A la mesa conmigo (Mt 9,9-13)

El Señor entra en mi casa y se sienta a la mesa conmigo. No le importa mi fama ni mi reputación. No le importan mis equivocaciones. No le importan mis pequeñas y grandes traiciones. No le importa mi pecado. Al revés. Me conoce. Sabe de mis debilidades. Sabe de mis soberbias cotidianas y de mis ansias de grandeza. Sabe de mis miedos y prejuicios. Sabe de mi dureza, a veces, con mi prójimo. Pero también sabe de mi corazón, que a veces se cierra, pero que quiere amar mejor.

El Señor me pide que le siga. Y yo lo hago. Pero antes de la misión, sellamos el pacto alrededor de una mesa apasionada donde se cuece la realidad de mi vida. Y Él, ahí, se sabe en casa. Y yo también. El resto, que murmure.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El escándalo que salva (Jn 3,13-17)

La cruz. El escándalo de la cruz. Signo de contradicción para muchos. La cruz.

Escribo y rezo esta mañana con una cruz delante, una cruz preciosa, antigua, pequeña, a la que ilumino cada vez que hago oración. En ella se encuentra la salvación.

Hoy comienza el cole y vuelvo a las aulas, igual que mis alumnos, con incertidumbre, con algo de miedo y respeto por un lado y con confianza por otro lado. Miro a la cruz y veo en ella la entrega total y definitiva y el camino para la salvación. Una entrega que no me resulta fácil.

Pero Jesús ya se entregó por mí. La cruz es la muestra de su amor. La salvación se consumaría en la Resurrección. Todo se ha consumado ya. El Amor sólo amar sabe. Dios sólo sabe salvar. Y esto es lo que se me ofrece. Sólo necesito decir sí y dejar que ese torrente sanguíneo de amor inunde mis entrañas para cambiarlo todo.

Hoy te pido eso, Señor. Inúndame. Lléname. Que mis alumnos te descubran a través de mí.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El aceite de la espera (Mt 25,1-13)

Los tiempos de Dios no son los míos. Y aún atisbando el plan de Dios para mí y teniendo claro que estoy en sus manos, todos vamos a atravesar momentos y épocas de espera, de incertidumbre, de silencio, de no saber muy bien hacia dónde, de pensar que Dios calla…

La parábola de las doce doncellas es preciosa. Nos habla de la esperanza, de la espera y de la necesidad de contar con «aceite» para que las lámparas no se apaguen. Porque se nos hará difícil y duro. Porque vendrá el aire o la lluvia y mojará la llama. Porque tendré la tentación de apagar del todo la lámpara y renunciar… Porque empezaré a preguntarme si vale la pena la espera, si el Señor vendrá, si todo es una farsa y fruto de imaginación…

Yo he tenido que buscar mi aceite personal. Y en mi vida ha sido la vida comunitaria. Rodearme de hermanos en la fe con los que rezar, compartir vida y escuchar a Dios a través de ellos y ellas. La comunidad que te sostiene en la oscuridad y no te deja. Y no abandonar la misión. Permanecer junto a los jóvenes, con mayor o menor claridad, seguir participando en los sacramentos, con mayor o menor intensidad. No ceder a la sequedad del amor y esperar tiempos mejores. Y el Señor llega, claro que llega. Y te colma de bendiciones. Y se hace la luz. Y ya no necesitas la lámpara.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No te comportes como un chiquillo (Mt 24,42-51)

Sigue habiendo personas que se comportan como chiquillos ante Dios. Y, es verdad, hay que hacerse como niños para entrar en el Reino de los Cielos pero, en este caso, esto va de otra cosa.

Jugar al escondite, a hacer como si, al engaño, a portarme bien para que me vean, a… ¡eso es de chiquillos! Es como estos jóvenes que se crean varias cuentas de Instagram o de otra red… una para que la vea todo el mundo y otra sólo para los íntimos. En la primera dan su mejor imagen y en la segunda, sienten, que pueden decir y subir lo que quieran, porque nadie les ve. Y la pregunta es ¿por qué?

Jesús no te llama a la conversión porque Él lo necesite. Te llama a la conversión porque tú lo necesitas. Jesús sabe que está en juego tu felicidad y no la suya. Así que deja de posturear y vive en verdad. Si hay cosas que mejorar, ponte delante del Señor, muéstrale lo que hay y pídele que te ayude. Pero no hagas ver que eres don perfecto o doña perfecta… a ver si le engañas.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Abierto a las sorpresas de Dios (Jn 1,45-51)

Los prejuicios impiden la sorpresa de Dios. El encuentro con Él siempre es sorprendente. Nos saca de nuestros esquemas. Rompe nuestras ideas preconcebidas. Nos lleva por caminos que,a veces, habíamos descartado.

No es compatible la experiencia de Dios con la necesidad de control y seguridad. Jesús de Nazaret no trae seguridad a nuestras vidas. Trae plenitud. No es lo mismo. Trae felicidad. Pero los caminos son arriesgados y te sentirás muchas veces desamparado. Pero vale la pena.

