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En tu angustia… está Dios (Sal 33)

Precioso el salmo de hoy:

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.

El Señor está cerca de los atribulados.

A veces pensamos o sentimos que, cuando peor estamos, Dios está lejos. La oscuridad que percibimos, la preocupación, la angustia, nos nublan la luz de la presencia de Dios a nuestro lado. Pero Él está. No debemos dudar de ello. Está y, seguro, con mayor cariño y cuidado.

Si estás preocupada o preocupado… Dios está contigo. Háblale y cuéntale. Y deja que te cuide a través de los demás. Y la luz volverá.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Él conoce nuestra masa (Sal 102)

Es una maravilla saber que Dios me conoce. Hay gente a la que esto le genera angustia o miedo. Parece que el Dios juez y castigador va a venir con toda su fuerza, sabiendo lo que sabe de uno. Pero yo creo que es justamente al contrario. Él sabe quién soy, cuáles son mis debilidades, mis fortalezas, mis oscuridades, mis luces, mis heridas, mis pensamientos y convicciones, mis tentaciones…

Dios me mira con misericordia, paciencia y ternura. Sabe que le quiero aunque a veces actúe como si fuera lo contrario. Es lo que tiene ser un hombre de carne y hueso que aspira a mucho y es poquita cosa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Los truenos de Dios (Sal 28)

«El Dios de la gloria ha tronado»

Eso dice el salmo de hoy, tan conjuntado con la primera lectura en la que se nos narra el comienzo de la historia de Noé.

No descubrí la belleza de la historia de Noé hasta hace poco. De pequeño, uno se queda con los animalitos, el barco y todo tiene como un aire ecologista y paternal muy bonito. Por otro lado está un Dios que castiga y que envía un diluvio que lo inunda todo. Pero más allá de eso hay una Palabra para ti y para mí hoy.

Nuestra vida, tantas veces, se ensucia, se embarra, se oscurece, cuando no se despeña. A veces son las circunstancias, nuestras decisiones, nuestras opciones, nuestros errores, el ambiente que se respira fuera… El caso es que la niebla llega y lo enturbia todo. Y Dios no es quién castiga sino quién pone orden. El matiz me parece precioso y significativo. Ordenar no es lo mismo que castigar aunque a veces poner orden conlleve afrontar tormentas, torrentes e inundaciones. Hay que volver a poner cada cosa en su sitio, hay que terminar con las mentiras que nos decimos, hay que limpiar lo que ha acumulado basura. Todos sabemos la dureza que supone una limpieza general en casa…

Pero Dios, que pone orden y limpia, no nos abandona en el proceso, sino que nos sostiene si en Él confiamos, si a Él se lo pedimos, si depositamos nuestras fuerzas en las suyas, sin oponer resistencias, más bien al contrario. Noé dirige su vida hacia Dios pese a lo que le pide el entorno. Y eso le salva. Porque Dios quiere salvar, pero nos pide que construyamos la barca para ello.

Y llega la tempestad… que limpia, que ordena, que arrasa… pero que no acaba con nuestra vida; más bien al contrario. La deja en disposición de afrontar una nueva creación, de ser reinventada, de ser repoblada de nuevos frutos, sueños y realidades. Y sella de nuevo una alianza con nosotros. Qué maravillas hace Dios…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dios actúa a través de mí (Sal 30)

«Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada. «

Dios actúa por mí. ¡Qué pasada! A través de mis manos, es caricia. A través de mi rostro, en sonrisa. A través de mi boca, es alabanza y palabra de aliento. A través de mis pies, camina al lado de quién se siente solo. A través de mi corazón, ama a los que se cruzan en el viaje de la vida. A través de mis ojos, mira a los que no están en el centro.

El Señor hace maravillas, milagros, a través de ti y de mí. ¡En las ciudades amuralladas! ¡Qué imagen tan bonita! ¿O no? Allí donde parece que se ha hecho fuerte la soledad, la maldad, la desconfianza, la tristeza… allí, también el Señor derriba conmigo los muros de la frialdad.

Gracias, Padre, por contar conmigo. Gracias por dejarme ser un poco Tú.

Un abrazo fraterno. – @scasanovam

Delicatessen de la fe (Sal 36)

«Sea el Señor tu delicia
y el te dará lo que pide tu corazón»

No pretendo grandezas (Sal 130)

Creo que, a veces, yo sí que pretendo grandezas. Vivo la vida de forma épica. Lo he dicho muchas veces. Por eso vibro con las películas que tienen una BSO estilo Gladiator y en las que, al final, los buenos vencen al mal gracias a su fortaleza, su resistencia, su confianza, su valentía. Yo quiero pasar a la historia de muchos. Quiero que me recuerden. Quiero que me quieran. Quiero gustar, entusiasmar, sorprender continuamente. Quiero que mi nombre sea conocido. Por eso mi perfección. Por eso mi tocar mil y una puertas, Señor. ¿No será sólo eso? ¿Aires de grandeza? ¿Y si todo lo que hago es por mí, y sólo por mí?

