Mucho nos es perdonado (Mt 18,21-35)

El próximo jueves tengo que dar una pequeña catequesis a un grupo de familias que tiene a sus hijos en los grupos de fe del cole, preparándose para la Primera Comunión. Y creo que el perdón va a ser el tema elegido. Por un lado, les toca acompañar el acceso de sus hijos, por primera vez también, al Sacramento de la Reconciliación. Por otro lado, es un signo tan característico de lo que Jesús nos contó de Dios, que vale la pena poner énfasis en el asunto…

Dios es tierno y misericordioso. Perdona siempre a sus hijos. Es uno de sus rasgos distintivos. Jesús nos enseña que, aunque mucho nos falte para responder al amor del Padre con justicia, Él siempre nos espera, nos acoge, nos mira con cariño y se alegra a nuestro lado.

Saberse y sentirse perdonado es algo que nos cambia la vida y nos invita y nos empuja a vivir desde ahí con nuestros hermanos. Me atrevería a decir que es más fácil perdonar que ser perdonado. Esto último requiere humildad, pequeñez, sencillez y ganas de volver a ser aceptado. Pero difícil es perdonar de verdad cuando no he experimentado el perdón recibido. ¿Cómo llevas eso de ser perdonado? ¿En qué situaciones Dios, tus padres, tus hermanos, tus hijos, tus amigos… perdonaron tu egoísmo, tu metedura de pata, tu orgullo, tu ansia de quedar por encima…?

El perdón nos hace más libres. Y más felices. Y más ligeros en el largo viaje de la vida. Caminar con piedras a la espalda… siempre acaba por hacernos caer.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Parábolas que hablan de ti (Mt 21,33-43.45-46)

Una de las claves de las parábolas de Jesús se encuentra casi al final del pasaje de hoy:


Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos.


Y es que las parábola hablan de ti. Jesús no las usó tanto, como se suele decir, para que los pobres y los analfabetos y la gente sencilla entendiera el mensaje a través de un cuentecillo. No es esa la razón. Las parábola narran a Dios, narran la buena noticia de un Reino que irrumpe en tu vida de una manera misteriosa y, a la vez, desestabilizadora. Las parábolas te llevan a dar respuesta, te involucran vitalmente… porque sus personajes somos tú, yo, cada uno. Si tras leer una parábola, te quedas tranquilo, la asumes sin más, no provoca ningún vuelco en el corazón, ni te interpela o te incomoda… es que no has entendido nada.

La de hoy es clara: ¿Cuál es nuestra respuesta ante el Hijo que se nos envía y que está presente en nuestra vida, aquí y ahora? ¿Lo desechamos? ¿Qué frutos da nuestra vida? ¿Qué cambiamos a nuestro alrededor? ¿Cómo cambiamos nosotros? ¿Nos parecemos más al Cristo o cada vez menos?

Sí, son preguntas para ti. Deja que te incomoden. Y responde.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Los antiprivilegios del cristiano (Mt 20,17-28)

Si tú quieres escalar puestos, ganar importancia, prestigio, tener éxito o hacer carrera, siendo cristiano… te has equivocado de lugar. Eso es lo que le viene a decir Jesús a la madre de Juan y Santiago cuando pide para sus hijos un puesto de honor en el cielo. No va de eso.

Aquí sabemos de “antiprivilegios” o, dicho de otra manera, de los privilegios que otorga el amor y que son invisibles para el mundo: el privilegio de dar la vida, el privilegio de hacer feliz a otros, el privilegio de sanar, de perdonar, de recuperar, de cuidar, de querer, de salvar…

La Iglesia no es un lugar para “aspirar” sino para “inspirar” el Espíritu y “expirar” la vida que nos brota del corazón lleno del mismo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El perdón injusto de Dios (Lc 6,36-38)

En una clase de Antropología Teológica, hablando de la gracia y del perdón, recuerdo que el profesor nos ponía un ejemplo muy visual y fácil de entender: pensemos que todos queremos entrar a una obra de teatro que es lo máximo. La entrada vale 60 euros. Cuando yo llego a la entrada, compruebo que no llevo dinero suficiente. Me faltan cinco euros. Pero a la persona de al lado le pasa lo mismo. Peor. Le faltan 40 euros. Sorprendentemente, el dueño del teatro, que baja a comprobar cuál es el problema, nos deja entrar a ambos. Aunque me siento agradecido, le comento que me parece injusto que ambos podamos ver la obra cuando a la otra persona le falta más de la mitad de la entrada por pagar. El dueño me responde: no te quejes. Ninguno teníais el importe suficiente, así que a ti también te ha sido regalada.

La misericordia de Dios no es simétrica, no va en función de nuestros méritos o de lo que nosotros hayamos conseguido. A nosotros nos parece injusta muchas veces porque tenemos metido en la sangre que hay que dar más a quién más aporta. Pero el perdón de Dios es otra cosa. Si fuéramos juzgados por nuestros méritos… ninguno, ni tú ni yo, mereceríamos levantar la cabeza. Si la levantamos es porque, siendo hijos, nos sabemos profundamente amados, profundamente perdonados. Vayamos y hagamos lo mismo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Chantajismo sin fe (Mc 8,11-13)

No hay milagro sin fe. Por eso, pedirle a Dios, al Dios en el que no creo o al que no tengo en cuenta, que me resuelva la vida, es más de chantajistas que de personas de buena voluntad.

Probar a Dios de esta manera siempre va a terminar en negativo. Que cure a tu hermana, que te toque la lotería, que se resuelva lo de tu hipoteca, que no llueva el día de tu boda… ¡Y lo pides tú! ¡El que no cree nada de nada! Andaaa…

Jesús no es un mago ni un ilusionista. Ni antes ni ahora. Tómate tu vida de fe en serio y deja de buscar excusas a tu no fe.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Lo que sale de adentro (Mc 7,14-23)

Creo que, en demasiadas ocasiones, seguimos preocupándonos demasiado por lo de afuera y poco por lo de adentro. Eso se traduce en un ingente esfuerzo por normativizar, por prohibir, por asustar… y un escaso esfuerzo por animar a las personas a conocerse mejor, a retirarse, a meditar, etc.

Criticamos el ruido de afuera pero dedicamos muy poco a sofocar lo que nos hierve dentro. Y curiosamente Jesús sigue insistiendo en que ese “adentro” es lo importante. Frente a las ingentes leyes judías que legislaban qué hacer, qué comer, qué vestir… Jesús propone mirar hacia otro sitio.

¿Cuánto tiempo le dedico yo a examinar los pensamientos que he tenido durante el día? ¿Cuánto tiempo le dedico a escuchar lo que me digo de cuerpo para dentro? ¿Cuántas veces examino mis deseos, mis anhelos, mis envidias, mis enfados, mis iras…? Creo que ya es hora de relajarnos con los pecados “de fuera” e insistir en los pecados “de dentro”, eso que nadie ve y que, parece, se tratan con menor importancia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Reconocen a Jesús en mí? (Mc 6,53-56)

A Jesús lo reconocían e iban tras él el tiempo y la distancia que hiciera falta. Pero, hoy, ¿reconocen a Jesús en mí? Esa es la pregunta que me traslada el Evangelio de hoy. ¿Las personas son capaces de descubrir al Cristo que me habita detrás de mi fachada, de mi cuerpo, de mis palabras, de mis gestos, de mis acciones, de mis compromisos, de mis errores e incoherencias?

Si Jesús todavía no se transparenta en mí, es que hay camino. En breve llegará la cuaresma y será una buena ocasión para preparar el corazón. Y es que el testimonio mejor no es el de las palabras o el de las obras hechas a bombo y platillo. El testimonio mejor es el del aroma, ese que hace que la gente se acerque porque hueles a Jesucristo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Ir por el mundo pidiendo cabezas… (Mc 6,14-29)

Sí, las hay. Son esas personas que piden la cabeza de todo aquel que les molesta, que les dice cosas que no les gustan, que les hace escuchar verdades, que les desnuda ante las incoherencias de sus vidas. Esas personas que están negadas a dar la vuelta a su corazón, que se atrincheran en sus propias mentiras y que reaccionan con violencia ante quienes aportan una pizca de luz a sus vidas.

Son hijos de la oscuridad, esclavos del pecado más atroz. Y sí, existen. No seamos ingenuos. Si apostamos por seguir a Jesús, por clamar por la justicia, por denunciar la violencia, por pedir igualdad y cuidado para todos, por ofrecer amor donde otros sólo buscan beneficio… nos las encontraremos y nos harán daño.

¿Estamos dispuestos? Señor, ayúdame a estarlo, cuando llegue el momento.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

De dos en dos (Mc 6,7-13)

Cuesta creer que, pese a los esfuerzos de Jesús de afrontar la misión en comunidad, algunos se creyeran que cada uno puede hacer la guerra por su lado. Párrocos que, ante el éxito de su parroquia, no contaban con nadie y eran casi idolatrados por sus energías y propuestas; religiosos que llegaban a un colegio y lo ponían patas arriba, con su carisma y su entrega… Todo muy encomiable pero muy poco comunitario.

Hoy Jesús nos vuelve a recordar que no nos envía solos a la misión. No es sólo por nosotros, para que no andemos por ahí en soledad, sino más bien para dejar claro que la misión se afronta junto a otros, porque el mismo testimonio comunitario es parte de la misión, signo del Reino.

Se acabó el tiempo de los francotiradores. Seguramente por necesidad y no por convicción. Bendito sea el Señor. A ver si nos enteramos de una vez.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Puedo atarle las manos a Dios? (Mc 6, 1-6)

Claro que puedo atarle las manos a Dios. Lee el Evangelio de hoy. Allí, en Nazaret, nada pudo hacer. NADA ES NADA. ¿Por qué? Porque Jesús no va por el mundo hacia truquitos, espectáculos a lo Mago Pop. Jesús necesita de nosotros, de nuestra fe, de que queramos seguirle y estar con Él.

Nada puede hacer Dios en tu vida si tú no abres tus propias puertas y ventanas… Dios nunca se saltará tu libertad. Tremendo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam