Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza (Sal 45)

Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar.

En estos días de inquietud y dolor en tantos países del mundo, necesitamos recitar, como el salmista, que Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza. En estos momentos en los que hemos recobrado de golpe la certeza de nuestra fragilidad, ¿qué mejor que buscar el abrazo seguro de nuestro Padre, de nuestro alcázar, de nuestro creador?

Ojalá nos confinemos en Dios. Ojalá este encierro mundial sirva para redescubrir que nunca debimos salir de la casa del Padre, que nunca debimos abandonar el hogar en busca de experiencias más «atractivas». Nuestra libertad es sagrada, y así lo quiere Dios, pero cuando nos alejamos de Él, nuestra libertad se torna peligrosa. Hoy, que nos vuelve a tocar obedecer, pararnos, callarnos, es la hora de la vuelta a casa.

Aprovecha. Ojalá sea tiempo para mirar a Dios de frente y, aún en el desconcierto, ponerte en sus manos y poner el mundo en sus manos. Él hará brotar de nuevo el agua del desierto, Él sanará todas nuestras heridas.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

El Señor es mi pastor (Sal 22)

Hace unos días descubrí los salmos musicales de Atenas, una de las cantantes más actuales en el panorama de la música católico. Sus notas acompañan a los salmos con cierto toque monástico. Me gusta. Os lo dejo aquí para que podáis rezar hoy el salmo 22. El Señor nos acompaña, el Señor nos cuida, El Señor nos lleva, nos prepara una mesa y unge nuestra cabeza con perfume. ¿Qué más se puede pedir?

Se multiplican las preocupaciones (Sal 93)

Cuando me parece que voy a tropezar,
tu misericordia, Señor, me sostiene;
cuando se multiplican mis preocupaciones,
tus consuelos son mi delicia.

Vivir no es sencillo. Perdón. Vivir con coherencia, digo, con profundidad. Vivir con hondura no es fácil. Vivir a lo loco, sí. Pero yo quiero ir hacia adentro. Y ser fiel. Y responder a lo que se me ha llamado. Y ser seguidor de Jesús. Y un buen marido. Y un padre. Y un buen hijo. Y un buen maestro. Y un buen escolapio. Y un buen ciudadano. Tremendo.

Es más fácil pasar de todo eso y simplemente hacer lo que me apetece. Y pensar en mí. Y a la mierda lo demás. Vivir son dos días, qué coño. ¡Cómo para desperdiciarlos!

Pero yo aspiro a otra cosa. Qué difícil, Señor. Se multiplican las preocupaciones, como dice el salmista. Y cuántas veces siento que tropiezo y que algo se va a ir por la borda… Cuántos fracasos, cuántas equivocaciones, cuántas meteduras de pata, cuánta debilidad, Señor…

Y ahí, cuando todo se acumula, tú me consuelas y me envías tu caricia a través de otras manos y tu aliento a través de otro abrazo. Y me sostienes. Y me dices: ánimo, estoy contigo, hasta el final.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Déjame que te cuente… (Sal 49)

«¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?»

Déjame que te cuente… He recibido el salmo de hoy como una auténtica bofetada. Porque de repente han venido a mi cabeza todas las situaciones en las que en nada me parezco a Jesús. He sido consciente, de golpe, de lo mucho que digo y predico y la cantidad de ocasiones en las que hago exactamente lo contrario.

Eso sí, todo lo visto de bondad. El fondo de mi corazón no es limpio y cristalino. Mi amor es demasiado imperfecto. Mi fe tambaleante. Mi voluntad, hacer tu voluntad, flaquea en demasiados momentos. ¿Qué hago yo siendo testigo tuyo, Señor?

Sólo me queda como consuelo tu misericordia. Tú me conoces. Y me amas, pese a todo. Y en ese amor debo apoyarme cada día para ser mejor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Cómo te podré pagar? (Sal 115)

Ayer recibí la encomiendo del ministerio laico de pastoral, un servicio eclesial para acompañar a los ministros ordenados en su labor de cuidar, acompañar, formar y evangelizar a la comunidad que les es encomendad. Un nuevo paso en mi compromiso con las Escuelas Pías. Un nuevo paso como respuesta a mi vocación.

Os dejo aquí la acción de gracias con la que cerré la Eucaristía de ayer. El Señor me ha hecho mucho bien en mi historia. ¿Cómo podré pagarle?

El Señor es grande. Y por eso quiero darle gracias.

Miro atrás y veo todo lo bueno que ha hecho conmigo. Gracias por mis padres y por mi familia que, desde pequeño, me educaron en la fe y me enseñaron que contigo todo es más bonito y más verdadero, aunque no siempre sea más fácil. Gracias también hoy por Esther, la que más me quiere, por Álvaro, por Inés y por Juan. Gracias por ellos, que me sostienen y que construyen a mi lado una familia auténtica y genial, por lo imperfecta.

Gracias también por los profesores que tuve y que me ayudaron a sacar de mí lo mejor. Me quisieron e hicieron de mí una persona apasionada por la educación. Gracias por el cole de Coruña, donde comenzó a fraguarse mi vocación, donde conocí a Calasanz y comencé a enamorarme de él.

Gracias por las experiencias vividas. Gracias por Cercedilla y por todo lo discernido en sus rincones, por las Pascuas, con sus silencios y sus vigilias, por los retiros, por Caminando y por el Movimiento Calasanz. Gracias por no permitirme abandonar, ni alejarme, ni desfallecer. Gracias por tantos que me animaron a vivir mi fe en comunidad, por los hermanos con los que aprendí a entretejer vida y misión. Gracias por mi comunidad Belén y por mi comunidad actual. Gracias por corregirme, Señor, a través de ellos, por su cariño incondicional.

