Todo comienzo de curso es apasionante

En muchos colegios, hoy se estrena el curso. Muchos de los niños, niñas y jóvenes de este país, comienzan hoy sus clases. Muchos de ellos lo harán ilusionados, con ganas y con buena actitud. Para otros, el comienzo de curso marca el final del verano, el final de la libertad, del tiempo libre para hacer lo que a uno verdaderamente le gusta y el comienzo de la dictadura de la rutina estudiantil. Para mí, como profe, es una nueva aventura, una apasionante aventura que requerirá de mí lo mejor.

Empiezo con mucha energía. He optado por dedicar el verano a descansar con mi familia y con mis hijos, que tanto sufren mi ausencia durante el curso. Necesitaba reponer energías, cargar pilas, vaciar la cabeza y empaparme también de una vida que, seguramente, iré ofreciendo a gotitas en mis clases. Porque los profes tenemos que tener algo que ofrecer… y no sólo son conocimientos. ¿Qué ejemplo estaríamos dando si sólo supiéramos trabajar y pensar en las aulas, y en los proyectos, y en las innovaciones, y en las gamificaciones, y en las novedades para este año…? Nadie puede ofrecer lo que no tiene.

En estos días de claustro, previos a la apertura de las aulas, ya estoy cogiendo velocidad. Estoy intentando mejorar algunos aspectos que el año pasado me quedaron un poco flojos: una mejor planificación de mis clases, buscar recursos que puedan ser buenos para los diferentes temas con más tiempo, estudiar maneras de presentar los contenidos para que los alumnos puedan aprender mejor, leer a los que saben más que yo, renovar rúbricas… Y todo en medio de un muy buen ambiente entre compañeros.

El ambiente en el claustro es algo muy importante para que nuestros alumnos también respondan desde el comienzo. Cuando se ve cierta comunión, cariño mutuo, ayuda, unidad de criterios, alegría por los pasillos, satisfacción pese al cansancio… se transmiten buenas vibraciones, como dirían los Beach Boys. Cuando las caras largas, los cabreos y la acidez del desgaste impuesto, se imponen… mala cosa. Uno deja de pensar en los alumnos para dedicar sus energías a lo que no es lo más importante.

Lo más importante son ellos y ellas. Cada uno. Uno a uno. Tú. Y tú. Y luego tú. Y tener ratos para estar a su lado. Y poder hablar. Y escucharles. Y acompañarles. Y animarles. Y motivarles. Y corregirles. Y sostenerles. Y mostrarles horizontes de grandeza vital, que a veces nada tienen que ver con la influencia, el éxito y el dinero.

Tengo ganas de empezar y verlos. Me hacen bien.

Un abrazo fraterno

Sistemas operativos II

Sistemas operativos I

Jugando con los números enteros

Hoy hemos bajado al patio. Me encanta recordar la cara que pusieron en clase cuando les dije que íbamos a bajar al patio a jugar con los números enteros. Sonrisas, aplausos, caras de sorpresa… Creo que la sorpresa, sin dejar que te convierta en su esclavo, es algo básico en cualquier experiencia humana. Está bien el orden, la rutina, el método… pero si a eso le metes algo sorprendente y rompedor de vez en cuando… ¡Es genial!

Hacía bueno y el objetivo era practicar el cálculo mental y jugar con la suma y resta de enteros. Nos pasamos unos 30 minutos jugando y el rato estuvo fenomenal.

El primer juego consistió en ponerse todos en fila. Su lado derecho era el lado positivo y su lado izquierdo era el lado negativo. Yo iba diciendo en alto sencillas operaciones y ellos debían moverse tantos pasos como diera el resultado hacia el lugar correspondiente (positivo o negativo). Por ejemplo, si yo decía «¡4-7!», cada uno debía moverse tres pasos hacia su izquierda. Y si yo decía «5-(-1)», pues cada uno debía dar seis pasos hacia la derecha.

Pero el juego estrella fue una versión matemática del juego del pañuelo. Dos equipos, cada uno en un lado del patio. Yo en medio. Mis operaciones era ya más difíciles. Cada equipo tenía que mandar a tantas personas, cogidas de la mano, como diera el resultado. Si el resultado era positivo, venían mirando hacia adelante. Si el resultado era negativo, venían hacia atrás. El equipo que llegara antes hasta mí tenía un punto. ¡Fue muy divertido!

Al final, cuando ya terminamos, una alumna se me acercó y me dijo «qué buen profe eres». Me eché a reír. Le pregunté si además de estar a gusto, estaban aprendiendo algo. «Mucho» me respondió. Satisfecho me quedé.

Creo que esta clase está haciendo un gran trabajo y que, juntos, están perdiendo el miedo a las matemáticas. Están empezando a saborear el pensamiento, el reto matemático, el método, el orden, el problema, el cálculo… Están empezando a descubrir que cuando uno se acerca, y pierde el miedo, no sólo disfruta sino que los resultados acompañan.

Sigamos así.

Un abrazo – @scasanovam

Las mates se me dan mal

Cuando comenzó el curso, el primer día de clase de Matemáticas de 1º ESO, les pedí a mis nuevos alumnos que me escribieran en un papel varias cosas. Entre ellas, les pedí que me contaran sus sentimientos hacia la asignatura y cómo se veían ellos en la misma. Ciertamente no me sorprendí: me aburre, la odio, no me gusta, soy malo, no se me da bien, me cuesta mucho… 

Es digno de reflexión el profundizar en las causas de esta «mala fama» de las Mates, una asignatura que puede ser, sin duda lo digo, de las más gratificantes, divertidas y apasionantes del espectro de asignaturas de cada curso. Creo que el peso psicológico sobre la misma es muy alto y que hay un buen número de alumnos y alumnas que, en algún momento de su vida decidieron que las mates se les dan mal, y ya arrastran la maldición hasta el final de sus estudios.

Una de mis tareas en este primer mes de clase ha sido crear ambiente en el aula, un ambiente de respeto entre nosotros pero, a la vez, un ambiente distendido. Las mates se trabajan mejor si lo hacemos relajados. Concentrados pero relajados. Relajados pero concentrados. Les he dicho en clase ya muchas veces, en estos primeros días, que es necesario que estén enchufados. No quiero a nadie fuera del aula y con la mente en otro sitio. Intento preguntar mucho, hacer participar a todos, procurar que descubran errores, que hagan ejercicios, que ayuden a sus compañeros, que me corrijan a mí si cometo errores, etc. Hay que estar plenamente metidos pero eso, a la vez, es lo que te permite disfrutar.

Los resultados del examen del primer tema, de números naturales, han sido muy buenos. Vamos a ver si lo conseguimos. No sólo que aprueben todos sino que nadie repita ya la frase que activa todas las maldiciones: «las mates se me dan mal».

Un abrazo