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Una batalla épica (Mt 8,28-34)

«Buscad el bien y no el mal, y viviréis«

Qué escena la que nos presenta hoy el Evangelio. Es una escena digna del final de la saga de Harry Potter. El Mal y el Bien enfrentados. La Muerte y la Vida cara a cara.

Parece obvio pensar que todos tenemos claro que elegir el Bien es mejor que elegir el Mal. Pero no debe ser tan obvio cuando muchas veces hacemos lo contrario, como personas y como sociedad. ¿Por qué? Porque el Mal se nos disfraza de felicidad, nos regala placer temporal, se reviste de éxito y fama, de poder… Y eso sin esfuerzo… Pero uno paga un precio, evidentemente.

Buscar el Bien nos hace tener una vida plena. Vendernos al Mal nos despeña como a esa piara de cerdos poseídos, que no le aguantan la mirada a Jesús. Jesús es la Vida. Jesús es el Bien. En Él encontramos la vida que anhelamos, la felicidad verdadera para la que hemos nacido. El resto es pura ficción.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Entregar la vida por amor – Catequesis de #ViernesSanto

¿Te ponen a prueba? (Stg 1,1-11)

No nos gusta que nos pongan a prueba. Hay personas que les gusta ponerse a prueba ellos mismos. Les van los retos de superación. Y se meten a Iroman, a marathones, a correr largas distancias, a batir récords… Pero eso es una cosa y otra es sentir que la vida te pone al límite.

Yo me siento puesto a prueba cuando las cosas no van como yo quiero. Me siento puesto a prueba cuando me siento poco escuchado y poco valorado. Me siento puesto a prueba cuando mis hijos me muestran mis errores y mis finitudes. Me siento puesto a prueba cuando no entiendo a mi mujer y me siento dolido por algo que me hace o me dice. Me siento puesto a prueba cuando en el cole no llego a todo lo que me gustaría. Me siento puesto a prueba cuando me siento empequeñecido, humillado, despreciado por otros. Y así podía seguir.

Y me revuelvo. Me inquieto. ¿Acudo al Señor? Pocas veces. Por eso la Palabra de hoy, en la carta del apóstol Santiago, quiero hacerla mía. Quiero dar gracias por las pruebas porque me recuerdan que no soy más que una criatura, limitada y pobre, que necesita a su Creador. Necesito pedir. Necesito levantar los brazos. Necesito resistir, sabiéndome sostenido por mi Padre.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Tú me cambiaste la vida (Mt 4,12-23)

Pasaste por mi vida y la cambiaste.
Me sacaste de mi ciudad para llevarme a otra. Y luego a otra.
Me sacaste de mi profesión para llevarme a otra.
Me sacaste de mi comodidad para llevarme a la arena del desierto.
Me quitaste personas y me regalaste otras.
Me abriste puertas. Me mostraste senderos nuevos.
Me cambiaste el nombre y me llamaste Trueno, caballero de la luz.
Me sacaste de mi soledad para llevarme a la compañía fiel de mi mujer y mis hijos.
Me quitaste el velo que me impedía verme bien y me diste una mirada nueva.

Como a aquellos que te encontraste, en sus redes, al lado del lago, me cambiaste la vida. La hiciste nueva. Sin posibilidad de volver atrás.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Domingo II Adviento 2019 (Lc 1.26-38) #Inmaculada

María conoció una vida en plenitud.

A veces buscamos la felicidad y la plenitud en lugares donde no están. Y nos frustramos. Pensamos que en la comodidad, el bienestar, el éxito, los estudios, un buen trabajo, la holgura económica, la diversión… encontraremos eso que nos llene. Y no suele pasar.

María nos descubre que la felicidad está en responder a las grandes preguntas de la vida, en afrontar con confianza lo que viene, en estar disponible para otros, en plantear una vida en el alambre, pero llena de amor.

Otros te intentarán convencer de lo contrario: escapa de las grandes preguntas, evita consecuencias, busca la poltrona, piensa en ti mismo sobre todo y en tu paz interior, y no te quedes sin nada que experimentar o probar.

Cuando uno necesita del puenting, los deportes de riesgo, el paintball, de viajes a lugares exóticos, incluso de violencia y pequeñas revoluciones… es porque el corazón está seco y no está encontrando la fuente de la que mana el agua que sacia toda sed.

Mira a María y, desde ella, a Dios. Y ya verás.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Escoged a quién queréis servir (Jos 24,14-29)

La vida es una sucesión de elecciones. No son sólo las políticas las que marcan el devenir de la Historia sino las pequeñas decisiones personales que van surcando la tierra y dibujando caminos donde antes, a veces, no existían.

Hoy se nos lanza una frase que no tiene edad ni fecha de caducidad. Hoy se nos llama a elegir, una vez más. ¿A quién quieres servir? ¿A los pies de quién quieres poner tu vida? No nos engañemos. Hay personas que han decidido servir al dinero, y por dinero son capaces de venderse a sí mismos y a los que les rodean. Hay personas que han decidido servir al poder, y para alcanzarlo son capaces de traicionar sus principios más preciados. Otros han decidido servir al deporte, otros a su imagen, otros a la seguridad, otros al bienestar físico, al placer sexual… Otros han optado por servirse a sí mismos, desencantados del prójimo. ¿Y tú?

No vale engañarse. Sirves a aquello que marca tus decisiones. Sirves a aquello a lo que dedicas más tiempo. Sirves a aquello que pasa por delante de lo demás. Sirves a aquello que no estás dispuesto a dejar.

La propuesta cristiana, a la que yo intento dar respuesta, es servir al Señor. A ese Señor que hace historia conmigo, que me conoce y me ama, que me perdona, que ha traído su Reino para que vaya cambiando el mundo poco a poco. A veces me despisto. Y me doy cuenta de que le sirvo sólo de boquilla. Otras veces me descubro firme y ordenando mi vida a su alrededor. Sirvo al Señor. Y aún puedo servirle más.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Una vida para otros (Mt 8,18-22)

Hoy marchan a Marruecos los miembros de la expedición de la Casa Escuela Santiago Uno que, cada año, en el marco de su proyecto Llenando Escuelas, pasan los dos meses de verano en algún pueblo bereber de una de las zonas más empobrecidas de nuestro vecino africano. Chicos, chicas, educadores y voluntarios, entregados e ilusionados por dar y recibir, por trabajar, colaborar, conocer, convivir, aprender…

Me he acordado de ellos leyendo el Evangelio de hoy, un pasaje que suele rechinar por la dureza que parece manifestar Jesús ante aquellos que se le acercan y le muestran su disposición a seguirle. Pero esa dureza no es más que la advertencia ante uno de los riegos más evidentes para seguir a Jesús: los «pero», los «después», los «en cuanto pase», los «espera un momento»… En el fondo, Jesús sabe que nos cuesta dejar y que todo aquel que quiera seguirle debe dejar.

Jesús nos pide una vida descentrada de nosotros mismos, una vida para otros. Y no al 40%, ni al 60%, ni al 80%… Nos la pide toda. Sabe que lo que no se da por entero, en el fondo, no se está dando.

Ojalá los chicos y sus educadores que hoy parten experimenten en profundidad este «darse», este «no tener donde reclinar la cabeza», este «ir aquí y allá», siempre por y para los demás. Si algo te transforma por dentro es el amor y éste no es otra cosa que estar dispuesto a entregar la vida a aquel que se cruza en tu camino, al que te necesita. ¡Buen viaje chicos! ¡Y a entregar todo lo bueno que lleváis dentro!

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Un nombre que nos devuelve a la vida (Jn 20,11-18)

Nombrar a alguien es hacerlo existir. Por eso el nombre es tan importante. Y si no, preguntémosle a Coca-Cola por esa campaña donde las latas de refresco llevaban los nombres personales de tantos de nosotros… ¿Os acordáis?

En estos evangelios de resurrección, me llama hoy la atención ese «¡María!» que pronuncia el Señor y hace que el corazón de la Magdalena reconozca a su maestro. Un reconocimiento que, evidentemente, no es físico sino que se mueve en otro ámbito. Al escuchar su nombre, en aquel momento de muerte y dolor, María siente que se le vuelve a dar vida, que su existencia da vuelco, que vuelve a estar en el centro de la realidad, que el Espíritu aletea cerca. Es la vida que brota de aquellos labios, es el nombre pronunciado, el que permite a María reconocer al Crucificado, al Resucitado.

Cuántas personas nos llaman por el nombre a lo largo de un día… ¡Y cuántas veces nos sentimos asfixiados, perdidos, agobiados, muertos! Sólo Jesús es capaz de hacer algo nuevo con nosotros, de volver a situarnos en el centro de su amor, de cambiar nuestra vida para siempre. Es Pascua. El Señor te llama por tu nombre. Es tiempo nuevo. Volvamos a empezar. Hemos sido restaurados.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Seamos comunidad que alimente (Mc 6,34-44)

La comunidad cristiana ha sido una de las grandes olvidadas en los últimos tiempos y parece que, poco a poco, unos y otros intentamos recuperarla. Sin comunidad cristiana, todo lo demás se queda cojo. Y es que seguir a Jesús no es asunto de francotiradores, de artistas, de gestores, de estrellas espirituales… No se trata de lo que puedo hacer yo sino de lo que podemos hacer juntos, los que seguimos al Señor.

«Dadles vosotros de comer»

Ese vosotros en labios de Jesús va cargado de una intencionalidad manifiesta del Señor. Los milagros, obviamente, queda claro que no son lucimientos personales por su parte. Y con ello nos transmite que tampoco lo son para ninguno de nosotros. No quiere «salvadores». Jesús quiere comunidades vivas donde el poner al servicio de todos, el compartir, el entregarse… sea el corazón de la fe compartida.

Yo vivo en comunidad, junto a mi familia y a cuatro religiosos escolapios. Comemos juntos. Rezamos juntos. Celebramos juntos. Nos divertimos juntos. Y somos testimonio juntos. Es verdad que cada uno tiene sus tareas propias y personales pero si alguna encomienda tenemos como comunidad es la de ser imagen del mismo Jesús, que cuando otros nos vean se interpelen y busquen al Señor.

Cuando la comunidad parroquial, religiosa, laica, de vida… está viva, sus miembros experimentan el amor de Dios encarnado y son, a su vez, manos de Jesús para sus hermanos. De eso se trata.

Un abrazo fraterno – @scasanovam