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Si me amas… (Jn 14,27-31a)

Si me amas… te alegrarás de que vaya al Padre. Qué frase tan bonita esta de Jesús a sus discípulos. Una bonita y precisa definición de amor.

Y es que amar es sobre todo pensar en el bien del otro. Y no hay nada mejor que mi amado, que mi amada, esté cerca de Dios. Es lo máximo a lo que puedo aspirar como verdaderamente amante.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Soy de Dios o soy del mundo? (I Jn 3,22–4,6)

Ser de Dios. Ser del mundo.

Posiblemente esa sea la batalla que se lucha en mi corazón cada día y que se prolongará hasta el mismo día de mi muerte. Porque creo en Jesucristo. Porque también soy finito y pecador.

La pregunta es: ¿soy más de Dios que hace 5 años? ¿Más de Dios que hace 2 años? ¿Soy más de Dios hoy que ayer? ¿Deseo serlo?

Ser del mundo llama la atención. Tiene su contrapartida. Es atractivo y tentador. El placer inmediato, el egoísmo bien vendido, la reputación, el dinero, la buena vida, las apariencias, un buen sexo divertido, una presunta libertad total… Siempre en el alambre. Siempre alerta para no vender mi alma. A veces cayendo, con errores. Siempre levantándome y volviendo a intentarlo.

Quiero ser de Dios. Quiero que el Dios que habita mi corazón, bajo el que estoy hecho a imagen y semejanza, sea cada día más visible en mí. Quiero hablar como Él. Quiero amar como Él. Quiero vivir como Él. Quiero intentarlo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dios se hace familia (Eclo 3,2-6.12-14)

La familia es el auténtico pesebre de Dios-Niño.

Es la familia un lugar de acogida, donde igual cabe Dios hecho hombre que un par de vacas, tres cerdos y una mula.

Es la familia un lugar humilde, que se sabe necesitada del buen aroma de Otro, que venga a curar las incomprensiones mutuas.

Es la familia un lugar de luces y sombras, donde vivir juntos en la intemperie, donde sentir el calor humano aún cuando fuera hace frío.

Es la familia un lugar que no depende del lugar, que existe por las personas, que camina siempre, que no se acomoda, que no conoce el bienestar anestesiante.

Es la familia un lugar donde todos traen a Dios al mundo, desde su pequeñez; una mula que carga con el peso de los demás, que ayuda a dar luz aún en los momentos de penumbra.

Es la familia un lugar en riesgo, que molesta, que cuestiona potestades y poderes, que grita que el amor es posible y que hay vínculos que pueden ser eternos.

Es la familia un pequeño infinito, un espacio regalado entre el Cielo y la Tierra, donde acariciar la Salvación con los pies pegados todavía al sufrimiento.

Es la familia un puñal que hiere, una rosa que pincha, un amor que ama y que nos enseña a sufrir por amor.

Dios se hace familia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dios hace historia contigo (Jos 24,1-13)

La primera lectura de hoy me parece preciosa. Josué habló al pueblo y, mirando atrás, les recordó la historia que su Dios había hecho con ellos. Desde las personas que los guiaron, los lugares por los que caminaron, las batallas que enfrentaron, los favores que recibieron…

Hay momentos en los que es conveniente que nos paremos y recordemos. La vida se nos va tan rápido que uno puede tener la sensación de que va sin frenos y, muchas veces, sin una dirección clara. Pero si hay fe, seguro que al recordar, uno puede descubrir cómo Dios ha ido tejiendo una historia a su lado. Las personas que nos cuidaron, las que se han ido cruzando en nuestro camino… ¡qué importantes! ¡Qué maravillosas casualidades han traído a nombres concretos a nuestra vida! Personas que conocimos desde siempre, como nuestra familia, y otras que han ido llegando de manera misteriosa. También lugares… la geografía de nuestra existencia. Ciudades, pueblos, casas, rincones… que podríamos calificar de importantes por razones diversas. Lugares a los que siempre se vuelve o a los que vale la pena volver. Y batallas y favores, claro. Milagros que reconocemos, caricias de Dios que nos han sostenido en el tiempo. Y luchas que nos han dejado heridas, guerras en las que ha valido la pena pelear y que muestran que hemos vivido a pleno pulmón.

Hoy presento a Dios mi propia historia. Y le reconozco en ella. Un Dios que camina conmigo aunque a veces yo mismo no tenga claro hacia dónde.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El miedo de escuchar (Mt 17,1-9)

No soy la persona adecuada para comentar las lecturas del día de la Transfiguración. Hay personas más preparadas que yo para ello. Pero si me gustaría comentar algo que me ha llamado la atención del evangelio de hoy: el miedo de los discípulos ante la voz de Dios.

Escuchar a veces da miedo, porque oyes cosas, y a personas, que provocan en ti un vuelco interior difícil de manejar. Todos hemos escuchado alguna vez alguna canción, o alguna conferencia, o alguna película, o a algún amigo, o a papá o a mamá, o a un cura en su homilía… y se nos han puesto los pelos de punta. Hay palabras que llegan en el momento justo o que tocan la fibra más interna de nuestra alma. Y nos sobrecogen.

Muchas personas prefieren no escuchar. Mientras uno no escucha, puede vivir sin la consciencia necesaria, tirar para adelante, hacer lo que le parezca. Con Dios esto es más evidente. Hemos decidido escucharle poco. Y nos llenamos de excusas. Sabemos que si un día nos paramos, en silencio, con la Palabra en la mano y con disposición de escuchar… lo que escuchemos nos tocará el corazón y nos pondrá patas arriba la vida. ¿Estamos dispuestos?

