A la mesa conmigo (Mt 9,9-13)

El Señor entra en mi casa y se sienta a la mesa conmigo. No le importa mi fama ni mi reputación. No le importan mis equivocaciones. No le importan mis pequeñas y grandes traiciones. No le importa mi pecado. Al revés. Me conoce. Sabe de mis debilidades. Sabe de mis soberbias cotidianas y de mis ansias de grandeza. Sabe de mis miedos y prejuicios. Sabe de mi dureza, a veces, con mi prójimo. Pero también sabe de mi corazón, que a veces se cierra, pero que quiere amar mejor.

El Señor me pide que le siga. Y yo lo hago. Pero antes de la misión, sellamos el pacto alrededor de una mesa apasionada donde se cuece la realidad de mi vida. Y Él, ahí, se sabe en casa. Y yo también. El resto, que murmure.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Amar sin límite (1 Cor 12,31–13,13)

Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca.

Mejor no hacer comentarios. No los necesita. Sólo me sale leerlo una y otra vez. Leerlo una y otra vez… con Perales de fondo…

El escándalo que salva (Jn 3,13-17)

La cruz. El escándalo de la cruz. Signo de contradicción para muchos. La cruz.

Escribo y rezo esta mañana con una cruz delante, una cruz preciosa, antigua, pequeña, a la que ilumino cada vez que hago oración. En ella se encuentra la salvación.

Hoy comienza el cole y vuelvo a las aulas, igual que mis alumnos, con incertidumbre, con algo de miedo y respeto por un lado y con confianza por otro lado. Miro a la cruz y veo en ella la entrega total y definitiva y el camino para la salvación. Una entrega que no me resulta fácil.

Pero Jesús ya se entregó por mí. La cruz es la muestra de su amor. La salvación se consumaría en la Resurrección. Todo se ha consumado ya. El Amor sólo amar sabe. Dios sólo sabe salvar. Y esto es lo que se me ofrece. Sólo necesito decir sí y dejar que ese torrente sanguíneo de amor inunde mis entrañas para cambiarlo todo.

Hoy te pido eso, Señor. Inúndame. Lléname. Que mis alumnos te descubran a través de mí.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Mi fragilidad, tu grandeza (1Cor 2,1-5)

Miedo, debilidad, preocupación, limitaciones, defectos… Así soy yo. De eso estoy lleno. No sé si paso el test de calidad de evangelizador. Demasiadas «taras».

Leer hoy a S. Pablo me llena de esperanza. Porque veo que él también se descubrió así, pequeño, frágil e imperfecto. Tras su conversión, su desierto, sus dificultades con el grupo de los 12, sus meteduras de pata… entiende que así debe ser. Es Dios quién tiene que hacerse grande, que mostrarse grande, que ser protagonista en su vida y en su predicación. Cuánto más empequeñezca él, más resaltará Dios.

Reconozco que es algo que me cuesta. Por eso le voy a pedir al Señor que me ayude a ser más humilde, que me ayude a abajarme, que me enseñe a postrarme a sus pies.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El aceite de la espera (Mt 25,1-13)

Los tiempos de Dios no son los míos. Y aún atisbando el plan de Dios para mí y teniendo claro que estoy en sus manos, todos vamos a atravesar momentos y épocas de espera, de incertidumbre, de silencio, de no saber muy bien hacia dónde, de pensar que Dios calla…

La parábola de las doce doncellas es preciosa. Nos habla de la esperanza, de la espera y de la necesidad de contar con «aceite» para que las lámparas no se apaguen. Porque se nos hará difícil y duro. Porque vendrá el aire o la lluvia y mojará la llama. Porque tendré la tentación de apagar del todo la lámpara y renunciar… Porque empezaré a preguntarme si vale la pena la espera, si el Señor vendrá, si todo es una farsa y fruto de imaginación…

Yo he tenido que buscar mi aceite personal. Y en mi vida ha sido la vida comunitaria. Rodearme de hermanos en la fe con los que rezar, compartir vida y escuchar a Dios a través de ellos y ellas. La comunidad que te sostiene en la oscuridad y no te deja. Y no abandonar la misión. Permanecer junto a los jóvenes, con mayor o menor claridad, seguir participando en los sacramentos, con mayor o menor intensidad. No ceder a la sequedad del amor y esperar tiempos mejores. Y el Señor llega, claro que llega. Y te colma de bendiciones. Y se hace la luz. Y ya no necesitas la lámpara.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No te comportes como un chiquillo (Mt 24,42-51)

Sigue habiendo personas que se comportan como chiquillos ante Dios. Y, es verdad, hay que hacerse como niños para entrar en el Reino de los Cielos pero, en este caso, esto va de otra cosa.

Jugar al escondite, a hacer como si, al engaño, a portarme bien para que me vean, a… ¡eso es de chiquillos! Es como estos jóvenes que se crean varias cuentas de Instagram o de otra red… una para que la vea todo el mundo y otra sólo para los íntimos. En la primera dan su mejor imagen y en la segunda, sienten, que pueden decir y subir lo que quieran, porque nadie les ve. Y la pregunta es ¿por qué?

Jesús no te llama a la conversión porque Él lo necesite. Te llama a la conversión porque tú lo necesitas. Jesús sabe que está en juego tu felicidad y no la suya. Así que deja de posturear y vive en verdad. Si hay cosas que mejorar, ponte delante del Señor, muéstrale lo que hay y pídele que te ayude. Pero no hagas ver que eres don perfecto o doña perfecta… a ver si le engañas.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Necesito paz ( 2 Tes 3,6-10.16-18)

El deseo de San Pablo de hoy a los Tesalonicenses, lo hago mío.

Que el Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar

Este comienzo de curso tan incierto, tan imprevisto, tan precario; en una situación de pandemia y de segunda ola en España, agita mi corazón y, muchas veces, me arrebata la paz. Me adelanto a los acontecimientos, me dejo llevar por el miedo, por las dudas… y la paz se desvanece.

Dame tu paz, Señor, e inunda mi corazón con ella para afrontar lo que nos viene por delante. Tú estás a mi lado. Tú cuidas de tus hijos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Celebrando a #Calasanz – 25 de agosto

Sé que el día está ya lavándose los dientes, con el objetivo de meterse en la cama. Ha anochecido y el calor comienza a dar tregua. Las ventanas están abiertas. Corre un poquito de osada brisa. Huele a incertidumbre. La gente está preocupada. No sabemos vivir con un nivel tan alto de inseguridad. Es lo que hay.

Tal vez mirar hoy a Calasanz pueda darnos algunas pistas para encarar el curso que comienza:

  1. Mirar la realidad. No podemos volver al cole pensando en «lo de antes». Abramos bien los ojos y miremos. Miremos lo que estamos viviendo y cómo lo está haciendo cada uno. Recorramos los «trasteveres» de nuestras aulas, conozcamos las realidades familiares, las emociones que bullen, los dolores, las inquietudes, los fracasos, los temores… Toda medida que no parte de la mirada a la realidad está condenada al fracaso.
  2. Los niños en el centro, no los medios. Por mucha incertidumbre que estemos viviendo, hay una certeza: los niños son el sentido de nuestra vocación. Con más o menos medios. Con mayor o menor apoyo institucional. Con mayor claridad o menor. Los niños, nuestro Cristo particular.
  3. Educación integral, piedad y letras. La escuela no es una máquina de transmisión de conocimientos. No es sólo eso. Tampoco es un parque de atracciones, en el que divertirse ante todo. Ni es una fábrica, ni un laboratorio. Es un lugar de crecimiento personal, de construcción, de descubrimiento de uno mismo y del mundo. Es un lugar de encuentro con el otro. Es un semillero de felicidad, en el sentido pleno de la palabra. El espacio donde mente, corazón, cuerpo, espíritu… se abren, se expanden, se esponjan…
  4. Decisiones audaces. Ya no sirve el «siempre se ha hecho así». Tal vez haya que dejar brotar nuevas maneras de comunicarnos con los alumnos y sus familias. Tal vez haya que dejar surgir iniciativas valientes y arriesgadas. Tal vez haya que romper ciertos clichés, derribar ciertos muros y acercar a docentes y familias. Sin miedo.
  5. Confianza en Dios y búsqueda de soluciones. Y recordar que estamos en manos de Dios, que Él nos cuida, nos protege y nos orienta a través de su Espíritu. Pongámonos en sus manos. Y a la vez, luchemos. Interpelemos a las autoridades, a los inspectores, a las administraciones… a unos y a otros, para que las soluciones sean justas, dignas, ecuánimes, proporcionadas…

Ojalá Calasanz nos ilumine en estos tiempos que corren. Y que juntos lo hagamos presente, un año más, en nuestras aulas.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Abierto a las sorpresas de Dios (Jn 1,45-51)

Los prejuicios impiden la sorpresa de Dios. El encuentro con Él siempre es sorprendente. Nos saca de nuestros esquemas. Rompe nuestras ideas preconcebidas. Nos lleva por caminos que,a veces, habíamos descartado.

No es compatible la experiencia de Dios con la necesidad de control y seguridad. Jesús de Nazaret no trae seguridad a nuestras vidas. Trae plenitud. No es lo mismo. Trae felicidad. Pero los caminos son arriesgados y te sentirás muchas veces desamparado. Pero vale la pena.

Ojalá, Señor, me ayudes hoy a bajarme de mis ideas y a seguirte, abierto a todo aquello que me traes.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Desprenderse de lo amado (Mt 19,16-22)

Yo también soy rico. Como aquel joven que se acercó a Jesús.

Tengo una vida relativamente cómoda y privilegiada.
Tengo un buen trabajo, que me apasiona.
Tengo una casa, un hogar, comida a mi mesa y todas las necesidades básicas cubiertas.
Tengo una familia maravillosa, una esposa y unos hijos que son una fortuna.
Tengo formación y posibilidades de seguirme formando.
Tengo una comunidad de fe, con la que seguir a Jesús.
Tengo una vocación, una claridad que me ayuda a caminar y encontrar mi sitio.
Tengo salud.
Tengo amigos sin los que la vida sería más triste y sombría.
Tengo… mucho, mucho… de lo que no me gustaría desprenderme.

¿Y si se me arrebata algo de todo esto? ¿Y si para ser fiel al Señor debo renunciar a parte de ello? ¿Y si llega la prueba, el dolor, la pérdida?

¿Seré capaz de seguir adelante, confiando en Dios?

Un abrazo fraterno – @scasanovam