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#EsNavidad: Disney vs. S. Esteban

Disney nos trae a todos buenísimos recuerdos y, desde luego, lo prefiero a otras opciones de entretenimiento infantil. Pero Disney es también el paradigma del mundo de fantasía, de la factoría de sueños. Disney ha impregnado la realidad hasta afectar incluso a la Navidad.

Son preciosos los belenes, los pesebres, la decoración, los villancicos y los actos de generosidad y solidaridad que impregnan estos días pero hay quien no sale de ahí. Se piensa que la vida, la fe, y la Navidad, se circunscribe a eso y que lo de recibir a Dios hecho niño es como cuidar a un sobrino, al hijo de un amigo, con el que disfrutas pero que luego llora en casa de otro por las noches.

Celebrar S. Esteban justo el día después de Navidad es una bofetada de realismo. Porque ese Niño que nos ha nacido no ha llegado para eliminar el sufrimiento del mundo. Es más, si en lugar de como a un «niño de otro» lo consideremos realmente nuestro, viene a aportar una dosis más de dolor. Porque si esto va de amor, no existe el amor sin su dosis de sufrimiento.

Ese Niño ha llegado para salvarnos y para querernos, de acuerdo. Pero por Él seremos perseguidos y vilipendiados. El final de su historia no es precisamente un final de Disney…

Un abrazo fraterno

¡El Adviento ha muerto! ¡Viva la Navidad!

Esta noche es Nochebuena.

En las afueras del mundo, cerca de la pobreza, envuelto e humildad y pequeñez, Dios es carne entre nosotros.

Jesús viene a ti, sin exigencias ni imposiciones. Jesús viene a darse. Jesús se te regala. Da igual que seas creyente o ateo, hombre o mujer, blanco o negro, occidental o asiático, niño o anciano. Jesús viene a ti sí o sí. No espera nada de ti ni viene a pedirte nada. Viene sólo a quererte.

Yo, pecador y pobre, necesito de Él y grito en mi noche «¡Ven Señor Jesús! ¡Ven y sálvame!».

Camino hacia el Niño, entre bruma y negrura, sin saber muy bien qué pensará de mí ni qué puedo ofrecerle. No camino solo y en ese andar veo la refulgente luz de la estrella en la mirada de tantos y tantas que, como yo, corren hacia el Salvador.

Esta noche es Nochebuena. Para todos. ¡Alégrate!

Adviento en familia – Día 19 – El Espíritu obra

El Espíritu… obra. Eso me dice el Evangelio de hoy: el Espíritu obra.

El Espíritu pasa por encima de nuestras fuerzas y de nuestras debilidades. El Espíritu nos supera, nos desborda, nos adelanta, nos abre los ojos.

El Espíritu crea donde no hay nada, enciende una luz donde sólo se percibe oscuridad, derriba el muro del laberinto, deshiela, templa, arde, congela.

El Espíritu es Dios, que nos mira mientras dormimos, nos acurruca bajo su brazo y nos infunde una fuerza con la que nos vemos capaces de renacer día tras día, cada vez más cerca del cielo.

Un abrazo fraterno

Adviento en familia – Día 18 – Una historia que viene de lejos

¿Desde cuándo existe el plan de Dios para mí? No suelo pensarlo. No caigo en la cuenta de que los tiempos del Señor son otros y de que sus planes pueden estarse preparando varias generaciones antes. Es flipante ¿no?

Dios actúa en mí desde tiempo inmemorial. Dios ha soñado conmigo hace muuuuucho. Y mis antepasados son colaboradores necesarios para que lo que Dios quiera hacer conmigo, pueda suceder.

Como padre, dándome cuenta de esto, la responsabilidad es tremenda: no ser impedimento para que el Señor cumpla lo previsto con mis hijos. A la escucha siempre.

Un abrazo fraterno

Adviento en familia – Día 17 – ¿Es necesario tanto sufrimiento?

Leo el Salmo y tengo que hacer un esfuerzo por creer que el Señor está cerca de los atribulados, que el Señor escucha y libra de las angustias, que salva a los abatidos… ¿Dónde estás Señor? ¿Cómo lo haces? ¿Qué eso que no entendemos?

Miro a tantos lugares y a tantas personas que se están consumiendo y viviendo un horror diario… ¿Qué haces Señor que no lo vemos? ¿Cómo actúas que no lo percibimos? ¿Es necesario tanto sufrimiento?

Hay momento en el viaje que uno piensa que jamás llegará. Hay momentos en la noche que uno no es capaz de seguir ninguna estrella. Y aún así hay que seguir con el rumbo fijo…

Un abrazo fraterno

Adviento en familia – Día 16 – Lealtades y autoridades

Los viajes dejan tiempo para pensar. Entre cabezada y cabezada, después del café, o cuando la conversación ya no da para más, uno a veces se recuesta y reflexiona.

Profesores, padres, madres, policía, jueces, presidentes, concejales, reyes, obispos… uno se para a pensar en todos los que son «figura de autoridad» y sorprende. Casi hay más «autoridades» que «mandados»… Pero un rápido análisis a los sentimientos que nos produce cada una de ellas, nos da a entender que no todas se viven de la misma manera. Hay autoridades que te viene dadas y que, normalmente, van con un cargo. Otras autoridades, uno las concede de manera natural. Y más allá de ellas mismas, uno se ve situado de manera distinta ante cada una.

Uniendo las autoridades al salmo de hoy, me pregunto a qué «autoridades» ofrezco yo mi lealtad, palabra tremendamente olvidada en un mundo de ida y vuelta. Ser leal es algo muy serio y, desde mi punto de vista, muy valioso. ¿Vivo a Dios como una «autoridad» en mi vida? ¿ Qué autoridades siento como yugo? ¿Cómo voy en nivel de lealtad? ¿Soy de fiar? ¿Me dejo dirigir?

Un abrazo fraterno

Adviento en familia – Día 13 – ¡Marchando una de quejas!

La queja. Mi mujer me acaba de decir hace un rato que me quejo mucho… La queja. Es verdad que pocas cosas hay peores que la queja, que la protesta generalizada por todo. Desgasta, erosiona, crispa.

A todo viaje le llega su momento de queja. Si en vez de salir por la tarde hubiéramos salido por la mañana; si en lugar de ir por aquí, hubieras pillado otro camino; si es que ya te dije yo que era mejor desayunar en otro sitio; que si vamos muy lentos, que si no era el momento, que si deberíamos habernos quedado en casa…

Lo peor para el que recibe la queja continua es acabar con la sensación de que da igual lo que uno haga porque al otro no le sirve. Y el Señor, ¿qué sensación tendrá conmigo? ¿Estará ya harto de mis quejas, de mi continua insatisfacción pese a todo lo que se me ha regalado? Tal vez sea momento de que toda queja se funda al calor del Dios que nace…

Un abrazo fraterno

Adviento en familia – Día 12 – Yo, gusano

Gusanito de Jacob. Creo que con esto está todo dicho. Y más hoy, después de varias conversaciones, encuentros y descubrimientos que me han hecho sentir muy pequeño.

Dios es mucho más grande que cualquier de nosotros. Mucho más poderoso que la nación más poderosa del mundo. Mucho más justo que el Tribunal de La Haya. Y mucho más misericordioso de lo que nunca seamos capaces de imaginar.

Somos una pequeñez. Y nos hundimos en nuestras pequeñeces. Somos minúsculos a su lado. Le necesitamos. No hay que avergonzarse de ello. Yo no quiero crecer nunca… siempre niño en los brazos de Dios.

Un abrazo fraterno