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Un pastor, un rebaño… ¡sólo faltas tú! (Ezequiel 34, 11-16)

Soy oveja, como decía mi amiga Susana hace poco en su blog, y leo la primera lectura y me produce tal sosiego que creo que ser oveja es lo mejor que me ha podido suceder jamás. ¡Ojo! Porque tengo el pastor que tengo…

Tú también eres oveja y también tienes el mismo pastor. Él te está buscando y el rebaño no es lo mismo sin ti. Todas vemos en él la preocupación en su rostro pensando qué será de ti en ese mundo lleno de lobos. ¡Cuántas veces nos ha dejado solas para adentrarse en el bosque gritando tu nombre! ¡Cuántas veces hemos bajado la cabeza viendo que volvía solo, una vez más, sin ti!pastores y ovejas

Cuando llegué al rebaño, yo no conocía a muchas de mis compañeras pero enseguida descubrí que todas teníamos algo en común: habíamos sido elegidas por él, por el pastor. No porque fuéramos mejores que otras o diéramos mejor lana. Nos elegía sin razón, por amor tal vez. Quería que su rebaño fuera grande y nos iba agrupando poco a poco. Ahora somos muchas pero todavía no estamos todas. Él lo sabe y no descansa a gusto cuando llega la noche.

Mi vida antes era distinta. Era oveja, por supuesto, pero mis condiciones eran terribles. No tenía rebaño ni pastor. Me sentía sola y ni siquiera sabía que esa lana que yo llevaba puesta, podía servirle a alguien de abrigo. Ni siquiera sabía que llevaba leche en mis ubres con la que alimentar al hambriento. No sabía casi nada de mi misma. A veces encontraba comida y a veces no y muchas veces me tiraba en el camino, agotada de dar vueltas buscando pastos en los sitios donde nunca los había. Pero él me encontró y me trajo aquí. Los peligros son los mismos y la vida es parecida pero él nos conduce, nos cuida, nos cura cuando nos herimos, nos canta, nos acaricia… Nos protege cuando se acercan los lobos y nosotras confiamos tanto en él que hasta confiamos más en nosotras mismas…

Pero faltas tú. No sé tu nombre ni por qué caminos andas. Pero él te encontrará si tú no te escondes. Déjate encontrar. Te necesitamos en nuestro rebaño. Queremos quererte. Y cuidarte. Y arroparte. Y que nos cuentes qué ha sido de tu vida hasta hoy… No corras si le ves venir. Él cambiará tu vida de oveja.

Un abrazo fraterno