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Ganar el mundo, arruinar la vida (Mt 16,24-28)

Negarse, cargar, perder, arruinar…

Venir, seguir, salvar, encontrar, ganar…

Qué evangelio el de hoy. Cuántos vernos, ¿verdad? Y manteniendo una dura pugna entre el bando de la derrota y el bando de la victoria. Un ejemplo perfecto de la tensión que se nos propone y de la paradoja de una vida que se gana cuando se entrega.

Tal vez sea uno de los evangelios más duros. Tal vez uno de los más importantes. Con Cristo, se gana perdiendo. Con Cristo, se salva uno, cargando cruz. Y los que no seamos capaces de interiorizar, orar y asumir esto… nunca seguiremos a Jesús en verdad y, posiblemente, nunca encontraremos el sentido de nuestra existencia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Que tu vida sea una donación (Jn 12,24-26)

Donación de sangre. Donación de dinero. Donación de obras de arte. ¿Y donación de vida? Toda donación consiste en desprendernos de algo propio con el objetivo de que otros puedan servirse de ello y, además, sin que esto suponga un coste para los receptores. Es un gesto, una acción de desprendimiento, de generosidad.

Donar implica tener, primero, algo que ofrecer. Donar implica encontrar, segundo, alguien a quién donar. Y donar implica, tercero, perder. Si no tenemos nada, no tenemos a nadie y no queremos perder nada… como que no estamos en la onda.

Jesús nos pide donar la propia vida. No hay mayor donación. No se puede pedir más. No nos lo pide como quién nos ordena algo desde el centro de operaciones. Nos lo pide como aquel que, en la cruz, ha dado el primer paso, el paso definitivo. Nos lo pide sabiendo de qué habla. Nos lo pide porque quiere mostrarnos el camino hacia Dios. Y toca preguntarse: ¿Qué tengo que pueda ofrecer? ¿A quién en cada momento? ¿Estoy dispuesto a perder por amor?

Donar está de moda. Perder, desde luego, no. Donar al menos nos reporta la satisfacción de estar haciendo algo bueno. Pero entregar, dar, morir… perder… eso es demasiado. Y, sin embargo, no hay donación de vida si no se pierde la vida. No hay donación de tiempo si no se deja de dedicar a algo para dedicarlo a otra cosa. No hay donación de energía, ni de dinero, ni de proyectos, ni de sueños… si queremos seguir manteniendo los nuestros propios.

Y en esa pérdida, en esa semilla que cae y muere, está el germen de la vida, del premio, de la recompensa más gratificante.

Un abrazo fraterno – @scasanovam