¿El Señor está con nosotros? ¿Seguro? (Jue 6,11-24a)

» Perdón, si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos ha venido encima todo esto? «

Pregunta que permanece en el tiempo, la que lanzó el joven Gedeón cuando el ángel del Señor se le apareció un día en medio de su actividad cotidiana. Es una pregunta que yo me he hecho también alguna vez y que, a lo largo de la historia, se ha ido repitiendo en los momentos de dificultad.

Uno mira las noticias, el mundo, la crisis migratoria, la crisis política, la crispación en aumento, el desprecio al diferente, la guerra que no termina… y se pregunta por qué la mano del Señor no corrige nuestros desastres humanos. ¿Por qué? ¿Seguro que el Señor está, nos ama, nos protege, cuida su barca y a sus hijos?

La respuesta del ángel es también una respuesta para cada uno de nosotros: «Vete, y con tus propias fuerzas salva a Israel. Yo te envío.» El milagro y la fuerza del Señor habita en cada uno. Estamos llamados a ser la voz de Dios, sus manos, sus pies, su caricia, su denuncia, su justicia y su misericordia, en el mundo más próximo. ¿Estamos listos?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Es más fácil cumplir que seguir (Mt 19,16-22)

Esto es lo que experimentó aquel joven que se acercó a Jesús y que se marchó triste de vuelta, descubriéndose incapaz de dar un paso más.

Porque no es lo mismo cumplir que seguir. Es más fácil lo primero. Cumplir una serie de preceptos no es algo malo. Al contrario. Dios nos pide que cumplamos su Ley, claro que sí. No se trata de echar abajo la Ley. Pero este joven, cumplidor como el que más, se había pensado que el cumplimiento era el vehículo a su salvación. Y en este empeño, claro, no necesita a Cristo para nada.

Jesús viene a corregir su mentalidad. No es el cumplimiento lo que salva. Es el seguimiento a su persona, un seguimiento que, a la vez, es comunitario. Esa es la clave del Evangelio de hoy. No tanto lo de venderlo todo y dárselo a los pobres… Jesús no le pide que se haga pobre. Jesús le pide que le siga, pero sabe que cuántas más cosas y dinero… más excusas para no hacerlo.

Es bueno mirar hoy a nuestra vida y echar un vistazo a cómo afrontamos nosotros este asunto. ¿Somos cumplidores? ¿Pensamos en el cielo como un lugar al que yo llego si cumplo la ley y del que se me destierra si no cumplo? ¿Medimos el cumplimiento de los demás? ¿O tal vez nos centramos en Jesús, intentamos seguirle y dejamos que sea Él quién nos salve con su amor y misericordia? That’s the point.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Escoged a quién queréis servir (Jos 24,14-29)

La vida es una sucesión de elecciones. No son sólo las políticas las que marcan el devenir de la Historia sino las pequeñas decisiones personales que van surcando la tierra y dibujando caminos donde antes, a veces, no existían.

Hoy se nos lanza una frase que no tiene edad ni fecha de caducidad. Hoy se nos llama a elegir, una vez más. ¿A quién quieres servir? ¿A los pies de quién quieres poner tu vida? No nos engañemos. Hay personas que han decidido servir al dinero, y por dinero son capaces de venderse a sí mismos y a los que les rodean. Hay personas que han decidido servir al poder, y para alcanzarlo son capaces de traicionar sus principios más preciados. Otros han decidido servir al deporte, otros a su imagen, otros a la seguridad, otros al bienestar físico, al placer sexual… Otros han optado por servirse a sí mismos, desencantados del prójimo. ¿Y tú?

No vale engañarse. Sirves a aquello que marca tus decisiones. Sirves a aquello a lo que dedicas más tiempo. Sirves a aquello que pasa por delante de lo demás. Sirves a aquello que no estás dispuesto a dejar.

La propuesta cristiana, a la que yo intento dar respuesta, es servir al Señor. A ese Señor que hace historia conmigo, que me conoce y me ama, que me perdona, que ha traído su Reino para que vaya cambiando el mundo poco a poco. A veces me despisto. Y me doy cuenta de que le sirvo sólo de boquilla. Otras veces me descubro firme y ordenando mi vida a su alrededor. Sirvo al Señor. Y aún puedo servirle más.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dios hace historia contigo (Jos 24,1-13)

La primera lectura de hoy me parece preciosa. Josué habló al pueblo y, mirando atrás, les recordó la historia que su Dios había hecho con ellos. Desde las personas que los guiaron, los lugares por los que caminaron, las batallas que enfrentaron, los favores que recibieron…

Hay momentos en los que es conveniente que nos paremos y recordemos. La vida se nos va tan rápido que uno puede tener la sensación de que va sin frenos y, muchas veces, sin una dirección clara. Pero si hay fe, seguro que al recordar, uno puede descubrir cómo Dios ha ido tejiendo una historia a su lado. Las personas que nos cuidaron, las que se han ido cruzando en nuestro camino… ¡qué importantes! ¡Qué maravillosas casualidades han traído a nombres concretos a nuestra vida! Personas que conocimos desde siempre, como nuestra familia, y otras que han ido llegando de manera misteriosa. También lugares… la geografía de nuestra existencia. Ciudades, pueblos, casas, rincones… que podríamos calificar de importantes por razones diversas. Lugares a los que siempre se vuelve o a los que vale la pena volver. Y batallas y favores, claro. Milagros que reconocemos, caricias de Dios que nos han sostenido en el tiempo. Y luchas que nos han dejado heridas, guerras en las que ha valido la pena pelear y que muestran que hemos vivido a pleno pulmón.

Hoy presento a Dios mi propia historia. Y le reconozco en ella. Un Dios que camina conmigo aunque a veces yo mismo no tenga claro hacia dónde.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador… #AsunciónDeMaría

Esta en italiano pero… da igual. Para mí es el Magníficat por excelencia de los hechos en pantalla. La alegría de María, su fuerza en su pequeñez, su confianza, su saberse elegida, su narrar el plan de Dios con esa sonrisa… Ideal para hoy.

La olvidada corrección fraterna (Mt 18,15-20)

¿Corrección fraterna? ¿Eso qué es lo que es?

Algo olvidadísimo o, en todo caso, algo que se suele hacer muy mal. Lo más usual es que no se haga ningún tipo de corrección. La vida comunitaria es difícil, ¿para qué vamos a andar diciéndonos lo que no hacemos bien? ¿Qué necesidad hay de pasar por ese trago? Mejor murmurar y poner a parir al hermano… Más fácil es, sin duda. También podemos optar por la corrección no fraterna. Machacar al hermano y decirle lo que no ha hecho bien, con rintintín, atacando, desprestigiando, en público, despreciando…

El Señor nos invita a ser responsables unos de otros. No puede ser de otra manera. Y hay mucho camino por hacer. La educación emocional, la gestión de expectativas, las heridas personales… pueden jugar malas pasadas. Pero ¿qué clase de hermanos somos si no procuramos para el otro lo mejor, si no luchamos por apartarle del mal, si no le ayudamos a seguir al Dios de la Vida?

Menos cursos de espiritualidad y de oración y más de corrección fraterna, porque la comunidad se juega buena parte de su credibilidad en ello.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La trampa de la oveja perdida (Mt 18,1-5.10.12-14)

Hace unos años, en una oración con niños de Primaria, leímos el pasaje de la oveja perdida que comienza con la pregunta de Jesús de «suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida?«. Recuerdo que al lanzar la pregunta, uno de los niños respondió categóricamente: NO.

Un niño capta perfectamente el absoluto sinsentido que plantea Jesús. Todo el mundo sabe que un pastor que tiene 100 ovejas, no dejaría solas a las otras 99 por ir a por la oveja que se le ha perdido. Está fuera de toda lógica. Y esto es lo que hace que la propuesta de Jesús sea rematadamente maravillosa. Es el sinsentido de Dios, que se escapa a las lógicas humanas, a la evaluación de consecuencias, a los equilibrios de intereses, a la justicia equitativa, a la simetría del amor… Es la trampa de la oveja perdida.

