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… prefirieron la tiniebla a la luz (Jn 3, 16-21)

tinieblas.jpgEsta semana he «gozado» de una experiencia médica que ilustra bastante bien aquello que me sugiere la Palabra de hoy. Tuve que ir al dentista porque me dolía mucho parte de la encía superior. Notaba yo que tenía como un bulto doloroso que ha resultado ser una infección que se ha creado debido al contacto de una de las fundas incisivas con la propia encía. El dentista lo tuvo claro: endodoncia del incisivo. Pero no me contó sólo el diagnóstico sino que me explicó detalladamente aquello que me iba a hacer: taladrar la funda por la parte trasera, acceder al nervio, matar el nervio (todo esto puede que sin anestesia), luego drenará el pus, habrá que tapar el agujero y, por último, fabricar unas fundas nuevas que ya me ha presupuestado.

La sensación de no querer saber inundó mi ser. Que el dentista hubiera dado luz a todo el proceso me había infundido miedo y, con seguridad, hubiera preferido en aquel momento: primero, no haber ido al dentista ya que no me dolía tanto; segundo, no haber sabido lo que tenía y, tercero, no conocer los pasos que se iban a seguir. Hubiera preferido las tinieblas a la luz. Hubiera minimizado mi dolor. Hubiera relativizado la importancia. Hubiera preferido pagar las consecuencias más tarde y aguantar así todo lo que pudiera…

Lo mismo pasa con la vida muchas veces…