Mi fuerza y mi escudo (Sal 27)

Hoy llegan los chicos al cole. Empiezo el curso con muchas ganas de compartirlo ya con ellos. Nuevos alumnos, nuevas alumnas, nuevas familias. Y con la novedad de ser tutor. Todo un reto.

Quiero poner mi confianza en ti, Señor, que me conoces y me amas. Guíame con tu sabiduría para ayudarles a crecer. Dame fuerzas para resistir cuando el cansancio aparezca. Protégeme del desaliento si hay momentos en los que pienso que no vale la pena continuar.

Pongo en tus manos cada una de sus vidas. Son preciosas. Sé, también para ellos, su fuerza y su escudo. Y ojalá que te descubran ahí, luchando por su felicidad.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Volver a casa – Domingo XXIV TO Ciclo C

Siempre hay alguien deseando que volvamos a casa. Y esto cambia la vida por completo. No damos igual. Importamos.

Dios no nos quiere perdidos. Dios no nos quiere infelices. Dios no nos quiere viviendo una vida de mierda. Él sale a nuestro encuentro: personas, acontecimientos, pensamientos… Él quiere vernos de nuevo sentados a su mesa.

Algunos no entienden que Dios nos haya regalado la libertad para perdernos. Pero ¿hay amor sin libertad?

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Paja, vigas y otros elementos de destrucción fraterna (Lc 6,39-42)

A mí me cuesta ver mis cosas, aunque cada vez soy más consciente. Esta consciencia sobre mi manera de relacionarme, mis errores, mis estilo comunicativo y, a veces, los daños producidos… se la debo a personas que, con cariño, me han ido diciendo lo que sienten cuando se encuentran con mis juicios y tonos en determinadas situaciones. Y he ido creciendo.

Siempre soy muy exigente con los que me rodean. Siempre pienso que las cosas se pueden hacer de otra manera, normalmente a mi manera. Y eso desgasta mucho alrededor, me doy cuenta. A veces no lo puedo controlar. Otras veces sí. Siento que el camino emprendido hace año, de tomar conciencia de mis «vigas» va dando su fruto.

Una pajita es suficiente para destruir. La mueves muchas veces en el ojo ajeno y dejas a la persona ciega. Una «viga» te impide ver la realidad y, si no te la mueven, te acostumbras a ella y piensas que el mundo es así, tal cual tú lo ves.

Jesús nos invita a dejarnos quitar nuestra «viga» y no agitar las «pajitas» ajenas. No seamos tan duros hacia afuera. No nos pongamos como ejemplo de nada. No sea que nuestra viga nos hunda en la profundidad oscura.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Bienaventurados… los maestros (Lc 6,20-26)

Permitidme que hoy, al leer el Evangelio, haya recurrido inevitablemente, en este comienzo de curso, a algunas bienaventuranzas del maestro de Jesús Alberto Rivas, de las que he hecho una pequeña adaptación lingüística. Bienaventurados…

Bienaventurado el maestro que disfruta dando lo que tiene: será rico por lo que supo dar y cómo lo dio.

Bienaventurada la maestra que vive y disfruta sembrando: otros recogerán lo que ella sembró.

Bienaventurado el maestro que se vacía de sí mismo para llenar el alma, la mente y el corazón de sus estudiantes: su esencia permanecerá en las futuras generaciones.

Bienaventurada la maestra que se muestra tal como es: sus estudiantes le recompensarán con la misma medida.

Bienaventurado el maestro que se involucra en su tarea con todos sus valores y capacidades: su compromiso será su mejor valor.

Bienaventurada la maestra que además de los conocimientos, aprende a llevar a la pizarra los sentimientos que afloran en clase: le llamarán «persona».

Bienaventurados los maestros y maestras que estando con los pies en la tierra, no olvidan a Dios que habita en el cielo: no les faltarán nunca fuerzas para seguir educando hombres y mujeres que vivan volcados, no solamente para sí mismos, sino orientados hacia el bien de los demás.

La fe crece en comunidad (Lc 6, 12-19)

Me costó mucho entender la necesidad de la vida comunitaria en mi vida. Lo percibía más como una amenaza que como un regalo. Tenía miedo de que otras personas entraran en mi vida a opinar y, además, con el aura de ser, la suya, voz de Dios. Tuve muchas preguntas. Y no había muchas respuestas.

Ahora miro atrás y compruebo que no es posible crecer en la fe ni hacer el camino de Jesús sin la comunidad. Unos la concretaremos más y otros la concretarán menos. Pero el mismo Jesús eligió un grupito de doce para poder llevar adelante su misión. ¿Los necesitaba técnicamente? No. ¿O sí? ¿No es Dios-Trinidad comunidad en sí mismo? ¿No nos está dejando claro que su amor sólo puede ser vivido en comunión?

