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El Señor habita las tinieblas (I Re 8,1-7.9-13)

Siempre decimos que el Señor habita el templo. Cuando entramos en alguna catedral o en algún oratorio, nos sentimos sobrecogidos. El Misterio nos encoge el corazón. Y el Señor habita en los sagrarios del mundo también. Y por eso, por ser lugares dignos, son lugares bellos y cubiertos de esplendor.

Pero el Señor habita también en la tiniebla de la humanidad, en la oscuridad del mundo. El Señor habita lo oscuro porque quiere ahí estás tú y estoy yo. El Señor sabe que tiene que ir ahí a buscarnos. Y va. Y nos toma de la mano. Pese a nuestra debilidad, nuestra traición, nuestra parálisis, nuestro pecado. El Señor viene y se queda con nosotros para sacarnos en el momento propicio.

El Señor habita las tinieblas y las llena de luz. Por cada uno de nosotros.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Te has acostumbrado a esta basura de vida? (Mc 5,1-20)

Hasta lo mejor puede ser rechazado ante una mente y un corazón acostumbrado al mal. Es tremendo. Cuando olemos a mierda y nos hemos acostumbrado al hedor de la basura, un perfume caro puede resultarnos hiriente y desagradable. Acostumbrarse a lo malo, al mal, a la mediocridad, a la bajeza, es lo que tiene.

El Evangelio de hoy lo deja claro. Todo un pueblo acostumbrado a un endemoniado que vivía entre sepulcros, un muerto en vida, poseído. Una realidad de muerte que nada tenía que ver con el Reino que Jesús traía al mundo. Un paisaje conocido al que todos se habían acostumbrado. Ni nadie le ayudaba, ni a nadie molestaba ya. Era simplemente, una parte asumible de un todo.

Pero Jesús llega y no se conforma. Jesús y el hedor a mal son incompatibles. Jesús viene a ahuyentar al mal de nuestro corazón. Jesús viene a poner patas arriba la basura y a acabar con ella. Jesús viene a poner luz, a destrozar a la oscuridad aceptada sin más. ¿Qué tiene que ver Jesús con el mal? Pues que es sencillamente su antítesis.

Dios quiere para nosotros, para ti, lo mejor. Dios trae buen perfume para tu existencia. Dios sueña con verte feliz, con ver la mejor versión de ti mismo. Dios sabe que eres su hijo, su hija, hecho a imagen y semejanza suya. Dios no acepta, ni por asomo, toda esa basura vital a la que tú sí te has acostumbrado. ¿Le dejas que entre y ponga orden? ¿O te va a entrar el pánico de remover la mierda y prefieres seguir así, sin más?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La luz que brota del silencio (Lc 8,16-18)

Estoy atravesando, en palabras de mi acompañante, un momento importante de mi vida, muy bonito pero muy duro. ¿Seré capaz de estar a la altura?

Leo en el Evangelio de hoy que nadie enciende un candil y lo tapa o lo mete debajo de la cama. Yo a veces me siento así. Me siento candil tapado. Y es aquí donde estoy. En el momento de la transformación. «El silencio abre horizontes» me dijo ella, mi acompañante. Y me lo creo. Otra cosa es que me sea sencillo hacerlo vida. Porque para mí callar es vivir tapado. Es momento de descubrir que el silencio también puede ser luz radiante.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La esperanza no es el jarabe de los ingenuos – I Viernes Adviento 2018 – (Is 29,17-24)

No es fácil mantener la esperanza. Porque la esperanza no es el jarabe de los ingenuos ante un mundo que decepciona. Es algo mucho más complejo. La esperanza no es la espera en la antesala del teatro, aguardando que la magia del escenario transforme mi tristeza en alegría. La esperanza no es el orfidal de quién no puede dormir, asediado por agobios y preocupaciones. La esperanza no adormece, ni calma. No es la droga de los creyentes.