Ojalá, Señor, me ayudes hoy a bajarme de mis ideas y a seguirte, abierto a todo aquello que me traes.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Desprenderse de lo amado (Mt 19,16-22)

Yo también soy rico. Como aquel joven que se acercó a Jesús.

Tengo una vida relativamente cómoda y privilegiada.
Tengo un buen trabajo, que me apasiona.
Tengo una casa, un hogar, comida a mi mesa y todas las necesidades básicas cubiertas.
Tengo una familia maravillosa, una esposa y unos hijos que son una fortuna.
Tengo formación y posibilidades de seguirme formando.
Tengo una comunidad de fe, con la que seguir a Jesús.
Tengo una vocación, una claridad que me ayuda a caminar y encontrar mi sitio.
Tengo salud.
Tengo amigos sin los que la vida sería más triste y sombría.
Tengo… mucho, mucho… de lo que no me gustaría desprenderme.

¿Y si se me arrebata algo de todo esto? ¿Y si para ser fiel al Señor debo renunciar a parte de ello? ¿Y si llega la prueba, el dolor, la pérdida?

¿Seré capaz de seguir adelante, confiando en Dios?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El don del matrimonio (Mt 19,3-12)

Parece que descubrir la vocación sacerdotal o de vida religiosa requiere de un fino discernimiento por parte de cualquier hombre o mujer que atisbe la posibilidad de ser llamado o llamada. Parece, en cambio, que el matrimonio es la vocación por defecto, lo que sucede si todo sigue su curso. Incluso parece que quién no toma ninguno de los dos caminos… está estropeado, ha tenido mala suerte o, sencillamente, es un rebelde sin causa.

Es muy hermosa la palabra de Jesús de hoy sobre el matrimonio: «No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don.» Un don, el del matrimonio, que requiere estar disponible para acogerlo, discernir para descubrirlo y amor para alimentarlo y hacerlo crecer. Y no, no es un don para todos.

El matrimonio es una llamada de Dios a dos personas, una llamada que implica construir una vida común, ser uno amando y respetando la alteridad del otro, testimoniar que es posible vivir con amor y en comunidad la vida regalada, crear un hogar y ofrecerlo a todo el que lo necesite y tener hijos, con responsabilidad, que encarnen el fruto de una vida mutua entregada. Fino discernimiento requiere esta llamada. Antes, durante y después de pasar por el altar.

Como Iglesia, queda mucho por hacer todavía, antes, durante y después. Le pedimos hoy al Señor fuerza para todos los matrimonios, especialmente para aquellos que están atravesando momentos de oscuridad.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La fuerza de la comunidad (Mt 18,15-20)

Jesús nos propone la comunidad como lugar privilegiado para seguirle. No hay más que leer los Evangelios para darse cuenta que la Iglesia brota del deseo de Jesús de vernos juntos en su seguimiento.

La fe no es tanto un acto personal como comunitario. Por supuesto que cada uno recibimos ese don. Por supuesto que la relación con Dios es personal en buena parte. Por supuesto que cada uno orienta su vida, o no, tras los pasos del Cristo… Pero siempre acompañado.

La comunidad es depositaria de la sabiduría, del perdón de Dios, de su palabra, de su presencia viva, de su bendición. La comunidad es la que reza, la que celebra, la que envía, la que acoge, la que se salva finalmente. Esta Iglesia nuestra, perfecta en la imperfección de sus miembros con la gracia de Dios, es imprescindible para conocer y seguir al Maestro. No lo olvides nunca.

Como en cualquier familia, a veces cuesta vivir juntos. Pero como cualquier familia, se salva por el amor, no por la perfección.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Ganar el mundo, arruinar la vida (Mt 16,24-28)

Negarse, cargar, perder, arruinar…

Venir, seguir, salvar, encontrar, ganar…

Qué evangelio el de hoy. Cuántos vernos, ¿verdad? Y manteniendo una dura pugna entre el bando de la derrota y el bando de la victoria. Un ejemplo perfecto de la tensión que se nos propone y de la paradoja de una vida que se gana cuando se entrega.

Tal vez sea uno de los evangelios más duros. Tal vez uno de los más importantes. Con Cristo, se gana perdiendo. Con Cristo, se salva uno, cargando cruz. Y los que no seamos capaces de interiorizar, orar y asumir esto… nunca seguiremos a Jesús en verdad y, posiblemente, nunca encontraremos el sentido de nuestra existencia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Tocar el cielo (Mt 17,1-9)

La transfiguración antes de la Pasión. Porque era necesario contemplar el cielo antes de pasar por la más terrible prueba de dolor y sufrimiento que se podían imaginar.

Jesús nos permite ya tocar un poquito el cielo aquí en la tierra, contemplar toda su grandeza y sentir el aroma de la felicidad más grande. Nos lo permite. Es como un trailer, como un adelanto de lo que nos encontraremos a su lado. Y eso nos debe animar y sostener en este «valle de lágrimas». La victoria es segura, aún cuando la oscuridad a veces se torne insoportable.

Ojalá sepamos mirar, sepamos escuchar y sepamos experimentar la fuerza de Dios en nuestras vidas. No para quedarnos a gusto sino para preparar al corazón y educarlo en los anhelos más maravillosos y dignos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam