Microrrelato musical 110

Tarde con amigos. Con Alicia y Jose me siento vivo. Cada viernes, por la tarde, explotamos el mundo, descubrimos planetas, saboreamos las cocinas del mundo y conocemos a personajes fantásticos, con los que viajamos a rincones mágicos aún sin destrozar por el ser humano. Y todo sin salir de casa. Sentados, en mi antiguo sofá rojo de casa, que mi madre quiso tirar hace dos años y que yo conseguí conservar a base de hacerle la vida imposible unos días. Sentados, con un mando cada uno, sentimos que vale la pena escapar, aunque no tengamos ni idea de adónde.

 

Microrrelato musical 109

No sigas. Levántate. Las migajas no están hechas para ti. En realidad, todos nos merecemos otra cosa. No sigas. Déjale. No te hace bien. No te quiere. Nadie te lo dice, por eso te lo digo yo. Déjale. Plántale cara a tu mierda de autoestima. Empieza a reconstruirte. Estás a tiempo. Pero aleja el veneno de tu vida, la mirada de desprecio, la palabra amenazante, la caricia abusadora.

Es tiempo de que te quieras. De una vez por todas.

MR 108

Recuerdo tu letra grande. Tus sobres decorados con cariño. Recuerdo la alegría al descubrir tus cartas en mi buzón. Lo recuerdo todo con mucho cariño. Me gustabas. Fuiste la primera chica que me hizo saber qué era eso de estar enamorado. Recuerdo algún paseo compartido, el sabor del helado frente a la piscina. Recuerdo la caricia del sol atlántico de atardecida. Recuerdo el balón de baloncesto, impulsado a canasta por tus rizos.

Ha pasado mucho pero aquí seguimos. Con hijos, trabajos, parejas, historias de idas y vueltas… buscando cada uno la felicidad en sus propios rincones. Seguimos siendo amigos. Tu letra ahora mide lo que el whatsapp decide y tus sobres se han transformado en notificaciones. La alegría al leerte es la misma. Y seguimos compartiendo paseos y helados y las caricias del sol atlántico treinta años más mayor…. Tus rizos siguen siendo mis rizos.

Qué bonito es mirarse y saberse conocido y reconocido y querido por los ojos amigos de enfrente. ¿A qué sí? Y qué bonito es regalar a nuestros hijos una amistad tan bonita como la de sus padres. Te quiero, amiga.

 

MR 107

El sol lleva calentando unos días. Las nubes blancas viajan lentamente a través de un mar azul que, a modo de edredón, arropa nuestros sueños más sencillos. La gente corre, ansiosa, camino del trabajo. Muchos caballeros aún con americana, pese a que sus caras reflejan ya un exceso de temperatura. Las jovencitas lucen piernas y abrazan al mundo tras minifaldas ligeras y llenas de color.

Alejado de la realidad que, en este momento, se estará viviendo en los despachos de ministro, en los quirófanos de hospital, en un puesto de fruto en algún mercado, en la sala de cualquier juzgado o en la oficina para renovación del DNI de una de las comisarías de la capital. Alejado de todo en este momento y, a la vez, formando parte de una vida que fluye y lo conecta todo. En el centro. Por un momento. Feliz. Sólo ahora.

MR 106

Abrí la puerta. La oscuridad dentro era menor que la que yo albergaba en mi corazón, engañado, avergonzado por tu insolencia y por esa necesidad tuya de creerte mejor que yo.

No quise encender la luz. Sabía de memoria el camino hacia la tumba de mi dormitorio. Todo estaba demasiado vacío. La desnudez de mi alma había enfriado cada centímetro de la alegría con la que, horas antes, había salido de esa misma casa; luminosa y llena de vida entonces.

Y entonces grité, grité como nunca lo había hecho. Grité porque era lo único que me quedaba: el grito.

MR 105

Me miro al espejo y me gusto. No es soberbia ni una autoestima desatada. No es eso. Es, simple y sencillamente, algo objetivo.

Me gusto porque no tengo que apartar la mirada de mí mismo, porque reconozco lo que veo.
Me gusto porque me siento querido, me sé querido.
Me gusto porque, aún lejos de un Dios griego, la verdad de un rostro es atractiva.

Apago la radio y termino de vestirme. El calor ha llegado y yo sé que estos meses son los que mejor me sientan. Se abre la puerta del baño y oigo la voz de mi hija:

– Qué guapo, papá…

Lo sabía.

MR 104

Frente a la crisis, esperanza.

Frente al telediario, un facebook lleno de buenas noticias.

Frente a la Merkel, los ojos tiernos de mi hija.

Frente a los bancos, una Iglesia que da sin pedir a cambio.

Frente al pesimismo, un amarillo chillón vestido de oportunidad.

Frente a la soledad, la mano firme de un amigo, por muy desconocido que sea.

Frente al deshaucio, una puerta abierta en mi casa.

Frente a la polémica estéril, un consenso en lo fundamental.

Frente a la preocupación constante, música y un baile compartido.

Frente al miedo, una apuesta arriesgada y confiada por la vida.

Frente al consumismo voraz, un corazón pobre que guarda y medita.

Frente a las siglas, los nombres propios.

Frente a los índices bursátiles, una escucha sincera de tu historia, que es la mía.

Frente al estado de bienestar, un mundo en el que NADIE muera de hambre.

Frente al borreguismo, una candela única e irrepetible como firma.

¿Frente a ti? No, contigo.

Frente al futuro inexistente, el hoy concreto y finito.

HOY PUEDO. HOY ES EL PUNTO DE PARTIDA. HOY SERÁ MI PRIMER DÍA. Y MAÑANA TAMBIÉN. Y EL RESTO DE MI VIDA.

MR 103

Lo mejor de aquellos veranos era pensar en ti no teniéndote. Lo mejor de aquellos veranos era soñar con besarte en la solitaria compañía de un helado, al borde del mar.

Lo mejor de aquellos veranos era tu continua presencia en mi mente, la quemazón en mi pecho. Lo mejor de aquellos veranos era saberse profundamente enamorado y cruelmente rechazado.

No hay término medio en el amor, ni siquiera en el amor no correspondido. Uno se siente morir no teniendo cerca a la persona que da todo el sentido a su vida.

MR 102

Llegará. Siempre llega. Más antes que después, ya lo verás.

Hoy no sabes quién será el afortunado. No lo conoces. ¿O sí? Ni idea. No tienes ni idea de su color de piel, ni de la ternura de su boca, ni de la pasión de su mirada. Ni idea. Pero habrá un afortunado. Siempre lo hay.

Puede que venga apadrinado por la luna o, tal vez, lo traerá la plena luz del día. Puede que suceda a la orilla de una playa solitaria o en el fragor de una discoteca abarrotada de desconocidos. Eso os traerá sin cuidado. Cuando sucede, siempre lo hace en el escenario idóneo, en el momento justo… Siempre es así.

Cuando beses por primera vez, hija, tal vez no me lo cuentes. Tal vez lo adivine. Tal vez lo daré por supuesto. Cuando beses por primera vez, hija, sentirás que el mundo se pone a tus pies y que el universo entero cabe en ese beso. Serás feliz. Y yo contigo.

MR 101

– Últimamente sólo escribo acerca del amor.

– ¿Y eso?

– No sé… Creo que, en el fondo, no existe nada más. Todo es una historia de amor o desamor. No hay más.

– Nunca lo había pensado…

– O tal vez sea yo…

– Qué complicada es la vida de un escritor macho…

– Y eso que sólo escribo microrelatos…

– Eso. Menos mal.