¿Quién soy yo? (Ex 3,1-6.9-12)

Eres de las que piensas que nada tienes que hacer. O mejor, de las que piensa que lo tiene que hacer todo. Por eso ese ansia de perfección, por eso esa exigencia contigo misma. Eres de las que no les gusta mostrar su debilidad, de las que lleva mal el fracaso, el cansancio, la duda… Eres de las que se piensa que los fuertes son los elegidos o que los elegidos deben ser fuertes.

Pero el Señor escoge a su antojo. Un pastor era Moisés y lo escogió. Un pescador era Pedro y lo escogió. Un niño era Samuel y lo escogió. Una joven desconocida, habitante de un pequeño pueblo de Israel, era María y la escogió. Y no fueron sus capacidades, ni sus fortalezas, ni sus estrategias, ni su inteligencia, ni su carisma… las que cambiaron la Historia. Fue su fe en el Señor, su confianza en que Él haría lo prometido, en que Él sabría lo que hacer.

Por ser pequeños y saberse pequeños, fueron grandes, porque hicieron grande al Señor. Así que adelante, no tengas miedo. Eres pequeña pero el Señor está contigo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El Señor deshace planes (Sal 32)

Ayer, en el campamento en el que estoy con chicos y chicas de 1º Bachillerato, ante varios testimonios de personas que habían optado por abandonar sus planes y seguir la voluntad de Dios, ellos se cuestionaban y preguntaban: ¿Por qué? ¿Por qué si tú tienes unos planes, los abandonas para seguir la voluntad de Dios? ¿Y cómo sabes que esa era la voluntad de Dios? ¿Cómo estar seguro de que no te estás equivocando?

A veces ni siquiera las cosas son tan sutiles y Dios, de manera misteriosa, respetando tu libertad y, a la vez, adentrándose en la historia, deshace tus planes, frustra tus proyectos. Eso que tenías pensado, que tú pensabas que era bueno y que te haría feliz, de repente, se tuerce. Y clamas a Dios por no entender nada…

Probablemente, esos planes maravillosos no eran los mejores; probablemente estabas traicionando algo de lo que eres y a alguien en quien crees; probablemente estabas silenciando tu vocación o funcionando de espaldas a tus dones. Y lloras, y te mueres de rabia, y pataleas, y te enfadas… y, a la vez, mientras, una puerta se abre en todo ese vacío. Porque cuando uno consigue vaciarse de «sus» planes, de «sus» intereses, de «sus» proyectos, de «sus» ideas… Dios tiene sitio para entrar con todo el amor del que es capaz.

Dios nunca deshace un plan sin lanzar una promesa. así nos lo dice el salmo, más adelante: «para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre«. Porque de eso se trata. De que Dios nos amar, nos conoce, nos cuida y nos protege. Bajo esta convicción, confiemos. Y nos irá mejor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dios en los sueños (Gn 28,10-22a)

Qué bonita es la experiencia de Jacob. Dios le habla en un sueño. Es la misma experiencia que, muchos años más tarde, tendrá José también, en medio de sus dudas.

Dios nos habla de muchas maneras pero su voz, sin duda, brota también de nuestro interior, de nuestra intuición, de la brisa que agita el corazón. ¡Qué importante es reconocer la voz de Dios detrás de esta experiencia tan humana! Es una muestra de que Dios entra en nuestras coordenadas. Otros, en el mismo caso que Jacob, lo achacarían al cansancio, al estrés, a la imaginación o vete tú a saber qué. Casualidades, ensoñaciones… dicen algunos.

El caso es que Dios habla para transmitirnos algo muy importante: «Estoy contigo. No temas». Es el mismo mensaje que Cristo Resucitado dará a los doce poco antes de volverse con su Padre. Él está aquí, a nuestro lado. Cuida de nuestra vida, nos sostiene, nos guía, nos cuida. ¡Qué importante vivir con esta certeza! ¡Qué descanso! ¡Qué ligero se torna el equipaje!

Cuando mi fe me permite tener esto claro… la vida se abre paso aún en los momentos más insospechados, cuando todo parece perdido.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Sacrificar lo más querido (Gn 22,1-19)

El otro día, tomando un café con una amiga, hablábamos de la desazón personal ante determinados hechos que nos están sucediendo en lo personal. Cosas a tu alrededor que ves que no son cómo crees que deberían ser y que golpean rincones íntimos del ser.

La pregunta ante estos hechos que ambos nos hacíamos es: ¿qué debo hacer? ¿Cuál es la voluntad de Dios? ¿Debo aguantar, permanecer en este desierto y tragarme aquello que me gustaría hacer o decir? ¿Debo dar un paso y con él testimoniar mi desacuerdo ante lo que está sucediendo? ¿O debo sencillamente quitarme de en medio, entendiendo que, cuando los hombres ponemos trabas a Dios, lo mejor es no perderse y buscar otros caminos?

Hablando de las diferentes posibilidades, había un escenario probable que me ha venido a la cabeza leyendo hoy el pasaje del Génesis. Y es que puede que tengamos que sacrificar a veces aquello que más queremos y, en ese sacrificio, dar testimonio de nuestra fidelidad y fe hacia Aquél que es el más importante. Sí. Tal vez no sirvan las estrategias, los silencios medidos, los pasos prudentes… Puede que la prueba sea hacer lo que siento que Dios me pide aún sabiendo que eso implica sacrificar eso que tanto he soñado.

¿Y si Dios finalmente tiene algo preparado? Lo que está claro es que Él no me abandona nunca.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

En tu angustia… está Dios (Sal 33)

Precioso el salmo de hoy:

Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.

