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Un encuentro que cambia la vida (Lucas 5, 17-26)

Es hermoso el relato del Evangelio de hoy. Hermoso y sumamente rico para mi oración de hoy, en este tiempo de Adviento en el que intento disponer mi corazón ante el misterio de la Encarnación.

Lo primero que llama la atención es que, muchas veces, para encontrarse con el Señor, uno no puede solo: le tienen que llevar. ¡Cómo cuesta esto! Por eso la Iglesia, por eso una comunidad, por eso un acompañante, por eso… Porque a veces uno solo no puede. Es una de las consecuencias de la acción del pecado, del mal en nuestras vidas: la incapacidad para caminar hacia Jesús.

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Lo segundo que me sorprende es la creatividad de estos hombres para llegar a Jesús. Viendo como estaba el panorama, acceden desde el tejado. ¡Novedad! ¡Nuevas maneras! ¡Nuevas formas! Pero llegar. Lo importante es ser capaces de llegar a Jesús, de ponerle al prójimo delante. Si hubieran hecho lo de siempre, se hubieran quedado fuera.

Y lo tercero son las primeras palabras de Jesús al ver a aquel paralítico. «Hombre, tus pecados están perdonados.» Es como si identificara la parálisis con el pecado. Y va al origen. Porque el pecado nos esclaviza, nos enferma, nos separa, nos inmoviliza, no nos deja ser nosotros, nos hace dependientes… En cambio el encuentro con Jesús nos libera, nos da la vida, nos recupera, nos recrea, nos regenera…

Es gratificante pensar este Adviento acerca de todo esto. De cómo me empequeñezco cuando me dejo llevar por aquello que me aleja de Dios y cómo soy capaz de levantarme y andar tras un encuentro personal con Jesucristo.

Un abrazo fraterno

Roma III – Una casa de puertas abiertas

El viaje a Roma fue posible, fundamentalmente, por la generosidad y la hospitalidad de la Casa General de los Marianistas, a través de Dani Pajuelo (@smdani). Nosotros no podríamos haber viajado a Roma en el supuesto de tener que pernoctar en un hotal. Así son las cosas: ganas, muchas; dinero, poco.

Recuerdo aquella noche en la que vino Dani a cenar a casa, en Madrid, y medio en broma, medio en serio le comenté la posibilidad de alojarnos en la Casa General que los Marianistas tienen en Roma. Dejó la puerta abierta y semanas después nos confirmó que todo ok. Vía libre.

Fue una experiencia hermosa de «estar en familia». Nunca nos sentimos extraños sino más bien lo contrario. Hicimos por tomar parte de la vida comunitaria todo lo que pudimos y compartimos desayunos y alguna comida. Compartimos sobremesa, conversación y charla y nos supimos queridos, acogidos y cuidados. Parece fácil y suena fácil pero detrás hay una concepción arriesgada, una apuesta audaz por ambas partes.

Abrir las puertas de tu casa es una actitud vital. Da igual que tu casa sea un pisito, un loft, un chalet o toda una Casa General; que vivas solo o acompañado. Al final, el sustento que hay detrás es el mismo. Es ser capaz de dejar entrar, ser capaz de vivir sin tantas seguridades, de mostrarte y dejarte descubrir en tu cotidianeidad.

Ser acogido con naturalidad, pedir refugio o techo, saberse en casa sin más… también es una actitud vital. Ser capaz de pedir porque sabes que es a tu hermano a quien pides y que no hay nada malo en pedir como tampoco lo hay en la necesidad de no siempre conceder. No vivir «en deuda» sino agradecidos en lo profundo… No sé si me explico…

Y eclesialmente es una experiencia fuerte. Es reconocer a la Iglesia en su conjunto como hogar, como familia, como comunidad, como madre… y sentir que allí donde la Iglesia se hace presente, allí tiene uno su casa. ¿Bonito no?

Un abrazo fraterno

¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? (Mt 20,1-16)

¡Qué pregunta más brutal de Dios!

Y yo creo que la respuesta es que sí. En el fondo muchas veces me fastidia esa justicia de Dios de dar a todos por igual y querer a todos por igual cuando unos «somos mejores» que otros. Pero creo que tampoco es una ira exhacerbada la que me provoca. Pero sí percibo en muchas personas y ámbitos de la Iglesia esa obsesión por «jugar a Dios» y decirle quién lo hace bien y mal, quién es bueno y malo y dónde debe mandar a cada uno. Son los mismos que no soportarían ver a Jesús entre prostitutas, recaudadores, romanos, fariseos, pecadores…

A veces me da la sensación de que lo que menos hemos aceptado en el subconsciente de nuestra fe es que Jesús ha venido a por los pecadores. Ellos son su razón de ser. No viene a ensalzar a nadie, ni a poner medallas, ni a dar palmaditas en la espalda… Viene a sanar, a salvar, a acompañar, a suscitar, a cambiar, a romper cadenas, a quitar cargas… que, por cierto, otros nos dedicamos a poner.

Un abrazo fraterno

… se me alegra el corazón (Sal 15)

Me da mucha pena haber tenido este blog tan abandonado tanto tiempo pero no puedo perder ni un segundo en lamentaciones de algo que tampoco es tan importante. Me he dedicado a la vida y sus quehaceres y hay veces que no se puede todo.

Estamos en Pascua. Cristo vive. Y el salmo pone palabras en mi boca que hago mías. Porque el corazón se me alegra también como al salmista. Se me alegra al ver que Jesús me sigue saliendo al encuentro y me sigue encomendando la misión de anunciar que está vivo, que el miedo es menos poderoso que la alegría de la Resurrección.

Ha sido una Pascua especial ésta. La he disfrutado en Cercedilla, con Esther y los niños, con la comunidad en pleno, con muchos jóvenes bien conocidos, con personas queridas que hacía tiempo que no veía, con nuevos amigos y hermanos en el Señor, con escolapios, con calasancias… Fue una Pascua en la que hubo de todo y en la que. día a día, nos fuimos adentrando en los misterios que año tras año la Iglesia nos anima a revisar y a revivir. Estoy muy contento, sobre todo, de haberla celebrado en familia y con mi comunidad. Como los antiguos.

Ojalá la luz de Cristo prenda fuerte de nuevo en mis entrañas. Luz para el mundo.

Un abrazo fraterno

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Lo contaremos a la futura generación (Sal 77)

¿Qué contaré yo a la siguiente generación, a mi siguiente generación?

– Les contaré que Dios, ante todo, les ama.
– Les contaré que yo me sentí profundamente amado por Dios.relevo
– Les contaré que Dios camina a su lado, que siempre acompaña aunque no siempre habla.
– Les contaré que Jesús nos ha enseñado el único Camino pero que hay muchos que llevan a ése.
– Les contaré que Dios ha confiado en ellos para que el mundo que dejen sea mejor que el mundo al que llegaron.
– Les contaré que en comunidad es más fácil y más auténtico ser cristiano.
– Les contaré que siendo fieles a su vocación serán felices, que la busquen, que la escuchen, que la sientan.
– Les contaré que yo amé a mi Iglesia pese a sus defectos y que luché desde dentro por hacerla mejor y más fiel.
– Les contaré que llevar una cruz al cuello debe ser algo más que pura estética.
– Les contaré que la religión no se vende a ningún partido político pero que un cristiano debe estar comprometido con aquello que le rodea, debe ser un buen ciudadano.
– Les contaré que Dios camina por la calle y viaja por sus arterias; que no lo busquen en el cielo.
– Y les diré que todo lo que yo les he contado… lo pongan patas arriba y sólo hagan suyo aquello que llegue a serlo de verdad.

Un abrazo fraterno

¿Quién soy yo para oponerme a Dios? (Hc 11, 1-18)

Supongo que lo que cuenta Pedro no debió ser realmente así. No creo que ninguna paloma ni ninguna lengua de fuego bajara sobre aquellos gentiles para hacer ver a Pedro lo que después explica. Suponiendo esto, la pregunta es clara: ¿Cómo se dio cuenta Pedro de que aquellos gentiles también hablaban y vivían desde el Espíritu?

Realmente interpela esta lectura. Esa capacidad de Pedro de descubrir el don de Dios en aquellos que «estaban fuera de la Iglesia». Pedro fue capaz de descubrir la huella y la firma del Espíritu en aquellos que, a priori, no participaban de la fe y de la experiencia de Dios según los cánones judíos. Esto sigue pasando hoy. A veces sigo convencido de que yo soy «el bueno», «el acertado», el que tiene la exclusiva del Espíritu sobre otras sensibilidades o caminos dentro de mi propia Iglesia o sobre otras personas, ateas, indiferentes, de otras religiones, etc…

Este don de Pedro es el final de un proceso personal complicado. Raro oírselo a ese Pedro de comienzos de la comunidad de los apóstoles. Tuvo que convivir años con Cristo, tuvo que aceptar a Mateo, tuvo que ser la voz cantante del grupo, tuvo que saberse traidor y beber de las aguas del sufrimiento, tuvo que sentir el miedo y la confusión, tuvo que guardar su espada… Don fruto del camino realizado…

Un abrazo fraterno

Fardos pesados e insoportables (Mt 23, 1-12)

Jesús vino a liberar. Es algo que hay algunos que todavía no han entendido. Yo lo he ido madurando poco a poco e intentando integrarlo en mi vida. Parece que es fácil. Parece que todos sabemos ésto. Pero a la hora de la verdad no es así…

La pasada semana estuvimos tratando en mi grupo de catequesis la afirmación del Credo: «Creo en la Santa Iglesia católica». Cada uno de los chicos explicó cómo se sentía con respecto a la Iglesia. El factor común fue, sin duda, que el punto de choque es siempre la moral: relaciones prematrimoniales, relaciones sexuales, homosexualidad, eutanasia, divorcio, ciencia, etc. Y la realidad es que la mayoría de la moral cristiana en todos estos aspectos se vive como auténtica carga pesada por casi todos; pocos perciben en la moral que enseña y propone la Iglesia una vía de liberación, de purificación, de felicidad…
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¿Qué estamos haciendo mal? ¿Qué proponemos mal? ¿Qué hay de incorrecto en lo que proponemos?

