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Hizo lo que le había mandado (Mt 1,16.18-21.24a) – #DíadelPadre

José escucha al ángel en sueños. Interpreta lo soñado a la luz de Dios. Otro hubiera dicho otra cosa. José no. Ha recibido el don de la escucha. José reconoce a Dios. No es nadie diferente ni superdotado. Simplemente es una persona que tiene a Dios en su vida, que cuenta con Él, que se pone en sus manos, que desea complacerle y adorarle. Él sigue la ley con misericordia. Repudia a María, sí, pero en secreto. La ley con amor, que diría el otro. Es el amor a María el que le guía. Y el amor a Dios. Y en esa decisión todavía está dispuesto a escuchar. Y escucha.

Y una vez escucha, e interpreta que es de Dios lo que oye, hace lo que se le manda. Rectifica. Cambia sus planes. Vuelve a María. Y se lo cuenta. Y crea con ella una complicidad que tiene a Dios en el centro. Desde ahí van a construir su proyecto. Ahí crecerá Jesús. Una familia plenamente humana. Es precisamente su humanidad plena la que les hace conscientes de su necesidad de Dios, de su supeditación al Creador, de su disponibilidad plena a Aquel que les amó primero.

Hoy celebramos su festividad y, por extensión, el Día del Padre. Y sólo puedo decir que quiero que mi familia sea así, que quiero ser un padre así. Quiero ser testimonio en casa de alguien que tiene a Dios en su vida, que cuenta con Él y que le obedece. Así, nada puede salir mal.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Aprendió a obedecer (Hb 5, 7-9)

Obedecer. Aprender a obedecer. Siempre fui obediente cuando hubo que serlo aunque no me gusta que nadie me diga lo que tengo que hacer. Se obedece a quien manda y yo no le otorgo la autoridad sobre mi a cualquiera. Mandaron mis padres sobre mi en mi niñez y en mi adolescencia o aquellos sobre quienes residía la autoridad en su ausencia. Creo que no le he otorgado la autoridad a nadie más. Al menos la autoridad entendida en este sentido.obediente

Dios sí manda. Y a veces obedezco y a veces no. Sus mandamientos son claros pero no siempre son cumplidos. Hay áreas de mi vida llenas de mediocridad que no se ajustan al mandato. Tengo que seguir aprendiendo y, posiblemente, viviendo y acogiendo el sufrimiento entre otras cosas. El sufrimiento enseña no porque te machaque sino porque muchas veces nos devuelve a la realidad, a nuestra realidad, a la de los demás. Nos baja de la nube y nos tiñe el rosita flojín con el que pintamos el mundo.

Sigo aprendiendo. Sigo obedeciendo.

Un abrazo fraterno