La esperanza se sustenta en la fe en Jesús, en ese Jesús que nació débil, abandonado y rechazado en Belén; en ese Jesús que se pasó treinta años en su pueblo aguardando su momento; en ese Jesús que se puso en camino y lo dejó todo para llevar la Buena Noticia del Reino a los más pobres y marginados; en ese Jesús que, con su testimonio de amor, puso contra las cuerdas a los poderosos y sabios; en ese Jesús que cuando vislumbró el final que le acechaba decidió mantenerse fiel a su vida; en ese Jesús que abrazó la cruz sin odio. La esperanza se sustenta en la fe de Jesús Resucitado.

«Aquel día, oirán los sordos las palabras del libro;
sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos.
Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor,
y los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel;
porque habrá desaparecido el violento, no quedará rastro del cínico;
y serán aniquilados los que traman para hacer el mal»

Llegará el día en el que el hombre, cada hombre y mujer, reconocerá a Dios. Cuando nos atrevamos a mirar alrededor y nos dejemos seducir más por el amor que por el poder, más por la bondad que por la ambición. Llegará ese día. Y el Adviento debe alimentar la esperanza de que el poder de Dios, de que su Encarnación, ha insertado de lleno en la historia la levadura buena que hará fermentar toda la masa. Los tiempos de Dios no son los nuestros. Y seguimos viendo masa a doquier, y mal, y odio, y guerra… Pero no caigamos en la trampa. El marketing del maligno es poderoso pero no puede evitarnos reconocer los pasos que la humanidad ha dado también hacia Dios.

Estamos ciegos. Seguimos ciegos. Y el que llega es el único capaz de sanarnos, de sanarte, de sanarme. Un ciego menos es una victoria. Un ciego menos es un buen rayo de luz para el mundo. Señor, hoy te pido, ¡quiero ver!

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Luz es tu Palabra (Sal 118)

Que nunca me olvide de acudir a tu Palabra, Señor. No dejes que la dé la espalda. Tu Palabra es la Luz.

La luz del cumpleaños (Lc 8,16-18)

Hoy es mi cumpleaños y en todo cumpleaños hay velas que soplar. Tal vez esa imagen de la luz para celebrar que uno sigue adelante en su vida, me conecta hoy con el Evangelio. Y es que la alegría de seguir vivo va de la mano de la alegría de ser luz para otros.

A veces pensamos que el mundo se divide entre los que son luz y los que la necesitan. Creo que nos equivocamos. Porque la luz no es algo que uno posea sin más y que le hace ser más importante que otros. La luz no son galones de poder ni influencia. Yo diría más bien que todos somos velas, candelabros, llamados a dar luz y a llevarla donde se necesite. Y la luz se enciende cuando decidimos ofrecerla, cuando ponemos lo mejor que tenemos al servicio de otro, como nos propone el Salmo.

Hay personas que se piensan que ellos nada tienen que ofrecer y que ser luz para otros es tema de santos. Claro que sí, pero es que la santidad es cosa de pequeños, de aquellos humildes que aun sabiéndose poca cosa deciden dar lo que son, ayudar, iluminar, hacer el bien, sonreír, arrimar el hombro. Otros, en cambio, se piensan que son luz porque saben mucho, casi por herencia de sangre. No iluminan nada, porque no dan ni se dan. Están demasiado entretenidos con ellos mismos.

Tú puedes ser luz. Otros la esperan y la necesitan. Yo quiero seguir encendiéndome mucho tiempo más, mientras el Señor me siga regalando vida.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Qué quiero cambiar? #buenapregunta

Media humanidad se ha planteado nuevos propósitos para este 2014 y el Evangelio, que siempre acompaña a la humanidad que camina, creyente o no, nos invita a algo parecido hoy.

Todos tenemos algo que no nos gusta de nosotros mismos. Y no son tanto detalles que, bueno, ahí están, sino más bien aspectos que nos generan sufrimiento. Además, como el sufrimiento es libre y como cada persona tiene su historia y su lucha particular, ésto puede ser de lo más variado. Creyente, no creyente, católico, protestante, practicante, piadoso, alejado… todos, absolutamente todos los hombres y mujeres podríamos compartir la respuesta a esta pregunta: «¿Qué quiero cambiar? ¿Qué quiero desterrar de una vez por todas para encontrar la paz, mi paz?»

