MR 1

Se  sentía ahogar. Era una horrible sensación sobre el cuello que le dificultaba la respiración. Aún sin saber qué se sentía cuando una bala se alojaba en tu ser, él sentía eso.

Quería escapar, gritar, rasgarse la camisa blanca que se había puesto esa noche. Sus pulmones funcionaban aceleradamente y el oxígeno que entraba por sus fosas nasales y a través de su boca no era suficiente para calmar la ansiedad de cada una de las células de su cuerpo.

Salió de allí. Estaba harto de todo aquello. Estaba harto de fingir, de bailar con la muerte en vida. El vaso de su existencia no aceptaba ni una gota más de aquel cubata envenenado en lo que había convertido su historia. Atravesó la puerta del local y se dejó empapar por la primera lluvia del otoño. Enfiló la acera solo sin saber muy bien adonde dirigirse.

Era hora de recomenzar.