Leo este salmo y me da congoja pensar que mi corazón sólo anide altanería, soberbia, arrogancia. A veces me descubro así y otras, me descubro en camino hacia un Santi mucho más pequeño, frágil, limitado, humilde y sencillo. Necesito tu ayuda Señor, para no pararme en este viaje hacia la insignificante santidad, hacia el reinado del grano de trigo.

Perdóname Señor por no poder todavía entonar este salmo desde la verdad de mi vida. Espero algún día poderlo rezar en paz.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La alegría de ir (Sal 121)

Hoy es uno de esos días que leo las lecturas y no me dicen nada. No sé si es que son muy difíciles o si yo estoy muy árido, o despistado, o frío, o distante. El caso es que me agarro como a un clavo ardiendo a la alegría del viaje que nos propone el salmo.

La vida es un viaje hacia Dios que hay que hacer con alegría. Está, como todo viaje de ida, lleno de deseo y de ilusión por llegar al destino. A veces se hace largo. Parece que no vamos a llegar nunca. El secreto está en disfrutar también del trayecto, en considerar al trayecto parte del destino.

Alegría quiero, Señor. Alegría para no sucumbir a mi desánimo, a mi desaliento, a mi confusión.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Señor, qué delicia… (Sal 36)

«Sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.»

Creo que hoy no hay mucho más que decir. Se trata de saborear el salmo 36. Repetirlo una y otra vez y daborearlo, degustarlo… ummmmm…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

 

 

 

La ternura de Dios (Sal 102,1-2.3-4.8-9.11-12)

Leo el salmo que nos ofrece la Palabra del día y pienso inevitablemente en Santiago Uno, en sus chicos y en sus educadores. Pienso en la cantidad de veces que le oí al director de la casa decir que lo que hacemos en ella es recuperar la ternura en la vida de aquellos que han sido tratados con desamor y que, ahora, son descartados por una sociedad que mira hacia otro lado y los trata, o como culpables a los que acusar o como víctimas de las que compadecerse.

Es verdad que muchos de los chicos que están con nosotros no son creyentes. Para muchos, la experiencia de Dios es algo desconocido. En cuanto empiezas a rascar, compruebas que no es así. Al final descubrir a Dios es saborear el perdón, sentir que las heridas comienzan a cicatrizar, paladear la ternura que se lleva en el corazón, rescatar la propia vida de la fosa. ¡Qué maravilloso es Dios, que cree en cada uno y que lucha por cada uno, para que cada uno se salve!

Cuando el Papa Francisco habla de todo esto, alguno le mira con cara de descrédito, incluso desdén. Muchos querrían hablar de grandes teologías, de morales infumables, de culpas, pecados, castigos… de un mundo que ha delinquido y que ha desagradado a Dios. Hay mucha verdad en todo ello, pero el Papa, como el salmista, prefiere poner el foco en la acción poderosa y maravillosa de un Dios todo amor. Prefiere hablar de ternura y misericordia, más que de pecado. Prefiere hablar de la curación más que de la enfermedad. Y de la luz más que de la oscuridad. En Santiago Uno también es así.

La ternura de Dios es lo que nos sostiene, lo que nos empuja, lo que nos recrea y lo que nos lleva a parecernos a Él.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Al Señor no le cansa que le digamos TE AMO

Aprender las cosas de memoria está muy devaluado hoy en día. Aquellos que aprendimos oraciones a golpe de memorizarlas y que sacamos notazas en exámenes a golpe de sabernos la lección al dedillo… sabemos que, aunque es verdad que las cosas hay que razonarlas y encontrarles el sentido, no es malo saberse unos cuantos principios de manera automática. Hoy leyendo el salmo me he acordado de esto.

Voy a intentar repetirme estas palabras del salmo cada mañana, incluso en cada bendición de la mesa, en cada oración de la noche con mis hijos… No creo que haga ningún mal, tal vez lo contrario:

«YO TE AMO, SEÑOR; TÚ ERES MI FORTALEZA;
SEÑOR, MI ROCA, MI ALCÁZAR, MI LIBERTADOR.»

Es una declaración de amor en toda regla. ¡Y lo dice de manera expresa! Si yo fuera el Señor, me encantaría que me lo repitieran muchas veces: yo te amo, Señor…

Mi fortaleza, donde vivo bajo su protección; donde bajo sus muros me siento seguro.

Mi roca, donde edifico aquello que soy, mi vida, mis sueños, mi familia, lo mejor que tengo.

Mi alcázar, inexpugnable en las batallas duras de la vida, inalcanzable para el enemigo.

Mi libertador, Aquel que dio su vida por mi, que me recogió del fango, que sanó mis heridas, que murió en la cruz por mis pecados.

Empiezo el día, repitiéndolo de nuevo. Y mañana lo comenzaré igual…

Así sea.