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Lejos de los primeros cristianos (Hch 4,32-37)

Cuando leo los textos de los Hechos, contando cómo vivían los primeros cristianos, siento que hemos desvirtuado mucho el Evangelio de Jesús. Lo hemos encerrado en templos y en cabezas, lo hemos racionalizado, teorizado, dogmatizado… pero lo hemos alejado de la concreción práctica del día a día.

Vivimos acomodados. Sí, hay necesitados entre nosotros y no, en general, no ponemos todo lo que tenemos al centro y lo repartimos. No funcionamos con un solo corazón y no sentimos que eso sea urgente. En fin, que hay mucho que cambiar.

Nuestras obras, colegios, hospitales, universidades, etc. se han profesionalizado. Las hemos hecho rentables y nos contentamos con trabajar «valores». Los valores no son exclusivos del cristianismo. Hay muy buena gente, generosa, humilde, comprometida y solidaria, que no tiene fe. Nos hemos diluido. No sólo no queremos que nos persigan sino que anhelamos tiempos pasados en los que la Iglesia era poder.

En fin… que el Espíritu nos empuje, mucho, y cambie nuestros corazones.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cierro los ojos… ¡tantas veces! (Pr 21,1-6.10-13)

«Quien cierra los oídos al clamor del necesitado no será escuchado cuando grite.»

Recibo las palabras de hoy del Libro de Proverbios con mucha humildad. Porque sin reconocerme malvado, sí me doy cuenta de la cantidad de veces que cierro los ojos y los oídos al clamor de los que sufren y necesitan de mí.

El libro de Proverbios es una manera clara de comprobar si nuestra vida de fe y de seguidores de Jesús tiene correspondencia con la vida diaria y cotidiana, con nuestras decisiones más pequeñas, con nuestras éticas y morales del café de buena mañana. Creer nos hace vivir de una manera.

¡Pero cuántas veces es imperfecto nuestro seguimiento! En concreto, me descubro como un gran cerrador de oídos y ojos ante la realidad que a veces me circunda. Tal vez por incapacidad, tal vez por sentirme sobrepasado, tal vez por no saber qué hacer, tal vez por miedo, o mala prudencia o… ¡qué sé yo! El caso es tantas miradas me piden encontrarse con mi corazón y a tantas yo se lo niego…

Espero que el Señor me ayude y me enseñe a no girar el rostro, a tender la mano y a dar la vida mejor, por más. Y mientras lo consigo, que Él sí esté presto a mi grito.

Un abrazo fraterno – @scasanovam