Una historia de Adviento: Capítulo 13

Lo primero que hizo Carlos nada más despertarse es ir a buscar el CD de «El lago de los cisnes» de Tchaikovsky. Se lo habían regalado ya hace muuuchos años y hacía ya muuucho tiempo que no lo escuchaba. Carlos sabe lo que quiere porque pone el CD en el reproductor y busca con ahínco una de las pistas. «Creo que era la 13 o la 14» piensa mientras aprieta el botón correspondiente. Y una vez la encuentra configura el modo «repeat» para que una vez termine, vuelva a empezar. Y tal como va, en pijama, coge folios y bolígrafo y se pone a escribir. Lo que sale. Lo que surge. Vomita. Carlos lo vomita todo entre los cisnes rusos. «María se puso en camino y fue aprisa a la montaña«. Carlos no puede esperar. Necesita hacer ese viaje hacia dentro, esa travesía tantas veces cancelada.

La pieza, desde luego, no tiene desperdicio y escucharla es una auténtica fiesta, un placer, un lujo. «Festeja y aclama, joven«. Es una fiesta de los sentidos y una fiesta para el espíritu, que se cobija bajo las notas imaginadas por el compositor. Carlos sigue escribiendo. Se habla de su pasado, de su familia, de sus comienzos y de sus recuerdos. Se habla de sus sueños de niño y de aquello que siempre quiso ser y que ahora parece tan ridículo. Se cuenta sus primeros escarceos con Dios y sus primeras decepciones. Carlos deja por escrito sus heridas y se dice lo que le hace sufrir y lo que le hace llorar. Carlos se cuenta lo que ve en el espejo cuando se mira y escribe si le gusta o no. De vez en cuando levanta la cabeza y con los ojos húmedos degusta la música.

Y Carlos recuerda el fragmento del poema de Pedro Salinas:

Por eso,
pedirte que me quieras
es pedir para ti;
es decirte que vivas,
que vayas más allá todavía
por las minas últimas
de tu ser.

«Yo vengo a habitar en ti -oráculo del Señor.«. Y Carlos descubre la relación entre Isaías y Pedro Salinas, entre Dios y uno mismo. Y le brota un pensamiento, un deseo… «Nace en mi, de nuevo, Señor».

Los cisnes se callan ya.

Continuará…

cisnes

 

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