La comunidad ha sido y es pilar de mi vida de fe. Concretar en unos hermanos y hermanas la vivencia del Evangelio. Poner rostro a la gran comunidad eclesial que, tantas veces, se nos diluye en su grandeza y en su universalidad. Jugarme la vida con personas concretas, con almas concretas, con brazos concretos con lo que sostenerme y a los que sostener.

La fe necesita de una comunidad para crecer, igual que toda persona necesita de una familia. De lo contrario, su futuro es complejo y oscuro.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Trolls creyentes (Lc 6,6-11)

Los hay. Existen. Son los trolls creyentes.

Son personas que se ponen furiosas con el bien se abre paso bajo formas y actitudes distintas a las suyas. Personas que dan por saco, que protestan, que enredan, que critican… y todo en el nombre de Dios.

Son los que destruyen sin importarles quién se queda por el camino. Son los que ven antes las tablas de la Ley que los corazones de los hombres y de las mujeres. Son los que dictan sentencia en un tribunal donde sólo se salvan ellos.

Cuidado con ellos. Son creyentes, pero no cristianos.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

A comer y a beber (Lc 5,33-39)

Demasiada corrección.
Demasiados formalismos.
Demasiada seriedad.
Demasiada norma.
Demasiado sacrificio.
Demasiado agobio.
Demasiado cansancio.
Demasiado gris.
Demasiado vinagre.

Y poco vino del bueno.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La perseverancia de Pedro (Lc 5,1-11)

Pedro era un bocas. Metió la pata muchas veces, debido a esa forma de ser impulsiva y apasionada. Un echado para adelante, que acaba traicionando a Jesús y descubre la miel del perdón.

Pero a Pedro hay que reconocerle algo muy importante, que a mí me sirve hoy: confía en Jesús, ciegamente. Escucha y sigue al Maestro. Y aún cuando es difícil entender, cuando los frutos nos llegan, cuando las fuerzas se agotan, cuando la negrura llega… hace lo que le dice Jesús.

«Por tu palabra» Jesús, quiero seguir apostando por los jóvenes, encontrándome con ellos, proponiéndoles una manera de ser y estar, invitándoles a una Vida en mayúsculas. «Por tu palabra» Jesús, quiero seguir apostando por la vida comunitaria, con sus luces y sus dificultades, viendo en el hermano tu mirada y ofreciendo la fraternidad como signo de los tiempos. «Por tu palabra» Jesús, quiero perseverar en mi vocación, desgastarme, cansarme y vaciarme.

Ayúdame, Maestro, a seguir echando las redes.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

¿Qué pasa con los otros? (Lc 4,38-44)

Los otros nos molestan. No piensan como nosotros. No creen lo que nosotros. No aman lo que nosotros. Y, lo que pensamos muchas veces, no son tan buenos como nosotros.

La cuestión es… ¿para qué estamos aquí? ¿Para quién? ¿Para qué estamos en la Iglesia? ¿Para quién? ¿Para qué estoy en la educación? ¿Para quién? ¿Para qué estoy en las redes sociales? ¿Para quién? ¿Para qué son mis dones? ¿Para quién?

Cuidado. No vaya a ser que la comodidad venza al ardor evangélico, que la sintonía venza al fuego apostólico. Cuidado. No vaya a ser que a los otros se les prive de escuchar la Buena Noticia sólo por puro interés (o desinterés) personal.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

Esperar también es misión (Sal 26)

En este tiempo que nos ha tocado vivir, esperar está mal visto. También en la Iglesia. Vivimos tiempos donde el «hacer» cuenta más que el «ser» y el «construir» más que el «esperar». Tenemos un autoconcepto tan elevado de nosotros mismos que nos olvidamos de nuestro ser criaturas y, en general, nos creemos dioses o, en su defecto, superhéroes de Marvel.

El caso es que gozar y esperar son dos invitaciones para hoy y, por extensión, para este nuevo curso que comienza. Gozar de la vida, disfrutar de la creación, saborear lo que nos ha sido dado, descansar en las bendiciones que nos han sido regaladas, sabernos hijos amados por el Padre. Y esperar, esperar en el Señor, que es la luz, la salvación, la defensa de nuestra vida y de la Iglesia. No es una espera pasiva e irresponsable. No es hacer el vago o, como la cigarra, dedicarse a tocar la bandurria de principio a fin. Es asumir que somos criaturas, que somos limitados, que necesitamos a Dios, que no podemos con todo y que la misión no es llevar una vida de mierda a la que nadie, por cierto, querrá apuntarse.

Todo parece muy obvio pero la realidad nos demuestra que es más difícil de lo que parece. Que el Señor nos conceda esta gracia.

Un abrazo fraterno – @scasanovam