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Tocar el cielo con los dedos (Mt 17,1-9)

Transfiguración. Uno de los relatos del Evangelio que siempre me han resultado más complejos. Pero poquito a poco, meditando, leyendo aquí y allí, escuchando… he ido encontrando el sentido precioso que tiene para mi vida.

El camino a Jerusalén es inexorable. Jesús ya ha anunciado su pasión a los suyos, y su muerte. Ese mesianismo triunfante que se imaginaban está comenzando a descarrilar. Ese ídolo, humano, al que están siguiendo… se acaba. Por eso es el momento de ir más allá, de hacerles tocar el cielo con las manos, de hacerles ver que la victoria es al final, y que Jesús es el Hijo de Dios vivo, que su victoria es seguro, que no hay nada que temer.

Nuestra vida tiene también muchos tramos de pasión. En definitiva es también un camino a Jerusalén, desde su comienzo hasta el final de nuestros días. Jesús nos propone algo así como una sesión actual de «coaching». «Mira más allá», nos dice. No te quedes con el padecimiento de hoy, con la dificultad de hoy. Pon la mirada más allá, en mí. ¿No lo ves? Ahí está tu éxito, tu victoria, tu resurrección, la luz, la paz de tus días, la felicidad plena.

El camino es duro, sí. A veces, para muchos, insoportable. Por eso necesitamos ir de vez en cuando a las «montañas», acompañados, para tener experiencias que nos permitan tocar el cielo con las manos. Un cielo que no está tan lejos. Seguramente es cuestión de mirada. Es buscar y gastar tiempo en las compañías que valen la pena. Es asistir a convivencias, retiros, encuentros… que nos llenan. Es escuchar a aquellos que saben ver lo mejor de nosotros. Es compartir la vida con otros, darla, entregarla. Y llegar a sentir eso de «qué bien estoy aquí», «no quiero volver». Para luego volver, y seguir caminando, y luchando, y padeciendo, y sufriendo, y amando… hasta la victoria final.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Dónde vives? (Jn 1, 35-42)

venidyvereis.jpgCómo somos las personas. Siempre preocupados por cosas materiales, por seguridades, por las espaldas cubiertas. Lo que pasa es que hay determinadas apuestas, determinadas misiones, determinados actos que son tremendamente difíciles de explicar, de cuantificar…

Cantidad de veces nos preocupamos los cristianos en mejorar la manera de explicar a otros qué es esto de ser cristiano, por qué deberían comprometerse, quién es este Jesús, dónde vive… Caemos en el juego de las preguntas y de las respuestas como si se tratara de un concurso de la tele o de un Trivial… No nos damos cuenta de que lo importante es la vida. «Venid y veréis» responde Cristo a esos dos que se le acercan interesados. No les da respuestas, les ofrece vivir algo, vivirlo de una manera. Ellos debieron quedar mínimamente convencidos porque se quedan a su lado.

Es nuestra vida la que testimonia, la que convence. Dejemos de hablar de comunidad e invitemos a la gente a ellas sin complejos. Dejemos de hablar de Pascuas e invitemos a la gente a ellas. Dejemos de hablar de la paternidad y animemos con nuestra vida a ser padres y matrimonio. Dejemos de hablar de familia y hagamos de las nuestras germen de paz, lugares abiertos, espacios donde se vive de otra manera… Así, aún tenemos alguna oportunidad…

 Un abrazo fraterno