El amor de Dios se escapa de nuestras manos. Es tan inmenso y tan maravilloso que no somos capaces de entenderlo. Sólo podemos acoger. Sólo podemos llenarnos de esperanza al saber que, en nuestra vida, Dios no nos deja nunca y que, si nos perdemos, recorrerá nuestro camino hecho para encontrarnos y devolvernos a casa.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

No te angusties por el futuro que está por venir – Domingo XIX TO Ciclo C

Cada vez nos cuesta más esperar. Y creer. Incluso los que nos decimos cristianos, estamos ansiosos por que el mundo sea ya lo que nosotros queremos, lo que a nosotros nos gustaría. Somos la generación «Nesquik», soluble e instantánea.

El Reino siempre ha sido un «ya pero todavía no». Incluso aunque hayan pasado más de 2000 años desde la venida de Cristo, en el mundo vemos como el Reino está ya presente entre nosotros, gracias al Espíritu regalado, y como, a la vez, todavía nos rodea mucho mal, mucha destrucción, mucho odio, mucho poder, consumo, ego, etc.

Yo me descubro muchas veces, en mi propia historia, forzando los momentos. Quiero que las cosas salgan, como yo tengo pensado y ahora. Me agobia la sensación de que la vida se me vaya yendo y que mis objetivos no se cumplan. Me gustaría ver tantas cosas haciéndose realidad… y vivo con el miedo de irme sin verlo. Y me preocupo por el mundo, por cómo será el planeta en 50 años, por el medio ambiente, por la política populista que nos ha llegado, por las sociedades que parecen ir hacia atrás en lugar de hacia adelante… Y pienso en mis hijos y en el tiempo que les tocará vivir… Y a veces me lleno de temor y desesperanza.

¡Hombre de poca fe!, me gritaría el Señor. Confía. No temas. Dios te espera con una tierra nueva y maravillosa. Pon ahí tu corazón. Pon ahí tu esperanza. Actúa como si todo dependiera de ti, pero espera en el Señor. Él guía nuestra historia y siempre está al lado de su pueblo. ¿Qué hay que temer?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Pecado = Rechazar el don de Dios (Nm 13,1-2.25–14,1.26-30.34-35)

Y llegaron los israelitas a la Tierra Prometida y… ¡decidieron no entrar! Pese a sus bondades, pese a sus frutos, pese a su vegetación, pese a su leche y su miel… ¡No entraron! ¡Porque había que pelear! ¿Conclusión? 40 años vagando por el desierto.

A veces nos pensamos que a Dios le ofenden nuestros errores, nuestras debilidades… y no voy a ser yo quién diga lo contrario. Pero de lo que cada día estoy más seguro es de que el mayor de los pecados, la mayor de las ofensas, es rechazar el don de Dios, su regalo, lo que nos da, la tierra prometida que nos ofrece. No es tanto el amor imperfecto que practicamos cuanto el amor inmenso que dejamos de acoger…

Dios hace historia contigo. Es una historia de liberación, de descubrimiento, de comunicación, de amor, de confianza… la tierra prometida llega en algún momento… cuidado… no vaya a ser que decidas darte la vuelta,

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El miedo de escuchar (Mt 17,1-9)

No soy la persona adecuada para comentar las lecturas del día de la Transfiguración. Hay personas más preparadas que yo para ello. Pero si me gustaría comentar algo que me ha llamado la atención del evangelio de hoy: el miedo de los discípulos ante la voz de Dios.

Escuchar a veces da miedo, porque oyes cosas, y a personas, que provocan en ti un vuelco interior difícil de manejar. Todos hemos escuchado alguna vez alguna canción, o alguna conferencia, o alguna película, o a algún amigo, o a papá o a mamá, o a un cura en su homilía… y se nos han puesto los pelos de punta. Hay palabras que llegan en el momento justo o que tocan la fibra más interna de nuestra alma. Y nos sobrecogen.

Muchas personas prefieren no escuchar. Mientras uno no escucha, puede vivir sin la consciencia necesaria, tirar para adelante, hacer lo que le parezca. Con Dios esto es más evidente. Hemos decidido escucharle poco. Y nos llenamos de excusas. Sabemos que si un día nos paramos, en silencio, con la Palabra en la mano y con disposición de escuchar… lo que escuchemos nos tocará el corazón y nos pondrá patas arriba la vida. ¿Estamos dispuestos?

El que quiera oír, que oiga.

Un abrazo fraterno – @scasanovam