Yo puedo escribir, ahora mismo y posiblemente entre lágrimas, una lista de todo eso que me estorba, que me daña, que me encoge, que me empequeñece, que contrae mi pecho y me deja sin aire… Todo eso que sigo haciendo, que sigo viviendo, que sigo siendo, etc. pero que, a la vez, tengo comprobado que no me aporta más que vacío.

El Señor Jesús empieza su predicación, su vida pública, con una llamada a la conversión, una llamada a hacernos nuevos. Y las personas reaccionan y lo buscan y van tras él… porque hay necesidad. Yo también lo necesito. Porque soy débil, porque tantas veces caigo y recaigo, porque mis fuerzas solas no bastan, porque hay días en los que me gusto tan poco que me echaría a llorar si lo pienso más de segundo y medio. Porque hago daño a los que me rodean, porque me hago peor a mí mismo, porque no aporto al mundo todo lo que puedo aportar…

Señor Jesús… voy tras de ti y me presento así: enfermo, pobre y herido. Cúrame.

Un abrazo fraterno

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Y yo… ¿a qué muevo? (Lucas 8, 16-18)

ScreenShot577Hoy leía el Evangelio y una posterior meditación sobre el mismo y me impactaba una reflexión muy certera de S. Ambrosio: «las cosas nos parecen menos difíciles cuando las vemos realizadas en otros». La meditación apostillaba: «todos tienen derecho a tu buen ejemplo». Y es verdad.

Yo me considero cristiano, seguidor de Jesús. El Evangelio de hoy no me lanza una pregunta sino una afirmación y una advertencia. La afirmación es que todo aquel que sigue a Jesús, debe ser testimonio vivo de Jesús entre los hombres, luz en la tiniebla del mundo, igual que lo fue el Maestro. La advertencia es clara: al que tiene, se le dará y al que no tiene, se le quitará hasta lo que cree tener. Dicho de otro modo: que eres llamado a ser luz entre los hombres, a dar luz también a tus partes más oscuras… eres llamado a poner la luz de Jesús en medio de tu ser y dejar que lo ilumine todo. Si no respondes a ese llamado, si te anclas en tu oscuridad, en la oscuridad del mundo, si no te dejas «mover» como Ciro (en la primera lectura)… cada vez vivirás en una mayor oscuridad.

Un cristiano no se agota en sí mismo. Nadie lo hace pero menos un cristiano. Un cristiano que no testimonia no es cristiano. Un cristiano que no dejar ver a Cristo en sus acciones… no es cristiano. Un cristiano que no colabora en la salvación de los demás con su propia vida, no es cristiano.

Ciro lo vio claro. Se dejó mover por el Señor y quiso construir el Templo y llamó a construirlo con él. No todos respondieron entonces ni todos responden ahora. Yo hay veces que tampoco lo hago. Hay veces que me tizno y me oscurezco, que me dejo absorber por la atrayente y seductora oscuridad, donde nada se ve y donde todo lo que soy queda bien escondido. Pero no estoy llamado a eso. Ni tú tampoco. Cada uno en su lugar, en su trabajo, con las personas que le rodean, en su familia, con sus amigos, en la red… donde sea y con quién sea… Somos llamados a plantar la luz de Cristo en medio para iluminarnos a todos.

Un abrazo fraterno

Sal de Peralta, luz de Roma (Mateo 5, 13-16)

Nos reunimos en comunidad todos los miércoles a las 21:00, en Getafe, en casa de unos de nuestros hermanos. Desde que creamos la comunidad, allá por el 2002, hay un símbolo que nunca falta en la mesa alrededor de la cual nos reunimos y oramos: la sal y la luz. La sal recogida en las salinas de Peralta de la Sal (lugar de nacimiento de S. José de Calasanz) y la luz, prendida en alguna vela, candelero, etc. de la vida que se ha ido dando entre nosotros. Actualmente luce en un pequeño candelero comprado en el Vaticano, en mi viaje del pasado octubre. Sal y luz. Siempre. A eso estamos llamados, como cristianos, como comunidad, como Iglesia.salyluz

El Señor no nos pidió ser sal y luz sino que AFIRMÓ QUE LO SOMOS: Vosotros sois la sal de la tierra, vosotros sois la luz del mundo. Y uno tiene que llevar ese «ser» con responsabilidad. Igual que llevo mi nombre, igual que llevo mi nacionalidad o mis apellidos, igual que llevo mi título universitario o mis estudios, igual que llevo mi carácter, mis dones… Lo que soy se puede llevar bien, con la cabeza alta y dignidad, o mal, siendo infiel a la herencia recibida, al don regalado, a la esencia derramada. Dios se la juega con nosotros. A través de nosotros le conocerán, llegarán a él. Si llevamos mal ese «ser»… lo hemos vendido…

Hoy ha sido un día muy complicado y no doy para mucho más. Señor, acoge mi cansancio y mi debilidad. Dame fuerzas para ser un cristiano «salado» que ilumine el camino oscuro de otros, que aporte calor a su corazón, para que de esa manera lleguen a Ti.

Un abrazo fraterno

Al que brilla se lo cepillan (Marcos 12, 1-1)

Recuerdo que cuando iba al cole, en los Escolapios de Coruña, me encantaba estudiar Sociales en 7º y 8º de EGB. La asignatura nos la impartía el P. Manolo Fidalgo, que tenía un peculiar método para que lleváramos la asignatura al día. El caso es que todos estudiábamos Sociales con ganas, en casa, en los recreos, en el bus… Nos gustaba la materia y nos gustaba prepararla. Con el tiempo me llegó el rumor, pasados los años, de que algunos profesores se habían quejado porque estudiábamos mucho más Sociales que sus asignaturas. Es lo que tiene.

Es un problema llamar la atención, salirse del montón, destacar. En tiempo de tinieblas, brilla el justo, dice el Salmo… ¡Pues vaya problema! ¿No será mejor vestirse de negro y pasar desapercibido? La luz ilumina el camino de muchos pero también atrae a insectos varios. En época de borreguismo, de sistemas que anulan la autonomía y la libertad de las personas, de igualitarismos totalitarios… ser diferente y decir cosas distintas tiene su riesgo. No hay más que leer el Evangelio y la primera lectura de hoy. No son muy halagüeñas al respecto.

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Pero ante esto, Dios me pide una respuesta. Dios me pide optar. No tomar opción y dejar que me lleve la marea es ya una opción en sí misma. Eso es lo que eligen muchos: con tal de no mojarse, se «hacen el muerto» sobre las olas y cierran los ojos pensando que el temporal los escupirá en alguna playa cercana. No oponen resistencia y simplemente esperan, silenciosos, calladitos, agachados, comedidos, correctos… No se pertenecen. Están en manos de la fuerza de la tormenta, de la dirección del agua. Otra opción es nadar a favor de corriente y hacer que nuestra vida converja con la de todos, con la de la mayoría. Es lo que hacen aquellos que juegan a caballo ganador y prefieren poner patas arriba su escala de valores, relativizarlo todo, cambiar de ideas, pensar que hay cosas que no son para tanto… Se disfrazan con el traje que abre puertas aunque éstas lleven al más profundo de los infiernos. La última opción es presentar batalla, es oponer resistencia, es nadar contracorriente, no dejarse vencer por las circunstancias y pensar que a uno no le sirve cualquier cosa, cualquier destino, cualquier costa, cualquier playa… Es oponerse a la injusticia, practicar la caridad, ser solidario, apostar por una vida con menos cosas, apostar por la libertad, por la autonomía, por la diferencia sagrada de cada ser humano, por la vida. Es vivir amando a todos, con todo. Es cuestionar las decisiones políticas del momentos: las económicas, las sociales, las morales. Y, para los que somos creyentes, es encender la luz de Cristo para que otros vean el camino que conduce a la salvación.

El Señor hace milagros también con nosotros. Nuestra vida está en sus manos. Optemos por Él.

Un abrazo fraterno