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Bandera discutida (Lc 2, 22-40)

Sigue habiendo juegos de mesa y de entretenimiento en exteriores que consisten en apoderarse de la bandera rival. Es el mayor símbolo de victoria. Es el símbolo de haber llegado hasta el final, de haber derrotado al enemigo en lo más profundo. Quienes escalan grandes cimas o recorren peligrosas y arriesgadas sendas, al llegar, suelen también clavar la bandera en el suelo. Los estadios están llenos de banderas en las gradas y muchos aficionados se arropan con ellas. Coches oficiales, ropas, pegatinas… La guerra de banderas en el País Vasco, la quema de banderas en Cataluña… en fin… que vivimos en un mundo en el que las palabras de Simeón siguen siendo tremendamente actuales. Sin meterme en filosofías y opiniones, lo que está claro es que una bandera es un símbolo de algo más, es un aglutinador de identidades, sentimientos, cultura, estilo, maneras, pensamientos… No sé…bandera

Cristo también era bandera. Era algo muy grande. Y no iba a pasar desapercibida. E iba a ser signo de comunión para muchos y signo de lo odiado para otros. Signo de contradicción. Lo sigue siendo. Y me invita a serlo. Me invita a no ser mediocre y jugar a ser amiguito de todos, querido por todos, estando a bien con todos. Cristo tenía enemigos. Ese rollo de «yo no tengo enemigos» tal vez es para blanditos como yo.

Todavía hay mucho que caminar. Todavía hay mucho que convertir.

Un abrazo fraterno

Caminemos a la luz del Señor (Is 2, 1-5)

Hoy en mi reunión de comunidad ya había una Corona de Adviento presidiendo la mesa. A nivel de familia tenemos una desde el sábado noche. A mi me parece un símbolo muy rico y muy hermoso a la vez. Y una excusa muy buena para disponerse alrededor de una luz para esperar juntos, para estar juntos, para compartir juntos.
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Intentar vivir el Adviento a nivel de familia no es algo sencillo. Querer que los niños tomen parte pero a la vez sin pretender hacer cosas raras ni meter cosas extrañas en la cabeza no es sencillo. Y ni siquiera sé si saldrá bien pero algo me empuja a intentarlo, a intentar vivir juntos todo aquello que sea importante para cada uno. Y de ese ratito, que no pasa de 5 minutos, frente a la Corona encendida se desprenden cosas que los niños sacan a la luz (nunca mejor dicho) y que a veces nosotros despreciamos o bloqueamos. Una de ellas es el ansia por llegar al final, por ver resultados, por encontrar rápido. El niño, cada día, propone encender todas las velas. Normal. Le cuesta esperar. Y educar la espera es uno de los puntos a trabajar en estas edades tempranas. Nosotros a veces lo hemos olvidado. Nosotros, los que educamos en la espera a los pequeños, nos hemos olvidado de que las cosas llevan su tiempo, de que hay procesos y momentos, de que la meta a veces no es lo importante, de que en la espera tengo la oportunidad de crecer… Primera lección. La segunda es la espontaneidad, la sinceridad, la maravillosa sencillez. Ponen lo mejor que tienen a jugar. Apuestan fuerte siempre.

El Adviento ha comenzado muy bien. Trabajando las emociones propias y ajenas… Y esperando… Contemplando… Poniendo la vida a la luz…

Un abrazo fraterno