Evangelio para jóvenes – Domingo 13º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Están siendo días de mucho trabajo. Estoy cansado y todavía falta mucho por hacer hasta las auténticas vacaciones. Son días, además, de gran tentación. ¿Por qué? Porque me surge el juicio fácil ante una situación de escasez de catequistas-monitores en el campamento de chicos de 1º de Bachillerato que me toca coordinar en unos días. He llamado a mucha gente y en todos los casos he recibido un NO por respuesta. Cada uno tiene sus razones y algunas son muy sensatas pero… yo me siento solo e , incluso, un poco tonto al responder de una manera diferente a la del resto. Y juzgo su compromiso, su entrega, su lealtad… su manera de desentenderse a la hora de atender una necesidad. Y en ese juicio desaparece todo rastro de Dios en mí. Este es el evangelio de hoy [Lc 9,51-62]:

Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él.
Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén.
Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea. Mientras iban de camino, le dijo uno:
«Te seguiré adondequiera que vayas».
Jesús le respondió:
«Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».
A otro le dijo:
«Sígueme».
El respondió:
«Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre».
Le contestó:
«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».
Otro le dijo:
«Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa».
Jesús le contestó:
«Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

Seguir a Jesús exige gran disponibilidad y un nivel de libertad muy alto. Todo aquello que te tenga enganchado, por muy bueno que sea, te dificulta ante la tarea de seguir al Maestro. Yo lo veo en mí mismo y también en los hermanos que me rodean. Porque es muy difícil renunciar a aquello que gusta, que hace sentir bien, que uno necesita. Llegan las excusas razonables, las justificaciones, las explicaciones bien argumentadas… Llega todo eso y la realidad es que es a Jesús a quién le toca esperar sentado. Te dejo tres pistas para hoy:

  • «Dios, lo primero» – Es difícil afirmar esto cuando eres joven. ¿Es Dios lo primero en mi vida? Sin duda que si pensamos en abstracto, conceptualmente, seguramente digamos que no. Pero puedo traducirlo: ¿Cómo vivo mis amistades? ¿Cómo vivo mis relaciones de pareja? ¿Cómo me acerco al dolor y las necesidades de aquellos que se me cruzan en el camino? ¿Soy de los que miran a otro lado o de los que se ofrecen a echar una mano, aún sin saber bien qué pueden aportar? ¿Soy de los que sólo piensan en ellos o de aquellos que intentan salir de sí mismos y atender y cuidar a conocidos y desconocidos que comparten mi vida? ¿Es Dios-prójimo lo primero?
  • «Seguimientos vacíos» – Ese «te seguiré adondequiera que vayas» del evangelio suena fenomenal. Jesús sabe que detrás de las palabras, importan los hechos. Es bonito decir que somos cristianos. Es bonito decir que seguimos a Jesús. Es bonito decir que tenemos valores, que cuidamos a nuestros amigos, que queremos un mundo mejor y más justo… Pero ¿se corresponde mi vida con mis palabras? Desde que comienzo el día hasta que se acaba, ¿soy honesto con lo que predico? Los caminos de Jesús le llevaron a Jerusalén, a la persecución, al compromiso, a la cruz… ¿Ahí también Señor tenemos que seguirte? ¿Estás en disposición de afirmar eso? Tal vez sea mejor expresar dudas, hablar de tu pequeñez, de tus inseguridades y en tu oración decirle claramente al Señor que… ¡buf! ¡A veces se te hace difícil! Tal vez eso sea más honesto…
  • «¿Y los enganches afectivos?» – ¿Cómo es eso de que Jesús no permite enterrar a un padre o despedirse de una familia? ¡Debe de ser una manera de hablar, una metáfora! ¿Y si no es así? ¿Y si Jesús dice exactamente lo que quiere decir? ¿Y si realmente Jesús nos pide estar por delante de amores humanos buenos y razonables? ¿Debo querer más a Dios que a mis padres? ¿Debo querer más a Dios que a mis hijos? ¿Debo querer más a Dios que a mis amigos, que a mi pareja, que a mis proyectos, que a mi bienestar? ¿Tú qué crees?

La Palabra de hoy es provocadora, nos remueve, nos inquieta y nos incomoda. ¡Maravilloso! En el momento en que eso no suceda, estaremos sencillamente no escuchando nada, estaremos sordos, insensibles y fríos a la acción de Dios en nuestra vida. Déjate hoy inquietar. Rézalo. Dale una vuelta. Y poco a poco, sigue caminando.

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – Domingo 8º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Suenan las bombas en Ucrania. Suenan los llantos de los niños y de los adultos que, aterrorizados, escapan de una pesadilla que parecía imposible. Sube la tensión y, entre acusaciones mutuas, los jefes de gobierno toman las medidas que les parecen más necesarias. Cuando se impone la guerra es porque todos hemos fracasado. Y tú y yo, muchas veces lejos del conflicto, nos preocupamos por si la guerra nos estalla también en las manos. Y opinamos. Y el ruido de críticas, acusaciones, valoraciones y desprecios, se hace tan hondo como los disparos de la artillería pesada en campo abierto. Escuchemos la Palabra de hoy: Lc [6, 39-45].

En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola:
«¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo sobre su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Hermano, déjame que te saque la mota del ojo”, sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.
Pues no hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno; por ello, cada árbol se conoce por su fruto; porque no se recogen higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos.
El hombre bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque de lo que rebosa el corazón habla la boca».

Jesús sigue desplegando su propuesta de vida, su propuesta de seguimiento. Hoy te habla del pecado, del mal que nos habita a cada uno de nosotros y de la relación que mantenemos con él. Es importante darse cuenta cuanto antes de que el pecado, el mal que cometemos, va mermando nuestra capacidad de ver el mundo con luz, con claridad, y es más probable que el desorden, el dolor y la insatisfacción lleguen a la vida. Te dejo tres pistas para tu oración de hoy:

  • «Ciegos» – Seguro que tú, como yo, alguna vez has pedido consejo a los que tienes cerca, a los amigos más cercanos, a aquellos que están a tu lado y te conocen. Los amigos escuchan y su apoyo es importante cuando pierdes la luz para seguir caminando. Muchas veces los anteponemos a la familia, porque nos da pudor compartir ciertas cosas con nuestros familiares más directos. ¡Y de confesarnos ya ni hablamos! ¿Cuánto hace que no pasas por el confesionario a recibir el perdón y ponerte a buenas con Dios? Acompañar a otro no es fácil, aconsejarle menos. Jesús lo sabe y te aconseja que te busques compañía sabia para los momentos duros. Tal vez un profesor con quién tengas confianza, un familiar que te conozca y que no te suscite temor, tal vez un sacerdote que pueda ser tu acompañante espiritual… Cuando estás en momentos de oscuridad, necesitas a alguien que vea más que tú, que ya haya pasado por ahí, que conozca el camino y que, respetándote, te escuche y te ayude a discernir bien por dónde ir. Dios te ayudará a encontrar a alguien.
  • «Tu mota, mi viga» – ¡Cuántos juicios a la ligera haces a lo largo del día! ¡A cuántos criticas sin darte cuenta de que tú estás parecido! ¿Por qué esa crítica tan malhumorada, tan mal traída, tan cruel a veces, tan injusta? ¿Por qué permites que el veneno llegue a tu corazón y te haga perder de vista que tú también te equivocas, que tú también caes muchas veces, fallas, traicionas? ¿Por qué te dejas llevar como si tu mirada fuera la única, como si lo supieras todo, como si tu palabra fuera la definitiva? ¿Por qué no ser más generoso, más comprensiva, menos duro con los demás? ¿Por qué no mirar el error ajeno con comprensión, aceptando que forma parte de la existencia humana? ¿Por qué siempre mirar hacia afuera, al de enfrente, y no enfrentarte a tu propia realidad, a las incoherencias de tu persona, a la frialdad de tu corazón? ¿Te has mirado bien?
  • «¿Qué rebosa en tu corazón?» – ¿Qué guardas en tu corazón, que rebosa? ¿Qué guardas en grandes cantidades? ¿Con qué lo alimentas hasta saciarlo? ¿Te has preguntado esto alguna vez? Algunos llenan el corazón de deseos, de sueños; otros, de nombres y rostros; otros, de envidias y recelos; otros, de críticas y quejas; otros, de lujuria desmedida; otros, de esperanza pese a todo; otros, de amor, de mucho amor… ¿Y tú? ¿Qué dejas que se cuele en el lugar más valioso de tu persona? ¿Qué dejas que arraigue y se haga fuerte? ¿Qué permites que ocupe espacio y que, incluso, marque la tendencia de tu manera de vivir y sentir? Jesús es un modelo de vivir una vida, de derrocharla, de gastarla, para los demás, para Dios. No hay más que ver sus milagros, sus encuentros, sus palabras, sus gestos, sus silencios… No hay más que ver cómo nació y cómo murió, para descubrir su corazón y lo que lo habitaba. ¿Qué se ve en ti?

En estos tiempos de crisis, de pandemias, guerras, decepciones y sinrazones, Jesús te propone mirarte a ti mismo y mirar a los demás desde lo mejor de tu corazón. Te propone querer mejor, ya sabes, para quererte mejor tú también. Te propone que, en vez de juzgar, primer paso para dilapidar la paz, observes qué rebosa en el otro, y aprendas a ver a Dios ahí. Ojalá aprendas a vivir «rebosante» de Dios. Buena semana.

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – Domingo 7º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Esta semana, una amiga muy cercana compartía conmigo su disgusto ante muchas de las cosas que veía a su alrededor. «¿Por qué les va de puta madre a personas que hacen tanto mal, que hacen tanto daño? ¿Y por qué yo, que intento hacer las cosas bien, sufro tanto y tengo que pelearme tanto con la vida?». Días malos, llenos de oscuridad, con la sensación de que Dios no es justo. Tal vez tú también sabes de lo que hablo. Por eso la Palabra de hoy del evangelista es tan potente. Escuchemos: Lc [6, 27-38].

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «A los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian. Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A quien te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten. Pues, si amáis sólo a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien sólo a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores lo hacen. Y si prestáis sólo cuando esperáis cobrar, ¿qué mérito tenéis? También los pecadores prestan a otros pecadores, con intención de cobrárselo. ¡No! Amad a vuestros enemigos, haced el bien y prestad sin esperar nada; tendréis un gran premio y seréis hijos del Altísimo, que es bueno con los malvados y desagradecidos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que uséis, la usarán con vosotros.»

