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Jesucristo gana la última edición de MasterChef – I Miércoles Adviento 2018 – (Mt 15,29-37)

Pues sí señores, como lo han leído. Tenemos nuevo ganador en MasterChef: ni más ni menos que el mismísimo Jesucristo. También conocido como Jesús el Nazareno, este hombre sorprendió a todos sacándose de la chistera un plato final a base de panes y peces. El escenario era, sin duda, inigualable. El programa lo había preparado todo en un monte cercano al Mar de Galilea. La florinata del país estaba invitada y poblaba los lugares dispuestos para degustar el menú. Allí estaban los lisiados, los tullidos, los ciegos, los sordomudos… En sus manos estaba la decisión más importante de la temporada y, sin duda, no defraudaron. Muchos de ellos comentaron, al abandonar la grabación, que se sentían diferentes a como entraron.

Jesucristo fue entrevistado nada más conocerse su victoria y sus palabras no pudieron ser más clarificadoras:

– Hay gente que opina que la cocina de altura debe ser sofisticada y que el gran chef debe ser alguien escogido, distante y misterioso. Yo no lo creo. El plato que hoy he preparado lo aprendí de pequeño. En casa pude ver siempre la facilidad con la que mi madre tenía siempre un sitio en la mesa para todo aquel que lo necesitara. Nunca había mucha comida pero todos se iban contentos, y volvían. Llegué a entender que lo que más les alimentaba no era la humilde comida que mi madre les ofrecía sino el amor que ella ponía al hacerlo. Ese es el secreto de mi cocina: el amor. Siete panes y varios peces pueden ser cocinados de muchas maneras, sin duda. No parecen ingredientes de altura pero ya ven, a toda esta gente parece que les ha gustado. Algo habrán notado.

Muchos califican la victoria de Jesucristo como un auténtico milagro. No es para menos. Los favoritos eran otros. Pero ya ven, lo inexplicable sucede a veces… ¡y de qué manera! Habrá que sentarse a esa mesa y probar lo que este hombre de mediana edad, tenga a bien ofrecernos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

Añadid a vuestra fe… (2Pe 1, 1-7)

Pedro dice una cosa hermosísima: que estamos llamados a participar del mismo ser de Dios. Pero para ello dice que la fe no es suficiente sino que se necesitan más ingredientes en la tarta: honradez, criterio, dominio de sí, constancia, piedad, cariño fraterno y amor. Es realmente de dificultad alta esta receta que nos presenta el “arguiñano” Pedro.

Y ante eso hay pocos caminos: podemos elegir el camino fácil y contentarnos con una fe, en mi casa heredada y aprendida o intentar trabajar esa fe heredada, hacerla crecer y madurar, mirarme al espejo, saber quién soy, ser honesto conmigo mismo, ser constante en mi crecimiento y con todo eso amar más y mejor.

Esto, sin duda, es más difícil. Pero el plato resultante es como maná en el desierto…

Un abrazo fraterno