¡Hipócritas! ¡Ciegos! (Mateo 23, 23-26)

Leerlo es duro. Ver la escena de la película de Zeffirelli, da una idea mayor de la dureza de Jesús y de su virulencia ante la manipulación que los guías de Israel llevaban a cabo sobre el pueblo.

Reconozco que me apasiona y me emociona ver a este Jesús «cabreado», cansado, asqueado, indignado con tanta farsa… Un Jesús que ya no se puede callar más la infidelidad de esos guías con el corazón de la Ley: justicia, misericordia y fe. A mi me cuesta mucho enfadarme e indignarme. Tal vez por eso se me gusta tanto este episodio. Me encantaría ser así alguna que otra vez.

Por otro lado, también me siento de «los otros». Es una clara advertencia a la Iglesia, a sus pastores y a todos aquellos que intentamos vivir el Evangelio. Más importante que la letra de la ley es su corazón. Hay cosas fundamentales y otras que no son, ni siquiera, importantes. Jesús lo tiene claro. Él ama, sobre todo, ante todo. A todos. A todos les abre la puerta. Por todos sufre. A todos se da. A todos invita. A ninguno juzga excepto a aquellos que se han otorgado tal derecho… A eso estoy llamado yo también.

Un abrazo fraterno

 

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