¿Te acuerdas de las Bienventuranzas del pasado domingo? Las palabras de Jesús de hoy son la continuación. El escenario no ha cambiado. El discurso sigue. Estamos en el corazón del mensaje de Jesús en el evangelio de Lucas. Jesús está concretando las Bienaventuranzas, está hablando con palabras lo que luego nos irá mostrando con hechos en su viaje a Jerusalén y en el final de su vida. ¡Qué importante es vivir según se piensa! ¡Qué importante es actuar con coherencia! ¡Qué importante que las palabras y los hechos de tu vida guarden unidad, como en Jesús! Te doy tres pistas para tu oración de hoy:

  • «Sin esperar nada a cambio» – Pocas veces oirás hablar del amor como cuando habla Jesús. Puede que oigas hablar de cosas parecidas pero de AMOR con mayúsculas, pocas veces. Porque la propuesta de Jesús es exigente. El amor de verdad exige gratuidad, no espera recompensa. Por eso el amor no es un mero sentimiento, ni un estado de ánimo. Amar es, en buena medida, una decisión, una opción. «Te amo porque quiero amarte» diría el poeta. ¿Cómo lo ves? ¿No crees que es hora de examinarte un poco en el amor? ¿Quieres para que te quieran? ¿Quieres esperando que te quieran? Incluso en aquellas cosas que haces voluntariamente… ¿buscas recompensa? La exigencia de Jesús es alta pero, a su vez, habla de la confianza que el mismo Dios tiene en nosotros. Somos capaces de amar así. Eres capaz. Ponte en camino.
  • «¡No es justo!» – Dios es bueno también con los malvados y desagradecidos. Eso dice el Evangelio. En otro lugar dirá algo así como «Dios hace salir el sol sobre justos e injustos». Esa idea de justicia que tiene Dios, a nosotros nos parece injusta. Seguro que tú eres de los que piensan que Dios debería premiar a «los buenos», a aquellos que hacen el bien. El cielo debería estar reservado para los que han hecho las cosas bien. Y a «los malos», ¡desgracias, calamidades, infierno! Dios ES de otra manera. Pero entonces, ¿para qué sirve ser bueno? ¿Por qué vivir de acuerdo a los mandamientos, a la doctrina… si, al final, Dios nos perdona? Interesante… dale una vuelta.
  • «La medida que uséis, la usarán con vosotros» – Ciertamente, a Jesús no le fue bien confiando, amando y perdonando a sus enemigos. La cruz nos recuerda permanentemente que uno no siempre recoge el bien que siembra. Pero… ¿y si la cruz no fuera el final del camino? ¿Realmente acabó ahí la historia? ¿Jesús salió derrotado? ¿No hubo frutos a toda una vida llena de amor al otro? ¿Qué opinas? ¿No es la Resurrección la respuesta de Dios a una vida llena de luz y entrega? ¿No es la comunidad que brotó tras ella la prueba palpable de la acción de Jesús en el corazón de aquellos que le conocieron? ¿No hay en tu vida y en el mundo, pruebas concretas que te hablen de que sí vale la pena vivir al estilo de Jesús? Tal vez no son los frutos que más venden pero… ¿no son justamente los que te hacen más feliz?

Estás llamado, llamada, a una vida apasionante, con retos de altura. Amar cada día mejor, ser cada día mejor amante, es el susurro que, día tras día, recibes del Espíritu. Dios te conoce, te ama con locura y sabe, con certeza, que eres capaz de cambiarlo todo si decides entregarte a los demás. Y cuando digo cambiarlo todo es cambiarlo todo… ¡Buen domingo!

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – Domingo 6º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Mañana es San Valentín y muchos de vosotros os encontraréis con un regalito de vuestra pareja, de vuestro amigo, de vuestra madre… Otros muchos no tendremos regalo porque, o bien no hacemos nada especial ese día, o bien no tenemos pareja o no hacemos eso con los amigos de la pandilla. El caso es que es un día en el que mucha gente reconoce que el amor le hace feliz, que sus días son mejores amando y siendo amado. Hoy, Jesús, nos plantea un camino de felicidad que rompe esquemas. Escuchemos: Lc [6, 17.20-26].

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:
«Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.
Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo.
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre.
¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»

Hoy se te ofrecen múltiples caminos de felicidad, lugares donde se te promete lo mejor, experiencias que te cambiarán la vida. La tecnología, el progreso, el sexo sin tabúes, el éxito laboral, viajar y conocer mundo… ¡Mucha oferta! Nuestros padres y nuestros abuelos no pudieron ni oler mucho del bienestar que hoy disfrutamos. Y aún así, seguro que te sientes solo, frustrada, acomplejada, necesitado, incompleto. Seguro que tienes esa sensación de no haber llegado todavía… Te dejo tres ideas:

  • «Felices» –  Bienaventurados, dichosos… múltiples traducciones para expresar algo que todos buscamos: ser felices. Jesús ofrece aquí una receta de felicidad. Pero leyéndola, despacio, estoy seguro que te dejará algo perplejo y de que sentirás rechazo. «Jesús no puede estar planteando eso«, pensarás. Pero, ¿y si justamente está planteando exactamente eso? Tal vez la cuestión está en qué entiendes tú por felicidad y qué entiende Jesús por felicidad. Plantéatelo. ¿Puedes ser feliz traicionándote a ti mismo? ¿Puedes ser feliz sin desplegar todas tus posibilidades? ¿Puedes ser feliz sin apostar por el amor de verdad? ¿Puedes ser feliz solo con cosas? ¿Puedes ser feliz sin Dios, que te anima a ser libre y te ilumina caminos de libertad? ¿Puedes o no puedes? Busca la verdad de tu corazón.
  • «Luces largas» – El camino de la felicidad no está patrocinado por Nesquik. No es instantáneo ni viaja en fibra óptica. Hay que «poner las largas», dicho en argot automovilístico. ¡Qué difícil eh! Pero hay que intentarlo. La felicidad no es momento, ni instante. La felicidad no es un titular ni es comida rápida. La felicidad no usa gafas para cerca sino que requiere las gafas para lejos. Por eso te cuesta… porque tú te contentas con estar a gustito sólo aquí y ahora y buscas lo que te sacie aquí y ahora. Y te da igual que eso termine y se evapore y vuelvas a estar igual o peor… Por eso tienes que levantar la mirada y mirar horizonte. Jesús habla de una recompensa en el cielo y no debemos perder esto de vista: la vida no se acaba aquí. Lo mejor viene después. Pero el cielo también se toca ya en esta vida, aunque no inmediatamente. ¿Por qué no buscar lugares, personas, experiencias, espacios… que te ayuden a permanecer en ese camino de felicidad?
  • «¡Ay!» – El final del Evangelio no es bonito. Porque Jesús se pone en modo «madre» y nos advierte de lo que puede pasarnos si no hacemos caso. Tú y yo sabemos que pasa. Ya lo hemos probado. Lo hemos sentido en nuestro propio cuerpo y corazón y lo vemos todos los días alrededor. Sabemos lo que es vivir con casi todo y sentirnos casi nada. Sabemos lo que es vivir acomodados y, a la vez, insatisfechos. Sabemos lo que es probarlo todo y no contentarnos con nada. Y sabemos el dolor que produce y el túnel al que nos lleva. ¿No crees que es un precio demasiado elevado? ¿Por qué sigues tragando con la publicidad engañosa, con los vendehumos, con los que entretienen pero no alimentan?

Hoy es un domingo bonito para que apuestes por tu felicidad, pero por la de verdad. Jesús no quiere que vivas debajo de un puente ni que dejes de usar tu móvil o que no aspires a tener un buen trabajo y ganarte bien la vida. Jesús quiere que le dejes espacio, que dejes espacio a otros, que te dejes espacio a ti, que no te conformes, que vivas con menos pero que te sientas más y mejor. Jesús nos propone una manera de vivir que, además, tejerá un mundo diferente, distinto. Vale la pena.

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – Domingo 5º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Dos fines de semana seguidos llenos de jóvenes. Cansado pero feliz, muy feliz. Han sido dos fines de semana a su lado, acompañando su alegría, sus ganas de vivir, sus inquietudes, sus comentarios sobre la vida, sus opiniones, sus selfies, sus bailes, sus gestos llenos de cariño… Hoy me siento a rezar y a escribir con la sensación de haber ido yo también «mar adentro» y haber vuelto con la «barca» llena de peces. Dios sabe más que mis cansancios, que mis miedos. Por eso el evangelio de hoy resuena tan fuerte hoy en mi corazón: Lc [5, 1-11].

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.
Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón:
«Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo:
«Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo:
«Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador».
Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Y Jesús dijo a Simón:
«No temas; desde ahora serás pescador de hombres».
Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Jesús llega a tu vida cuando menos te lo esperas. Seguro que en tu día a día de estudios, pareja, amigos, gimnasios, deportes y viajes, no siempre le percibes. Estás entretenido con tus cosas. Estás centrada en lo que tienes que hacer o descentrado haciendo lo que no te aporta nada. A veces, como en esta ocasión, estás «recogiendo redes» porque los planes no han salido. Porque tú sabes, como yo, que la frustración, el fracaso, las expectativas no cumplidas… forman parte de la vida, aunque saberlo no implica llevarlo bien. Y ahí, en medio de todo ese jaleo, llega Jesús. Tres pistas para este domingo:

  • «Escuchar para responder»«Siempre nos decís que hay que escuchar lo que Jesús nos dice pero, ¿cómo se hace eso?» Esa fue la pregunta de una joven, como tú, en la oración que tuvimos en la noche de ayer. Qué buena pregunta. No tiene respuesta fácil. Lo único que se me ocurrió decirle es lo que te digo a ti hoy: hay que saber reconocer la voz de ese «otro» que llega, diferente a las voces reconocidas que forman parte de mi entorno. Ir a la oración un día y otro, ponerse delante de su Palabra, participar de experiencias donde Jesús tenga espacio para hablar, darles a otros la oportunidad de ser mensajeros, disponer el corazón desmontando corazas y máscaras… Y lo que un día parece imposible y difícil, otro día aparece nítido y sencillo. Para responder, como Pedro, hay que escuchar. Para escuchar, hay que estar dispuesto a que el otro tenga una palabra para mí, aquí y ahora.
  • «Pedro, el pecador» – En este mundo que te invita a pensar que «si quieres, puedes», que eres autosuficiente, que lo importante es pensar en ti y en nadie más; aparece Pedro y se echa a los pies de Jesús, avergonzado y con los ojos húmedos y llenos de lágrimas. Pedro ha experimentado que no es verdad, que no siempre puede, que no es capaz de muchas cosas, que no siempre llega, que a veces la vida le parece una mierda y que vive en una sociedad donde otros dominan y mandan y él es un pobre pescador que no siempre hace bien su trabajo. Pedro experimenta las dudas que la palabra de Jesús le genera. Pedro desconfía. ¿Te suena? ¡Pero la vida cambia para Pedro, y para ti, cuando Jesús tiene espacio para intervenir! Jesús te lleva «mar adentro», es verdad. Te saca de comodidades y seguridades propias de «la orillita». Pero cuando Él está en tu vida, te llevas sorpresas y los milagros acontecen. Jesús sólo te pide confiar en Él y hacerle un sitio en «tu barca». ¿Por qué no probar? Él demuestra que, juntos, la vida puede ser un derroche de felicidad. Jesús no ahorra el esfuerzo de «remar» ni el temor a «naufragar» pero responde con contundencia. ¿Estás necesitado, necesitada, tú también de que Jesús traiga a tu vida eso que tanto ansías para sentirte feliz de verdad?
  • «No temas» – ¿A qué tienes miedo? ¿Qué piensas que puede pasar si le sigues? ¿Qué viene Jesús a desmontar de tu vida? ¿Qué herida tienes y prefieres hacer como que no existe? ¿Por qué te conformas con vivir presa del miedo a fallar, a decepcionar a otros, a que tu imagen se rompa, a ser frágil, a aceptar tus limitaciones, a que curar la herida duela? No temas, te dice Jesús. No temas. No seas esclavo de tu miedo. No te pierdas el mejor de los viajes, el mayor de los banquetes, la más tierna de las miradas. No te lo pierdas. Apuesta por el amor, por la locura flipante de seguir a Jesús. Yo no lo cambio por nada.

Ojalá termines bien este domingo. Mañana comienza una nueva semana y, una vez más, se nos regala la oportunidad de vivirla a fondo, de compartir tiempo de calidad con otros, de ir al fondo de nuestro corazón y comprobar que Jesús está allí, habitándolo, calmando tempestades y echando redes. ¡Y recuerda! ¡Una semana sin miedo! ¡Una semana con Él!

Un abrazo fraterno

Santi Csaanova

Evangelio para jóvenes – Domingo 4º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Hablé con ella hace poco. Ella es responsable, tiene buen corazón, saca buenas notas, es educada… pero muchas veces se siente presa en una sutil jaula de finos barrotes. Le gustaría explorar, buscar, experimentar, arriesgar, jugar; pero tiene miedo de cometer un error y resquebrajar la imagen que los demás tienen de ella. ¿Y si decepciona a alguien? ¿Y si alguien piensa otra cosa diferente a ella, distinta de la imagen «impoluta» que se tiene de su persona? Ella es joven y quiere empezar a caminar a su aire. ¿Habrá algo de luz en el evangelio de hoy?: Lc [4, 21-30].

En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la sinagoga:
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
Y decían:

«¿No es este el hijo de José?».


Pero Jesús les dijo:


«Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún».


Y añadió:


«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».


Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

¡El pueblo! ¡Cuántos de nosotros ansiamos que lleguen las vacaciones para volver a pasar unos días en el pueblo! ¡Cuántos recordamos aquella libertad de entrar y salir, de movernos sin riesgos por sus calles, de no tener horarios, de gozar de cierta permisividad, inimaginable en el laberinto urbano de nuestras ciudades! La naturaleza, los animales, los abuelos, la «slow life»… Pero el pueblo tiene una cara que, según crecemos, ha empujado a muchos a buscar el «anonimato» de la ciudad. Porque en el pueblo todos nos conocemos; en el pueblo, nuestras acciones de hoy son conocidas por todos mañana; en el pueblo, pareciera que nadie pudiera salirse de su papel; en el pueblo, a veces, nos asfixiamos. Eso mismo parece experimentar el mismo Jesús en el relato de hoy. Os dejo tres ideas:

  • «Ser quien uno es» – Durante nuestra infancia somos, fundamentalmente, cuidados. Recibimos de aquellos que nos quieren las «coordenadas» para aprender a vivir. Jesús, como nosotros, se pasa muchos años «en casa», con sus padres, «haciendo lo que tenía que hacer, lo que debía hacer». Es tiempo de crecer, de ganar hondura, de vivir sin excesivas responsabilidades… Pero llega un día donde cada uno debemos dar respuesta a aquello que se mueve en nuestro corazón. Llegan las preguntas, las dudas, llega la búsqueda, algunas respuestas, los diversos caminos… y hay que discernir, descubrirse, quererse, conocerse… para, «al final», responder y vivir la vida que uno quiere y está llamado a vivir. Jesús afrontó ese momento y a a ti te llegará, o ya te ha llegado. Es el momento de ser uno mismo, una misma. Imposible hacerlo bien antes de que sea el momento. Pero necesario hacerlo, cuando uno está preparado.
  • «Etiquetas y murmuraciones» –  Posiblemente etiquetes y eres etiquetado. Nuestras relaciones, muchas veces, funcionan así. No damos oportunidad a los otros de entrar en nuestras vidas y conocerles. Es más fácil etiquetar y destruir toda posibilidad de sorpresa. ¡Cuántas veces hemos descubierto el tesoro de personas a las que llevábamos años ninguneando! ¡Cuántas personas podrían haberte aportado y, sencillamente, no les has dejado! Etiquetamos porque nos asusta lo desconocido. Nos sentimos amenazados porque ni siquiera confiamos en lo que nosotros mismos somos. Pero es hora de hacer camino en esto y dejar de sembrar la duda sobre aquellos que no son como nosotros, de murmurar contra aquellos que traen «diversidad» a nuestra vida. Dios es un «otro» que puede que también te estés perdiendo. ¿Lo tienes etiquetado también?
  • «Abrirse paso y seguir» –  ¿Cuánto tiempo pierdes en justificarte? ¿Cuántas energías se te van en intentar hacerte entender? ¿Cuánto dolor asumes por intentar gustar a todos? ¿Cuánta felicidad dejas escapar por no abandonar personas, lugares y situaciones tóxicas de tu vida? Te quejas, pero no te mueves. Te duele, pero no reaccionas. Tienes ganas de caminar pero no confías. No te importa… pero te importa. Y es que, escapar es algo bien distinto a «abrirse paso y seguir el propio camino». Escapar es ponerse una venda en los ojos y huir, preso del pánico. Abrirse paso es, justamente, mirar más allá, tener horizonte y no perder ni un minuto, ir hacia adelante, sin miedo. ¿Qué sueles hacer tú?

Disfruta lo que queda del domingo. No desperdicies ninguna ocasión para conocerte mejor. Crece en conocimiento de ti mismo, de ti misma, pídele al Señor que te ayude a entender a qué eres llamado. Y una vez estés ahí, una vez lo intuyas, una vez el corazón te empiece a arder, ¡camina! ¡Camina sin miedo, pese a que los demás hubieran esperado de ti… otra cosa!

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – Domingo 3º del Tiempo Ordinario Ciclo C

¿Cómo estás? Otro domingo más delante de nuestras narices. Omicron sigue haciendo de las suyas y, en el horizonte, tambores de guerra que nos recuerdan lo frágil que es siempre la paz, empezando por nuestro propio corazón. Y en medio de todo este ruido, en medio de este oleaje bravucón que nos sube y nos baja, en una auténtica marea de emociones, el evangelio de hoy: Lc [1, 1-4;4, 14-21].

Ilustre Teófilo:
Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí,

porque él me ha ungido.
Me ha enviado a evangelizar a los pobres,
a proclamar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos, la vista;
a poner en libertad a los oprimidos;
a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Y él comenzó a decirles:

«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Jesús vuelve a casa. Es decisión propia. Según el evangelista Lucas, comienza su «revolución» en uno de los lugares más problemáticos de toda Palestina, Galilea, y, a la vez, un lugar bien conocido por Jesús: su casa. Galilea era una región plagada de zelotes revolucionarios, quemados por la presencia romana en su territorio y con ganas de mandarlos a paseo aunque fuera por la fuerza. Además, internamente, era una región mal vista por los judíos más ortodoxos, tal vez por ser región fronteriza y por sus relaciones con aquellos a los que los judíos tachaban de paganos. Era, por decirlo de alguna manera, la región atea y rebelde; la región ruda, a la sombra de olivos y enredada a orillas del lago de Genesaret. Te dejo tres ideas:

  • «Galilea» – Jesús toma opción desde el principio. No sólo nació en Belén, en medio de animales en un establo, a la intemperie y olvidado; sino que decidió comenzar a predicar en un lugar plagado de pobres, excluidos e «impuros». Jesús decide comenzar alejado de las esferas de poder, lejos de la poderosa capital Jerusalén. No buscaba influencia, reconocimiento, compadreo con los poderosos. Y esto es una buena noticia para ti, para mí. Porque nosotros también somos galileos. ¡Sí! ¡Hazme caso! Eres galileo, galilea. Tu vida está llena de promesas pero, también de dificultades, frustraciones, fracasos y heridas, aunque no lo quieras reconocer. Vives en medio de la lucha entre lo que te gustaría ser y lo que descubres de ti mismo todos los días. ¡La misma sensación que tenían aquellos pescadores cuando, al anochecer, salían en sus barcas con el objetivo de atiborrarlas de peces y volvían a puerto, al amanecer, con las redes vacías! Jesús te prioriza, quiere devolverte la grandeza que no sientes, la autoestima que no tienes, el amor que anhelas.
  • «El Espíritu» – No, no es un fantasma. El Espíritu es quién te mantiene vivo hoy, quién llena tu corazón cada día y te lo llena de esa alegría que lucha, contracorriente, para que la desesperanza no gane la batalla del mundo. El Espíritu es esa voz que escuchas tantas veces y que te recuerda que no estás sola, que siempre hay alguien; es quién te envía personas para que se crucen contigo, para cambiarte la vida, para que les cambies la vida. El Espíritu es el fuego que sientes cuando estás enamorado, el ardor del primer beso, y del segundo, y del tercero, el deseo de querer ser amado siempre, la felicidad de amar. El Espíritu te habla en el espejo, en la almohada, en el silencio, en la naturaleza, en tu conciencia, en aquellos que están a tu lado, en la Biblia que abres de vez en cuando, en el camino por el que transitas. El Espíritu fue quién empujó a Jesús, quién lo iluminó, quién lo acompañó, quién lo guio, quién lo sostuvo, quién lo animó. ¿No lo notas en tu vida? Mira bien. Escucha. Siente. También tiene una misión que comunicarte, un porqué para tu vida, un sentido para tus días.
  • «Hoy» – Jesús y sus ganas de salvar tu vida no asumen la «teoría del gimnasio» o el «teorema de la dieta«, por los cuales lo mejor para empezar algo es el lunes que viene. No. Jesús pronuncia un HOY rotundo, que dejó helados a todos sus vecinos que allí le escuchaban. Y HOY también te habla a ti. Y tienes que descubrirlo. ¿A qué estás esperando? ¿A que baje el arcángel S. Gabriel a poner orden en tu vida? ¿A que una paloma te hable y te comente lo que tienes que hacer? ¿A que, con los años, disciernas qué quiere Dios para ti? ¿A qué estás esperando? Jesús viene a salvarte HOY, quiere contar contigo HOY, te necesita HOY, pasa por aquí HOY. ¡Búscalo! Si está aquí HOY querrá decir que estará en la escuela, o en la universidad, o en casa, o en la iglesita del barrio… o en ti… ¡qué sé yo! Pero no puede andar muy lejos. Deja de mirar el móvil y mira arriba. Busca. Busca y lo encontrarás; porque él quiere que le encuentres. Busca.

Ojalá termines este domingo con la convicción de que Galilea es tu casa, también, de que Jesús viene a tu vida porque le importas y que, además, no es de dilatarlo todo y dejarlo para mañana. Seguirle es urgente. Tu vida está en juego. Tú mismo, tú misma. Confía y, como él, opta. Y a por ello.

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Evangelio para jóvenes – Domingo 2º del Tiempo Ordinario Ciclo C

Dejamos atrás ya el tiempo de Navidad y nos adentramos en el tiempo de lo cotidiano, el tiempo «ordinario» donde parece que nada especial sucede; el tiempo de la rutina, el tiempo de «lo de siempre». Ciertamente, la vuelta al cole, a la uni, al trabajo… no está siendo nada fácil. La realidad que estamos viviendo se parece poco a esa realidad «de siempre» que marcaba nuestras cuestas de enero de antaño. Pero, curiosamente, para este tiempo de rebajas la Palabra nos ofrece un evangelio potente. Una boda, unos novios, invitados que bailan y ríen, un contratiempo… Escuchemos lo que nos cuenta el evangelista Juan: Jn [2, 1-11].

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.

Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice:
«No tienen vino».
Jesús le dice:
«Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora».
Su madre dice a los sirvientes:
«Haced lo que él os diga».

Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dice:
«Llenad las tinajas de agua».
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dice:
«Sacad ahora y llevadlo al mayordomo».
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo y le dice:
«Todo el mundo pone primero el vino bueno y, cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».

Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.

¡Una boda! Si hay algo que gusta a mucha gente es «ir de boda». Pocas cosas nos hacen tan felices como recibir la noticia de que algún amigo o amiga cercanos, o algún familiar, se casa. Pocos días recordamos con más alegría que el día de nuestra propia boda. Una boda es la fiesta que brota de un amor comprometido. Es en ese escenario, en ese lugar, en esa fiesta, donde Jesús mostrará por primera vez quién es y a qué ha venido. Te comento varias ideas:

