luz de esperanza para todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Este sufrimiento, sin sentido en tantos casos, sólo puede ser sobrellevado desde Jesús. Él es nuestro reposo en los peores momentos. No porque nos resuelva los problemas o nos elimine el sufrimiento sino porque nos ama, sufre con nosotros y, además, nos ha enseñado que, después, siempre nos espera al final del camino.

Un abrazo fraterno