#Curso2021 – La distancia de seguridad

07:45 Llego al cole. Me encargo de abrir todas las ventanas de las aulas y de los pasillos. De par en par. Creo haberme enterado que es de lo más importante que podemos hacer en el cole, además de llevar todos mascarilla, lavarnos las manos a menudo, limpiar lo común y procurar distancia de seguridad. Comienza a hacer fresco a estas horas. Ya hay alumnos que se quejan pero… hay que aguantar. ¡Más camisetas por debajo! 🙂

08:55 Hablamos en clase de qué consejos daríamos a los niños que empiecen a iniciarse en la red de redes. Cosas muy interesantes. Pero todas en negativo. Es curioso. ¿No hemos sabido transmitir a los chavales más que el cuidado ante las amenazas? ¿Qué pasa con la educación, qué pasa con todo lo interesante y maravilloso que pueden encontrarse en la red? ¿Seguimos educando más en el miedo que en la oportunidad?

11:00 Me toca recreo. Siempre me ha gustado estar en los recreos. Llevo dos este año. Me cuesta. Me cuestan algunas caras cuando llamas la atención. Me disgusta comprobar que, pese a toda la insistencia del mundo, sigue habiendo personas que se piensan que esto va de broma. Me sigue preocupando que algunos dilaten el rato del bocadillo para estar más tiempo sin mascarilla. Llamas la atención a uno y al otro y al otro… La mayoría bien. Miremos en positivo.

14:15 Tras casi semana y media termino la jornada pensando que lo más difícil con los chicos es pedirles que guarden el metro y medio se seguridad. Tenemos querencia a juntarnos, a abrazarnos, a jugar, a tocarnos, a contarnos confidencias cerquita uno del otro… y eso cuesta. Pero tenemos que intentarlo. No sé qué precio pagaremos por ello. ¿Nos volveremos más fríos en nuestras relaciones? ¿Olvidaremos qué significa el tacto del otro? ¿Perderemos la pista del aroma que deja la buena gente? No creo. Lo bueno siempre prevalece. Lo bueno echa raíz.

#Curso2021 – Un miércoles burbuja

08:05 Segundo de bachillerato. Hay sueño. Nos falta rodaje todavía. Va a costar mucho. Un alumno me llama «tío». Hay confianza. ¿Tanta? Cuesta encontrar voluntarios para participar en la oración. Va de la suerte que tenemos de tener un cole. No sé si son conscientes.

09:10 Salgo rápido de una clase y voy a la otra. Nos han pedido ligereza en los cambios. En eso estamos. Del primer piso al segundo. Ahora 1º ESO. Hay más entusiasmo. La tele no funciona y no puedo poner la presentación que tenía preparada. Improviso y comenzamos el tema con el libro. Hardware y software. Les va. Se les ve en las caras. Están atentos. Hablamos de wifis, de cables, de fortnites, de clashroyales y de muchas cosas más. Salgo contento.

10:30 Percibo en 4º ESO que han vivido un poco en una burbuja todo esto de la pandemia. No están al día, no saben números, no siguen las noticias… Tenemos trabajo que hacer. Empiezo ya. R0, IA… que empiecen a sonarles términos… Caras de sorpresa cuando hablamos de los 900 muertos en 14 días en España. Tocará coger pico y pala.

11:05 Café con los compañeros. Ratitos de los buenos para cargar pilas. Compartimos misión y vida.

12:00 En un hueco sin clase, escribo a los padres de mi tutoría. Qué importantes las familias… Les cito para la primera reunión. Será videoconferencia. Será rara. Pero nos apañaremos. Ya llegarán mejores días. Mientras tanto, habrá que hacer bueno cada día.

13:30 Termino con mi tutoría, en clase de mate. Empiezo a quererlos. Ya no hay marcha atrás. Miro sus ojos, capto sus gesto. Observo cómo se buscan, quién mira a quién, sus silencios, sus participaciones, su «me he olvidado de las circulares, ¿puedo traerlas mañana?»… Me gustan.

¡Comienza el curso!

09:20 Entro en el teatro. Ya están sentados, con distancia, los alumnos que entran nuevos en el cole. Se palpa novedad y cierto respeto. Llegar nuevo siempre tiene su parte de dificultad, aunque también de oportunidad. El reto es acogerles con cariño y que se sientan en casa desde el primer día.

09:45 Paseo por las instalaciones con las alumnas que entran nuevas en el cole y que serán de mi tutoría, Paula y Martina. Vienen con ganas. Les han hablado bien del cole. Son distintas. Lo percibo. Es una maravilla comprobar que cada una guarda su luz en una vasija diferente. Ojalá prenda fuerte todo el año.

10:10 En la puerta, gel hidroalcohólico en mano, voy recibiendo uno a uno a mis tutorandos. Clase con aroma femenino. Sólo 4 chicos de 23. Cada uno toma su sitio. Están ahí, detrás de las mascarillas. Se perciben sonrisas y ganas de poner esto en marcha. Ojalá sepa cuidarlos, uno a uno. Ventanas abiertas, siempre. Aire fresco cada día.

11:15 Es hora de irse. Suficiente por hoy. Me he presentado un poquito aunque ya me conocían. Repasamos horario, profesores, protocolos COVID, novedades del curso y decidimos que queremos vivir un curso bonito. Ponemos a Soraya en el proyector y subimos el volumen de la música. Han compartido poco. Callados pero no serios. Ninguno con miedo, eso dicen. A por ello.

12:00 Más de una horita, con compis del claustro, repasando el Google Classroom, el Drive y las operaciones básicas que los tutores enseñaremos a nuestros alumnos el próximo viernes. Buen ambiente. Se huelen ganas de hacerlo bien, de innovar, de adaptarse, de esforzarse por ellos. Un orgullo ser parte de este claustro.

14:15 Llego a casa. La boca está seca. Me quito la mascarilla pero se mantiene la sensación de llevarla puesta buena parte de la tarde. ¿Cómo volverá a ser eso de no llevarla? No es momento para darle vueltas. Estoy cansado de los nervios del primer día. Ha ido bien. Mañana más.

Todo comienzo de curso es apasionante

En muchos colegios, hoy se estrena el curso. Muchos de los niños, niñas y jóvenes de este país, comienzan hoy sus clases. Muchos de ellos lo harán ilusionados, con ganas y con buena actitud. Para otros, el comienzo de curso marca el final del verano, el final de la libertad, del tiempo libre para hacer lo que a uno verdaderamente le gusta y el comienzo de la dictadura de la rutina estudiantil. Para mí, como profe, es una nueva aventura, una apasionante aventura que requerirá de mí lo mejor.

Empiezo con mucha energía. He optado por dedicar el verano a descansar con mi familia y con mis hijos, que tanto sufren mi ausencia durante el curso. Necesitaba reponer energías, cargar pilas, vaciar la cabeza y empaparme también de una vida que, seguramente, iré ofreciendo a gotitas en mis clases. Porque los profes tenemos que tener algo que ofrecer… y no sólo son conocimientos. ¿Qué ejemplo estaríamos dando si sólo supiéramos trabajar y pensar en las aulas, y en los proyectos, y en las innovaciones, y en las gamificaciones, y en las novedades para este año…? Nadie puede ofrecer lo que no tiene.

En estos días de claustro, previos a la apertura de las aulas, ya estoy cogiendo velocidad. Estoy intentando mejorar algunos aspectos que el año pasado me quedaron un poco flojos: una mejor planificación de mis clases, buscar recursos que puedan ser buenos para los diferentes temas con más tiempo, estudiar maneras de presentar los contenidos para que los alumnos puedan aprender mejor, leer a los que saben más que yo, renovar rúbricas… Y todo en medio de un muy buen ambiente entre compañeros.

El ambiente en el claustro es algo muy importante para que nuestros alumnos también respondan desde el comienzo. Cuando se ve cierta comunión, cariño mutuo, ayuda, unidad de criterios, alegría por los pasillos, satisfacción pese al cansancio… se transmiten buenas vibraciones, como dirían los Beach Boys. Cuando las caras largas, los cabreos y la acidez del desgaste impuesto, se imponen… mala cosa. Uno deja de pensar en los alumnos para dedicar sus energías a lo que no es lo más importante.

Lo más importante son ellos y ellas. Cada uno. Uno a uno. Tú. Y tú. Y luego tú. Y tener ratos para estar a su lado. Y poder hablar. Y escucharles. Y acompañarles. Y animarles. Y motivarles. Y corregirles. Y sostenerles. Y mostrarles horizontes de grandeza vital, que a veces nada tienen que ver con la influencia, el éxito y el dinero.

Tengo ganas de empezar y verlos. Me hacen bien.

Un abrazo fraterno

Sistemas operativos II

Sistemas operativos I

Jugando con los números enteros

Hoy hemos bajado al patio. Me encanta recordar la cara que pusieron en clase cuando les dije que íbamos a bajar al patio a jugar con los números enteros. Sonrisas, aplausos, caras de sorpresa… Creo que la sorpresa, sin dejar que te convierta en su esclavo, es algo básico en cualquier experiencia humana. Está bien el orden, la rutina, el método… pero si a eso le metes algo sorprendente y rompedor de vez en cuando… ¡Es genial!

Hacía bueno y el objetivo era practicar el cálculo mental y jugar con la suma y resta de enteros. Nos pasamos unos 30 minutos jugando y el rato estuvo fenomenal.

El primer juego consistió en ponerse todos en fila. Su lado derecho era el lado positivo y su lado izquierdo era el lado negativo. Yo iba diciendo en alto sencillas operaciones y ellos debían moverse tantos pasos como diera el resultado hacia el lugar correspondiente (positivo o negativo). Por ejemplo, si yo decía «¡4-7!», cada uno debía moverse tres pasos hacia su izquierda. Y si yo decía «5-(-1)», pues cada uno debía dar seis pasos hacia la derecha.

Pero el juego estrella fue una versión matemática del juego del pañuelo. Dos equipos, cada uno en un lado del patio. Yo en medio. Mis operaciones era ya más difíciles. Cada equipo tenía que mandar a tantas personas, cogidas de la mano, como diera el resultado. Si el resultado era positivo, venían mirando hacia adelante. Si el resultado era negativo, venían hacia atrás. El equipo que llegara antes hasta mí tenía un punto. ¡Fue muy divertido!

Al final, cuando ya terminamos, una alumna se me acercó y me dijo «qué buen profe eres». Me eché a reír. Le pregunté si además de estar a gusto, estaban aprendiendo algo. «Mucho» me respondió. Satisfecho me quedé.

Creo que esta clase está haciendo un gran trabajo y que, juntos, están perdiendo el miedo a las matemáticas. Están empezando a saborear el pensamiento, el reto matemático, el método, el orden, el problema, el cálculo… Están empezando a descubrir que cuando uno se acerca, y pierde el miedo, no sólo disfruta sino que los resultados acompañan.

Sigamos así.

Un abrazo – @scasanovam