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¿Qué ley llevas en el corazón? (Mc 7,1-13)

Fariseos. Nunca se extinguen. Duros en su juicio y débiles en su corazón. Aferrados a la ley, para no perderse. Ligeros en su autojustificación y extenuantes para su prójimo. Conocedores de la letra pero analfabetos de la misericordia. Son esos que se tragan mosquitos y cuelan camellos.

Yo también puedo serlo a veces. Porque la Ley me ofrece seguridad. Me permite decir esto sí y esto no. Es más fácil aplicar la ley que amar. Es más fácil dictar sentencia que arriesgarse en el perdón. Es más sencillo aplicar penas que escuchar, sentir las miserias del otro, hacerlas propias y exhortar a vivir según el Evangelio. ¡Justicia! Clamo a veces, como los fariseos. ¡Justicia, Señor!

Pero Jesús me invita a otra cosa. Me invita a algo más difícil pero, a la postre, más pleno, más verdadero, más radicalmente decisivo para que el Reino se vaya fraguando. ¿Lo conseguiremos? ¿Nos atreveremos?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

… un fuerte viento (Ex 14,21-15,1)

La experiencia de salvación no debió ser precisamente bonita. El Señor, dice la Escritura, hizo soplar un fuerte viento durante toda la noche y luego las aguas se abrieron. Noche. Fuerte viento. ¡Cuánto nos asustan esas palabras! Muchos asociamos la salvación con el día, el sol, la luz, la paz… y no caemos en la cuenta que, tal vez, todo eso se percibe más adelante pero que hasta llegar ahí el camino es duro.viento noche

La noche siempre ha sido difícil. Hace más frío. No se ve y es fácil que uno se pierda o desespere. Andar es dificultoso y las sombras se hacen grandes y nos atemorizan.

El fuerte viento acaba con todo. Se lleva mucho con su fuerza y nos quita seguridad. Todo aquello sobre lo que andábamos parece salir por los aires.

Y en estas condiciones Dios decidió salvar a los israelitas. El ejercicio de confianza es brutal aunque, a decir verdad, tampoco tenían muchas más opciones.

Dios salva a su pueblo. Dios me salva. Dios me conduce a la tierra prometida. Pero la noche y el fuerte viento son tal vez elementos característicos del viaje. O lo asumo o no llegaré al final.

Un abrazo fraterno