El que quiera oír, que oiga.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dejar a Dios entrar en casa – Domingo XVI TO Ciclo C

Recuerdo muchos momentos en los que mi casa se convirtió en auténtico lugar de encuentro y reunión. No hay nada como abrir las puertas del hogar de uno, y ofrecer un sitio a la mesa, para que las personas se sepan parte de tu vida. Dejar entrar a otro en nuestra vida, en lo más íntimo que tenemos, allí donde somos plenamente, es uno de los gestos de mayor amor y complicidad.

¿Y qué pasa con Dios? ¿Lo dejamos entrar? ¿Estamos dispuestos a que pase, mire, descubra…? ¿O preferimos dejarlo en el dintel de la puerta, sólo para hablar con él un ratito y despedirlo, como a cualquier vecina curiosa, poniéndole alguna excusa?

Cuando Dios entra en casa, cuando encuentra acomodo en nuestro día a día, cuando es uno más de la familia, acontece lo impredecible. Que Dios esté, que tome parte, no es lo mismo que que no esté. Algunos piensan que sí, porque creen que todo dependen de ellos. Pero no. No es así. Deja entrar a Dios, hazle un sitio a tu mesa. Y verás que has elegido la mejor parte. Y tu vida cambiará por completo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Sacrificar lo más querido (Gn 22,1-19)

El otro día, tomando un café con una amiga, hablábamos de la desazón personal ante determinados hechos que nos están sucediendo en lo personal. Cosas a tu alrededor que ves que no son cómo crees que deberían ser y que golpean rincones íntimos del ser.

La pregunta ante estos hechos que ambos nos hacíamos es: ¿qué debo hacer? ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Debo aguantar, permanecer en este desierto y tragarme aquello que me gustaría hacer o decir? ¿Debo dar un paso y con él testimoniar mi desacuerdo ante lo que está sucediendo? ¿O debo sencillamente quitarme de en medio, entendiendo que, cuando los hombres ponemos trabas a Dios, lo mejor es no perderse y buscar otros caminos?

Hablando de las diferentes posibilidades, había un escenario probable que me ha venido a la cabeza leyendo hoy el pasaje del Génesis. Y es que puede que tengamos que sacrificar a veces aquello que más queremos y, en ese sacrificio, dar testimonio de nuestra fidelidad y fe hacia Aquél que es el más importante. Sí. Tal vez no sirvan las estrategias, los silencios medidos, los pasos prudentes… Puede que la prueba sea hacer lo que siento que Dios me pide aún sabiendo que eso implica sacrificar eso que tanto he soñado.

¿Y si Dios finalmente tiene algo preparado? Lo que está claro es que Él no me abandona nunca.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Puedo atarle las manos a Dios? (Mc 6, 1-6)

Claro que puedo atarle las manos a Dios. Lee el Evangelio de hoy. Allí, en Nazaret, nada pudo hacer. NADA ES NADA. ¿Por qué? Porque Jesús no va por el mundo hacia truquitos, espectáculos a lo Mago Pop. Jesús necesita de nosotros, de nuestra fe, de que queramos seguirle y estar con Él.

Nada puede hacer Dios en tu vida si tú no abres tus propias puertas y ventanas… Dios nunca se saltará tu libertad. Tremendo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Edificio de Dios (I Co 3,9c-11.16-17)

Uno de las experiencias más bonitas cuando uno llega a una ciudad desconocida por primera vez, es pasearla y descubrir, admirado, los edificios que la componen, normalmente aquellos que llevan tiempo formando parte del paisaje urbano y que reflejan la huella de tiempos pasados, de valores vividos, de estilos asumidos, de intentos por alcanzar y reflejar una felicidad anhelada por toda sociedad.

Los edificios son fachada, son lenguaje, son palabra que nos habla. En su color, en su altura, en sus formas, en el diseño arquitectónico… refleja parte de lo que es, parte de lo que estuvo y está llamado a ser. Pero, a la vez, cada edificio es las personas que alberga dentro, la vida que se acurruca entre sus muros, las lágrimas por el dolor vivido y las alegrías disfrutadas.

Yo también soy edificio, casa, morada. Soy más que una fachada, aunque la fachada también soy yo. Soy un universo de vida que me habita. Estoy llamado a ser fachada de Dios y a mostrar, a quién me mire, la mirada amorosa del Padre. Y estoy llamado a ser habitado por Él y, en Él, a ser posada, morada, hogar, de todo aquel que necesita un espacio de amor, de dulzura, de aceptación, de compañía.

Señor Dios, ayúdame a ser tu casa, para Ti, para otros.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Conversaciones que dejan sin aliento… (Job 1,6-22)

Hay conversaciones que marcan la historia. Palabras que vuelan de una persona a otra, a veces dardos a veces rosas. Conversaciones con peso, densas, que absorben el oxígeno que las rodea.

Dios habla con Satanás. De tú a tú. En confianza. El mundo está como está. Satanás sonríe. Es lo que hay. Satanás mira en general. El mal generaliza, globaliza. Dios mira de uno en uno. Dios mira a las personas. Llama por el nombre propio. El bien personifica, conoce, ama. Dios confía.

El mal lanza el dardo, la pregunta a todo, a ti y a mí: ¿Por qué eres bueno? ¿Por qué amas a Dios? ¿Por qué respetas la Ley? Satanás teje la trampa, siembra la duda, cuchichea, acerca la sombra. ¿Por miedo? ¿Porque todo va bien? ¿Por cumplir? Y lanza su ataque.

Y Job resiste. ¿Y tú? ¿Y yo? ¿Qué hacemos cuando todo se nos cae?

Un abrazo fraterno – @scasanovam