  • «El vino» – No hace falta comentar la importancia, tal vez desmesurada, que el vino tiene en nuestra cultura mediterránea. El vino es signo de alegría compartida, de placer, de lo mejor de la vida, de la amistad compartida. Pero yo diría más: el vino simboliza justamente lo mejor que tenemos para ofrecer a los demás. Y es que hay fiesta allí donde las personas vivimos desde lo mejor de nosotras mismas. Seguro que tú habrás experimentado el buen rollo que se genera cuando ofreces lo mejor de ti mismo y los demás hacen lo propio. Pues justamente eso es lo que se había acabado en aquella boda. Porque en «la fiesta de la vida» llegan los momentos de desolación, ¿o no? Tú y yo sabemos que demasiadas veces pensamos y sentimos que nada bueno tenemos ya que ofrecer, que todo se oscurece, que los ánimos se apagan, que brotan las culpabilidades, que asoman los fracasos, que la autoestima baja y que nuestra vida pliega las alas. Cuando el «vino» se acaba sólo queremos escondernos hasta que se pueda volver a estar de fiesta. Y justamente eso es lo que Jesús viene a ofrecerte: devolverte aquello que hace de tu vida algo único, que te lanza a compartir, que te saca de ti misma, de ti mismo. Mira alrededor: no es fácil «estar de fiesta», «hacer fiesta» de tu vida, sin Jesús.
  • «Las tinajas vacías» – Jesús ordena a los criados llenar de agua seis tinajas que estaban por allí vacías. Te preguntarás por qué. ¿No hubiera sido más fácil que Jesús las hubiera llenado directamente de vino? Jesús no hace magia, no es un ilusionista, no llega a tu vida a poner y quitar, a solucionar tus mierdecillas y a complacer tus deseos. Lo que sí puede Jesús es TRANSFORMAR. ¿Y qué transforma Jesús? Con aquellas tinajas y aquel agua los judíos se lavaban y purificaban antes de entrar en el banquete. También tú tienes esas «maneras de funcionar» que te hacen sentir seguro de ti mismo, esas pequeñas cosas que te protegen, esas pequeñas «máscaras» que te ayudan a salir ahí afuera y aparentar que todo va fenomenal. Pero tú y yo sabemos que eso es «pan para hoy y hambre para mañana» porque tu corazón sigue inquieto, sediento, herido. ¡Pero es genial saber que Jesús es capaz de transformar tu vida y que no necesita que dejes de ser quién eres, no necesita que seas un fenómeno ni doña perfecta! Coge tus antiguas tinajas, tus máscaras, y pide a Jesús que las transforme, que las llene del «vino» que alegra el corazón y la vida.
  • «María» – Juan va a situar a María cerca de Jesús en dos momentos que cierran, como en un círculo perfecto, su Evangelio: en Caná y al pie de la cruz. En ambos momentos, Jesús y María hablarán; en ambos momentos, María se mostrará como madre de los creyentes, como testimonio de fe en el Hijo de Dios, al que acompañará a lo largo de su vida. María sabe reconocerLE en ambiente de boda y sabe reconocerLE en ambiente de cruz. María sabe que Jesús es el único capaz de cambiarte, de llenarte, de salvarte. Mira a María. Busca a María.

Aquello que sucedió en Caná, sucede cada día. Porque Dios «se ha casado» contigo. No te quiere como amigo. No te quiere sólo «con derecho a roce». No quiere vivir un tiempo contigo «para probar». Dios, desde el comienzo de tu vida, se ha comprometido contigo, se ha comprometido a amarte «en la salud y en la enfermedad», todos los días de tu vida. Y aunque en algunos momentos, sientas que el vino se acaba, si cuentas con Él, Él será capaz de transformar aquello que ya no sirve en fuente de felicidad. Disfruta de tu fiesta, de este amor. Este es el banquete de la fe. No faltes.

Un abrazo fraterno

Santi Casanova

Volver aunque ya hayamos estado (Lc 5,1-11)

Eso hizo Pedro, volver adonde ya había estado. Alguna reticencia inicial, como es lógico, pero una gran humildad y obediencia ante su Señor. Algo de incredulidad también, porque él era pescador experimentado, conocía la pesca como nadie y esas aguas eran su territorio. No había razón para pensar que le iba a ir mejor. Pero fue.

Me siento un poco así muchas veces… estando y permaneciendo pero con la sensación de no «pescar» absolutamente nada. Uno ya duda de sus propias capacidades y, tal vez, ese sea el secreto. Olvidarse de estrategias, formaciones, maneras, conocimientos y prejuicios; incluso olvidarse de la ilusión ingenua del que comienza… pero estar, volver, permanecer, seguir intentándolo, siempre con el Señor a bordo.

¿Traducción? Santi, Santi… dedícate más a escuchar al Señor y a estar con Él que a salir tú, por ti mismo, a buscar peces, por muy preparado que te sientas.

Un abrazo fraterno – @scasanovam

La fe de los demonios (Lc 4,38-44)

Comienza septiembre y el evangelio nos trae un episodio curioso en el que podemos comprobar la fe de los demonios. El Mal sabe perfectamente con quién se está jugando los cuartos. El Mal conoce a Dios, lo reconoce. Podría decirse que el Mal tiene más fe que nosotros mismos. Ciertamente no es una fe que implique seguimiento, pero sí afirmación.

Jesús calla a los demonios porque, en estos momentos, pueden ser trampa para el resto de personas que ven en Jesús a alguien a quién merece la pena seguir, a alguien que derrocha vida, a alguien que viene de parte de Dios aunque no sabrían decir si es Dios mismo.

Nosotros también nos enredamos a veces. Los mismos demonios le ponen zancadillas a nuestra fe, a veces por defecto y, a veces, aunque parezca mentira, por exceso. El mismo Jesús sabe que el rival es de altura y, por eso, busca continuamente la oración y el encuentro con su Padre. Jesús vence al Mal pero no lo infravalora, actúa contundentemente contra Él y «le hace callar» porque la palabra del Mal es fuente de enredo, engaño, trampa y perdición.

Te pido Señor que en este comience de curso, me ayudes también a acallar a los demonios que me tientan, a los que me animan a creer en un Dios que no eres tú, a los que me hablan al oído para sacar de mí aquello que, a la postre, me aleja de Ti.

Un abrazo fraterno – @scasanovam