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No a nosotros, Señor (Sal 113)

Siempre es una tentación. Presentarnos delante del mundo como Dios mismo. Pensar que somos nosotros los que ofrecemos una palabra transformadora. Pensar que somos nosotros los que cambian la vida de las personas. Pensar que es nuestra capacidad la que acerca el cielo y salva al mundo.

Pero no somos nosotros, Señor. No es a nosotros a quiénes deben seguir. Deben conocerte a Ti, Señor. Deben seguirte a Ti, Señor. Deben creer en Ti, Señor.

Protégeme de mi soberbia. Ayúdame a no convertirme en un dios de plata y oro. Recuérdame mi pequeñez y mi pobreza para que no creca en mí el engreimiento.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Cómo te podré pagar, Señor? (Sal 115)

En medio de tanta desolación, de tanta pobreza, de tanta soledad, de tanta enfermedad, de tanto cansancio… sólo me brota levantar a ti las manos, Señor. Porque sé que nuestro dolor es el tuyo. Sé que tú velas por tus hijos y que te desvelas pensando en nuestro sufrimiento.

Y te pido que prepares mi corazón para devolver a manos llenas tanto bien como he recibido. Ojalá sepa estar a la altura.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Alabad al Señor todas las naciones (Sal 116)

Son días de dolor global, de dificultades mundiales, de conciencia de humanidad, aunque sea a base de golpes, camillas, virus, UCIs y confinamientos.

Un mundo que se había olvidado de su «ser criatura» y que había dado la espalda, en buena medida, a su Creador; mira ahora hacia el cielo buscando respuestas. Alguno las encuentra. Otros sólo encuentran silencio y sinrazón.

Ojalá todas las naciones, todos los pueblos, todos los hombres y mujeres, tomen conciencia de su finitud, de su pequeñez, y, a la vez, de la grandeza maravillosa de ser obras del Dios Amor.

Ser criaturas de Dios no nos hace inferiores. En nuestra finitud y en nuestra limitación, Dios nos ha dado categoría y nos ha hecho a su imagen. Alabemos a Dios. Demos gracias. Postrémonos a sus pies.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El Señor es mi pastor (Sal 22)

Hace unos días descubrí los salmos musicales de Atenas, una de las cantantes más actuales en el panorama de la música católico. Sus notas acompañan a los salmos con cierto toque monástico. Me gusta. Os lo dejo aquí para que podáis rezar hoy el salmo 22. El Señor nos acompaña, el Señor nos cuida, El Señor nos lleva, nos prepara una mesa y unge nuestra cabeza con perfume. ¿Qué más se puede pedir?

Se multiplican las preocupaciones (Sal 93)

Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia, Señor, me sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi delicia.

Vivir no es sencillo. Perdón. Vivir con coherencia, digo, con profundidad. Vivir con hondura no es fácil. Vivir a lo loco, sí. Pero yo quiero ir hacia adentro. Y ser fiel. Y responder a lo que se me ha llamado. Y ser seguidor de Jesús. Y un buen marido. Y un padre. Y un buen hijo. Y un buen maestro. Y un buen escolapio. Y un buen ciudadano. Tremendo.

Es más fácil pasar de todo eso y simplemente hacer lo que me apetece. Y pensar en mí. Y a la mierda lo demás. Vivir son dos días, qué coño. ¡Cómo para desperdiciarlos!

Pero yo aspiro a otra cosa. Qué difícil, Señor. Se multiplican las preocupaciones, como dice el salmista. Y cuántas veces siento que tropiezo y que algo se va a ir por la borda… Cuántos fracasos, cuántas equivocaciones, cuántas meteduras de pata, cuánta debilidad, Señor…

Y ahí, cuando todo se acumula, tú me consuelas y me envías tu caricia a través de otras manos y tu aliento a través de otro abrazo. Y me sostienes. Y me dices: ánimo, estoy contigo, hasta el final.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Que los montes traigan paz (Sal 71)

El 2020 ha comenzado con crispación, tensión, guerra, amenazas. Necesitamos más que nunca ser constructores y dadores de amor.