Gracias por las Escuelas Pías y por nuestra Provincia Betania, en la que sigo dando pasos. Gracias por su generosidad conmigo, por permitirme formar parte de esta maravillosa tarea de acompañar a niños, a jóvenes, a familias. Gracias por toda la confianza que siempre he sentido por su parte. Gracias por la vocación de mis hermanos religiosos y la de tantos laicos que caminan a mi lado. Su ejemplo me cuestiona y me exhorta a ser mejor persona, mejor educador y mejor escolapio.

Gracias Señor por darme la fuerza y la confianza para acoger esta encomienda ministerial. Gracias porque, pese a mis errores, mis fragilidades y mis miserias, sigues creyendo en mí. Gracias por contar con los pequeños, con los imperfectos, con los que fallamos. Gracias por haber depositado en mi corazón la determinación para insistir a tiempo y a destiempo y para creer que vale la pena entregar la vida, arriesgar, y apostar fuerte con los talentos que me has regalado. Y gracias finalmente por esta Presencia. Gracias por Salamanca y por todos los compañeros que cada día me recuerdan que Tú nos quieres juntos, en la misma barca. Gracias por tantos alumnos que me alegran cada día la vida y que me hacen sentir que he encontrado mi lugar en el mundo. Gracias por habernos traído a un lugar magnífico donde seguir creciendo como personas y como escolapios al lado de tantos que son referentes de entrega al estilo de Calasanz. A su lado quiero seguir Padre, tejiendo vida, restaurando senderos, recuperando ternura. Y gracias por todos los que hoy habéis querido estar aquí. Amén.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Que los montes traigan paz (Sal 71)

El 2020 ha comenzado con crispación, tensión, guerra, amenazas. Necesitamos más que nunca ser constructores y dadores de amor.

El mundo necesita amantes. Lo que más. Por encima de cualquier otra cosa.

Sin amantes, no habrá paz.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Cautivo y agradecido (Tb 13,2.3-4.6)

Ser agradecido hasta en el propio cautiverio. Reconocer a Dios en la vida aún en los momentos en los que su mano parece no alcanzarte. Sentir su compasión y su fuerza, aún cuando las piernas flaquean y se encoge el corazón.

Es la experiencia de la persona que hoy nos regala el salmo. Es la experiencia humana de todos aquellos que no dejaron de confiar cuando las cosas eran propensas para ello.

Es la hora de la confianza. Es la hora del silencio. Es la hora de la espera esperanzada. Cautiverio con olor a flor.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Mi fuerza y mi escudo (Sal 27)

Hoy llegan los chicos al cole. Empiezo el curso con muchas ganas de compartirlo ya con ellos. Nuevos alumnos, nuevas alumnas, nuevas familias. Y con la novedad de ser tutor. Todo un reto.

Quiero poner mi confianza en ti, Señor, que me conoces y me amas. Guíame con tu sabiduría para ayudarles a crecer. Dame fuerzas para resistir cuando el cansancio aparezca. Protégeme del desaliento si hay momentos en los que pienso que no vale la pena continuar.

Pongo en tus manos cada una de sus vidas. Son preciosas. Sé, también para ellos, su fuerza y su escudo. Y ojalá que te descubran ahí, luchando por su felicidad.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Esperar también es misión (Sal 26)

En este tiempo que nos ha tocado vivir, esperar está mal visto. También en la Iglesia. Vivimos tiempos donde el «hacer» cuenta más que el «ser» y el «construir» más que el «esperar». Tenemos un autoconcepto tan elevado de nosotros mismos que nos olvidamos de nuestro ser criaturas y, en general, nos creemos dioses o, en su defecto, superhéroes de Marvel.

El caso es que gozar y esperar son dos invitaciones para hoy y, por extensión, para este nuevo curso que comienza. Gozar de la vida, disfrutar de la creación, saborear lo que nos ha sido dado, descansar en las bendiciones que nos han sido regaladas, sabernos hijos amados por el Padre. Y esperar, esperar en el Señor, que es la luz, la salvación, la defensa de nuestra vida y de la Iglesia. No es una espera pasiva e irresponsable. No es hacer el vago o, como la cigarra, dedicarse a tocar la bandurria de principio a fin. Es asumir que somos criaturas, que somos limitados, que necesitamos a Dios, que no podemos con todo y que la misión no es llevar una vida de mierda a la que nadie, por cierto, querrá apuntarse.

Todo parece muy obvio pero la realidad nos demuestra que es más difícil de lo que parece. Que el Señor nos conceda esta gracia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Dichosos los que viven en tu casa (Sal 83)

Cada uno tiene una idea del juicio final, del cielo y del infierno. Muchos creyentes siguen pensando que el cielo se toma al asalto, es decir, que se gana, como si esto fuera una clasificación de méritos. Y el infierno, para los malos, que suelen muchos de los que están ahí afuera.

A veces perdemos de vista que el cielo es estar cerca del Señor y el infierno es vivir sin Él. Y que para empezar a saborear eso, no hay que esperar a la eternidad. Ya aquí, en nuestra vida, rozamos con la punta de los dedos el Reino de Dios. Al menos a eso estamos invitados.

Dichoso aquel que descubra lo feliz que le hace vivir cerca de Dios. Dichoso a aquel que no actúe de una manera sólo porque la ley lo dice, sólo para ganar galones. Dichoso aquel que descubra que ser bueno es amar mucho y que eso incluye equivocaciones y errores que son perdonados. Dichoso aquel que huye del infierno que es vivir pendiente sólo de uno mismo, del poder, del dinero, del placer, de la comodidad, del tener, del aparentar.

El infierno no es postureo. El infierno es real y comienza aquí. Como el cielo.

Un abrazo fraterno – @scasanovam