El Señor está cerca de los atribulados.

A veces pensamos o sentimos que, cuando peor estamos, Dios está lejos. La oscuridad que percibimos, la preocupación, la angustia, nos nublan la luz de la presencia de Dios a nuestro lado. Pero Él está. No debemos dudar de ello. Está y, seguro, con mayor cariño y cuidado.

Si estás preocupada o preocupado… Dios está contigo. Háblale y cuéntale. Y deja que te cuide a través de los demás. Y la luz volverá.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Él conoce nuestra masa (Sal 102)

Es una maravilla saber que Dios me conoce. Hay gente a la que esto le genera angustia o miedo. Parece que el Dios juez y castigador va a venir con toda su fuerza, sabiendo lo que sabe de uno. Pero yo creo que es justamente al contrario. Él sabe quién soy, cuáles son mis debilidades, mis fortalezas, mis oscuridades, mis luces, mis heridas, mis pensamientos y convicciones, mis tentaciones…

Dios me mira con misericordia, paciencia y ternura. Sabe que le quiero aunque a veces actúe como si fuera lo contrario. Es lo que tiene ser un hombre de carne y hueso que aspira a mucho y es poquita cosa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Protégeme Dios mío… (Sal 15)

¡Qué bonita versión del Salmo 15 de Athenas y Tobías Buteler!

Los truenos de Dios (Sal 28)

«El Dios de la gloria ha tronado»

Eso dice el salmo de hoy, tan conjuntado con la primera lectura en la que se nos narra el comienzo de la historia de Noé.

No descubrí la belleza de la historia de Noé hasta hace poco. De pequeño, uno se queda con los animalitos, el barco y todo tiene como un aire ecologista y paternal muy bonito. Por otro lado está un Dios que castiga y que envía un diluvio que lo inunda todo. Pero más allá de eso hay una Palabra para ti y para mí hoy.

Nuestra vida, tantas veces, se ensucia, se embarra, se oscurece, cuando no se despeña. A veces son las circunstancias, nuestras decisiones, nuestras opciones, nuestros errores, el ambiente que se respira fuera… El caso es que la niebla llega y lo enturbia todo. Y Dios no es quién castiga sino quién pone orden. El matiz me parece precioso y significativo. Ordenar no es lo mismo que castigar aunque a veces poner orden conlleve afrontar tormentas, torrentes e inundaciones. Hay que volver a poner cada cosa en su sitio, hay que terminar con las mentiras que nos decimos, hay que limpiar lo que ha acumulado basura. Todos sabemos la dureza que supone una limpieza general en casa…

Pero Dios, que pone orden y limpia, no nos abandona en el proceso, sino que nos sostiene si en Él confiamos, si a Él se lo pedimos, si depositamos nuestras fuerzas en las suyas, sin oponer resistencias, más bien al contrario. Noé dirige su vida hacia Dios pese a lo que le pide el entorno. Y eso le salva. Porque Dios quiere salvar, pero nos pide que construyamos la barca para ello.

Y llega la tempestad… que limpia, que ordena, que arrasa… pero que no acaba con nuestra vida; más bien al contrario. La deja en disposición de afrontar una nueva creación, de ser reinventada, de ser repoblada de nuevos frutos, sueños y realidades. Y sella de nuevo una alianza con nosotros. Qué maravillas hace Dios…

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dios actúa a través de mí (Sal 30)

«Bendito sea el Señor, que ha hecho por mí
prodigios de misericordia
en la ciudad amurallada. «

Dios actúa por mí. ¡Qué pasada! A través de mis manos, es caricia. A través de mi rostro, en sonrisa. A través de mi boca, es alabanza y palabra de aliento. A través de mis pies, camina al lado de quién se siente solo. A través de mi corazón, ama a los que se cruzan en el viaje de la vida. A través de mis ojos, mira a los que no están en el centro.

El Señor hace maravillas, milagros, a través de ti y de mí. ¡En las ciudades amuralladas! ¡Qué imagen tan bonita! ¿O no? Allí donde parece que se ha hecho fuerte la soledad, la maldad, la desconfianza, la tristeza… allí, también el Señor derriba conmigo los muros de la frialdad.

Gracias, Padre, por contar conmigo. Gracias por dejarme ser un poco Tú.

Un abrazo fraterno. – @scasanovam

Hacer lo imposible – II Miércoles Adviento 2018 – (Is 40,25-31)

Muchas veces me han preguntado cómo soy capaz de hacer tantas cosas. Recuerdo también que cuando nos quedamos embarazados del tercer hijo, mucha gente se acercaba a nosotros y nos felicitaba por nuestra valentía sin límites. Hoy mismo, conversando con un amigo de la Diócesis, me decía algo ya muy sabido: los que más liados estamos, somos los que estamos más disponibles.

La respuesta a este misterio está en el pasaje de Isaías de hoy, tan hermoso como el de todos estos días de espera. 


«Los que esperan en el Señor
renuevan sus fuerzas,
echan alas como las águilas,
corren y no se fatigan,
caminan y no se cansan.»

ES así, aunque suene cursi, ñoño, antiguo… esa es la verdad: Dios nos da fuerzas, energía y capacidad para sacar adelante la misión que nos ha encomendado. Y aquellos que respondemos, con nuestras posibilidades, Dios nos multiplica y nos regala el ciento por uno, para sorpresa de los espectadores.

No hay más secreto. No hay más misterio. No es magia. Ni son poderes. Ni complementos vitamínicos. Ni drogas. Es Dios. Ni más ni menos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam