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Celebremos y gocemos (Is 25, 6-10a)

Festín de manjares, festín de vinos, manjares enjundiosos, vinos generosos, lágrimas enjugadas, muertes arrancadas… ¡Celebremos y gocemos! ¡Esta es nuestra fe! ¡Este es nuestro Dios!

Qué lectura tan antagónica de esos discursos de cristiano triste, soso, sacrificado y mortificado que a veces tiene uno que escuchar. ¡Qué contraste tan bestial con ese espíritu agobiante lleno de prohibiciones, cargas, pesos…! ¡Qué palabras tan terrenales y poco espirituales usa el profeta para referirse a ese momento en que uno se sabe amado por el Padre y siente que Dios vive en él, nace en él!

La lectura, sin duda, me trae a la mente y al corazón las reuniones de comunidad donde tras la oración de vida compartida viene la cena; donde la comunidad goza con un buen queso, con un buen postre, con unas buenas hamburguesitas con ketchup… donde se celebra con gozo espiritual y carnal. Eso también es de Dios.

Un abrazo fraterno

Lo recibió muy contento (Lc 19, 1-10)

zaqueo.jpgCuando Jesús le dijo a Zaqueo que deseaba ir a alojarse en su casa… ¿Qué debió pasar por la mente de Zaqueo? La verdad es que no tengo ni idea de qué pensamientos circularían por su mente pero el Evangelio sí hace explícita la emoción generada, el sentimiento nacido: alegría. El gesto de Jesús seguro que ha conseguido más que muchos de los insultos, acusaciones, charlas y rapapolvos recibidos por Zaqueo, jefe de publicanos. Zaqueo no era mucha cosa pero Jesús lo realza, lo levanta, lo «VE», lo ama. Eso cambia el espíritu de Zaqueo. Nunca volverá ya a ser el mismo.

Tengo que aprender de Jesús una vez más. Pocas palabras. Pocas charlas. Alguna pregunta. Muchos gestos. Y mucho mucho AMOR.

Un abrazo fraterno

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad (Rm 8, 26-30)

¿Por qué me cae tan bien ese tipo llamado Espíritu? Reconozco que me cae tan bien que hasta la palabra designada para nombrarlo me parece una de las más hermosas del idioma castellano.

Nunca lo he visto. Es alguien que no se deja ver tal vez para que «las perlas no sean pisoteadas por los cerdos». No le gusta la fama. Él prefiere los espacios cortos, los encuentros íntimos, los susurros y las caricias. No es amigo de temperaturas extremas y bien parece nacido en puerto de mar: templa los inviernos y hace soplar brisa que alivia el sofoco veraniego.
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Durante mucho tiempo se le ha representado como una paloma, blanca si puede ser (¡ni que fuera madridista!). Yo creo que es imposible representarlo. Ni aún yo, apasionado por el ejemplo, la comparativa, y la necesidad de «algo» soy capaz de imaginármelo como figura, silueta, ser o cosa. El Sr. Espíritu supera la palabra y el gesto, va más allá de lo visible.

Y sí, huele a mar, a horizonte, a libertad, a profundidad, a oleaje, a tormenta, a calma. Se nos escapa de las manos y, a la vez, nos inunda. Es el soplo de Dios en mi cogote. La palmada a tiempo. El bastón necesario. El hombro del amado. La mano del amigo. La mirada del hijo.

Un abrazo fraterno

Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud… (Rm 8, 12-17)

A veces siento que soy como ese jefe de la sinagoga del Evangelio. A veces me siento esclavo de esa actitud tan mía de poner pegas a todo, de estar continuamente buscando problemas a lo que los demás hacen con toda su buena intención y que, posiblemente, hacen bien. Me repito una y otra que no quiero ser así, que la prósima vez será diferente pero cuando llega el momento algo puede más que mi deseo y me lanzo una vez más a destruir. Suena un poco fuerte e igual no lo es tanto pero quien lo sufré debe estar cansado de recibir mis continuas correcciones, comentarios y reproches.

Estoy llamado a ser HIJO y no esclavo. Estoy llamado a la libertad y no a las cadenas. En esto todavía soy un esclavo. En otras cosas, en cambio, siento que he avanzado enormemente en ese «sentirme hijo». Mi relación con el padre ha madurado y ha ido dejando de ser una relación vertical, jerárquica, temerosa y disciplinada para ser una relación horizontal, de confianza, de conocimiento mutuo, alegre y espontánea. De eso estoy contento.

 Un abrazo fraterno