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La levadura invisible (Lc 13,18-21)

La levadura es invisible. No sólo eso. Su cantidad es mínima comparada con la cantidad de otros ingredientes que hacen que el pan o el bizcocho salga adelante. Es una de las imágenes más bonitas que usa Jesús para hablar del Reino.

La presencia de Jesús en el mundo es una realidad pequeña, frágil, ¡tan invisible! A veces nos gustaría que no fuera así. Tenemos los mismos anhelos que aquellos judíos de la época de Jesús. Nos gustaría un Mesías poderoso, salvador, decisivo, combativo, liberador a nuestro estilo. Nos encantaría que Dios se impusiese en este mundo descreído e injusto, tantas veces desnortado y confuso. Nos gustaría que todos creyeran en Él, que nadie nos persiguiera, que nos reconocieran, que… ¡Buf! Y el caso es que esto parece que no va así.

También en lo personal sucede a esto. A mí me pasa. La presencia de Jesús Resucitado en mi vida, en mi corazón, es también una realidad frágil y silenciosa, que me va haciendo, me va conformando. Uno no se hace de repente, como los bizcochos. Necesita mezclarse, necesita calor, necesita tiempo. A veces soy demasiado impaciente conmigo mismo.

Mezclémonos en el mundo. No tengamos miedo. Si hay levadura en el corazón, si somos levadura, fermentará todo. Al calor de la Palabra, de los sacramentos, de la comunidad, de la oración…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El Reino y la levadura (Lucas 13, 18-21)

A mi me encanta hacer bizcochos. No hay nada mejor para una tarde lluviosa de octubre o noviembre como la de hoy. Un café calentito con un trozo de bizcocho. Y debo reconocer que siempre me han resultado fascinantes esos polvitos blancos que, a la postre, son los que consiguen que la masa tome forma, prospere, se desarrolle al calor del horno.

Sin levadura, no hay fermentación.

Y hoy quiero hacer una lectura personal. Siempre solemos decir que la Iglesia, los «trabajadores en la viña», somos levadura en el mundo, en la gran masa. Pero hoy prefiero mirar adentro: ¿qué pasa conmigo? ¿Fermento o no fermento?

Yo también soy como esa masa del bizcocho porque:

1- Estoy llamado a ser algo valioso, sabroso y nutricio. Mi razón de ser es esa, no quedarme en mera amalgama de ingredientes.

2- Estoy conformado por muchos ingredientes. En mi conviven dones, heridas, dudas, miedos, pasados y presentes, creencias, educación, valores, experiencias… Por separado, algunos de ellos no tienen ni sentido. Juntos, me conforman.

3- La levadura, como el Reino, no es una realidad llamativa o grandiosa. Es un detalle en la gran receta del bizcocho. No es la que da el sabor final. No aporta aroma. Pero es imprescindible para que la masa fermente, para que la transformación se produzca, para que el fruto se dé, para llegar a ser aquello a lo que estoy llamado.

Me acabo de comprar dos libros para leer en este comienzo del Año de la Fe. Creo que eso también es bueno para los bizcochos de Dios…

Un abrazo fraterno

El Reino se parece a la levadura (Mt 13,31-35)

Todos los que han hecho repostería alguna vez saben de la importancia de la levadura para que el bizcocho o el postre en cuestión tome la forma adecuada y se haga correctamente. También es sabido que la cantidad de levadura va en función de la masa total pero que, en proporción, es una cantidad muy pequeña… escasa PERO SUFICIENTE si hace lo que tiene que hacer.levadura

En el mundo pasa igual. Los que nos consideramos del equipo Levadura C.F. no tenemos otra queja en la boca de que somos muy pocos, de que está se desmorona por momentos, de que hay pocas vocaciones… Tal vez sea verdad. Pero hoy la Palabra viene a recordarnos que siempre es desproporcionado y que no depende tanto de la cantidad como de que la levadura juegue correctamente su papel. A veces nos encanta mirar más allá de nuestros ombligos en lugar de cuestionar si somos levadura de calidad, si nuestra vida hace fermentar otras, si conseguimos que el mundo vaya tomando forma o simplemente disfrutamos de él como cualquier otro…

No sé si se necesitan muchos curas o consagrados pero sí sé que se necesitan buenos curas y consagrados. No sé si se necesitan muchas comunidades cristianas y laicos pero sí sé que se necesitan buenas comunidades y buenos laicos. No sé si se necesitan muchos catequistas, muchas familias, muchos hijos, muchas iglesias… pero esforcémonos en ser cada día mejores y nos pintará bonito.

Un abrazo fraterno

Se parece a la levadura… (Lc 13, 18-21)

levadura.jpgHoy por la tarde vamos a hacer un bizcocho. Ya lo he hecho muchas veces pero hoy me servirá también para hacer oración, ¡fíjate por donde! Echaré la harina, el azúcar, el yogur, los huevos, el aceite y lo removeré todo para que quedé bien mezclado hasta formar una masa única y espesa. Si pongo esa masa directamente al horno, por supuesto que se hará pero la decepción será máxima: no habrá bizcocho.

La clave está en un ingrediente que puede parecer mágico: la levadura. Una cucharadita basta para que toda esa masa, que multiplica por mucho la cantidad de la levadura, fermente y suba. Ahí está el secreto. También es verdad que la levadura sola, por sí misma, no hace nada. Es en la masa donde ejerce su magia y sus propiedades.

A veces nos afanamos esperando construir un mundo donde todo el mundo sea levadura. Algunos también se preocupan de que la levadura no se mezcle con la masa, no vaya a ser que se infecte. Hoy el Padre, con mi bizcocho, me volverá a recordar que la levadura es poca pero es la encargada de hacer que el mundo sea un bonito bizcocho. Para esto hay que vivir en el mundo, mezclados, con normalidad… en casa, en los trabajos, en las universidades, en los laboratorios, en las iglesias, en los partidos políticos, en los deportes, en las artes, en la música de todo tipo… Si nos encerramos… ¿a quién haremos crecer?

Un abrazo fraterno