Un abrazo fraterno

Dad y se os dará (Lc 6, 36-38)

Estos pasajes tan típicos corren el peligro de convertirse en tópicos evangélicos que todos sabemos de memoria, recitamos pero no asumimos o integramos vitalmente. Al final son pistas en las que te juegas la vida y sobre las que cualquier planteamiento empieza realmente a ser radical.
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Hoy me viene al corazón esto de «dad y se os dará» precisamente porque la comunidad está a punto de dar una cantidad económica para participar y colaborar en la reforma de una iglesia en Guinea, donde trabajan escolapios que conocemos en misión. Nuestra situación familiar particular no es precisamente óptima ya que mi mujer lleva sin trabajar ya bastantes meses y sin cobrar la prestación un año y medio. Nuestros ahorros nos lo han permitido y poco a poco van menguando. Y a uno siempre le entran ciertas precauciones a las que nos ha educado esta sociedad, la sociedad de las seguridades, de los seguros, del bienestar… Uno a veces piensa si será una irresponsabilidad eso de dar cuando uno no tiene el futuro asegurado pero ¡qué coño! (siento la expresión)… ¿me creo o no me creo esto «dad y se os dará»?

Hoy lo aplico al dinero pero se podría aplicar al tiempo, a uno mismo… Yo intento hacer vida ésto. Me lo creo. Y quiero jugarme la vida desde ahí. El hecho de dar me obliga a desprenderme de seguridades, de ataduras, de asideros y a poner mi confianza más allá de mis posibilidades y capacidades. Buena lección cuaresmal.

Un abrazo fraterno

… en presencia de todo el pueblo (Sal 115)

Después del encuentro de las familias celebrado en Madrid hace unos días, se ha suscitado una polémica que, alimentada por varias declaraciones de políticos y sacerdotes, ha traído a primera plana de nuevo el consabido debate de si la fe debe restringirse al ámbito privado. Hoy este salmo, unido al Evangelio, me ha ayudado a reflexionar sobre ésto y a darle una vuelta más profunda.

Tanto Pedro, como Andrés, como Juan y Santiago estaban trabajando cuando Jesús se acercó a ellos y les llamó. Allí no sólo estaba el padre de los últimos sino que habría, supongo yo, más pescadores trabajando. Me imagino la sopresa de todos al ver marchar a estos cuatro tras Jesús como cuenta el Evangelio. ¿Qué pensarían? ¿Qué dirían? Ellos responden a la llamada en un ámbito público, delante de otros. Ésto es también lo que proclama el Salmo: «Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo». No parece pues que la respuesta a una llamada, que la consecuencia de una opción por Jesús, deba restringirse al ámbito privado. Ser cristiano tiene una cara pública.

Ahora bien no acabo de tener claro que eso implique la participación en lo que hoy conocemos como «vida pública» de la sociedad: actos, manifestaciones, celebraciones en los centros de las ciudades… No es tanto «enseñarse en público» como «SER en público». Yo soy cristiano y lo soy optando allá donde vivo y me muevo, con los que tengo alrededor en cada momento. Tomo compromisos en público y decido mi vida en cristiano toque donde toque. Pero no me gustan los encuentros como el del otro día.

No sé. Aún tengo mucho que pensar al respecto. Aquí seguiremos…

Un abrazo fraterno

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Se acerca vuestra liberación (Lc 21, 20-28)

¿Puede llegar la liberación antes de haber tocado fondo? Lo que hoy escucho en el Evangelio me responde que no. No sé si mi interpretación y lo que escucho de la Palabra de hoy tiene mucho que ver con esto que digo pero es lo que me ha venido nada más terminarlo.

Esta conclusión no la he descubierto hoy. Va a hacer dos años ya de la pascua que celebramos la comunidad junta en Cercedilla. Recuerdo trabajar un material para proponernos una profundización y reflexión en esos días santos y recuerdo uno de los descubrimientos más impactantes a nivel de fe personal. fondo.jpgLa muerte de Jesús es una muerte REAL. Cero. El vacío. El fondo. El no ser. El dejar de ser. El silencio de Dios. El sufrimiento previo. Sólo ahí es posible la Resurrección. Esto, que parece tan obvio y claro, he descubierto que es algo que solemos manipular con frecuencia y solemos quedarnos en «medias muertes» o en alguna crisis o en un mal momento o en una época difícil… ¡y luego pretendemos resucitar! Sólo es libre quien se encuentra con Jesús resucitado, quién siente y experimenta esa resurreción. Y para eso hay que morir. No me gusta demasiado aunque mi cabeza lo entienda perfectamente…

A nivel de Iglesia aplico el mismo razonamiento. Creo que esta época de persecución, de laicismo, de olvido de Dios, de crisis de la institución, de pérdida de confianza hacia la jerarquía, etc… es una época que puede ser clave para que una Iglesia purificada, más libre y verdadera, nazca de nuevo. Hay cosas que deber tocar fondo… (mejor no hacer anuncios publicitarios para evitarlo).

Un abrazo fraterno