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Señor… ¡ya te vale! (Génesis 22, 1-19)

Abrahán estaba dispuesto a sacrificar a su hijo. Y por eso, el Señor lo bendice. Lo dice muy claro el ángel del Señor: «por no haberte reservado tu hijo único»… Reservar… El Señor bendice a Abrahán porque está dispuesto a darlo todo, a no quedarse con nada, a vaciarse, a estar disponible para Dios en su totalidad. ¡Qué libertad!

¿Cómo ando yo de libertad? ¿Y tú? Podría hacer una lista de lo más valioso de mi vida y de aquello que, por qué no, me aporta seguridad para seguir viviendo. No sé si sería una lista enorme o moderada, nunca me he puesto a ello… pero creo que no me sería complicado confeccionarla. Te propongo que hagamos juntos ese ejercicio. Por un lado nos ayudará a saber cuáles son nuestros tesoros y por otro, en un segundo momento, nos pondrá delante de nuestra libertad. ¿Estaría dispuesto a quedarme sin todo eso? Recordemos la historia de Abrahán: Isaac es fruto de la promesa del Señor, ya en su vejez. Hijo único, el futuro de la casta de Abrahán. Es, sin duda, lo más valioso que tiene. Pues ahora vamos a nuestra lista y elijamos… ¿Soy capaz de quedarme sin ello por el Señor?

Pero no es lo único que sacamos de la Palabra de hoy. Porque ¿cómo es posible que Dios le pida a Abrahán que reniegue de lo que Él mismo le había concedido? ¿Es que Dios cambia? ¿Es un Dios caprichoso? ¿Es posible que su voluntad para mi sea volátil, como el IBEX? ¿Qué pasa aquí? Si yo fuera Abrahán estaría completamente desconcertado… He leído varias catequesis e interpretaciones de esta Palabra y no todas dicen lo mismo. Yo prefiero quedarme con las preguntas, con el misterio. Somos hombres y no todo es tan claro a veces. A veces atribuimos a Dios la causa de nuestros propias confusiones, de nuestros propios enredos… Otras veces, el Señor nos exige dar pasos… Tengo que rezarlo más, abrir el corazón y que el Señor me ilumine en todo momento.

Un abrazo fraterno

Dios me habita y eso… es sagrado (Mateo 7, 6. 12-14)

¿Habéis visto «Siete novias para siete hermanos»? Pues Milly, la protagonista, reza este Evangelio en su primera noche de casada después de mandar a su marido a dormir a otro lugar que no fuera el lecho conyugal. Milly era una perla y, ciertamente, Adam era un cerdo.

«Lo santo», «las perlas»… lo mejor que uno tiene, lo mejor que uno es, la huella de Dios en uno. Eso es, sin duda, el mayor de los tesoros que poseemos. Lo mejor que tenemos nos ha sido regalado, dado, por Dios y, obviamente, es para beneficio y felicidad propio y para beneficio y felicidad ajena. Es parte de los talentos que el Señor nos pide que multipliquemos. Por lo tanto, la primera tarea a la que nos mueve la Palabra de hoy es a reconocer eso «santo» que vive en nuestro interior, esas «perlas». No podemos vivir sin reconocer aquello que nos ha sido concedido por amor, gratuitamente. No podemos. Entre otras cosas, es necesario reconocerlo para no desperdiciarlo, tirarlo a los cerdos. Hay que poner en valor nuestro ser más íntimo y más sagrado; reconocerlo como a Dios mismo que vive en mi. Es a Él a quién guardo, es a Él a quién pongo en valor, es a Él a quién protejo, a quién amo.

Existen los cerdos. A veces no son personas malas pero sí es verdad que son incapaces de RECONOCER a Dios en uno. Se ríen. Se divierten. A veces preguntan, contradicen, opinan… hablan como tertulianos de radio sobre rincones extremadamente sagrados de uno. Se atreven a dar consejos, a minusvalorar o a sobrevalorar sin realmente ESCUCHAR el latido vivo de la parte más «santa» que uno tiene. Y no nos podemos permitir ese lujo…

Nuestro tesoro, ese trocito de Dios que vive en mi, merece ser guardado bajo llave; sólo mostrado a aquellos que saben que les estás mostrando un tesoro, que están delante del mismo Dios; aquellos que se descalzan en tierra sagrada, aquellos que lo contemplan en silencio y lo abrazan.

Por último, recordar que ese cuidado, ese trato exquisito, ese descalzarse que pedimos a otros… nos lo tenemos que aplicar nosotros mismos. NO SOMOS CERDOS. No lo podemos ser. Mucho cuidado. Vivamos continuamente contemplando al Dios que vive en cada hermano. Así nunca nos equivocaremos. Miremos más allá y lo encontraremos. Siempre está, aunque no siempre se le reconoce después de pisotones por doquier. Siempre está. Siempre.

Un abrazo fraterno

PERLA

El tesoro de Gollum o el tesoro de Frodo (Mateo 6, 19-23)

Tesoros. Riquezas. Posesiones. Títulos. Reconocimientos. Recuerdos. Cajas y cajas de cosas. Y total… ¿para qué? Ser más que el otro. Ser más que todos. Ser el más rico, el más guapo, el mejor vestido, el que ha llegado más lejos en la universidad, el que ostenta un cargo más alto en la empresa, el que lleva un coche más grande y caro, el que tiene unos hijos más inteligentes, el más poderoso… Y total ¿para qué?

¡Qué dados somos a acumular alegrías pasajeras, méritos perecederos, títulos terrenos! Ni siquiera somos más felices aquí abajo, aunque nos queramos convencer de que sí. Ni siquiera la vida nos va mejor muchas veces. Ni siquiera disfrutamos o agradecemos lo que tenemos. Es pura competición, con otros o con uno mismo. Y tantas veces eso es a costa de lo que somos realmente, a costa de la huella de Dios en nuestro espíritu, a costa de nuestra auténtica felicidad y de la auténtica llamada…gollum-n-the-ring

Yo creo que Dios nos quiere más libres de tesoros. Quiere que descubramos que Él es el auténtico tesoro, que quien pone su vida en sus manos… tiene todo aquello que necesita para ser feliz.

Hace unos días, con mi mujer, hablábamos preocupados por al alto coste que nos va a suponer el próximo comienzo de curso. Luego, el miércoles, la carta de Pablo fue una respuesta contundente de Dios: quien da, recibe. Quien da con alegría, es cuidado por Dios. ¿Hay mayor tesoro que ese? De verdad… ¿hay mayor tesoro que ese? Creo que no. La paz, la libertad, la fuerza que sentí al leer y orar esa Palabra fueron tremendas…

Aquí estamos de paso. La vida está llena de alegrías y satisfacciones que desaparecen y de dolores y sufrimientos que, a la postre, también se van. Esto es un tránsito, un viaje, un camino, una estación. La meta es más allá. El horizonte está al lado del Padre. Ahí pongo mis ojos. Ahí pongo mi deseo. Ahí pongo el corazón. Gollum y su anillo o Frodo y su donación. Dos maneras. Dos perspectivas. Dos riquezas. Y hay que elegir.

Un abrazo fraterno