El mundo necesita amantes. Lo que más. Por encima de cualquier otra cosa.

Sin amantes, no habrá paz.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cautivo y agradecido (Tb 13,2.3-4.6)

Ser agradecido hasta en el propio cautiverio. Reconocer a Dios en la vida aún en los momentos en los que su mano parece no alcanzarte. Sentir su compasión y su fuerza, aún cuando las piernas flaquean y se encoge el corazón.

Es la experiencia de la persona que hoy nos regala el salmo. Es la experiencia humana de todos aquellos que no dejaron de confiar cuando las cosas eran propensas para ello.

Es la hora de la confianza. Es la hora del silencio. Es la hora de la espera esperanzada. Cautiverio con olor a flor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Mi fuerza y mi escudo (Sal 27)

Hoy llegan los chicos al cole. Empiezo el curso con muchas ganas de compartirlo ya con ellos. Nuevos alumnos, nuevas alumnas, nuevas familias. Y con la novedad de ser tutor. Todo un reto.

Quiero poner mi confianza en ti, Señor, que me conoces y me amas. Guíame con tu sabiduría para ayudarles a crecer. Dame fuerzas para resistir cuando el cansancio aparezca. Protégeme del desaliento si hay momentos en los que pienso que no vale la pena continuar.

Pongo en tus manos cada una de sus vidas. Son preciosas. Sé, también para ellos, su fuerza y su escudo. Y ojalá que te descubran ahí, luchando por su felicidad.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Esperar también es misión (Sal 26)

En este tiempo que nos ha tocado vivir, esperar está mal visto. También en la Iglesia. Vivimos tiempos donde el «hacer» cuenta más que el «ser» y el «construir» más que el «esperar». Tenemos un autoconcepto tan elevado de nosotros mismos que nos olvidamos de nuestro ser criaturas y, en general, nos creemos dioses o, en su defecto, superhéroes de Marvel.

El caso es que gozar y esperar son dos invitaciones para hoy y, por extensión, para este nuevo curso que comienza. Gozar de la vida, disfrutar de la creación, saborear lo que nos ha sido dado, descansar en las bendiciones que nos han sido regaladas, sabernos hijos amados por el Padre. Y esperar, esperar en el Señor, que es la luz, la salvación, la defensa de nuestra vida y de la Iglesia. No es una espera pasiva e irresponsable. No es hacer el vago o, como la cigarra, dedicarse a tocar la bandurria de principio a fin. Es asumir que somos criaturas, que somos limitados, que necesitamos a Dios, que no podemos con todo y que la misión no es llevar una vida de mierda a la que nadie, por cierto, querrá apuntarse.

Todo parece muy obvio pero la realidad nos demuestra que es más difícil de lo que parece. Que el Señor nos conceda esta gracia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dichosos los que viven en tu casa (Sal 83)

Cada uno tiene una idea del juicio final, del cielo y del infierno. Muchos creyentes siguen pensando que el cielo se toma al asalto, es decir, que se gana, como si esto fuera una clasificación de méritos. Y el infierno, para los malos, que suelen muchos de los que están ahí afuera.

A veces perdemos de vista que el cielo es estar cerca del Señor y el infierno es vivir sin Él. Y que para empezar a saborear eso, no hay que esperar a la eternidad. Ya aquí, en nuestra vida, rozamos con la punta de los dedos el Reino de Dios. Al menos a eso estamos invitados.

Dichoso aquel que descubra lo feliz que le hace vivir cerca de Dios. Dichoso a aquel que no actúe de una manera sólo porque la ley lo dice, sólo para ganar galones. Dichoso aquel que descubra que ser bueno es amar mucho y que eso incluye equivocaciones y errores que son perdonados. Dichoso aquel que huye del infierno que es vivir pendiente sólo de uno mismo, del poder, del dinero, del placer, de la comodidad, del tener, del aparentar.

El infierno no es postureo. El infierno es real y comienza aquí. Como el cielo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam